27 de juliol 2015

26 de juliol 2015

franz sedlacek

Bibliothek, 1926. Landesmuseum, Landesgalerie Linz.
«Franz Sedlacek desapareció en Polonia en enero de 1945. Su obra se puede decir que cayó prácticamente en el olvido, hasta que en los años 90 se realizó una exposición de este inquietante artista y volvió otra vez el reconocimiento.
[...] Nació el 21 de enero de 1891 en Breslau, pero cuando era pequeño se trasladó con su familia a Linz. Posteriormente se mudaría a Viena donde a partir de 1911 estudió ingeniería química, sin embargo de forma autodidacta aprendió a pintar. Ya de niño realizaba caricaturas, y de adulto Sedlacek dibujaba al salir de su trabajo en el Museo de la Técnica de Viena. Comenzó como artista gráfico y dibujante pero más tarde empezó a centrarse en el óleo, a partir de 1920.
En un primer momento su estilo descoloca, parece un ilustrador contemporáneo, su obra es misteriosa, inquietante pero sobre todo es inclasificable. Para muchos críticos Franz Sedlacek se mueve entre la Nueva Objetividad y una especie de realismo mágico. Sin embargo para muchos otros sus obras recuerdan incluso a los maestros holandeses y el surrealismo. Lo que sí está claro es que su obra es difícil de definir...»
Franz Sedlacek. Al blog: No disparen al artista. 22|1|2014.



25 de juliol 2015

ora et labora



La UCI de los libros antiguos, a manos de las benedictinas de Sarrià
Manuscritos e incunables condenados a la ruina reviven en el monasterio de Sant Pere de les Puel·les
Barcelona | 23/07/2015 - 00:05h | Última actualización: 23/07/2015 - 
Aquí, l'article sencer.


23 de juliol 2015

esborranys


Jean-Claude Carrière: Este problema de los borradores me recuerda de repente una visita de Borges, en 1976 o 1977. Acababa de comprar mi casa de París y estaban arreglándola, así que había un gran desorden. Fui a buscar a Borges a su hotel.
Llegamos, cruzamos el patio —yo lo llevaba del brazo porque ya casi no veía—, subimos las escaleras, y sin darme cuenta de mi falta de tacto, consideré oportuno excusarme por el caos, que Borges evidentemente no podía ver. Me contestó: «Sí, entiendo. Es un borrador». Todo, incluso una casa en obras, desde su punto de vista podía reconducirse a la escritura.

Nadie acabará con los libros : Jean-Claude Carrière y Umberto EcoEntrevistas realizadas por Jean-Philippe de Tonnac. Traducció d'Helena Lozano Miralles. Lumen, 2010. P. 104.



22 de juliol 2015

llegir al vàter



«Hay un asunto relacionado con la lectura de libros sobre el que, en mi opinión, merece la pena reflexionar, puesto que afecta a un hábito de práctica común y acerca del cual, hasta donde yo sé, se ha escrito poco. Me refiero a leer en el retrete. En mi juventud, en busca de un lugar reservado donde devorar los clásicos prohibidos, a veces recurría al retrete. Desde ese período juvenil, nunca he vuelto a leer allí. Si necesito paz y tranquilidad, agarro mi libro y me lo llevo al bosque. No conozco mejor lugar para leer un buen libro que el corazón de un bosque. A poder ser, junto a un arroyo.
Oigo de inmediato las objeciones: «¡Es que no todos tenemos esa suerte! Hemos de ir a trabajar, viajamos de un lado a otro en tranvías, autobuses, metros atiborrados; no tenemos ni un minuto para nosotros!»Yo también fui un «currante» hasta los treinta y tres años. Y fue en esa etapa primeriza cuando más leí. Siempre leía en circunstancias difíciles. Recuerdo que una vez me despidieron porque me pillaron leyendo a Nietzsche cuando tenía que corregir un catálogo de venta por correo, porque a eso me dedicaba entonces. Ahora que lo pienso, fue una suerte que me despidieran. ¿Acaso no ha tenido mucha más importancia en mi vida Nietzsche que el conocimiento del negocio de la venta por correo?
Durante cuatro años enteros, en mis idas y venidas a las oficinas de la Everlasting Portland Cement Co., leí los libros más sesudos. Leía de pie, apretujado entre viajeros como yo. Y durante aquellos viajes en la E1 no me limitaba a leer, llegaba a aprenderme de memoria largos fragmentos de aquellos libros tan, tan sesudos. Como mínimo, fue una práctica valiosa del arte de la concentración. En aquel trabajo solía quedarme hasta bien entrada la noche, a menudo sin haber comido y no porque quisiera aprovechar la hora del almuerzo para leer, sino porque no tenía con qué pagarme la comida. Por la tarde, en cuanto lograba zamparme algo, me largaba con mis amigos. Durante aquellos años, y muchos que vendrían después, no solía dormir más de cuatro o cinco horas por noche. Y sin embargo devoré un montón de lecturas. Además, repito, leí los libros que −al menos, para mí− resultaban más difíciles. No los fáciles. Nunca leía para matar el rato. Casi nunca leía en la cama, salvo que me encontrara mal o me diera por fingir una enfermedad para disfrutar de un corto asueto. Cuando miro hacia atrás me parece que siempre estaba leyendo en posturas incómodas. (Así es, según he descubierto, como escriben la mayoría de escritores y como pintan los pintores.) Pero la lectura lo impregnaba todo. La conclusión, si hace falta subrayarla, es que cuando me daba por leer lo hacía con toda la atención y ponía en el empeño todas mis facultades. Igual que si me daba por jugar.
De vez en cuando me iba por la tarde a leer a alguna biblioteca. Era como ocupar un asiento en el cielo. A menudo, al salir de la biblioteca me preguntaba: «¿Por qué no lo haces con más frecuencia?» La respuesta, claro, era que se me interponía la vida. A menudo hablamos de «la vida» cuando nos queremos referir al placer, o a cualquier distracción ligera.
Según he podido atisbar en las charlas con los amigos íntimos, la mayor parte del tiempo que dedican a leer en el retrete se ocupa en lecturas intrascendentes. Almanaques, revistas ilustradas, series, historias de detectives, thrillers, meros flecos de la literatura, eso es lo que la gente se lleva al cuarto de baño para leer. Según me cuentan, algunos incluso tienen allí una estantería. El material de lectura les espera allí, por así decirlo, como en la sala de espera del dentista. Me parece asombrosa la avidez con que la gente repasa el «material de lectura», que así lo llaman, amontonado en altas pilas en las salas de espera de los distintos profesionales. ¿Será para mantener alejado de su mente el suplicio que se les avecina? ¿Para compensar el tiempo perdido? ¿Para ponerse al día, como suelen decir, con los asuntos públicos? O sea, con la guerra, los accidentes, la guerra de nuevo, los desastres, más guerra, asesinatos, guerra otra vez, suicidios, de nuevo guerra, atracos a bancos, guerra y más guerra, fría o caliente. Sin ninguna duda, se trata de los mismos individuos que dejan la radio encendida la mayor parte del día y de la noche, los que van con la mayor frecuencia posible al cine −donde se renuevan las noticias, los asuntos públicos−, los que compran televisores a sus hijos. ¡Todo por el bien de la información! Y sin embargo, ¿aprenden algo que de verdad merezca la pena saberse sobre esos asuntos de tan terrible importancia, esas noticias que sacuden al mundo?
La gente podrá insistir en que devora los periódicos, o pega las orejas a la radio (a veces, ambas actividades a la vez) para estar al corriente de las cosas del mundo, pero se trata de un mero engaño. Lo cierto es que en cuanto esos lamentables individuos dejan de estar activos, en cuanto no están ocupados, toman conciencia de un vacío interior abrumador y mareante. Da lo mismo, francamente, la clase de paparrucha que los alimente, siempre y cuando les sirva para ahorrarles un enfrentamiento con ellos mismos. Meditar de verdad acerca de los asuntos del día, o incluso acerca de los problemas personales, es lo último que desea hacer un individuo normal.
Incluso en el retrete, donde no parecería demasiado necesario hacer ni pensar nada, donde al menos una vez al día uno puede estar a solas consigo mismo y donde lo que ha de ocurrir responde a un mero automatismo, incluso ese momento de bendición, porque se trata de una bendición por menor que parezca, debe romperse por medio de la concentración en el texto impreso. Cada uno, supongo, tendrá su material de lectura favorito para la intimidad del retrete. Hay quien se adentra en novelas largas, otros leerán tan sólo la basura más blandengue y ligera. Y otros, sin duda, se limitarán a pasar las páginas y soñar. Me pregunto qué soñará esa gente. ¿Qué matices tiñen sus sueños?...»

Henry Miller. Leer en el retrete. Traducció de Enrique de Hériz. Navona, 2014. P. 11-16.

*  *  *

Con su clásico afán provocativo, Henry Miller repasa ese hábito extraño, compulsivo y ya ni siquiera inconfesable, que todo lector febril ha practicado: leer en el retrete. En nuestra reverente adoración de la lectura, la llevamos con nosotros a lugares que no parecen aptos, precisamente, para la reverencia. Esa es la contradicción que atrae la mirada de francotirador de Miller. En un texto vitriólico, divertido y punzante, aprovecha para arremeter contra toda noción de la lectura que renuncie a la sagrada experiencia de la intensidad total. Y en páginas de una enorme belleza nos anima a perseverar en la busca del texto que todos anhelamos leer: aquel que un día escribimos en sueños y de inmediato olvidamos.





21 de juliol 2015

20 de juliol 2015

centre grimm, berlin




Con el Jacob-und-Wilhelm-Grimm-Zentrum de la Universidad Humboldt de Berlín, el arquitecto Max Dudler ha creado un hito dentro de la arquitectura contemporánea. Este edificio representa la simbiosis entre el orden clásico y la modernidad de los medios y recursos de investigación electrónicos.
En sus 22.000 m2 interiores, alberga más de 2,5 millones de volúmenes, 1.200 puestos de estudio, salas de ordenadores, salas de videoconferencias y espacios multimedia, aunque el centro neurálgico es la sala de lectura central...
Detail. Revista de arquitectura y detalles constructivos. Núm. 8. 2011.




19 de juliol 2015

18 de juliol 2015

17 de juliol 2015

la solitud de hrabal


«Fa trenta-cinc anys que treballo amb paper vell i aquesta és la meva love story. Fa trenta-cinc anys que premso llibres i paper vell, trenta-cinc anys que m'empastifo amb lletres, fins al punt que semblo una enciclopèdia, una d'aquelles de les quals prou n'he comprimit, en tot aquest temps, unes trenta tones, sóc una gerra plena d'elixir de vida barrejat amb verí, n'hi ha prou que m'inclini una mica perquè els pensaments vessin de mi, sóc culte malgrat jo mateix i vet aquí que ja no sé quins pensaments són meus, sorgits pròpiament de mi, i quins he adquirit llegint, i és que durant aquests trenta-cinc anys m'he anat amalgamant amb el món que m'envolta perquè jo quan llegeixo, de fet no llegeixo, sinó que prenc una frase bella en el bec i la xuclo com un caramel, la xerrupo com una copeta de licor, l'assaboreixo fins que, com l'alcohol, es dissol en mi, l'absorbeixo durant tant de temps que acaba no tan sols penetrant-me el cervell i el cor, sinó que circula per les meves venes fins a les arrels dels vassos sanguinis. Per regla general, en un mes premso unes dues tones, i per tenir força per a aquesta feina beneïda, durant trenta-cinc anys he begut tanta cervesa que se'n podria omplir una piscina olímpica o una bona quantitat de vivers de carpes nadalenques. Així doncs, malgrat jo mateix, m'he convertit en un savi i ara m'adono que el meu cervell és un feix de pensaments premuts amb la premsa mecànica, el meu cap sense cabells és la carbassa de la Ventafocs i jo ja sé que els temps en què tot el pensament estava inscrit en la memòria humana havien de ser molt més bells; si en aquells temps algú hagués volgut premsar llibres, hauria hagut de premsar caps humans, però tampoc això no hauria servit de res perquè els veritables pensaments vénen de l'exterior, van al costat de l'home com una carmanyola amb fideus i per això tots els inquisidors del món cremen llibres en va perquè quan un llibre comunica alguna cosa vàlida, el seu riure silenciós persisteix encara mentre el devoren les flames i és que un llibre veritable sempre indica algun camí nou que condueix enllà d'ell mateix. Quan amb els ulls penetro un bon llibre, quan despullo el text de paraules impreses, aleshores no en queda res més que pensaments immaterials que planen en l'aire, que jeuen en l'aire, que s'alimenten de l'aire i tornen a l'aire perquè al capdavall tot és aire, de la mateixa manera com la sang és i no és alhora dins la sagrada forma. Fa trenta-cinc anys que em dedico a embalar llibres i paper vell, visc en un país que sap llegir i escriure de quinze generacions ençà, visc en un antic regne on sempre ha persistit el costum i l'obsessió d'anar-se atapeint pacientment el cap amb idees i idees que aporten un gaudi indescriptible i un dol encara més gran, visc entre gent disposada a donar fins i tot la vida per un paquet d'idees ben premsades. I ara tot això es repeteix dins meu, fa trenta-cinc anys que pitjo els botons verd i vermell de la meva premsa, i trenta-cinc anys que bec gerres senceres de cervesa, no per emborratxar-me, els borratxos m'horroritzen, bec per poder reflexionar millor, per penetrar millor fins al cor mateix dels textos, perquè no llegeixo per divertir-me una mica, ni per passar l'estona, ni per agafar el son; jo, que visc en un país on la gent sap llegir i escriure des de fa quinze generacions, bec perquè el text em desvetlli, perquè la lectura em faci sentir calfred, i és que comparteixo l'opinió de Hegel que una persona noble no és necessàriament un gentilhome, que un criminal no és per força un assassí. Si sabés escriure, faria un llibre sobre la sort més gran i la desgràcia més gran dels homes. Els llibres m'han ensenyat i d'ells he après que el cel no és gens humà i que un home que pensa no ho és tampoc, no perquè no vulgui sinó perquè això va contra el sentit comú. Sota les meves mans i en la meva premsa expiren llibres preciosos i jo no puc impedir aquest flux. No sóc sinó un tendre carnisser. Els llibres m'han ensenyat el plaer i la voluptat de la devastació, sóc feliç quan diluvia, m'encanten els equips d'enderrocament, durant hores em quedo dret mirant com els dinamiters fan saltar illes de cases senceres, carrers sencers, com si inflessin pneumàtics gegants, amb els ulls devoro el primer segon, quan s'aixequen els totxos i les pedres i les bigues i un moment després les cases cauen dolçament com llisquen pel cos els vestits descordats, com després de l'explosió de les calderes un creuer transatlàntic s'enfonsa en la mar...»

Bohumil Hrabal. Una solitud massa sorollosa. Traducció de Monika Zgustova. Edicions 62, 1989. P. 9-12.



16 de juliol 2015

carturesti carusel



«Carturesti Carusel (“Carrusel de luz”)  es el nombre de esta librería que se levanta en pleno centro de la capital de Rumania con una superficie de más de 1.000 metros cuadrados distribuidos en 6 niveles en un elegante elegante edificio del siglo XIX.
El edificio en sí, está cargado de historia. En 1903 fue adquirido por la familia de banqueros Chrissoveloni, muy conocidos en Rumania donde permaneció en su propiedad hasta que fuera confiscado en el periodo comunista, pero en 1990 fue reclamado por Jean Chrissoveloni, uno de los bisnietos del Chrissoveloni que lo adquirió en 1903 y es a partir de entonces cuando se inicia un ambicioso plan de restauración y que será encargado finalmente al estudio de arquitectura rumano Square One, que basaron la rehabilitacion del edificio en diseñar absolutamente todo y fabricarlo en los talleres colaboradores. Es un proyecto 100% rumano. Carrusel y según los propios arquitectos procede de “la sensación que produce las formas de los pisos creando una atmósfera muy dinámica similar a la de un carrusel en movimiento”.
Carturesti es una “concept store” que funciona ademas de como una librería como un centro de dinamización cultural, no solo vendiendo libros, cds, dvds, sino también ofreciendo  espacios para la lectura, espacios para socializar, organizando múltiples eventos culturales e incluso incluyendo en tan bello edificio una sala para la exhibición de arte contemporáneo.
En la actualidad, la red librerías Carturesti cuenta con 16 librerías repartidas entre Bucarest y otras ciudades de Rumania, pero sin lugar a duda esta es su buque insignia».

“Carrusel de luz”, una increíble librería en el centro de Bucarest. despiertaYmira. 26|5|2015.



15 de juliol 2015

a l'aire lliure



«Al febrer de l'any 1930 l'alcalde Darius Romeu i Freixa, Baró de Viver, va inaugurar la urbanització de la part superior del passeig de Sant Joan, des de la Diagonal fins a la Travessera de Gràcia. Aquest tram disposava d'un ampli passeig central que ha arribat als nostres dies. Un element diferencial i característic, però tristament desaparegut, eren els bancs de rajola de ceràmica situats a a banda i banda del passeig. Al mateix temps, hi havia un altre model de bancs de linia més monumental i clàssica, projectats per l'arquitecte Azúa, que tenien una curiosa i poc coneguda funcionalitat. Sobre el respatller central disposaven d'una mena de vitrines de vidre. L'interior d'aquests armaris contenia unes antostes amb llibres.
Aquesta va ser la primera biblioteca pública a l'aire lliure de la ciutat. Un empleat municipal identificat amb la paraula Lectura en el seu uniforme era l'encarregat d'obrir els armariets i lliurar els llibres als ciutadans que s'asseien després als bancs per a llegir-lo. A l'estiu era força habitual veure-hi molts barcelonins exercitant el noble art de la lectura. En arribar l'hora del tancament el mateix empleat recollia els llibres, els tancava als armariets on quedaven dipositats tota la nit i fins l'endemà.
Va ser un sistema molt enginyós d'incentivar la lectura que es va fer força popular a l'època. Els bancs deixaren de fer aquesta funció després de la guerra i als anys 1950's, quan aquell tram de passeig havia estat rebatejat pel franquisme per dedicar-lo al General Mola, van ser definitivament eliminats amb les successives reformes dels jardins del passeig».

«BANCS BIBLIOTECA. Passeig de Sant Joan (1930-1950's)». A: Barcelofília.



14 de juliol 2015

la biblioteca de iàsnaia poliana



Tolstoi el dia de la inauguració de la biblioteca de Iàsnaia Poliana, 1910. 
Fotografia de V. G. Chertkov. Treta d'aquí.


Iàsnaia Poliana (en rus:Я́сная Поля́на, literalment: "claror brillant") va ser la casa de l'escriptor Lev Tolstoi, on hi va néixer, hi va escriure Guerra i Pau i Anna Karènina, i on hi és enterrat. Tolstoi va dir de Iàsnaia Poliana la seva "inaccessible fortalesa literària". Es troba a 12 km al sud-oest de la ciutat de Tula, Rússia i a 200 km de Moscou.
El juny de 1921 aquesta finca va ser nacionalitzada pels soviètics i va esdevenir el seu museu memorial. Primer va ser dirigit per la filla de l'escriptor Alexandra Tolstaia. Actualment la dirigeix Vladimir Tolstoi. El museu conté efectes personals de Tolstoi i també una biblioteca amb 22.000 volums. El museu estatal conté la mansió de l'escriptor, l'escola que ell fundà per a fills de camperols i un parc on es troba la seva tomba. [Viquipèdia dixit].