dijous, 20 de juny de 2019

la idea més bella del món


En El hombre sin atributos, de Robert Musil, el personaje del general Stumm espera descubrir «la idea más hermosa del mundo». El capítulo 100 de la enorme novela inacabada de Musil está dedicado a la visita de Stumm a la biblioteca. Le da demasiada vergüenza preguntar por «la idea más hermosa del mundo» cuando pide un libro, pues confiesa que la frase suena como «un cuento de hadas», pero confía en que el bibliotecario, que conoce los millones de libros que pueblan aquel palacio del conocimiento, sabrá guiarle hasta ella. No es capaz de precisar qué es lo que quiere, el libro que tiene en mente no trata de un único tema.
[...] Los interminables volúmenes, las bibliografías, las listas, las categorías, los casilleros dedicados a un tema u otro tienen un efecto traumatizante en el pobre Stumm, que queda aún más desorientado cuando el bibliotecario le confiesa que él nunca lee los libros de la biblioteca, sólo los títulos y los índices. «El que se detiene en su contenido está perdido como bibliotecario. Nunca obtendrá una idea de conjunto», le dice a Stumm.
La comicidad de Musil aporta una verdad. Perder la idea de conjunto constituye una virtud intelectual, puesto que requiere una renuncia, una confusión, una reorientación y unos pensamientos nuevos. Sin ello, el conocimiento progresaría a duras penas por una variedad de estrechos surcos, pero no se producirían grandes avances, pues cuanto más estrecha sea mi perspectiva, más fácil me será aceptar los códigos predeterminados de una disciplina como si fueran verdades inviolables. La duda es el motor de las ideas. Estar dispuesto a perder la idea de conjunto refleja una apertura hacia los demás guiada por una serie de propuestas desconocidas. Significa contemplar una forma de intersubjetividad descon- certante e incluso radical y alarmante. También significa que, por más feliz que te encuentres entre los pocos residentes de tu particular isla, esa islita no es el mundo entero.

Siri Hustvedt. «Excursiones a las islas de los poco privilegiados». A: Vivir, pensar, mirar. Traducció de Cecilia Ceriani. Anagrama, 2013. P. 150-151.

dimecres, 19 de juny de 2019

un regust agradable


«De vegades, de la lectura d'una obra no et queda més que un regust agradable, un solatge conformat per petits detalls. És una lectura càlida i humana, que et retrotrau potser a altres temps, i on les anècdotes que s'hi celebren són sovint càndides i insubstancials. Pense, per exemple, en Les fures, de Llorenç Villalonga, amb aquella evocadora força del llenguatge, i amb aquella magistral reconstrucció d'un passat reclòs i inaferrable. Villalonga va desgranant a poc a poc els seus records d'infantesa, i, acostumats a les lletres impulcres que inunden el panorama literari actual, el descobriment d'aquell món, d'aquella Mallorca profunda, és commovedor. Res de concret passa, res és substancial i, tanmateix, ens deixa tot un seguit de percepcions entranyables, sobre la vida i sobre la seua petita societat. 
Sovint torne a aquestes lectures, a Víctor Català, a Josep Pla, a Joaquim Ruyra, a Narcís Oller. Busque accidents del llenguatge, la nota col·loquial, la plasmació d'una conversa entre pagesos, o entre traginers, o entre pescadors, que l'autor ha sabut transcriure amb saviesa. Em sobta sempre la riquesa del vocabulari, i no en una ostentació pirotècnica de diversitat lèxica, sinó perquè l'ús del llenguatge respon senzillament a la necessitat d'anomenar cada element del paisatge pel seu nom...»

Martí Domínguez. Històries naturals. Tres i quatre, 2005. P. 63.

dimarts, 18 de juny de 2019

la poeta i l'assassí


JUAN CARLOS GALINDO
La historia del criminal que escribía como Emily Dickinson
El País
10|6|2019

“Mark Hofmann era el mejor falsificador literario de la historia. Pero también era un maestro manipulador de la verdad que sabía que la gente creemos lo que queremos creer y que la mayoría de nosotros somos confiados. Era como un virus para todo aquel con quien se ponía en contacto; atacaba y destruía sus defensas éticas y psicológicas. Era un genio maligno”. Así describe el periodista y escritor Simon Worral para EL PAÍS al protagonista de La poeta y el asesino (Impedimenta, traducción de Beatriz Anson), un true crime literario que relata la vida y fechorías de un maestro del engaño, un hombre capaz de imitar a la perfección la letra de 129 figuras literarias norteamericanas, de crear un poema de Emily Dickinson de la nada o de fabricar a principios de los años 80 los documentos que estuvieron a punto de destruir, desde dentro, los cimientos de la todopoderosa Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los mormones.
Hofmann (Salt Lake City, Utah, 1954) vivía por y para la mentira. A los 14 años descubrió el sabor de la falsificación cuando hizo pasar por verdadera una moneda mormona de cinco dólares y engañar al Departamento del Tesoro de EE UU. Mormón renegado que se rebeló contra la fe y el autoritarismo de su padre, no se limitaba a crear documentos como La carta de la salamandra, un texto sagrado que fue avalado por las más altas autoridades de la iglesia, sino que sembraba la inquina entre las distintas facciones y rodeaba sus falsificaciones de un universo propio que las justificaba. Cuando los forenses del FBI quisieron certificar la autenticidad de estos escritos sagrados, utilizaron 17 firmas de documentos en posesión de los mormones: 14 de ellos eran falsificaciones vendidas con anterioridad por Hofmann. “Experimentaba un placer sádico riéndose de los expertos. La gente que trataba con él decía que nunca podías saber si estaba diciendo o no la verdad. Podía ser una cosa por dentro y otra fuera”, explica Worrall para ilustrar la capacidad interpretativa de Hofmann. “El mundo se ha perdido un gran actor y un excelente escritor”, añade.
Pero su gran creación, el hilo del que el autor de La poeta y el asesino tira para desentrañar esta enorme madeja de manipulación y mentiras, es el poema de Emily Dickinson que Hofmann escribe como si fuera la poeta y consigue hacer pasar por bueno. El manuscrito fue vendido por Sotheby’s en subasta en 1997 a Daniel Lombardo, coleccionista de la biblioteca de Amherst, el pueblo de Massachusetts donde Dickinson vivió toda su vida. Lombardo consiguió demostrar que era falso y que la casa de subastas le devolviera los 20.000 dólares que había pagado, pero no que lo reconocieran públicamente. Maestro de la autohipnosis, el falsificador usaba este método para que no le temblara el pulso y, con su propia tinta envejecida con peróxido de amonio, su papel y sus técnicas de tratamiento de materiales perfeccionadas en el garaje de su casa, engañar a todos.
Pero el envite con Dickinson iba más allá. Como él, la poeta era enigmática y con tendencia a la introspección. Vivió gran parte de su vida aislada en su casa, en una familia disfuncional, con escasos contactos con el exterior, escribiendo poemas en su escritorio, más de 1.700 de los que solo vieron la luz dos y en contra de su voluntad. El misterio dejaba a Hofmann un campo amplio que rellenar con sus historias. Pero también dificultades. Por ejemplo, en 1871, año en el que el falsificador sitúa el poema, Dickinson hacía dos tipos de ‘e’ dependiendo del lugar que ocupara en el texto. Hofmann lo clavó. “El mayor experto del mundo en la escritura de Dickinson, el profesor de Yale Ralph Franklin, creía que el poema era auténtico porque nadie podía conocer tan bien aquellos detalles”, explica Worrall.
Estructurado como un thriller en el que lo importante es el cómo y no el quién –se sabe desde el inicio– ni el qué –muy pronto se cuenta que Hofmann mató a dos personas con sendas bombas para encubrir su espiral de engaños–, Worrall va desmenuzando en el libro las peculiaridades de este mundo oscuro y cerrado donde unos pocos coleccionistas sin deseo de notoriedad se juegan el dinero y el prestigio en cada transacción. Durante años, creó verdadera fascinación entre los expertos. “Estar ante él era como acceder a un destello de la piedra filosofal”, aseguraba uno de ellos. Sin embargo, con sus falsificaciones, Hofmann arruinó carreras, segó vidas y tergiversó la historia. “Era un genio de lo que hoy conocemos como fake news. Habría encajado perfectamente en Cambridge Analytica, como espía de Putin o como redactor de discursos de Trump”, cuenta Worrall, fascinado por el personaje.
Hofmann, verdadero amante de los libros raros que fue atesorando una valiosa biblioteca de primeras ediciones de clásicos infantiles como legado para sus hijos, fue condenado a cadena perpetua tras una carrera suicida en la que iba aumentando su nivel de vida, lo que le empujaba a arriesgar más, mentir peor y terminar cometiendo fallos irreparables. Tras engañar 100 veces al detector de mentiras, confesó. Ahora ve desde prisión cómo su colección verdadera se deprecia porque nadie la quiere mientras que muchas de sus falsificaciones no han sido nunca expuestas porque los propios interesados (coleccionistas, la iglesia mormona o las casas de subastas) perderían demasiado con ello.

dilluns, 17 de juny de 2019

strindberg, bibliotecari


Hay bibliotecarios que entran en el mundo de los libros por vocación, y otros que lo hacen porque no tienen más remedio. Lo más interesante es que, muchos de estos últimos, acaban sintiendo la llamada al goce de la convivencia con los volúmenes de las bibliotecas. Este es el caso de August Strindberg, el sueco que más mereció el premio Nobel y nunca lo obtuvo. Su relación laboral con el universo de las bibliotecas se debió exclusivamente a razones económicas. Antes de cumplir veinte años, la estabilidad familiar desapareció por completo con la quiebra del negocio comercial de su padre, por lo que August tuvo que compaginar los estudios en la Universidad de Uppsala con diversos trabajos. Para él era muy importante salir del entorno familiar y vivir de sus ingresos, ya que el ambiente que reinaba en casa era bastante deprimente. Su padre se había casado con la que fuera años antes su criada y su amante, por lo que el vínculo entre ambos nunca fue de igual a igual, sino de amo a sierva. Además, el carácter autoritario del progenitor llenaba de miedos y traumas la relación con la esposa y con el hijo. Y para mayor complicación, el colegio de élite donde estudió August se convirtió en un infierno para él, porque sus compañeros pertenecían a la aristocracia sueca, y él era hijo de un comerciante y una mujer de servicio.
Primero fueron unas clases particulares y un puesto como maestro de enseñanza primaria, y luego varios trabajos distintos como periodista. Los necesitaba pero los despreciaba porque, para esa época, a pesar de su corta edad, ya había comenzado a publicar algunas obras y pensaba que su verdadera dedicación debería ser la literatura, materia excelsa en nada comparable a las otras serviles ocupaciones. Pero no rendía en los estudios, que eran una carga para él. Comenzó Medicina y después Letras, y a esos fracasos académicos se unió una nueva decepción: en la Real Escuela de Arte Dramático de Estocolmo no pasó de realizar algunos papeles secundarios que, lejos de darle notoriedad, más bien le granjearon una dudosa fama como actor.
[...] Fue así como solicitó un trabajo como bibliotecario asistente en la Biblioteca Real a finales de 1874. Sus credenciales no eran demasiado buenas: ni tenía estudios superiores ni experiencia en el sector. Era simplemente un buen lector, un escritor en ciernes y un periodista fracasado. Por ello, el acceso a ese puesto supuso para él una nueva humillación, ya que no pudo ser admitido con rapidez, pues necesitaba unos permisos especiales, al carecer de currículo para ejercer las funciones propias del cargo. Pero lo peor ni fue eso: si como maestro de escuela, ocupación que despreciaba profundamente, había llegado a ganar novecientas coronas anuales, como asistente de bibliotecario comenzó por ciento ochenta, dada su pobre acreditación, lo que significaba un problema no pequeño, ya que el alquiler de su habitáculo llegaba a las doscientas.
Por ello, trató de ganarse a su jefe inmediato para que le encomendara otros trabajos o le ascendiera de puesto, por lo que iba rotando de despacho en despacho, sin demasiada fortuna. De todas formas, ese quehacer le reportó satisfacciones invaluables, que tendrían una repercusión a largo plazo, cuando ya era un escritor conocido y podía vivir solo de su trabajo literario: en primer lugar, disponía de mucho tiempo libre para trabajar a su gusto en otras tareas diferentes a las del cargo como bibliotecario, y en segundo, tenía a tiro de piedra, para gozar a sus anchas, gratis y sin problema de horarios ni cortapisas para utilizar los fondos, todos los recursos, sin límites, de una de las grandes bibliotecas europeas, la Biblioteca Real de Suecia (Kungliga Biblioteket), que ocupaba un ala del Palacio Real.
[...] Una de las perlas actuales de esa biblioteca es precisamente la conservación en sus dependencias de todos los documentos personales de Strindberg, que permanecen allí debido a la estrecha relación que hubo entre el escritor y la bilioteca durante aquellos años setenta. Lo que en un principio fue para él un trabajo aceptado de mala gana y pésimamente pagado, se convirtió en la antesala del paraíso, porque pudo disponer a su antojo de todos los objetos valiosos de la biblioteca, y pasarse las horas muertas, que eran muchas, leyendo y escribiendo. En su novela autobiográfica Alegato de un loco (1887-1888) afirmó sobre ella que parecía «un depósito geológico de incalculable profundidad donde, como en un conjunto de piedras, una capa fue apilada encima de otra capa, dejando marcadas las sucesivas etapas llegadas allí, procedentes de la locura  o el genio humano». También la comparó a un cerebro gigante, y sus elogios hacia el alma intelectual y cultural del país se multiplicaron con el tiempo. Sin embargo, tuvo que protagonizar algunos sucesos desagradables, cuando el gobierno del país decidió trasladar la totalidad de los fondos a un gran edificio del parque de Humlegarden, donde se encuentra actualmente. En el periplo, rodaron por el suelo y se perdieron muchos ejemplares, algunos de ellos importantes.
La anécdota más interesante de aquella época fue la relativa al Codex Gigas. Además de su contenido religioso, histórico y literario, el volumen contiene un enorme valor para todos aquellos interesados en el ocultismo, el misticismo y la alquimia. Cuando Strindberg comenzó a trabajar en la biblioteca, no sentía ningún interés por esas ciencias, aunque sí por el famoso libro. Sin embargo, llevado de la mano por Gustaf Klemming, el bibliotecario jefe de la Real, con quien había trabado amistad, fue poco a poco entrando en aquel ambiente de ocultismo, del que Klemming hacía gala. Este era un espiritualista, mago y además discípulo de Swedenborg, el científico, filósofo, teólogo y ocultista sueco del siglo anterior.  Es de suponer que los dos bibliotecarios utilizaron juntos, para sus pesquisas, el libro Tokroliga anekdoter, publicado en 1858, en el que se contaba un relato acerca de la Real, en el que un portero de la biblioteca se quedó dormido y encerrado dentro de la sala de lectura. Mientras dormía soñó que los libros se movían a su voluntad, salían de los estantes y giraban en una danza macabra y vertiginosa. Los libros que se encontraban cerca de la Biblia del Diablo, comenzaron a moverse rápidamente, y el gran libro maldito se unió a la danza. Al día siguiente, el portero fue encontrado por sus compañeros lleno de terror y completamente loco. Nunca más se recuperó y tuvo que ser trasladado al manicomio. Quizá de ese cuento nació la costumbre, inaugurada e instigada por Strindberg y su jefe de biblioteca, de ir de vez en cuando a la biblioteca, ya muy entrada la noche, para leer la extraña Biblia. Strindberg tenía una llave del recinto y lo hacía con frecuencia, acompañado por sus amigos.
Al escritor le llamaba la atención, como luego a Borges y como también a todos los que han reproducido el mito de Fausto, la leyenda que circulaba en torno al origen del Codex Gigas. Se cuenta que un monje de Podlazice (República Checa) quiso expiar sus muchos pecados escribiendo el libro más gigantesco del mundo en una sola noche. Cuando fue consciente de que eso no iba a ser posible, a altas horas de la madrugada, pidió ayuda al diablo, el cual se la concedió, a cambio de estampar su figura en una de las páginas del libro y de quedarse con la propiedad del alma del monje. Aquel texto fue terminado, pero el monje se volvió loco, hasta que acudió a la Virgen, pidiéndole que le devolviera la paz interior perdida a consecuencia del pacto con el diablo. Ella lo perdonó, pero en el momento en que esa misericordia iba a tomar efecto, el monje murió sin ser absuelto de tan funesto pecado.
La influencia de Klemming y las historias relacionadas con el ocultismo y con el diablo crecieron en los años de trabajo de Strindberg en la Real, algo que tuvo buena repercusión en su obra literaria posterior. En los años noventa escribió su novela autobiográfica Inferno, escrita en francés y traducida al sueco por Fahlstedt, uno de aquellos amigos que iban con el escritor a leer la Biblia a la biblioteca en los setenta. En su novela, Strindberg muestra sus obsesiones personales sin ningún pudor: el ocultismo, la alquimia y el swedeborgismo se combinan con la paranoia y la neurosis. El narrador, aislado en París y lejos de su familia, realiza experimentos de alquimia y nigromancia que llegan hasta el extremo de ensayar un hechizo de magia negra con su hija en la distancia. En la conclusión del texto, el lector puede intuir que el infierno al que se refiere en el título no es un lugar sino una condición, y esta tiene que ver con la vida misma, la de este mundo. Asimismo, la lectura del texto completo nos da las pistas sobre la posible locura del narrador, que no es otro que el mismo autor de la novela escrita en forma de diario. De hecho, Strindberg había definido en alguna ocasión a la sociedad como un manicomio cuyos guardianes son los funcionarios y la policía. Un funcionariado al que odiaba porque no le permitió llegar a tener un cargo importante en la biblioteca. Suyas son unas palabras al respecto: «Para poder avanzar en la carrera de bibliotecario y obtener un puesto, debería haber enterrado a seis colegas, todos con buena salud
Strindberg no fue un buen bibliotecario, pero gracias a los libros de la Real obtuvo muchos temas que lo han encumbrado como uno de los mitos literarios de su país. Quizá, si hubiera estado más tiempo en aquella biblioteca magnífica y maldita, habría corrido una suerte parecida a la del monje que escribió el Codex Gigas. Le salvaron su desidia laboral, la necesidad de no hacer otra cosa que escribir y la buena salud de seis funcionarios reales.

Ángel Esteban. «El bibliotecario real. August Strindberg». A: El Escritor en su paraíso: treinta grandes autores que fueron bibliotecarios. Periférica, 2014. P. 335-345.

diumenge, 16 de juny de 2019

bloomsday


«Woolf tenia més o menys els mateixos anys que James Joyce, les seves preocupacions estètiques eren paral·leles, no hi havia ningú més preparat que ella per entendre l'aferrissada penetració de les coses opaques que Joyce perseguia a través de Ulisses. I a ella li hauria agradat trobar que Ulisses era un gran llibre. El dimecres 16 d'agost de 1922 (l'any de la publicació d'Ulisses), Virginia Woolf va escriure en el seu Diari: «Hauria de llegir Ulisses i fer-me'n una opinió a favor o en contra. He llegit ja dues-centes pàgines, amb prou feines una tercera part; m'he sentit successivament divertida, excitada, interessada pels dos o tres primers capítols...fins al final de l'escena del cementiri; després, atabalada, avorrida, irritada i decebuda per aquest estudiant malaltís que no para de rascar-se els grans. I Tom, el gran Tom (es refereix a T.S. Eliot) el posa en el mateix pla que Guerra i Pau. Un llibre bàrbar, subalimentat, vet aquí com el trobo jo!, el llibre d'un autodidacte i ja sabem com són aquesta gent, pesats, preocupats per si mateixos, insistents, grollers, descarats i finalment repugnants. Si podem tenir la carn cuita, per què ens l'hem de menjat crua? Però Tom és un home anèmic, i la sang li sembla glòria. Jo, en canvi, com que soc gairebé normal retornaré als clàssics. Potser canviaré de parer més tard. No comprometo la meva sagacitat crítica. Planto un bastó a terra a la pàgina 200».

Maria Aurèlia Capmany. Pedra de toc. Laie, 2018. P. 36.

dissabte, 15 de juny de 2019

dites i frases fetes


Quan un llibre i un cap xoquen i se sent soroll de buit, ha de ser sempre causa del llibre?  
(Arthur Schopenhauer. Die kunst zu beleidigen‏, L'art d'insultar)  

Font: Rialles insubmises: dos mil anys de bon humor contra tirans. Edició i traduccions de Joan Solé. Setena Generació, 2018. P. 142.

divendres, 14 de juny de 2019

el país que només discutia de faulkner

Com pot ser de fals el més profund de tots els llibres
quan pretenem aplicar-lo a la vida.
Llum d’agost, William Faulkner

XAVI AYÉN
El país que només discutia de Faulkner
La Vanguardia
13|6|2019
La intervenció de l’advocat Javier Melero dibuixa una comunitat imaginària en què no hi ha més disputes que les literàries

Dimarts, al judici del procés, l’advocat de Joaquim Forn, Javier Melero, va tancar el seu al·legat recordant una escena de la pel·lícula Amanece, que no es poco (1989) en què “el guàrdia civil, el català Sazatornil, deia que el problema d’ordre públic més important que podia produir-se era criticar William Faulkner perquè allà tots eren fanàtics de Llum d’agost. Doncs això espero, que reconstruïm una Espanya on només ens discutim per William Faulkner”. A la pel·lícula dirigida per José Luis Cuerda, en efecte, un escriptor argentí establert al poble sent la severa reprimenda de l’autoritat encarnada per José Sazatornil, que, després de recriminar-li el seu matrimoni heterodox i el barret que porta, exclama: “I ara, per rematar-ho, em diuen aquests amics que ha escrit Llum d’agost, la novel·la de Fulkner (sic), de William Fulkner! Vostè no en podia haver plagiat cap més? Que no sap que en aquest poble és veritable devoció el que sentim cap a Fulkner?”. Abans de emportar-se’l detingut, el condueix davant el capellà, interpretat per Cassen, perquè el confessi d’un pecat tan gros.
L’escriptor Enrique Vila-Matas explica que “a finals dels seixanta, llegint Una meditación de Juan Benet –admirador evident de la seva obra– vaig arribar a Faulkner, de qui sent jo extremament jove havia sentit a parlar a Gabriel Ferrater, que solia dir que l’havia llegit molt, però que no en recordava res, tret que era ‘una bèstia racista’. Em va impressionar Santuario, encara que el vaig llegir en una traducció sembla que pèssima de la col·lecció Austral. Però, encara que estigués mal traduït, un es feia una idea de la complexitat i intel·ligència del que s’hi narrava. Bolaño sí que era un bon coneixedor de l’obra de Faulkner. Vaig descobrir fa poc que la preciosa i misteriosa citació de Faulkner que encapçalava Estrella distante (“Quina estrella cau sense que ningú no la miri?”) no era apòcrifa com tants dels seus lectors creien sinó que pertanyia a The marble faun and a green bough: ‘What star is there that falls, with none to watch it?’”.
Cada any es publiquen edicions noves dels llibres de Faulkner, en editorials com Edicions de 1984, Alfaguara, DeBolsillo, Navona, Alianza, Cátedra, Anagrama... Josep Cots, editor de 1984, acaba de publicar Mentre em moria i, per al 2020, anuncia Palmeres salvatges. En destaca “la seva extraordinària capacitat descriptiva i profunditat psicològica. Yoknapatawpha, el seu comtat imaginari, concentra tots els elements de la societat contemporània, l’Amèrica profunda. Té una capacitat de llenguatge brutal, amb una construcció totalment experimental, sempre en diversos plans, mai lineal. I tot amb referències als clàssics i la mitologia”.
La traductora al català Esther Tallada confessa: “La primera vegada que m’ho van proposar ho vaig rebutjar pensant que era molta feina. Ha estat extremament difícil –i estimulant– amb aquelles frases tan llargues que avancen i retrocedeixen, fent ziga-zagues, i al final t’adones que eren circulars, perquè acaben com comencen”. Un altre aspecte complex és “el llenguatge col·loquial, i les seves paraules inventades, entre 80 i 100 només a Llum d’agost”.
La discussió entre partidaris i detractors no és fictícia. La nèmesi de Faulkner és Hemingway, l’home de les frases curtes, i tots dos van intercanviar en vida retrets considerables. Faulkner opinava que la prosa de Hemingway era simple i sense audàcia, va dir d’ell que no s’enfilava mai a cap branca i que “per llegir-lo ni tan sols cal el diccionari”. La rèplica de l’autor d’El vell i la mar, de Nobel a Nobel, va ser: “Pobre Faulkner. Creu realment que les grans emocions provenen de les grans paraules? Ell creu que jo no sé paraules enrevessades. Les sé totes. Però hi ha altres paraules, més antigues, més simples i millors, i aquestes són les que jo faig servir”.
En webs com Goodreads també es troben opinions negatives de lectors actuals, que veuen Faulkner “massa complex” o que senzillament confessen que no han entès res de parts de les novel·les. “Vaig trobar un dia una pàgina amb Consells per llegir Faulkner –explica Tallada– i allà deien que cal no atabalar-se si no s’entén exactament tot, que es tracta de copsar la sensació, deixar-se portar”.
Miriam Paulo, la seva editora a DeBolsillo, explica que “no és un autor de grans vendes però sí d’un fons que es va venent amb constància cada any, té lectors fidels. En una enquesta que vam fer a Penguin, apareixia entre els clàssics que més marcaven els lectors, sobretot amb El soroll i la fúria”.
Un faulknerià confés, el blogaire literari Jan Arimany, destaca “la llibertat que desprèn el seu estil i com entra en la mentalitat dels personatges. Encara que es tracti d’un autista, no tan sols t’ho fa comprendre sinó viure-ho en primera persona”. Arimany creu que el problema dels que el rebutgen “es deu al fet que sovint comencen amb El soroll i la fúria, dels més complicats, i és millor entrar, per exemple, amb Llum d’agost. No conec ningú que faci aquest recorregut i el rebutgi”.
Com veieu, hi ha tema de debat per a aquell futur molt llunyà quan, a les tavernes i al transport públic, ens demanarem: “I tu, ets de Hemingway o de Faulkner?”.



dijous, 13 de juny de 2019

l'esperit del rusc


«Hi ha un llibre de Maurice Maeterlinck, La vida de les abelles, que es va publicar el 1901 i en el qual es descriu l'eixamenament, és a dir, aquell moment en què l'eixam primari abandona la colònia per fundar-ne una altra i deixar pas als individus més joves. Aquest fenomen tan estudiat és, per a Maeterlinck, l'esperit del rusc, el que fixa l'hora del gran sacrifici anual en què el poble, arribat al cim de la seva prosperitat i poder, cedeix a la jove generació totes les seves riqueses i va a buscar al lluny, amb tota la incertesa, un nou assentament. Aquest fenomen de renúncia només es produeix quan la colònia està en el clímax de la seva vitalitat, no abans, i està liderat per la comunitat del rusc i no per la reina, que mana obeint. Diu Maeterlinck, des de la interpretació literària, que, en l'abandonament, les abelles s'han desfet dels béns que havien de defensar per tal de complir els designis de la comunitat, i és per això que cap abella no dubta. És més, són felices i inofensives alhora, perquè ja no han de defensar res i, per tant, ja no tenen ni tan sols enemics. En el rusc primari, l'esperança de satisfer l'instint farà que les joves abelles s'esmercin per arribar al clímax de bonança que les ha precedit.
Aquest exercici de solidaritat intergeneracional en el regne animal podríem interpretar-lo com un moment utòpic, difícilment traslladable a l'organització social humana.»

Ingrid Guardiola. L'ull i la navalla. Un assaig sobre el món com a interfície. Arcàdia, 2018. P.247-248.

dimecres, 12 de juny de 2019

un strindberg fora de l'infern


DAMIÀ ALOU
Un Strindberg fora de l’infern
Ara llegim
20|10|2018
Johan August Strindberg és la gran figura de les lletres sueques i un dels dramaturgs més coneguts i influents del teatre europeu. No tan sols va tenir un gran èxit en vida, sinó que va fer un trànsit subtil i sense escarafalls del naturalisme a un estil que va obrir les portes a l’expressionisme, el surrealisme i fins i tot el teatre de l’absurd. La sonata dels espectres, una de les seves darreres obres, fou muntada quatre vegades per un altre suec immortal, Ingmar Bergman, i fins i tot inspirà la pel·lícula més hipnòtica de Manuel Gutiérrez Aragón, Sonámbulos (1978).
Strindberg va néixer el 1849, fill d’un comerciant i de la que havia estat majordoma i amant del seu pare. Tot i que va tenir una infantesa còmoda, ell se sentia desgraciat, per la severitat del seu pare i sobretot perquè sempre va ser molt conscient de la diferència de classes entre els pares (no és casual que un dels volums de la seva autobiografia es digui El hijo de la sirvienta, i l’altre, Fermentación). De jove ja era un dramaturg i periodista reconegut, i inicià la seva vida amorosa amb un ménage à trois, al principi platònic, amb el baró Wrangel i la seva dona, amb la qual s’acabaria casant quan el baró amplià el triangle a quartet amb una noia de 19 anys. La consagració com a escriptor li arriba amb la novel·la El salón rojo i amb l’obra teatral Mäster Olof. Tot i que va afirmar que només escrivia teatre per facilitar la carrera de la dona (a qui havia promès un brillant futur com a actriu), seria en aquest gènere on acabaria guanyant més renom, sobretot gràcies a La senyoreta Júlia i les seves peces anomenades “de cambra”. Però la seva relació amb el públic no va ser sempre fàcil. De fet, va escriure La gent de Hemsö (1887), la novel·la que ara publica L’Avenç amb molt bona traducció de Carolina Moreno Tena, a instàncies del seu editor, ja que el seu llibre anterior, Casarse, subtitulat Dieciocho historias de matrimonios con prólogo, un dels pamflets antifeministes més violents de la literatura sueca, havia fet caure enormement la seva popularitat. I és curiós que, a l’hora de guanyar-se l’afecte perdut del públic, Strindberg apel·lés al naturalisme pur i dur, creant una novel·la absolutament zoliana de lluita per la vida, d’aprenentatge, ambientada en aquesta illa de Hemsö, de l’arxipèlag d’Estocolm, basada en l’illa de Kymmendö, el paradís estiuenc de la seva joventut.
L’argument del llibre és d’allò més senzill: el jove Carlsson arriba a l’illa contractat per portar la granja de la vídua Flod. I la primera frase ja ens diu l’efecte que provocarà aquest personatge entre els nadius: “Va arribar una tarda d’abril, com un terbolí”. Com el mateix Strindberg, Carlsson és qualcú que es vol menjar la vida a mossegades, que ho sap tot i ho prova tot (Strindberg sempre va ser un cul inquiet que va abraçar el socialisme, el nihilisme, la religió, l’alquímia, l’esoterisme, el gnosticisme, la teosofia, la bogeria, Swedenborg), i que vol fer carrera a la granja.
ELS COPS DE PUNY DE L’AUTOR
Hi ha un paràgraf que retrata perfectament tant el personatge com l’autor. Una nit Carlsson es fica al llit, i allà, ens diu Strindberg, “es va sentir molt més senyor de la seva persona, com un empelt que ha arrelat i està preparat per escindir-se de l’arbust mare i viure la seva pròpia vida, i tirar endavant la seva pròpia lluita, amb molt més esforç però també amb molta més il·lusió”. Perquè, com veurà el lector Kafka, el tema de Strindberg és, com el de Kafka, la lluita; no la lluita física, sinó l’esforç per anar avançant enmig de l’aiguamoll del temps i la vida intentant trobar una esperança i sabent que totes són falses (o que potser no calen). Carlsson lluita contra tots: contra la incomprensió, la ignorància, els elements, la societat tancada de Hemsö. La teranyina que teixeix Carlsson amb la resta de personatges potser no té la cadència inexorable de les obres de Flaubert o Stendhal, però l’atenció als detalls de la natura sorprèn als que només coneixem l’obra més extrema de Strindberg, el seu cant a la mania persecutòria que és Inferno o els personatges al·lucinats de les seves darreres obres teatrals. Ben al contrari, La gent de Hemsö és serena, reposada, on l’autor mira cap enfora més que cap endins, i on aconsegueix transmetre el pas del temps d’una manera tan senzilla com: “Va arribar la primavera, les orenetes refeien els seus nius i el professor va tornar a l’illa”.
Kafka anotà al seu diari: “Avui em sento bé perquè he llegit Strindberg. No l’he llegit per llegir-lo, sinó per estrènyer-me contra el seu pit. ¡Aquesta fúria, aquestes pàgines aconseguides a cops de puny!” Strindberg, un home molt més terrenal i que presumia de preparar-se sempre ell mateix el cafè, ens omple del vertigen de la vida i aconsegueix portar-nos a la seva visió del món, no sempre fàcil, no sempre agradable, però que sempre ens fa aprendre alguna cosa. Porteu-mos més Strindberg en català, si us plau.

dimarts, 11 de juny de 2019

de gira


«Érem a les acaballes de la primavera de 1995, i jo acabava de tornar d'una gira promocional de tres setmanes per Nord-amèrica. En aquestes gires, va dir una vegada Ian McEwan, et sents una mica l'«empleat d'un jo anterior», perquè el llibre és allà, al carrer, i ha de ser escortat i defensat mentre tu ja has tirat endavant. Bé, el meu llibre, The Information (amb tota la seva impedimenta) continuava amb mi, continuava massa amb mi, a tota hora. Però no em permetré de queixar-me sobre aquella gira. Alguns escriptors troben que fer el paper de doble és més degradant/desarrelat/avorrit/esgotador, etcètera, que no uns altres; i n'hi ha que no són fàcilment divisibles i s'enclaustren en ells mateixos en foses envoltades amb filferro espinós. Novetat ultratjant en un temps, les gires de promoció de llibres s'accepten avui com un fet més de la vida, com una qüestió de rutina professional. Arribes a una ciutat i et presentes als mitjans; després, a la nit, com a individu que es deu als seus lectors, apareixes a la llibreria i oficies. I alguna cosa saludable es dóna quan et veus enfrontat al teu actiu més preciós: els lectors. Els necessites desesperadament, perquè ells saben qui ets en realitat; són els confidents de la teva ment inconscient. A l'Autor li va bé trobar-se amb el Lector. De vegades, a la cua per a la firma, veig un parell d'ulls que amb veu baixa em diuen que la comunió s'ha produït, i en sento la transfusió corresponent...»

Martin Amis. Experiència. Traducció d'Ernest Riera. Edicions 62, 2001. P. 311-312.

dilluns, 10 de juny de 2019

l'última obra


JORDI PUNTÍ
L'última obra
L'Avenç
Núm. 457, maig 2019

En l'assaig sobre Vladimir Nabokov que obre el seu últim llibre, The Rub of Time (traduït al castellà com El roce del tiempo), Martin Amis dedica unes ratlles a comentar el «petit secret brut de la literatura moderna». Els escriptors, ens diu, moren per partida doble: «Un cop quan es mor el seu cos, i un altre quan mor el seu llenguatge». Per confirmar aquests paràmetres moderns, ens recorda que Dickens va morir als 58 anys, Shakespeare al 54, Jane Austen als 41, Byron als 36...Representa que el talent creatiu els va acompanyar fins al final, però ¿què passa avui dia, quan la salut física (i un cert grau de vanitat, cal admetre) fa que l'autor acabi confonent la pròpia veu narradora amb alguna mena de ranera literària?
L'octubre del 2012, gairebé sis anys abans de morir, Philip Roth va anunciar en una entrevista que en feia tres que s'havia retirat. «No tinc cap ganes d'escriure ficció», deia, «el que està fet ja està fet. A la vida hi ha més coses que escriure i publicar. Hi ha tot un altre món, i en el fons em sorprenc d'haver-me'n adonat tan tard». El 2010 havia publicat la seva última novel·la, Nèmesi, que combinava amb mestria un registre més amable, amb un punt de nostàlgia, i temes habituals com ara la culpa i els paranys de la memòria, però que sobretot era una correcció de les debilitats que mostrava la novel·la anterior, La humiliació (2009), on provava de descriure la connexió entre el talent artístic i el vigor sexual, però l'artifici no acabava de funcionar.
No deu pas ser un detall menor que les febleses de l'edat es deixen notar més quan parlem de narradors de ficció, que treballen fort des de la imaginació, i en canvi es dominen molt millor —fins i tot estilísticament— quan la matèria literària és autobiogràfica. Ernst Jünger va publicar els seus dietaris fins als 100 anys, dos abans de morir. L'editora i escriptora Diana Athill, que va morir aquest gener als 102 anys, va publicar diversos llibres de memòries, que atacaven el fet d'envellir amb una prosa vitalista i festiva, i on destaca l'esplèndid Somewhere Towards the End (2008).
Un altre dels escriptors més longeus, incapaç de separar vida i obra, és Gay Talese, que avui compta 87 anys. El 2015 el vaig veure en una xerrada a la llibreria Strand, de Nova York: impecablement vestit, va fer una demostració del seu verb agut, un sentit de l'humor càustic i una memòria prodigiosa, que revivia records explicats desenes de vegades. Poc després va publicar el seu últim llibre, The Voyeur's Motel, una història en la qual havia treballat intermitentment durant més de vint anys i que, en fer-se pública, va rebre crítiques per algunes inconsistències en els fets descrits. Al meu entendre, però, el problema del llibre era més personal: la prosa de Talese no tenia la força d'altres textos seus, i sovint es deixava temptar per l'efectisme morbós de la història: un home que havia muntat un motel exclusivament per espiar els seus clients mentre practicaven sexe.
Com passava també amb Philip Roth, la pulsió sexual apareix un cop i un altre en les últimes obres d'alguns escriptors, a vegades amb un grau de procacitat que només pot donar l'impudor guanyat amb l'edat. Gabriel García Márquez va tancar als 77 anys el seu cicle narratiu amb Memoria de mis putas tristes, que començava així: «El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen». A partir d'aquí, la versemblança quedava tota al servei d'un estil reconegut, que s'ho volia fer perdonar tot. Un cas diferent és el del brasiler Rubem Fonseca, que a punt de fer 94 anys continua escrivint històries brutals, violentes i escabroses sobre el seu Rio de Janeiro, com ha fet sovint en obres tan colpidores com El cobrador. Faltat d'alè, potser, ara ja no les desplega en una novel·la, sinó que les redueix al format del conte. Llegiu, per exemple, Axilas y otras historias indecorosas, del 2011, traduït a Días Contados, on el lector té sovint la sensació que la distància entre el narrador i la veu del vell Fonseca és mínima, i fins i tot s'entreveu un plaer afegit en l'escriptura sense filtre.
Els titubejos de l'escriptor jove que comença solen anar en dues direccions: o bé proven de ser totalment originals, únics, o bé es refugien en la imitació dels autors preferits. Quan els vells escriptors espremen les últimes gotes de la imaginació, ja saben que l'originalitat no existeix i trien la imitació del seu autor preferit, el que coneixen millor: ells mateixos.

diumenge, 9 de juny de 2019

el gust és vostre