28 d’agost 2015

la biblioteca de david byrne





David Byrne abre su biblioteca al público, con más de 250 libros

ESTE AÑO BYRNE ES EL CURADOR DEL FAMOSO MELTDOWN FESTIVAL EN LONDRES, Y ENTRE OTRAS COSAS ABRIÓ UNA BIBLIOTECA DE SUS PROPIOS LIBROS PARA PRESTAR A TODO EL PÚBLICO QUE LOS QUIERA LEER.

El exvocalista de los Talking Heads, entusiasta ciclista, fotógrafo, escritor renombrado e investigador David Byrne es el curador del Meltdown Festival este año. Byrne sigue los pasos de directores previos como Patti Smith, David Bowie o Yoko Ono para entregar al público un manjar de proyectos de música y arte. Pero una de las cosas más especiales de su colaboración es que llevó a Southbank Centre, en Londres, más de 250 de sus libros para montar su propia biblioteca durante el curso del festival, hasta el 30 de agosto.
“La idea de leer libros de manera gratuita no mató al negocio de publicación, al contrario, creó naciones de lectores letrados y apasionados”, comenta Byrne en su ensayo para The Guardian. En el mismo ensayo, Byrne cuenta cómo, cuando era adolescente, la biblioteca pública de su pueblo en Baltimore le salvó la vida, y por ello decidió compartir su biblioteca, de manera gratuita, con el público del festival.
Entre sus 250 libros hay muchísimos sobre música. También hay biografías y libros sobre tecnología de grabación, muchos de los cuáles fueron de consulta para su propio libro, How Music Works.
Una lista completa de sus libros aún tiene que surgir a la superficie, pero algunas personas están tuiteando fotos de títulos. Hay también un valor añadido:
Algunos de mis libros tienen pedazos subrayados o notas escritas en los márgenes. Espero que nada muy embarazoso.
El line-up y el programa del festival se puede consultar aquí.

PIJAMASURF. 26|8|2015.



27 d’agost 2015

26 d’agost 2015

cobertures


«[...] Un nuevo libro viene a apuntalar el florecimiento de la cultura alemana durante el régimen democrático alemán. Book Covers in the Weimar Republic (Cubiertas de libros en la República de Weimar) reúne más de mil ejemplos de diseños gráficos vanguardistas e innovadores para las cubiertas de los libros editados en el país entre 1913 y 1933. Con Berlín como epicentro creativo del "apasionamiento político, la literatura revolucionaria, la filosofía y el arte", el conjunto puede verse como una "promesa intelectual" de la que surgieron "algunos de los diseños de libros más destacados de la historia moderna".
El autor de la monografía, editada por Taschen [452 páginas, un PVP de 49,9 euros y edición bilingüe en inglés y alemán], es Jürgen Holstein (Berlín, 1936), uno de los libreros y coleccionistas de referencia del país. El contenido del volumen está basado en su colección privada de ediciones de época, la mítica Blickfang, que es calificada como un conjunto "sin precedentes" de obras publicadas durante la República de Weimar.
Desde libros infantiles a novelas, ensayos o monografías de artistas, el libro compendia obras de una "deslumbrante gama" de diseños, tanto gráfico como tipográfico. Se trata de "una historia cultural muy particular" y "un testimonio de un período irrecuperable donde dominaban la ambición, la inventiva y la belleza del libro". Book Covers in the Weimar Republic incluye también ensayos históricos sobre los hallazgos en diseño de un periodo en el que florecía "un espíritu despreocupado" que pervivió solamente "para ser pisoteado, quemado, o expulsado del país" con la llegada al poder de los nazis. Algunas de las piezas más notables del libro son un catálogo de arte diseñado por El Lissitzky y una singular edición de la novela Berlín Alexanderplatz con cubierta de Georg Salter».

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ. Los atrevidos diseños gráficos de libros en la República de Weimar. 20minutos.



Vegeu també: «The Book Cover in the Weimar Republic». Dan Piepenbring. The Paris Review. 


25 d’agost 2015

24 d’agost 2015

27 de juliol 2015

26 de juliol 2015

franz sedlacek

Bibliothek, 1926. Landesmuseum, Landesgalerie Linz.
«Franz Sedlacek desapareció en Polonia en enero de 1945. Su obra se puede decir que cayó prácticamente en el olvido, hasta que en los años 90 se realizó una exposición de este inquietante artista y volvió otra vez el reconocimiento.
[...] Nació el 21 de enero de 1891 en Breslau, pero cuando era pequeño se trasladó con su familia a Linz. Posteriormente se mudaría a Viena donde a partir de 1911 estudió ingeniería química, sin embargo de forma autodidacta aprendió a pintar. Ya de niño realizaba caricaturas, y de adulto Sedlacek dibujaba al salir de su trabajo en el Museo de la Técnica de Viena. Comenzó como artista gráfico y dibujante pero más tarde empezó a centrarse en el óleo, a partir de 1920.
En un primer momento su estilo descoloca, parece un ilustrador contemporáneo, su obra es misteriosa, inquietante pero sobre todo es inclasificable. Para muchos críticos Franz Sedlacek se mueve entre la Nueva Objetividad y una especie de realismo mágico. Sin embargo para muchos otros sus obras recuerdan incluso a los maestros holandeses y el surrealismo. Lo que sí está claro es que su obra es difícil de definir...»
Franz Sedlacek. Al blog: No disparen al artista. 22|1|2014.



25 de juliol 2015

ora et labora



La UCI de los libros antiguos, a manos de las benedictinas de Sarrià
Manuscritos e incunables condenados a la ruina reviven en el monasterio de Sant Pere de les Puel·les
Barcelona | 23/07/2015 - 00:05h | Última actualización: 23/07/2015 - 
Aquí, l'article sencer.


23 de juliol 2015

esborranys


Jean-Claude Carrière: Este problema de los borradores me recuerda de repente una visita de Borges, en 1976 o 1977. Acababa de comprar mi casa de París y estaban arreglándola, así que había un gran desorden. Fui a buscar a Borges a su hotel.
Llegamos, cruzamos el patio —yo lo llevaba del brazo porque ya casi no veía—, subimos las escaleras, y sin darme cuenta de mi falta de tacto, consideré oportuno excusarme por el caos, que Borges evidentemente no podía ver. Me contestó: «Sí, entiendo. Es un borrador». Todo, incluso una casa en obras, desde su punto de vista podía reconducirse a la escritura.

Nadie acabará con los libros : Jean-Claude Carrière y Umberto EcoEntrevistas realizadas por Jean-Philippe de Tonnac. Traducció d'Helena Lozano Miralles. Lumen, 2010. P. 104.



22 de juliol 2015

llegir al vàter



«Hay un asunto relacionado con la lectura de libros sobre el que, en mi opinión, merece la pena reflexionar, puesto que afecta a un hábito de práctica común y acerca del cual, hasta donde yo sé, se ha escrito poco. Me refiero a leer en el retrete. En mi juventud, en busca de un lugar reservado donde devorar los clásicos prohibidos, a veces recurría al retrete. Desde ese período juvenil, nunca he vuelto a leer allí. Si necesito paz y tranquilidad, agarro mi libro y me lo llevo al bosque. No conozco mejor lugar para leer un buen libro que el corazón de un bosque. A poder ser, junto a un arroyo.
Oigo de inmediato las objeciones: «¡Es que no todos tenemos esa suerte! Hemos de ir a trabajar, viajamos de un lado a otro en tranvías, autobuses, metros atiborrados; no tenemos ni un minuto para nosotros!»Yo también fui un «currante» hasta los treinta y tres años. Y fue en esa etapa primeriza cuando más leí. Siempre leía en circunstancias difíciles. Recuerdo que una vez me despidieron porque me pillaron leyendo a Nietzsche cuando tenía que corregir un catálogo de venta por correo, porque a eso me dedicaba entonces. Ahora que lo pienso, fue una suerte que me despidieran. ¿Acaso no ha tenido mucha más importancia en mi vida Nietzsche que el conocimiento del negocio de la venta por correo?
Durante cuatro años enteros, en mis idas y venidas a las oficinas de la Everlasting Portland Cement Co., leí los libros más sesudos. Leía de pie, apretujado entre viajeros como yo. Y durante aquellos viajes en la E1 no me limitaba a leer, llegaba a aprenderme de memoria largos fragmentos de aquellos libros tan, tan sesudos. Como mínimo, fue una práctica valiosa del arte de la concentración. En aquel trabajo solía quedarme hasta bien entrada la noche, a menudo sin haber comido y no porque quisiera aprovechar la hora del almuerzo para leer, sino porque no tenía con qué pagarme la comida. Por la tarde, en cuanto lograba zamparme algo, me largaba con mis amigos. Durante aquellos años, y muchos que vendrían después, no solía dormir más de cuatro o cinco horas por noche. Y sin embargo devoré un montón de lecturas. Además, repito, leí los libros que −al menos, para mí− resultaban más difíciles. No los fáciles. Nunca leía para matar el rato. Casi nunca leía en la cama, salvo que me encontrara mal o me diera por fingir una enfermedad para disfrutar de un corto asueto. Cuando miro hacia atrás me parece que siempre estaba leyendo en posturas incómodas. (Así es, según he descubierto, como escriben la mayoría de escritores y como pintan los pintores.) Pero la lectura lo impregnaba todo. La conclusión, si hace falta subrayarla, es que cuando me daba por leer lo hacía con toda la atención y ponía en el empeño todas mis facultades. Igual que si me daba por jugar.
De vez en cuando me iba por la tarde a leer a alguna biblioteca. Era como ocupar un asiento en el cielo. A menudo, al salir de la biblioteca me preguntaba: «¿Por qué no lo haces con más frecuencia?» La respuesta, claro, era que se me interponía la vida. A menudo hablamos de «la vida» cuando nos queremos referir al placer, o a cualquier distracción ligera.
Según he podido atisbar en las charlas con los amigos íntimos, la mayor parte del tiempo que dedican a leer en el retrete se ocupa en lecturas intrascendentes. Almanaques, revistas ilustradas, series, historias de detectives, thrillers, meros flecos de la literatura, eso es lo que la gente se lleva al cuarto de baño para leer. Según me cuentan, algunos incluso tienen allí una estantería. El material de lectura les espera allí, por así decirlo, como en la sala de espera del dentista. Me parece asombrosa la avidez con que la gente repasa el «material de lectura», que así lo llaman, amontonado en altas pilas en las salas de espera de los distintos profesionales. ¿Será para mantener alejado de su mente el suplicio que se les avecina? ¿Para compensar el tiempo perdido? ¿Para ponerse al día, como suelen decir, con los asuntos públicos? O sea, con la guerra, los accidentes, la guerra de nuevo, los desastres, más guerra, asesinatos, guerra otra vez, suicidios, de nuevo guerra, atracos a bancos, guerra y más guerra, fría o caliente. Sin ninguna duda, se trata de los mismos individuos que dejan la radio encendida la mayor parte del día y de la noche, los que van con la mayor frecuencia posible al cine −donde se renuevan las noticias, los asuntos públicos−, los que compran televisores a sus hijos. ¡Todo por el bien de la información! Y sin embargo, ¿aprenden algo que de verdad merezca la pena saberse sobre esos asuntos de tan terrible importancia, esas noticias que sacuden al mundo?
La gente podrá insistir en que devora los periódicos, o pega las orejas a la radio (a veces, ambas actividades a la vez) para estar al corriente de las cosas del mundo, pero se trata de un mero engaño. Lo cierto es que en cuanto esos lamentables individuos dejan de estar activos, en cuanto no están ocupados, toman conciencia de un vacío interior abrumador y mareante. Da lo mismo, francamente, la clase de paparrucha que los alimente, siempre y cuando les sirva para ahorrarles un enfrentamiento con ellos mismos. Meditar de verdad acerca de los asuntos del día, o incluso acerca de los problemas personales, es lo último que desea hacer un individuo normal.
Incluso en el retrete, donde no parecería demasiado necesario hacer ni pensar nada, donde al menos una vez al día uno puede estar a solas consigo mismo y donde lo que ha de ocurrir responde a un mero automatismo, incluso ese momento de bendición, porque se trata de una bendición por menor que parezca, debe romperse por medio de la concentración en el texto impreso. Cada uno, supongo, tendrá su material de lectura favorito para la intimidad del retrete. Hay quien se adentra en novelas largas, otros leerán tan sólo la basura más blandengue y ligera. Y otros, sin duda, se limitarán a pasar las páginas y soñar. Me pregunto qué soñará esa gente. ¿Qué matices tiñen sus sueños?...»

Henry Miller. Leer en el retrete. Traducció de Enrique de Hériz. Navona, 2014. P. 11-16.

*  *  *

Con su clásico afán provocativo, Henry Miller repasa ese hábito extraño, compulsivo y ya ni siquiera inconfesable, que todo lector febril ha practicado: leer en el retrete. En nuestra reverente adoración de la lectura, la llevamos con nosotros a lugares que no parecen aptos, precisamente, para la reverencia. Esa es la contradicción que atrae la mirada de francotirador de Miller. En un texto vitriólico, divertido y punzante, aprovecha para arremeter contra toda noción de la lectura que renuncie a la sagrada experiencia de la intensidad total. Y en páginas de una enorme belleza nos anima a perseverar en la busca del texto que todos anhelamos leer: aquel que un día escribimos en sueños y de inmediato olvidamos.





21 de juliol 2015

20 de juliol 2015

centre grimm, berlin




Con el Jacob-und-Wilhelm-Grimm-Zentrum de la Universidad Humboldt de Berlín, el arquitecto Max Dudler ha creado un hito dentro de la arquitectura contemporánea. Este edificio representa la simbiosis entre el orden clásico y la modernidad de los medios y recursos de investigación electrónicos.
En sus 22.000 m2 interiores, alberga más de 2,5 millones de volúmenes, 1.200 puestos de estudio, salas de ordenadores, salas de videoconferencias y espacios multimedia, aunque el centro neurálgico es la sala de lectura central...
Detail. Revista de arquitectura y detalles constructivos. Núm. 8. 2011.




19 de juliol 2015