divendres, 30 de març del 2012

sense senyal



dijous, 29 de març del 2012

els llibres dels altres


Hay una faceta de la actividad literaria de Italo Calvino que mucha gente desconoce y que no por ser más discreta, y sobre todo mucho menos glamorosa que la de escritor, fue menos duradera, intensa y prolífica: la de editor. Durante casi cuarenta años, Calvino colaboró muy estrechamente, de una u otra forma, con el editor italiano Giulio Einaudi, cuya prestigiosísima editorial desempeñó un papel fundamental en la cultura escrita de su país.

Esta correspondencia se debe, pues, al Calvino editor, al lector incansable de centenares, tal vez miles, de manuscritos de autores desconocidos y consagrados, a quienes dio a conocer o consolidó en su carrera, pero también a quienes despreció y rechazó -a veces con inusitada dureza-, a sabiendas, quién sabe, de que el único criterio coherente para un editor literario que desea crear una línea editorial es el de arriesgarse a seguir la corriente de simpatía, afinidad y entusiasmo que establece con ciertos libros y ciertos autores, aun a costa de equivocarse o de pecar de arbitrariedad.

Aquí se reúnen cerca de trescientas de sus casi cinco mil cartas dirigidas no sólo a estos autores (algunos desconocidos en la época, convertidos en grandes escritores con los años), a quienes transmite sin tapujos su valoración de la obra, sino también a colaboradores, escritores "de la casa", críticos y amigos, a quienes expresa incesantemente opiniones sobre libros leídos y "descubiertos", lecturas aborrecidas, autores odiados y amados. Calvino aparece aquí, ya no como protagonista, sino detrás de los libros de los otros, como testigo privilegiado y excepcional de parte de la historia contemporánea del pensamiento y la literatura. [Text de la solapa].

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A Renato Frosi, Soresina
21 de diciembre de 1955
Querido Frosi,
he leído sus cuentos. Tiene usted buenas cartas para ser escritor: ante todo la voluntad de escribir, la experiencia de un mundo concreto, el mundo del trabajo y de los problemas reales, y el hecho de ser de una provincia lingüísticamente muy interesante y todavía inédita. Por lo tanto, trabaje y lea mucho, y podrá hacer cosas buenas.
Deje de lado esos cuentos y no vuelva a mirarlos. No son sino una prueba de su total inexperiencia literaria de este momento. Lo único bueno es que se inspiran en ambientes y lugares que usted conoce: eso es importante y fundamental. Pero tenga bien presente que la forma en que usted escribe es totalmente falsa, que debe cambiar radicalmente su manera de escribir. Todos sus adjetivos son lo más convencional e inútil que se pueda imaginar: los adjetivos hay que usarlos lo menos posible y sólo cuando son indispensables. Usted emplea imágenes de un gusto tan recargado y anticuado que es como si quisiera parodiar a un escritor adocenado. Me he permitido borronear su manuscrito en muchos pasajes. Está claro que usted no tiene idea de cómo se escribe hoy: tiene que leer mucho a autores modernos hasta entender el vínculo entre lenguaje hablado y estilo literario: lea a los buenos escritores que nos han dado una lengua viva y no de papier maché, empezando por Verga hasta los contemporáneos, Pavese, Vittorini (sin copiar naturalmente sus estereotipos y sus defectos), Bilenchi, Moravia, Pratolini. Aprenderá así a aprovechar su sustrato dialectal que puede ser un riquísimo terreno en el que hunde sus raíces un estilo.
La lectura de la literatura moderna le revelará también cómo el cuento anecdótico, los croquis que usted practica son los de la época de Maupassant pero no de hoy, y su experiencia le resultará en seguida una mina inagotable de cosas que contar, con gran libertad. Posee usted ya dotes de observador muy preciosas.
Por lo tanto, querido Frosi, le devuelvo su manuscrito y lo espero dentro de algunos años, años de lectura, de reflexión, de buen trabajo.
Le saludo con viva cordialidad.
Italo Calvino. Los libros de los otros: correspondencia (1947-1981). Traducció d'Aurora Bernárdez. Tusquets, 1994. P. 96-97.



dimecres, 28 de març del 2012

el piròman ocasional


QUIZÁ PORQUE murió prematuramente o porque pasó toda su vida enfermo, quizá por sus viajes exóticos que en la época resultaban heroicos, quizá porque se lo empieza a leer de niño, lo cierto es que la figura de Robert Louis Stevenson se aparece casi siempre teñida de caballerosidad y angelical pureza, hasta el punto de producir empalago en cuanto se cargan un poco las tintas.
Es indudable que Stevenson era caballeroso, pero no a ultranza, o digamos que lo era de la manera justa: no hay auténtico caballero que no se haya comportado como un rufián al menos una vez en la vida. La vez de Stevenson pudo tener lugar en las cercanías de Monterrey, California, cuando sin querer prendió fuego a un bosque. Se había declarado ya un incendio en otra zona, y se extendía tan rápidamente que Stevenson, con curiosidad científica, se preguntó si la causa sería el musgo que adorna y cubre los bosques californianos. Para averiguarlo, no se le ocurrió otra cosa que aplicar una cerilla a un trozo, pero sin tener la precaución de arrancar antes del árbol el trozo de su experimento.  En un instante el árbol se convirtió en una tea, con lo que  sin duda Stevenson dio por concluida la prueba, y además satisfactoriamente. Pero su comportamiento poco caballeroso vino después: no muy lejos oyó los gritos de los hombres que combatían el fuego original, y comprendió que no le cabía hacer sino una cosa, a saber: huir del lugar antes de ser descubierto. Al parecer corrió como nunca lo había hecho en la vida y como sólo corren los hombres sabios y los cobardes.
Javier Marías. "Robert Louis Stevenson entre criminales" A: Vidas escritas. Debolsillo, 2007. P.87.


dimarts, 27 de març del 2012

skaði, huttunen, passilinna & cia.



Yo también quisiera aullar en las noches tristes, o en las no tristes, pero aullar como Gunnar Huttunen en su molino, aullar porque sí y no por las mejores mentes de mi generación, esas mentes perdidas, porque de donde no hay no podrá sacarse nunca, y a estas alturas qué quieres, qué mentes, ahí las tienes queriendo ladrar y no pueden, queriendo ser ¿quién? ¿quién van a ser si no vivieron guerras ni exilios, si sus padres ya eran ateos, si llevaban pañales cuando las carreteras valencianas se llenaban madrugadas y noches de coches llenos de éxtasis y cocaína? Yo no quiero aullar por ellos, yo sólo quiero ser como Gunnar Huttunen y comprarme un molino y aullar y que me dejen en paz. Quizá todavía anda Gunnar por los bosques junto a Portimo, quizá aún podamos correr junto a ellos y los lobos. Quizá saltando de árbol en árbol dejaron atrás Laponia y llegaron a  Karelia donde Huttunen hizo la guerra.

Ahora que en los lagos del sur bañarse es lo único que una puede hacer para combatir este calor sofocante, pienso en los días no tan lejanos del final del invierno, cuando antes de entrar a tomar un chocolate caliente en Äkäsmylly nos asomábamos al que había sido el antiguo molino, sobre las aguas del Äkäsjoki, y aquel hombre que no era molinero pero podría haberlo sido nos daba la bienvenida, y nunca nos cobraba el precio que tenía escrito en la pizarra, a veces incluso no nos cobraba nada, echaba el cacao en polvo first prize en la taza y nos la daba y decía que ya sabíamos dónde estaban el agua caliente y la leche, y en salir siempre me quedaba mirando su skidoo y me entraba miedo por él, porque un día con aquel trasto no podría llegar a su casa, aunque nunca supe dónde vivía. Luego dejé de ir por allí, con las sendas de esquí de fondo abiertas era difícil llegar y encontrar sitio donde sentarse en la única mesa, sitio en el que dejar apoyados los esquís, tiempo para hablar con aquel hombre del que no recuerdo el nombre, sólo el rostro, y luego se me olvidó decirle adiós hasta el invierno siguiente o el otro o el otro o el otro o quién sabe cuándo, quizá hasta nunca.




A principios de este mayo pasé por el molino de nuevo, pero allí ya no había nadie. La mayor parte de la nieve de las sendas para esquí de fondo había desaparecido. Lo mismo con las rutas para las skidoos. Sólo quedaban estúpidas señales entre los árboles, mis cachorros de perro de osos de Karelia se dieron un buen baño en las aguas heladas del Äkäsjoki, no conseguimos pescar nada para cenar. Pensé entonces en todo lo que había pasado desde que llegara a la estación de tren de Kolari meses atrás, en ese invierno que ya había acabado y en el verano que no quería que viniera, pensé en nosotros, en los molineros finlandeses que ya no existían, en la vida que íbamos a tener, o la vida que no tendríamos, y en Arto Paasilinna escribiendo sobre todo aquello, nos vi personajes de cualquiera de sus historias y me reí de las tragedias y de la oscuridad y de los grandes desastres acontecidos durante la temporada, y todo pareció menos grave, mucho menos serio.

Cuando a finales del año pasado compré el billete de avión a Kittilä recordé que Arto Paasilinna era de allí. Finalmente, mi vuelo fue cancelado porque los trabajadores de Finnair estaban en huelga, y tuve que coger un tren desde Helsinki hasta Kolari, la estación más al norte del país. Me acerqué a Kittilä días después, en un transfer con clientes al aeropuerto en que aproveché para llenar la despensa, y durante el resto de temporada fui sólo cuando era necesario porque lo cierto es que Kittilä es un pueblito horrible, y si no hubiera sido por los supermercados y por una pequeña pastelería en la que hacían una excelente tarta de queso, lo habría evitado al máximo. Pero Aarto Paasilinna había nacido Kittikä, y eso hacía de aquel lugar algo especial... y además, siempre preferí comprar el Koskenkorva en la Alko de allí que en la de Äkäslompolo, porque en Äkäslompolo era mucho más fácil coincidir con algún cliente y entendí que no se sintieran muy seguros en manos de alguien que se servía como agua aquel brebaje del 60%.




¡Qué lástima que yo nunca me encontrara la destilería clandestina de Piittisjärvi el cartero de Suukoski en El molinero aullador! Habríamos hecho buenos tratos.


dilluns, 26 de març del 2012

col·lecció local


Hi ha llibres que feien molta falta, afirma la bibliotecària de taulell per boca de l'experiència, pensant, sobretot, en la temible època dels crèdits de síntesi, quan els escolars vigatans peregrinen cap a la biblioteca, a la recerca d'informació sobre el Merma, en Serrallonga, les cases modernistes, la lletra de la cançó del Mercat del Ram (o la del Carquinyoli), una descripció del retaule de Sta. Teresa, com es deia Vic en temps dels romans, on es conserva el cos incorrupte de Sta. Joaquima de Vedruna i coses així. La bibliotecària voldria, llavors, que tots els llibres que poden resoldre aquestes qüestions estiguessin ja escrits i, posats a demanar, editats en un sol volum. Per això, mentre espera l'arribada de l'anhelat Solucionari als crèdits de sintesi de les escoles vigatanes (de totes, si us plau!), es congratula, enormement, de l'aparició d'aquest llibre de la Irene Boixeda, que, si bé no cura tots els mals, al menys resol la qüestió de l'escultura exempta de la ciutat; les escultures de Vic que viuen a sol i serena, a mercè de les cagarades dels coloms i l'enginy dels brètols.

La guia recull 34 escultures realitzades per 25 artistes (alguns han repetit), i ofereix informació sobre les obres, els autors, així com fotografies en diferents perspectives, apunts històrics o turístics, si s'escau. I per a organitzar el contingut del llibre ha triat com a element d'ordenació el carrers de la ciutat i ha agrupat les escultures per proximitat, oferint-nos, pel mateix preu, sis rutes, sis itineraris turisticoculturals. No saps, Irene, quanta falta ens feia aquest llibre.




Oliba, bisbe de Vic. Domènec Fita. 2002.
Acer inoxidable sorrejat.
Verdaguer. Andreu Alfaro. 2002.
Acer Corten.
L'Estudiant de Vic. Joan seguranyes. 1978.
Bronze.

El Merma. Cinto Casanovas. 1987.
Bronze.
El porcater. Marta Solsona. 2009.
Bronze.
[Clidi, hi ha coses que no es poden dur al mòbil!!!]



o bom português é várias pessoas


Vecchiano, 1943 - Lisboa, 2012

diumenge, 25 de març del 2012

girls don't cry


Nine Antico. Girls don't cry.

Si en voleu saber més coses: "Los jóvenes no lloran", a La cárcel de papel.


dissabte, 24 de març del 2012

tal com érem





La primera referencia histórica del Convent del Carme de Vic se sitúa en 1418, cuando los Carmelitas se instalan en unas casas de la calle Gurb e inician la construcción de la iglesia conventual. A mediados del siglo XVII, la fortificación de la ciudad impone la necesidad de derribar esta edificación; poco tiempo después (1661) se inician las obras de construcción de un nuevo convento, proceso que concluirá bien entrado el siglo XVIII. Con las desamortizaciones del primer tercio del siglo XIX, el Convent del Carme abandona su uso histórico y se ve convertido en cuartel militar, condición que conserva hasta 1895, fecha en la que el edificio es transformado en escuela. En 1988 se inicia el proceso de rehabilitación del conjunto para la instalación de una exposición de objetos de piel, actividad manufacturera de la que la ciudad Vic conserva una larga tradición.
[...] Iniciada la intervención, la administración promotora reconsidera parcialmente la primera propuesta funcional con la incorporación del Archivo Comarcal y de una biblioteca pública. La imposibilidad de atender los nuevos requerimientos en el espacio disponible se resuelve mediante la cobertura del patio claustral que preside el conjunto, por medio de un elemento exento en forma de árbol, totalmente independiente del edificio original para no alterar sus comportamientos arquitectónicos y mecánicos.
Andreu Bosch i Lluís Cuspinera. "Rehabilitación del Convent del Carme. Vic", A: On diseño, núm. 171. 1996.


divendres, 23 de març del 2012

dir la neu



Després d'uns dies arrossegant-me, ahir vam "baixar" a Barcelona i, apart del tema "renovació del vestuari", jo anava decidit a trobar el moliner del Paasilinna.
Casa del Llibre -no per estima sinó perquè venia de pas-: No, no el tenim...
Petit tomb fins a la Laie: Ho sento molt, no el tenim... (Aquí hem pujat un graó a l'escala de la complicitat.)
Que no sigui dit, baixem fins a la Central: No el tenim, espera que et miro si el tenen a Mallorca... Tampoc.
L'home, conscient de la importància de tots els llibres, es posa a teclejar com un posseït...
-Mala notícia, en català està descatalogat.
-!!!
-El vols en castellà, que sí el tenim?
-NO. Ja buscaré alguna altra cosa.
No volent un substitut em decanto per alguna cosa genuïna: DECIR LA NIEVE de la Menchu Gutiérrez.
L'he llegit a les tantes de la matinada (Bo, molt bo... Si n'ha llegit de literatura japonesa!); i acaba -com cal- amb el relat de la mala fi del Robert Walser, inclosa la famosa foto que en dona testimoni. Aquelles petjades a la neu m'han fet pensar en una opció...
I aquest matí, mentre m'anava sortint un trancasso dels bons, l'he posada en pràctica fent ús dels AquaMonolith (una mena de llapissots tot tall, com uns plastidecor per a selectes nens aristocràtics).
Al final he quedat ben content d'aquest ventilador que sembla fet d'escuradents, al que hi he afegit un parell de rodes d'aquelles que t'obliguen a combregar en què és un molí, i he inclòs les vacil·lants darreres passes del Walser.
Quan faci temps que la majoria de les ficcions d'avui s'hagin fet fonedisses, que la microscòpica ironia del suís seguirà marcant una traça certa damunt la resplendent neu literària, ho dono per segur.


dimecres, 21 de març del 2012

el metge caminador i el novel·lista entremaliat



A mitjans de segle XIX un metge finlandès, Elias Lönnrot, va abandonar el seu hospital per recórrer el país i recollir les llegendes orals, les poesies, les cançons i les endevinalles que, moribundes a les ciutats, encara vivien al món rural. D'entrada, els pagesos es malfiaven i molts refusaven de recitar a davant seu: tenien por que fos un espia de la jerarquia luteriana que els acusés d'acte de bruixeria. Aquesta por havia travessat els segles, des del temps en què els missioners cristians –primer catòlics i més tard protestants– anaven vencent l'antiga religió politeista. En l'organització religiosa pagana, els sacerdots eren no només els qui recitaven sinó els qui componien els relats poètics que confegien la seva mitologia. Els bruixots eren poetes i els poetes, bruixots. La llengua finesa, doncs, era d'alguna manera portadora de poders sobrenaturals... A poc a poc, Lönnrot va convèncer aquests pagesos i va arribar a compondre allò que es considera encara avui com el sòcol de la literatura en llengua finesa, el Kalevala, una epopeia de dotze mil versos que narra les aventures del vell però sempre heroic Väinämöinen, ell mateix poeta, guaridor i fertilitzador de les terres eixutes. Existeix en català la traducció d'aquestes aventures (ed. Columna, traduït per Ramon Garriga-Marquès i Pirkko-Merja Lounavaara) en què sovintegen les batalles èpiques, els déus enfurismats i els animals fabulosos.

La llengua finesa, que no està emparentada amb les llengües escandinaves veïnes sinó amb l'estonià i l'hongarès, porta l'accent tònic, sistemàticament, sobre la primera síl·laba de cada mot. Per això, la poesia popular prescindeix de les rimes però exigeix al·literació en aquestes primeres síl·labes: a cada vers cal que un màxim de paraules comencin per la mateixa lletra, com es pot veure en aquests quatre versos del Kalevala:

«Sanat suussani sulavat / Puheet putoelevat, / Kielelleni kerkiävät, / Hampahilleni hajoovat». 

De fet, Lönnrot no va pretendre mai fer obra científica sinó poètica i el Kalevala és una mena de compilació d'un conjunt de poemes antics de temàtica propera, als quals va saber donar una unitat. Com si Homer no hagués escrit la Ilíada sinó que hagués cosit sàviament poemes narratius anteriors fins a donar la seva envergadura definitiva al conjunt. En qualsevol cas, sense Lönnrot, aquesta epopeia hauria desaparegut per sempre més ja que, quan travessava Finlàndia per recollir aquesta memòria poètica, era un gènere en clara extinció per culpa de la pressió religiosa. Va salvar alguns fragments importants de la boca mateixa de vells recitadors que ja no tenien ningú a qui transmetre el seu saber.

A finals del segle XX, l'escriptor finlandès més traduït, Arto Paasilinna, va dedicar una novel·la al món dels déus antics, amb un estil humorístic molt allunyat de la solemnitat de Lönnrot. A El fill del déu de la tempesta (no traduït al català) explica com el déu major del panteó antic, Ukko Ylijumala, envia el seu fill Rutja entre els humans per convèncer els finlandesos de tornar a la vella religió... Aquesta novel·la és una mena d'homenatge càustic al Kalevala i a la força poètica d'una llengua i d'un poble, alguns ciutadans del qual van anar fins a canviar el seu cognom per defugir els seus orígens suecs i reivindicar la seva identitat finlandesa. Va ser el cas del pare d'aquest escriptor, que va triar d'anomenar-se Paasilinna, és a dir «fortalesa de pedra». I, no sé per què, veig així un lligam bastant clar entre aquell metge caminador del segle XIX i aquest novel·lista entremaliat d'avui dia.

Joan-Lluís Lluís. "A peu per les terres embruixades de Finlàndia". Presència. 27 febrer 2011.


dimarts, 20 de març del 2012

club de lectura en sèrie




El Gran Gatsby es, ante todo, un libro pesimista (o realista, si prefieren). Al menos así lo cree David Simon que pone, en boca de D’Angelo, una lectura clarividente de la célebre novela de Fitzgerald que, además, encierra una de las señas de identidad de la serie: la práctica ausencia de redención para con sus personajes. El bueno de Dee verbaliza la tragedia, con chocante clarividencia, cuando comprende que sus fracasos por reinventarse son parecidos a los de Gatsby por transformarse. El pasado, en efecto, es lo que pesa y más cuando otros han decidido por ti qué papel debes jugar. Al entrar en la cárcel, D’Angelo exigirá ser él y la broma le costará muy cara. No en vano, escapar del pensamiento dominante (Avon/Stringer) significa no sólo la marginalidad sino la muerte.
The Wire T2 a Miradas de cine.


dilluns, 19 de març del 2012

tornar del mapa


2007. Agosto.
EN UN MANICOMIO francés, a principios del siglo XX, un loco escribió en grandes letras sobre las paredes del centro: "Viajo para conocer mi geografía". La frase la descubrí hace veinte años y la incluí al comienzo de un libro de cuentos. Y en mi viaje a Finlandia está claro que fui a buscar algunas de las rarezas y cartografías perdidas de mi geografía íntima. Pero el hecho es que no encontré ahí ninguna. Seguiré buscando. Aunque quizás soy ya uno de esos expedicionarios de los que habla Canetti, uno de esos "exploradores que ya no saben cómo volver del mapa". Sería una lástima porque quisiera regresar algún día a la enérgica Finlandia.
Ese país es el menos corrupto del mundo (lo cual está dicho pronto) y se halla situado en primera fila en crecimiento, innovación, difusión tecnológica y protección social. Cuenta con veinte orquestas sinfónicas para sus cinco millones de habitantes. Son parcos en palabras, es cierto, pero se comunican con una sensatez e inteligencia inusuales en los países latinos. Y, además, no son más tristes que un andaluz en plena juerga. Pensar que la vida en Finlandia se parece a una película de Kaurismäki  es como creer que en España todos somos personajes de Almodóvar.
La existencia de las veinte orquestas sinfónicas es una de las claves de su prosperidad espiritual. Fueron pioneros en establecer el sufragio universal y también en las comunicaciones telefónicas, de modo que no es tan raro que de allí haya surgido Nokia, un pueblo a cinco kilómetros de Helsinki. No hay, por otra parte, apagones de luz y los trenes de cercanías funcionan con una perfección alucinante. Los aeropuertos son un modelo de orden, geometría, calma y transparencia. Los políticos son muy eficaces y no salen en la televisión para poder así disponer de más tiempo para trabajar. Tal vez allí lo único raro sea que Johan Ludvig Runeberg, el gran poeta nacional finlandés del siglo XIX, lo escribiera todo, absolutamente todo en sueco, es decir, que, según la óptica catalana, no podría representar a su país en la Feria de Frankfurt. Pero bueno, el caso de Runeberg tal vez sea precisamente la excepción a la regla en un país donde lo demás es de una normalidad aplastante y donde, por mucho que se diga, siempre han sabido ingeniárselas para no tener que quedarse estúpidamente a oscuras.

Enrique Vila-Matas. Dietario voluble. Anagrama, 2008. P. 176.



diumenge, 18 de març del 2012

qüestió de seny


Good things, Joe Berger.

El poeta inglés Philip Larkin creía que "la poesía era una cuestión de cordura", lo contrario de lo que él llamaba (según una expresión de Evelyn Waugh) la "loquísima, la muy sagrada" escuela. Cocinar es también una cuestión de cordura: incluso literalmente.
En una ocasión, Stella Bowen conoció a un poeta en Montparnasse que había sufrido una depresión nerviosa y había sido recluido en una clínica. Cuando le dieron el alta, vivía en un cuarto que daba a una calle en la que había una boulangerie. El poeta fechaba su curación en el momento en que, asomado a la ventana, vio a una mujer que entraba a comprar pan. Sintió, le dijo a Bowen, "una envidia indescriptible del interés con que ella elegía una hogaza".
De eso se trata. De elegir un pan. De untar mantequilla a diestro y siniestro. De sembrar el caos en la cocina. De no malgastar sobras. De dar de comer a tus amigos y a tu familia. De sentarte en una mesa donde se celebra el irreducible acto social de compartir alimentos con otros. A pesar de todos los reparos y salvedades, Conrad tenía razón. Es un acto moral. Es una cuestión de cordura. Que él diga la última palabra: "La íntima influencia de la cocina meticulosa" escribió, "fomenta la serenidad de ánimo, la galanura del pensamiento y esa visión indulgente de los defectos del prójimo que es la única forma de genuino optimismo. Tales son sus títulos de nobleza."
En realidad, tengo también uno o dos reparos que poner a esto, pero...tengo algo en el fuego. Debo vigilarlo. Tengo que preparar un festín frívolo.
Julian Barnes. El perfeccionista en la cocina. Traducció de Jaime Zulaika. Anagrama, 2006. P. 130.


dissabte, 17 de març del 2012

divendres, 16 de març del 2012

autoajuda


¿Qué importaba que hubiera llevado una vida estúpida? Todo el que tiene dos dedos de frente sabe que está llevando una vida estúpida incluso mientras la lleva. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que está destinado a llevar una vida estúpida porque no existe otra clase de vida. No hay nada personal en ello.
P. 234.

-Escucha lo que he encontrado hoy en la biblioteca mientras leía revistas. Escucha. -Se sacó de un bolsillo de los tejanos una hoja de papel-. Lo he copiado de una revista, palabra por palabra. Revista de ética médica. Oye esto: "Se propone que la felicidad se clasifique como un transtorno psiquiátrico y sea incluido en las ediciones futuras de los principales manuales de diagnóstico bajo su nuevo nombre: trastorno afectivo de primer grado, del tipo placentero. La revisión de la literatura sobre el tema muestra que la felicidad es estadísticamente anormal, consiste en una agrupación discreta de síntomas, se asocia con una gama de anormalidades cognitivas y probablemente refleja el funcionamiento anormal del sistema nervioso central. Sigue en pie una posible objeción a esta propuesta: que la felicidad no se valora negativamente. Sin embargo, esta objeción queda invalidada porque está fuera de lugar desde el punto de vista científico.
 P. 315

-En Alcoholicos Anónimos se van turnando para presentarse al comienzo de la reunión. "Hola, me llamo Christopher y soy alcohólico". "Hola, me llamo Mitchell y soy alcohólico". "Hola, me llamo Flora y soy adicta a la cruz".
-¿Adicta a la cruz? -preguntó Sabbath.
-Vete a saber. Alguna cosa católica. Creo que está en un grupo erróneo. En fin, llegan a Madeleine y ella se levanta. "Me llamo Madeleine. ¿Qué vino tinto tenéis?". ¿Cómo va tu hábito de fumar, Madeleine? -preguntó a la muchacha.
-Fumo como una viciosa.
Donald chascó la lengua.
-Fumar es otra de tus defensas contra la intimidad, Madeleine. Sabes que nadie quiere besar a un fumador.
P. 317.

Philip Roth. El teatro de Sabbath. Traducció de Jordi Fibla. Alfaguara, 1997.

dimecres, 14 de març del 2012

la caixa, parlem?


[La prèvia: Gunnar Huttunen ha anat a petar a un poble del nord de Finlàndia (em sembla que és a la regió d'Ostrobòtnia) i s'ha comprat un molí. No és pas mal tio, passa que va a la seva bola i té les seves particularitats (udola a la nit, imita animals, per exemple). Les forces vives del llogaret (ja sabeu, com a Crónicas de un pueblo...metge, botiguer, el ric de torn, etc.) comencen d'arrufar el nas perquè Huttunen no va a rotllo i el pobre acaba ingressat en un manicomi. Aconsegueix fugir-ne, s'amaga al bosc -proscrit, legalment incapacitat- i un dia decideix recuperar els seus estalvis]

JUST QUAN VAN OBRIR EL BANC, el Huttunen va entrar-hi amb el fusell a la mà. Els empleats es van espantar, el caixer va anar ràpid com una fletxa a l'habitació del darrera a cridar el director Huhtamoinen. L'empleat de la caixa es va quedar amb la cara blanca, mort de por. Aquell malalt mental, que havia entrat al banc amb un fusell, va suscitar una legítima inquietud. De totes maneres, el Huttunen no es va posar a disparar dins del banc, sinó que va dir tranquil·lament a l'empleat:
-He vingut a retirar els meus estalvis. Tots, amb els interessos.
El director del banc, el Huhtamoinen, va irrompre a la sala. Estava commugut, va intentar calmar la situació:
-Senyor Huttunen, vostè per aquí..., els estalvis que té al compte estan segurs a la caixa forta, però en realitat no li podem pagar...
El Huttunen va fer el gest de carregar el fusell.
-S'entén que els diners són meus. No m'emportaré els diners dels altres, però agafaré els meus.
El Huhtamoinen va balbucejar horroritzat:
-No nego, de cap manera, que vostè tingui aquí un compte d'estalvis amb diners...., però és que estan sota una condició. La comissió de tutela de la comunitat els ha ingressat en el seu propi compte. Des d'Oulu han enviat a la comunitat documents on es diu que està sota tutela..., hauria de buscar l'autorització de l'amo Vittavaara per poder retirar els seus diners. Jo, per exemple, podria trucar al Vittavaara, i demanar que donés el consentiment per pagar-li els diners a vostè.
-Des d'aquí no es truca a ningú. Segurament trucaria al comissari. ¿I què coi hi té a veure, el Vittavaara, amb els meus diners? ¿No té prou rendes dels boscos?
El director del banc va explicar que el Vittavaara era el president de la comissió de tutela i que, com a tal, decidia sobre els diners de les persones tutelades.
-De fet, jo no tinc res a veure amb aquests assumptes de comptes -va jurar el Huhtamoinen.
-Però jo, de totes maneres, retiraré els meus diners. ¿On signo?
L'empleat, tremolós, va posar el rebut sobre el taulell, el Huttunen va escriure el seu nom i la data en el paper. El Huhtamoinen va comptar els bitllets sobre el taulell. No hi havia gaires diners, però prou per passar uns quants mesos.
[...] Un cop el Huttunen va resoldre l'assumpte bancari, encara va dir al Huhtamoinen que si alguna vegada li sobraven diners no els guardaria al banc, sinó que els invertiria en obligacions de l'estat.
-No confio en bancs com aquest, on no pots accedir al teu propi compte sense fusell.
El Huhtamoinen va intentar treure importància al que havia passat:
-Això no és culpa del banc, de cap manera. Només ens veiem obligats a fer cas de la llei i de les ordres de les autoritats, per molt trist i de mala educació que pugui semblar de vegades..., en aquest cas han coincidit molts malentesos. Però senyor Huttunen, no deixi de confiar en nosaltres. De fet, jo no descriuria aquest encontre ni remotament com a robatori. Quan aquests assumptes s'aclareixin en el futur, li donaré, de nou, la benvinguda al nostre banc. Al nostre banc tractem un vell client com un amic, pot estar-ne ben segur. Crec que, fins i tot, podríem tenir alguna ocasió per parlar de possibles préstecs..., en un futur, és clar.
El Huttunen va marxar ràpidament al bosc. A la sala del banc van estar paralitzats per l'ensurt durant una bona estona, fins que el caixer va córrer a trucar al comissari. El director en persona va fer la denúncia. Va explicar que feia un moment el moliner Gunnar Huttunen havia entrat al banc armat amb un fusell.
-Ha robat al banc. El botí no és gaire gran, els estalvis del Huttunen el cobreixen. Però robar un banc és un delicte seriós, així que espero que preparis un grup d'homes per a la persecució. El Huttunen ha marxat al bosc fa un moment.

Arto Paasilinna. El moliner udolaire. Traducció d'Emma Claret Pyrhönen. Edicions 62, 2004. P. 180-183.


la pàmies




dimarts, 13 de març del 2012

cartas finlandesas: el fred


El frío. Voy a sorprender a mis lectores diciéndoles que aquí no hace frío. Dentro de las casas se vive en perpetua primavera, y en la calle, envuelto en pieles, suda uno más que en verano. Sólo la cara, que tiene que ir al descubierto, se resiente de las caricias un tanto brutales de la nieve y el viento. De 10 grados para abajo, la barba se hiela y la cara se adorna con un marco de estalactitas; cuando se vuelve a casa después de pasear un rato, de cada pelo cuelga un carámbano, y al sacudirse suena uno como una araña de cristal. A los 20 grados lloran hasta las personas menos sensibles, y hay que tomar precauciones contra la congelación. En el interior, y al norte del país, donde los fríos son más intensos y persistentes, ocurren desgracias todos los años. En los casos de congelación, si no se acude a tiempo con frotaciones de nieve y se presenta la gangrena, hay que amputar las partes congeladas: las narices y las manos son las que corren mayor peligro.
En las ciudades, con los medios de que se dispone para luchar contra el frío, los inviernos son agradables. Los días de frío fuerte son contados y pasan antes de que se los sienta: la temperatura corriente, de 10 a 12 grados bajo cero, convida a pasear y a hacer excursiones en trineo por los campos cubiertos de nieve o por los mares helados. Un finlandés me decía que no sabía lo que era pasar frío hasta que se fue un invierno a Niza, a lo cual le contesté yo que los únicos inviernos en que yo no había sentido ningún frío eran los dos pasados en Finlandia. 
Ángel Ganivet. Cartas finlandesas; Hombres del norte. Nórdica libros, 2006. P. 134-135.

dilluns, 12 de març del 2012

ángel cuchillo i pedro navaja


Alumnes i sores del Colegio Amor de Dios, de processó pel Turó de la Peira.

NO ES ESTO DECIR que no lea libros: leo muchos, así como revistas y periódicos y cuantos papeles caen en mis manos, pero no tomo nunca notas; y en cuanto leo un libro, estoy deseando darlo. Algunas personas me han preguntado: -¿Cómo, si cree usted que este libro es tan bueno, me lo da y se queda sin él? -Porque lo he leído -contesto yo-, y ya no me hace falta. -Pero ¿y si desea después consultarlo para recordar algún detalle que se le olvidó? - Lo que se olvida se debe olvidar -afirmo yo, con un fatalismo estético que a las personas tímidas las descorazona-.  Y esto no es una "salida": es un axioma, algo indiscutible, permanente e inmutable. Si de las ideas de un libro las unas se me quedan y las otras se me van, es porque las unas son concordantes con mi espíritu y las otras no, o porque, según mi modo de ver, las unas son más importantes que las otras.
Ángel Ganivet. Cartas finlandesas; Hombres del norte. Nórdica libros, 2006. P. 15.
******

No havia obert un llibre d'aquest home en ma vida, tot i que el seu nom va lligat al meu passat remot a ca les sores i als comentaris de text basats en el mètode de Lázaro Carreter i Correa Calderón.

Ángel Ganivet venia després de Don Álvaro o la fuerza del sino, Misericordia i Los pazos de Ulloa, i abans d'El árbol de la ciencia  i La tía Tula, però no calia llegir-ne cap llibre, n'hi havia ben prou amb recordar un títol, Idearium español, i tenir a punt, com a resposta en cas d'examen, "precursor de la generació del 98" i llestos. I així he anat passant la vida, sense esmolar el Ganivet.

Fins que ha arribat l'hora de Paasilinna, el moliner i Finlàndia, i, amb ells, el miracle d'anar cercar les Cartas finlandesas per propi peu, que és la millor manera de viatjar. I empassar-me-les d'una tirada mentre m'imagino sor Agustina component-se la toca a la tomba, emocionada, la pobra.  La vida te da sorpresas.


diumenge, 11 de març del 2012

poe(ta!)


Via Libraryland.

dissabte, 10 de març del 2012

vil·la malaparte



En 1937, el escritor italiano Curzio Malaparte (su verdadero nombre era Kurt Suckert) compró un terreno sobre la roca de Matromania, en el extremo del cabo Massullo, en Capri. El autor de Kaputt hizo construir, con los planos del arquitecto Labriola, una villa de veintiocho metros de largo, en un estilo que era a la vez depurado y megalómano. Los detractores de la casa rápidamente la apodaron La plancha y también El carrito de bacarrá de un jugador necesitado de emociones megalómanas. Hasta su propietario la encontraba "triste, dura y severa". La legó, tras su muerte en 1957, a los intelectuales del Partido Comunista Chino.
Aunque deshabitada durante veinte años, la Villa Malaparte volvió a recobrar parte de su color cuando Jean-Luc Godard rodó en ella El desprecio, en 1963. Fue en el dormitorio del autor de La piel donde Brigitte Bardot desveló la suya a su amante Michel Piccoli.
Fabrice Gaignault. Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son. Impedimenta, 2011. P. 233.


divendres, 9 de març del 2012

l'enciclopedia

A  la meva Sopena en deu volums.


LA ENCICLOPEDIA es verde, o más bien tiene el lomo verde, que es lo que se ve de ella alineada en el mueble del comedor, en su estantería más alta, junto a las figuritas y las flores. Es una enciclopedia de seis volúmenes, con láminas en color, láminas del cuerpo humano, y de plantas y de animales, que voy a contemplar como quien contempla la lluvia.
En la enciclopedia iré leyendo al azar biografías y conceptos (psicología, Níger, ciliados...), y me inundaré así de una redacción monótona y precisa, y de una manera de escribir retribuida, que es ante todo una manera de producir. La enciclopedia entra en casa para traer cultura, pero lo que voy a buscar en ella es literatura. En ella iré dándome cuenta de que las palabras son siempre más completas, mejores, que su definición. No leo la entrada Napoleón para conocer su vida, sino para ver, descubrir las palabras con las que está escrita.
[...] (La enciclopedia llegó a nuestra casa una tarde de invierno, que para mí era una noche de invierno. La trajo, la enciclopedia, y puede que hasta la noche, un vendedor puerta a puerta; la llevaba representada, claro, en un maletín lleno de folletos. El vendedor hablará con mi madre, y ella no va a querer atenderle, y yo les miraré a los dos, y el vendedor reparará en mí y empezará a hablarme todo el rato. Y en esa situación yo seré impertinente como nunca he vuelto a serlo, y le diré a mi madre que si ella no le da nuestros datos al vendedor lo haré yo. Y mi madre captará al instante cuánto voy a necesitar yo esa enciclopedia. Ahora me doy cuenta de que las biografías se forjan chantajeando a quien se tiene más cerca. Pero igualmente estoy convencido hasta lo más hondo de que una enciclopedia, qué demonios, es el mejor regalo que se le puede hacer a un niño en una noche cualquiera.)
Javier Pérez Andújar. Los príncipes valientes. Tusquets, 2007. P. 21-22.


dijous, 8 de març del 2012

a favor de la il·legalització de la literatura


FA ANYS QUE voto per la il·legalització de la literatura. Els que durant la infantesa vam tenir prohibit llegir llibres que no fossin de text -"de tant llegir novel·les pararàs ximple!"- devoràvem narrativa d'amagatotis, i per això sabem que la prohibició és un al·licient. Qui sap si, aleshores, a prop de la porta dels instituts, rondarien senyors amb les butxaques de la gavardina plenes de llibres, que alguns estudiants -no gaires, tampoc no cal- es disputarien amb la mateixa ànsia amb què ara es disputen les pastilles, els tripis o la coca.

Quim Monzó. "Rere les passes de Hierro". A:  El tema del tema. Quaderns Crema, 2003. P. 95.

dimecres, 7 de març del 2012

finlàndia és nom de tango


2007. Agosto.

ME DIJERON que los finlandeses no se sienten tensos si la conversación atraviesa largas pausas, ya que para ellos el silencio siempre fue una forma de comunicación. Ahora bien, cuando por fin se deciden a hablar, se quedan contrariados si les interrumpes. También me dijeron que resulta sorprendente en la televisión el ritmo pausado de los presentadores de los informativos, y también que muchos finlandeses consideran que el tango nació en su país y llegó en los barcos a la Argentina. ¿El tango es finlandés? Creo que en Buenos Aires, en revancha, dicen que la sauna es argentina. Y también me dijeron que la vida en Helsinki es gris y deprimente, tal como la retrata el cineasta finlandés Aki Kaurismäki en sus extrañas películas silenciosas o la describe Arto Paasilinna en sus novelas (Delicioso suicidio en grupo), donde dice que el enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin, "pues la melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave".

Antes de salir hacia allí, leí las Cartas finlandesas de Ángel Ganivet, recientemente reeditadas (escritas hace un siglo, son de una modernidad asombrosa), y me dediqué a investigar sobre Kaurismäki alquilando todas sus películas. Son muy originales, admirables obras de autor, sin duda. Per sólo pude ver dos, La chica de la fábrica de cerillas y Sombras en el paraíso. Y es que deprimen al más optimista, aunque reconozco su poesía fúnebre: los silencios se hacen misteriosamente inolvidables, la tristeza se convierte en materia infinita, la oscuridad parece un túnel sin regreso.

Pensé que, si todo iba a ser así en Finlandia, el viaje sería duro y extraño. Pero me animaba la perspectiva de encontrar buen material literario para un hipotético libro sobre el tema de la rareza en general. Fui allí a primeros de agosto y pasé en Helsinki diez días y no encontré ese material, casi no vi nada allí que fuera realmente raro. Al día de hoy, ni siquiera puedo seguir pensando que Finlandia es extraña. Hasta recuerdo ahora con bochorno que viajé habiendo ya mentalmente escrito las postales: "Desde la rara, silenciosa, pacífica Finlandia..."

A los dos días de mi llegada, leí estupefacto en la edición europea de El País: "En la pacífica Finlandia tuvo lugar ayer un crimen tremendo..." En aquel momento, todo llevaba a pensar que encontraría en Finlandia una réplica del ángulo más raro de mi propio paisaje cerebral...Pero nada de nada. Salvo esa anécdota, lo demás transcurrió con  una normalidad inquietante. Los encantadores finlandeses que conocí (Anu Partanen y compañía) no tenían nada de tenebrosos ni graves. Si cuando hablaban les interrumpías, sonreían comprensivos. A uno le pregunté si le había molestado que le interrumpiera y me contestó con una frase de suave rareza: "¿Seguro que naciste para interrumpir?" No eran tenebrosos, sino que tenían humor y eran agudos, amables, comunicativos. No encontraba uno grandes rarezas que registrar. Anoté esto en la dinámica terraza del Gran Hotel Kamp: "Kaurismäki es raro, Finlandia no."


Enrique Vila-Matas. Dietario voluble. Anagrama, 2008. P. 175.


dimarts, 6 de març del 2012

gombrowicz i els meus amics que no ho són (però pel cas)


"L'AGOST del 1939 Gombrowicz va fer un viatge a bord del transatlàntic Chrobry, que inaugurava una línia de Gdynia a Buenos Aires. El dia 1 de setembre va esclatar la Segona Guerra Mundial, i Gombrovicz, un veritable nàufrag de la història, es va quedar en terra argentina sense mitjans de subsistència i amb un passatge de tornada a un país que havia deixat d'existir. El fracàs estrepitós de tots els seus esforços per fer-se lloc en el món literari de l'Argentina i una aspra visió de la cultura i la tradició europees des de la perspectiva de l'altre costat de l'Atlàntic, són elements que envaeixen obsessivament les pàgines del dietari i formen també el canemàs de la novel·la Trans-Atlàntic (1953).

[...] En el Dietari, Gombrowicz renuncia d'entrada a la veracitat que s'acostuma a donar a aquesta mena d'escrits -pretensió que tan sols serveix per posar en evidència la fal·làcia dels seus autors-, i així ho declara en la seva famosa frase-manifest: "Mai no em veureu despullat". El Dietari és, doncs, una provatura conscient d'"autocreació", d'imposar al lector la imatge d'un Gombrowicz inventat per ell mateix. Segons l'autor, hi ha una contradicció dolorosa entre allò que volem ser i allò que els altres volen que siguem, i el deure sagrat de l'artista és dedicar la vida a crear la seva persona mitjançant l'obra amb un acte de voluntat que venci la resistència natural dels altres".

Jerzy Slawomirski. "Introducció" a: Witold Gombrowicz. Dietari (1953-1956). Traducció d'Anna Rubió i Jerzy Slawomirsky. 62, 1999. 

I l'he començat a llegir per culpa de Ferran Ràfols de la màquina de fer llibres.

dilluns, 5 de març del 2012

suomi


Finlàndia és el nom suec del país. Els finlandesos l'anomenen Suomi. És una paraula musical, sensible, i per poc que es conegui el paisatge sembla tenir la força d'evocar-lo pel simple fet de pronunciar-ne les síl·labes. Finlàndia és un país enorme, buit, relativament poc poblat, immers en un silenci greu que pot trencar el clapoteig de l'aigua o el pas del vent. Els països escandinaus -si s'exceptua Noruega i la part més septentrional de Suècia- són molt planers i el seu paisatge no té gaire diversitat, perquè està format per dues espècies arbòries molt corrents: el bedoll i l'avet. El bedoll és un arbre graciós, d'una aparença canviant, verd i blanc. L'avet és sever i una mica fúnebre, d'una seriositat i una incommovibilitat impressionants. L'avet és un arbre immòbil, antisentimental, una mica tètric, enravenat. Un avet està bé. Un bosc d'avets, un país d'avets, us cau a sobre. Dues hores de vaixell, navegant pels rius i pels canals veient avets en l'aire i avets reflectits en les aigües, són molts avets.
Si el dia és clar, estival i fresc, els avets encara passen. Però arriba un moment que la llum s'agrisa i es dilueix i apareix el crepuscle nòrdic, que per al meu gust és sempre una mica massa desolat i excessívament lívid. I llavors les coses externes semblen agafar un dramatisme estrany -i que no tenen- i el paisatge amb la inextricable espessor del bosc immediat té tendència a convertir-se, en virtut de la seva mateixa simplicitat, en un paisatge simbòlic. No es veu més que el cel, el bosc, l'aigua, completament diferenciats i rígids. No hi ha més que aquests elements i el que té més pes, el que té una uniformitat més reiterada, és el bosc, d'una espessa foscor projectada sobre l'infinit. És com una naturalesa esquematitzada, reduïda a un símbol -un símbol de la vida còsmica, solitària i primitiva, presentat de la manera més estricta.

Josep Pla. "A través de Finlàndia" (Dins: Cartes de més lluny) A: El nord. Destino, 2004. P. 418-419.


dissabte, 3 de març del 2012

frank zappa

Library bar-code, PE label
Student must carry this card at all times,
And present upon demand for identification
This card are not while currently [enrolled pony]

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In writing, of possible unauthorized use due to loss or theft
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And to assume responsability for all use made of this card
(Oh-hoh)


[Library Card a: EIHN (Everything Is Healing Nicely), 1999]






divendres, 2 de març del 2012

bibliotecària en sèrie


Gentilesa involuntària de Ferran Moreno.

[...] Ara com ara, és obvi que encara perdura l’estereotip de la bibliotecària lletja, cendrosa, esblaimada, amb ulleres, cabells recollits i invisible a ulls masculins. El cinema ha universalitzat força aquesta imatge i no sembla que avui dia les coses hagin canviat gaire de com ens les presentaven Frank Capra o George Cukor en els anys trenta i quaranta del segle passat. Recordem, per exemple, el canvi que experimentava la Lulu encarnada per Barbara Stanwyck a Forbidden, en sentir la crida de la primavera en el seu cos, o el personatge de Hilda Plowright, la bibliotecària mongívola que deixava astorat James Stewart pel seu anglès fossilitzat a Històries de Filadèlfia. Aquest descrèdit, per bé que actualitzat, el trobem en un episodi de la sèrie “La Riera”, de TV3, en què un dels personatges, la Núria Flaquer, s’ofereix per treballar a la biblioteca municipal i se sorprèn del que li demanen: “El problema és que demanen el títol universitari. Tu sabies que hi havia una carrera universitària de bibliotecària? Doncs sí! Perquè a la botiga de mobles d’aquí baix també demanen gent, i no cal cap títol”.

És lògic que el Col·legi de Bibliotecaris s’hagi sentit ofès per aquest menysteniment. Tanmateix, jo no hi veig pas ignorància sinó ironia i voluntat didàctica en els guionistes, ja que la Núria Flaquer, al capdavall, representa els milions de persones que pensen que ser bibliotecari és el mateix que treballar en un hipermercat, avui a la secció de fruits secs i demà a la de mitjons. El problema, per tant, és l’arrelament social d’aquesta idea, no pas la sèrie, cosa encara més greu. Això explica que hi hagi gent que utilitzi les biblioteques com a llars d’infants o que, menyspreant els altres usuaris, es comporti com si estigués al bar de la cantonada.

Quan una professió pateix un descrèdit generalitzat, la ignorància queda emmascarada i adquireix rang de normalitat. Per això l’opinió d’una mestressa de casa com la Núria Flaquer, sobre la professió de bibliotecari, pot coincidir amb la d’un catedràtic de la Universitat de Barcelona sense que cap dels dos senti el més mínim rubor. Era precisament el Col·legi de Bibliotecaris qui es quedava perplex per l’intrusisme que exhibia el catedràtic Norbert Bilbeny, el passat 23 de gener, en una entrevista universitària, quan proposava que els titulats en Filosofia cerquin feina en la gestió d’arxius i biblioteques. Talment com si, en paraules del Col·legi, “el coneixement filosòfic, la història del pensament i de les idees, aportés les eines que permeten el tractament documental, tècnic i pràctic de la informació”. Amb tot, encara hi ha qui va més lluny a fi de demostrar-nos on acaba el desconeixement i comença la ignorància. Parlo d’un polític del país veí. Es diu Fernando Villalonga, és regidor de Cultura de l’Ajuntament de Madrid, Espanya, i diu que té un pla per abaratir costos municipals. Es tracta que bona part dels llocs de treball de les biblioteques estiguin ocupats per voluntaris veïnals que treballarien de franc. Ni més ni menys. De tota manera, s’entén que el senyor Villalonga estigui a favor de l’intrusisme. Ell mateix és la prova que qualsevol individu, absolutament qualsevol, pot ser regidor de Cultura de Madrid.

Esperem que una barbaritat com aquesta no arribi mai a Catalunya. Però és preocupant que el nostre país no hagi rebut els recursos del 2011 per a adquisicions bibliogràfiques per culpa del bloqueig que el ministeri espanyol d’Hisenda ha fet dels convenis amb territoris que no han complert els seus límits d’endeutament –què més pot fer un país espoliat com Catalunya?–, la qual cosa comportarà tecnologies obsoletes, reducció d’horaris, tancaments parcials, interrupció de cicles i d’activitats, retallades en inversions i en adquisició de llibres i mobiliari i, entre altres qüestions, la no renovació dels contractes temporals.

Una biblioteca és un lloc de cultura, certament, però és molt més que això. Una biblioteca és també un servei social, educatiu i de formació permanent de capital importància que, a banda d’escolars, usuaris diversos, estudiants de tota mena i gent sense possibilitats d’accedir a Internet, assisteix les persones més necessitades. Unes persones al llindar de l’exclusió social que a Catalunya, amb 775.000 aturats, representen una taxa del 20,5%. Respectem les nostres biblioteques i respectem els professionals titulats que les han convertides en models d’eficiència. El nostre nivell cultural com a poble no el diu el nombre de biblioteques que tenim, sinó l’ús que en fem.

Víctor Alexandre. "Cal un títol, per a ser bibliotecari?" A: elSingulardigital.cat. 28/2/2012.




dijous, 1 de març del 2012

tip plastilina o el consol de la normalitat



De vegades aquesta casa sembla la consulta d'un metge de capçalera de la seguretat social: mentre, acabada la visita, proves d'ajustar-te el mirinyac, a la infermera li falta temps per a treure el cap per la porta de la sala d'espera reclamant la propera víctima, el següent. Adéu-siau, Pío, boina i sabatilles; hola, Arto, què serà, rentar i marcar? 

No he començat gota bé amb l'Harto Pastelina aquest -i això que, així pronunciat, té un deix de consigna contra els postulats pedagògics de can Rosa Sensat que m'entendreix-; passa que està massa viu. I que per molts anys, pobre home, que no li vull cap mal; però resulta que, 45 guies de lectura després, m'he adonat que em convenen els escriptors morts, i, posats a demanar, que el temps els hagi passat per sobre, com una piconadora, i hagin obtingut la certificació de "clàssics". Vil egoisme, sí, però no de la lectora que sóc, sinó de l'encarregada de recopilar material per a elaborar una guia de lectura amb cara i ulls. Els morts que han resistit el garbell fi del temps, que diria en Pla, i han generat aparat crític em faciliten la feina.

N'Harto, per contra, massa viu encara, m'arriba amb una entrevista, una ressenya a càrrec d'una persona que exerceix la crítica literària, dos milions d'apunts de blogaires a qui no tinc el gust de conèixer i tres milions de notícies sobre clubs de lectura on s'ha programat El moliner udolaire, la novel·la que llegirem aquest mes. La passaré magra, doncs, tal com reclama el calendari litúrgic cristià i, amb tota probabilitat,  la guia serà una coseta, ai senyor, escarransida, però em sacrificaré de gust. Tot sia per la lectura, que d'això es tracta. I és que tants abandonaments, tants lectors que no han pogut enfrontar-se a les propostes que hem programat -en ocasions, alguns al llindar de l'ictus mental- em fan abraçar amb alegria aquesta novel·la que, pel que sembla, passa, amb escreix, la prova del "conforme al tipus més freqüent de lectures pròpies dels clubs d'ídem". Una mica de normalitat, per variar.