dilluns, 30 de juliol de 2018

signes del temps

diumenge, 29 de juliol de 2018

el descans de l'àngela


Steve McCurry, Spoleto, Itàlia.

Vegeu també -----> Sobre la lectura.


dissabte, 28 de juliol de 2018

porta dels lectors (2007)


«Anatomia dels llibres_ No és ara el moment d'anotar la meva llarga història personal amb els llibres i el seu escenari: la biblioteca. He sigut i sóc un amant dels llibres. És per això que vaig viure amb alegria el fet d'aixecar el meu estudi provisional als peus de l'esplèndida Biblioteca de l'Ateneu Barcelonès, al bell mig de l'entrada de carruatges del que havia estat Palau dels barons de Savassona al segle XVIII, al carrer Canuda, i que des del 1906 és la seu de l'Ateneu. Dins d'aquells envans improvisats vaig pintar una gran pintura mural per a l'entrada de la Biblioteca, amb motiu de la restauració pel seu centenari d'aquest espai memorable, que al seu dia va projectar l'arquitecte Josep Font Gumà amb uns elements dissenyats per un jove Josep Maria Jujol, que ja hi va lluir el seu talent. Va ser l'arquitecte i aleshores president de l'Ateneu, Oriol Bohigas, qui em va convidar a fer una intervenció en un lloc singular pel seu emplaçament, i fins i tot enclaustrament, al qual s'arriba per una escala o un magnífic ascensor modernista que ens ofereix una visió en tràveling ascendent. En veure l'espai destinat a l'obra vaig rememorar les tombes visitades a la Vall dels Reis, a Tebes, i d'una manera especial la tomba de Ramsès VI, on al sostre de volta de la cambra funerària es veu com una filera de figures sobre fons blau vinculades al viatge del déu Ra a través dels cels del dia i la nit. Així va ser com el blau indi va esdevenir territori pictòric per la reiterada presència d'uns personatges com a guardians de la biblioteca que graviten com sinuositats blanques, d'inspiració cal·ligràfica, anatomia del llibre, un al costat de l'altre i cada un singular. Com els llibres, invocació als lectors que pòrtic endins habiten la biblioteca. F.A. Març del 2007.»

Federic Amat_Zoòtrop. Fundació Catalunya-La Pedrera, cop. 2017. P.120.



divendres, 27 de juliol de 2018

rossetti i siddal


Cementerio de Highgate, Londres, 1869. Alumbrándose con la débil luz de un candil, el pintor Dante Gabriel Rossetti abre furtivamente la tumba de su esposa Elizabeth, fallecida siete años atrás. No es un amor enfermizo lo que lo impulsa a verla otra vez, y no queremos saber lo que quedaba de ella. Lo que Rossetti buscaba desesperadamente, acuciado por los remordimientos y el temor a ser descubierto en tan delicada situación, era un pequeño cofre. Audrey Niffenegger cuenta el episodio en su novela Una inquietante simetría, y, aunque parece inventado, es real y constituye un capítulo singular de la historia de la literatura inglesa.
Elizabeth Siddal fue el gran amor de su vida: una pobre costurera que posaba como modelo en casa de un colega y la convirtió en su amante. En varios cuadros famosos de los prerrafaelitas, en los que se plasmó el ideal estético de toda una época, encontramos su belleza etérea, roída por la tuberculosis, su mirada apática y sin futuro. Tras diez años de relación, Rossetti finalmente se casó con aquella mujer marcada por la muerte, que fallecería después de dar a luz a una hija muerta. El desconsolado poeta metió en un cofrecillo el único manuscrito que contenía todos sus poemas y lo enterró con su amada, envuelto en sus largos cabellos. Hurtaba sus versos a sí mismo, a sus amigos y a la posteridad, para entregárselos como un don exclusivo y eterno a su venerada esposa. Ahora bien, el tiempo no solo cura las heridas, sino que también inflige otras nuevas, y la tristeza de Rossetti fue desapareciendo a la par que aumentaba su fama y, con ella, su vanidad. ¿Quién era él para privar al mundo de su lírica? De modo que abrió el ataúd y halló el cofre donde antes había estado el pecho de Elizabeth. Un año más tarde mandaba imprimir los poemas. De no ser por esta historia, hoy nadie se acordaría de Rossetti, en tanto que la trágica belleza de Elizabeth ha quedado inmortalizada en los cuadros.

Werner Fuld. Breve historia de los libros prohibidos. Traducció de Marc Jiménez Buzzi. RBA, 2013.

Potser el quadre més famós de l'Elizabeth sigui aquesta Ophelia de Sir John Everett Millais.
Aquí, en trobareu més.

dijous, 26 de juliol de 2018

discutir sobre literatura


En cuanto a discutir sobre literatura, pocas cosas satisfacen tanto a ciertos lectores como charrar de sus propias lecturas. ¿Por qué? Porque es una perfecta coartada para hablar de uno, que es el tema que más le gusta al personal. El mecanismo es tan sencillo como funcional. Ya que no puedo hablar directamente de mis intimidades, al menos dispongo del pretexto de los libros para hacerlo. Hablando de cómo son los personajes, describiré sin que se me note demasiado mi propia psicología. Los libros, como el futbol y la música de Bartok, son un buen pretexto dialéctico para defender ante los demás la propia personalidad. Es muy difícil que salvemos un personaje de una novela que no contemple en su caracterización las cualidades que consideramos propias. Cuanto más diferente sea este personaje de nosotros, peor lo trataremos. Y ello sin reparar en lo que debería primar la atención: en cómo consigue su autor darnos su descripción literaria. Si estamos de acuerdo o no con los mecanismos estéticos desarrollados para conseguir el citado perfil del personaje y no si se parece a mí o se parece al vecino.
Los clubes de lectura que se han formado durante estos últimos años participan de ese narcisismo verbal que tan bien sienta a quienes, desprovistos de formación literaria, comprueban que los demás aceptan sus juicios o los discuten con respeto y consideración. Dado el autodidactismo de la mayoría de los miembros de estos clubes, sus interlocutores se transforman en cógitos parlantes que hablan de sus lecturas con envidiable entusiasmo, probablemente porque sus juicios rara vez trascienden el nivel de un impresionismo y psicologismo primarios. Tanto que enmendar la plana de sus ocurrencias, lo único que te produce es la animadversión del grupo.
Para compartir lecturas, es necesario, primero, leer, y, en segundo lugar, disponer de un espacio y un tiempo generoso, sea la biblioteca u otro ámbito preparado para llevar a cabo dicho objetivo. No obstante, conviene declarar que, si se comparten lecturas, pero no se varían los modelos didácticos tradicionales de preguntarse sobre los textos, la experiencia, no solo no será gratificante, sino que se volverá contra nosotros. Pues un alumnado insatisfecho es fuente de conflictos no deseados. Lo mismo cabría decir de los clubes: se mantendrán en la medida en que sus miembros vean satisfechas sus egotistas expectativas.
Así que, primero, convendría determinar cuáles son los objetivos de estas lecturas compartidas y, segundo, establecer un acercamiento que huya de su exclusivo y excluyente carácter productivista.
Consideremos que este lector hablará de los libros como le han enseñado a hablar de ellos. Pues cada cual enseña cómo le han enseñado y no como le han dicho que lo haga. El mismo hechizo paralizante se da en los clubes de lectura, donde se reproducen los mismos esquemas, cultivados e interiorizados durante los años de aprendizaje escolar. A veces, el modelo es más prosaico. Se reduce a leer un libro y a hablar de él. Sin más muletas. ¿Resultado? Dependerá de la labia potencial del lector y de las artes oratorias para preguntar de quien dirija estas sesiones de prosaico psicoanálisis lector.
[...] Los efectos de la lectura no suceden por ensalmo. Como los productos del campo, hay que sembrarlos, regarlos y cuidarlos con especial atención. Y luego, esperar que el tiempo acompañe, pues ya se sabe que una pedregada o una helada siega cualquier esperanza hortícola. Lo mismo sucede con la lectura. Hay que alimentarla para que se sostenga en pie. Sin olvidar que existen muchas llamadas del exterior que intentan anularla. Pues para leer y mantenerse en su quicio no solo es cuestión de encontrar buenos libros. También se precisa voluntad y ganas.
[...] Bien sabemos que, en ocasiones, las digestiones lectoras se llevan mejor compartiéndolas con los otros. Pues hincar el diente a ciertas páginas no está al alcance de todos los molares. Y de este modo, lo que uno no es capaz de triturar con sus incisivos, otro lo desmenuza sin problema dental alguno. Al final, todos felices por confabularse para entrar en el laberinto de la lectura y salir de ella sin que el Minotauro de la interpretación te desquicie los sesos.
Leer para estar con los otros da un plus de sentido a ese acto solitario que es la lectura. Esta ya no es tan fiera como la pintan. Al menos, en su aspecto coercitivo más evidente: leer en soledad.

Víctor Moreno. Preferiría no leer. Valores «desagradables» de la lectura. Pamiela, 2015. P. 274-277.

dimecres, 25 de juliol de 2018

pocs o molts llibres?


«Pocs o molts llibres? No, no estic plantejant si cal llegir molt o poc. Em pregunte si és millor dedicar el temps disponible a la lectura i relectura d’uns pocs llibres o a llegir el màxim que es puga en extensió i en diversitat. Lectura intensiva o extensiva? El dilema, suposant que ho siga, pot semblar bizantí, i segurament ho és, però ens obliga a plantejar una qüestió important: com hem de llegir?
«We all read too much nowadays to be able to read properly», va assenyalar Aldous Huxley en Those Barren Leaves, una de les seues novel·les. L’observació de l’escriptor anglès implica que llegir bé consisteix a llegir a poc a poc, rellegint, assimilant els llibres i no consumint-los simplement. Josep Pla, per la seua banda, deia en les Notes disperses que «no crec pas que bàsicament la qüestió consisteixi a llegir molt, sinó a llegir bé» i que «no conec cap llibre positivament formatiu (normatiu) que d’entrada no sigui dolorós de rompre, que no se us entravessi, com una nosa pesada. Per això crec que llegir bé vol dir en definitiva rellegir, insistir». S’hi pot objectar, és clar, que cada llibre demana un tempo, que no té per què ser lent necessàriament, i que la majoria de vegades està bé que la primera lectura d’un llibre siga també l’última. Així i tot, hi ha molts llibres que s’han de llegir bé, «properly».
Llegir, bé o mal, costa. Fa falta temps i, sobretot, ganes, i unes condicions mínimament propícies. No sempre estem en condicions de fer l’esforç de concentració que cal. Encara és més difícil retenir el que llegim, assimilant-lo i incorporant-lo a les lectures anteriors. Llegir molts llibres, i cada un una sola vegada, multiplica aquests obstacles. Per això, de vegades he pensat que m’aniria bé passar una temporada (no massa llarga) a base de la vella dieta anglosaxona: Shakespeare i la Bíblia. Hi afegiria, això sí, Montaigne, com a contrapès saludable. Recorde la biblioteca que tenia Montaigne a la seua torre. Era una biblioteca, encara, a la mesura humana.
Però la quantitat també importa. No crec que a hores d’ara la lectura intensiva siga una possibilitat viable. (Ja sé que per a la gran majoria, ni intensiva ni extensiva. Esporàdica i gràcies.) La llista de llibres que valen la pena, de llibres que cal haver llegit per a poder llegir bé, és ben llarga, i només serem capaços de llegir-ne una petita part. Ara, això no és un motiu per desistir, sinó per llegir més. Una certa ansietat, que no em molesta massa, va de costat amb la certesa que la festa no s’acabarà mai per manca de material. De tota manera, la lectura extensiva, en quantitat, planteja un problema greu: la dificultat d'assimilar i recordar el que llegim. La memòria es sobrecarrega de seguida i, amb l'excusa que ha de fer lloc, llença o amaga els nostres papers.
Evidentment, faig servir alguns procediments per retenir el màxim o, si més no, per poder recuperar amb facilitat el que no recorde bé. En primer lloc, és clar, subratlle. Ha arribat un moment en què ja no sé llegir si no tinc un llapis a la mà. A més de subratllar o de fer-hi alguna anotació, aprofite les pàgines en blanc del començament per anotar-hi el número de les que m'han semblat més importants, amb alguna indicació al costat. Ve a ser com un esquema del que més m'ha interessat. Quan he acabat la lectura, normalment torne a llegir els passatges subratllats i aquestes anotacions inicials. Més endavant, em seran molt útils per refrescar la memòria o retrobar algun passatge concret. En alguns llibres, però, amb els subratllats no en tinc prou, i aleshores el que faig és prendre'n notes. Abans, ho feia en unes fitxes petites, de paper. Ara, les escric en la tauleta tàctil. Però només si són poques i curtes. Si n'he de prendre moltes, trobe més pràctic escanejar les pàgines que m'interessen del llibre en un pdf. Així, mentre treballe a l'ordinador, hi puc accedir fàcilment i copiar i enganxar el passatge que em fa falta.
Segurament, la relectura és el millor procediment per assimilar el que llegim. És un inconvenient, però, per a la lectura extensiva. A més, hi ha molts llibres, per bons que siguen, que no val la pena rellegir. Encara es pot fer una altra cosa: escriure sobre el que acabem de llegir, com una manera de prolongar la lectura, encara que, de nou, el temps que hi dediquem l'hem de restar de llegir més. No estic segur que siga un bon negoci.»


Enric Iborra. La literatura recordada. 101 contrapunts de lectures. Viena, 2018. P. 81-82.


els lectors



ELS LECTORS from toni casassas on Vimeo.

dimarts, 24 de juliol de 2018

rebuig és un rebuig és un rebuig és un rebuig


Font: Letters of Note.

El dia 19 de abril de 1912 el editor londinense Arthur C. Fifield escribe a la señorita Gertrude Stein, residente en el número 27 de la rue de les Fleurus, París, lo siguiente:

Madam,
Sólo soy uno, sólo uno, uno solo. Sólo un ser, uno al mismo tiempo. Ni dos, ni tres, sino uno solo. Una sola vida que vivir, sólo sesenta minutos en una hora. Un solo par de ojos, un solo cerebro. Sólo un solo ser. Siendo uno solo, teniendo sólo un par de ojos, un solo tiempo, una sola vida, no puedo leer su manuscrito tres o cuatro veces. Me basta con uno, con un solo vistazo. A duras penas se vendería un solo ejemplar. Uno solo. Y a duras penas.
Muchas gracias. Le devuelvo el manuscrito por correo certificado. Un solo manuscrito en un solo correo.
Atentamente suyo,

Íñigo García Ureta.  Éxito : un libro sobre el rechazo editorial. Trama, 2011. P. 41-42.


dilluns, 23 de juliol de 2018

els lectors que no sabien llegir ficció


XAVIER ALIAGA
Els lectors que no sabien llegir ficció
El temps
Núm. 1775, juny 2018

Els límits entre realitat i ficció i la recepció entre els lectors de les obres que juguen amb aquests límits ha estat un tema recurrent dels estudis literaris. Darrerament, però, entre la crítica i els autors es detecta una dificultat creixent en els receptors de literatura per llegir en clau de ficció les obres. Parlem d’una fixació per interpretar com a realitat, o fins i tot fer-ne lectures ideològiques en clau de present, tot allò que emana dels textos. La confusió respon a molt diversos factors que analitzem amb escriptors i especialistes.

“Parlem poc de la dificultat de la gent de llegir la ficció com a ficció”. Aquesta piulada de l’escriptor i crític Joan Todó donà lloc a un interessant fil de comentaris. El detonant havia estat una conversa a l’Escola Bloom entre l’escriptor i crític xilè Gonzalo Maier i el seu compatriota Carlos Acevedo. Maier, que es va doctorar a Holanda, és un escriptor caracteritzat per la hibridació de gèneres en llibres com Material rodante o El libro de los bolsillos. En el primer, el narrador agafa cada dia un tren i visita un país proper dels Països Baixos. En el segon, va parlant del que té a les butxaques: claus de casa, condons o diners solts. “El fet curiós és que a Espanya s’han agafat aquests volums com llibres de memòries o de viatges, quan són en realitat novel·les rarotes”, explica Todó. 
El mateix escriptor té l’experiència directa de L’horitzó primer (2013), que narra la història d’un jove escriptor que torna al seu poble, la Sénia, per fer el pregó de festes. Todó és nascut a la Sénia, la qual cosa es prestava a difuminar fronteres, però el cert és que mai no havia estat pregoner. I el llibre començava amb un paràgraf que obria el joc i que s’havia de saber llegir: “Jo sóc l’Escrivent. Tu, el Protagonista. La gent sovint ens confon, malgrat que sempre anem junts, perquè no em veuen; ni tan sols sospiten que jo existeixi, tot i els colps d’aire que, com una porta mal tancada, s’escolen en forma de contradiccions entre el que dius i el que fas”.
El llibre contenia llocs i referents procedents de la realitat, però el gruix de la història era una invenció. “Hi ha un moment en què surto jo però parlo de mi en tercera persona. Però la resta és ficció. I, malgrat això, L’horitzó primer es llegia com un llibre de memòries —apunta l’autor abans de llançar una conclusió—. Molta gent no està acostumada a llegir ficció. O sí, si és molt evident”. El creuament de gèneres i fenòmens com el de l’autoficció, entesa com la literatura escrita en primera persona amb elements vivencials, estan en el rerefons de la confusió. O dels “malentesos”, com explicava en aquesta mateixa revista Vicenç Pagès [mireu EL TEMPS del 19 de setembre de 2017]: “La pregunta més impertinent que es pot fer a un autor és també una de les que apareixen més sovint a les entrevistes: ‘Aquesta novel·la és autobiogràfica?’. La resposta més pertinent és, sens dubte, ‘I a tu què t’importa?’. Al capdavall, ens interessa la literatura, no pas les xafarderies”.
Adverteix Todó: “Tinc la sensació que enmig de tot açò hi ha una mica de sobreexposició i un cert analfabetisme funcional que fan que s’acaben llegint coses com si foren reportatges”. I ho diu en referència a les xarxes socials, al fet que se sàpiguen coses sobre els autors, la manera com s’opina públicament sobre l’opinió dels altres, “estar a la que ratlla sobre si hi ha opinions masclistes, racistes o supremacistes”. “La gent tendeix a llegir les novel·les com un espiell de la vida dels altres”, conclou.
L’escriptor posa també com a exemple Joyce i les gallines (2016), la primera novel·la d’Anna Ballbona, amb una protagonista amb no poques concomitàncies amb l’autora, com ara la procedència geogràfica, el treball en un diari, l’ús habitual del tren de rodalia... “Però no era una autoficció”, adverteix Todó. “Jo estic una mica escaldada de les llufes de l’autoficció —confessa Ballbona— perquè a nivell crític en la novel·la se m’atribuïen coses que es donava per fet que eren autobiogràfiques”. “Jugar amb els punts de vista i els jos forma part del joc literari”, argumenta l’autora, que recorda que el seu primer poemari, La mare que et renyava era un robot (2008), havia de fer un esforç per explicar que no es tractava d’un poemari-retret. “Sovint l’autor juga, però sovint també ho busca, això. Tothom juga amb elements propis, però que la gent pensi el que vulgui”, apunta. En tot cas, aquella obsessió amaga un perill, “parlar de certs temes com si fossin la teva vida. Aquesta identificació tan gran pot amagar unes altres lectures”, alerta Ballbona. I apunta una altra qüestió interessant: “La literatura és literatura i els podem trobar amb un jo literari que siga un fill de puta o una dona estrambòtica”. Un tema que, indefectiblement, ens condueix cap a unes altres derivades.
El parany de la correcció política
El crític Alfred Mondria adverteix que fins i tot quan llegim autobiografies a l’ús “hi ha passatges memorialístics que segur que tenen una part de ficció i passatges de realitat que han partit de la narrativa. I autors que parteixen de les seues vivències per crear el seu món narratiu, com és el cas de l’obra de Philip Roth”, diu.
A banda d’això, Mondria troba que, actualment, “fem una lectura molt ideologitzada de la literatura. Un exemple és la recent polèmica sobre Lolita, de Vladimir Nabokov”, assenyala en al·lusió a la crítica de l’obra llançada per Laura Freixas com una apologia de la pederàstia. “És interessant veure com un individu que genera repulsió és capaç de generar tendresa i captivar el lector. Això no fa de Nabokov un partidari de la pederàstia”. “En literatura tots els jocs han d’estar oberts: un personatge repulsiu pot ser atractiu des d’un punt de vista literari. En aquest punt, un tema fonamental és el to: autors com Dickens o Roth donen a la seua literatura un to de convicció i versemblança que fa que guanyen el capítol”, assegura. “Un dels grans mèrits de Roth és entrar en determinats temes com el racisme sense edulcorar-los”, rebla.
Todó anota, per la seua banda, el cas de Viatge al fons de la nit, de Louis-Ferdinand Céline, un escriptor certament repulsiu ideològicament però que basteix una gran obra. “Perquè la vida del protagonista coincideix bastant amb la seva, però és evident que, perquè una narració sigui creïble, compten les experiències”. Després, la resta de consideracions.
Mondria, altrament, cita la correcció política com un dels grans perills de literatura, ja siga quan s’entra en camps “com el de la literatura infantil o juvenil per traslladar idees i intentar colar missatges benpensants”, o quan es mira amb els ulls del 2018 autors com Rudyard Kipling, Joan Fuster o Josep Pla. “El gran valor de la sèrie negra de George Simenon és el grau de comprensió que mostra envers el criminal o l’assassí, sense que això comporte cap justificació. Com ara no podem llegir Moby Dick en clau de salvament de les balenes”. “Harold Bloom ja denunciava aquest tipus de lectures, aquest era un debat que es donava als Estats Units a les dècades del 1960 i 1970. Wirginia Woolf o Mercè Rodoreda no són millors escriptores perquè siguen feministes. Això és un valor afegit, un valor més. Però les claus de la literatura són unes i les dels valors morals són unes altres”, remata.
“Passem per una etapa en què es vol passar la ficció pel tamís de la correcció política. A les novel·les ha de poder haver-hi homes abusadors i dones cabrones sense que això sigui apologia. Perquè, si hi ha apologia, ja la notarem. La ficció és ficció. I una altra cosa és emprar una novel·la per colar un missatge, sigui el que sigui. En tot cas, estem en una època d’extrems, d’una defensa d’allò políticament correcte que no és tan lluny del puritanisme conservador”, assegura Ballbona. Això té conseqüències sobre la literatura? “Estem en una situació política en la qual tot s’ajunta, les tensions són terribles. Res no és casual ni anodí, tot és una tria. I aquestes tensions passen a la ficció perquè la realitat les sacseja”, abunda l’escriptora. 
Narrador-autor-personatge, el triangle equivalent
Quan Todó llançà l’ham per Twitter, un dels primers a arreplegar-lo fou Borja Bagunyà, crític i professor i un dels responsables d’Escola Bloom. Aquest estudiós assegurava que al seu centre la qüestió havia estat motiu de debat recurrent. “El que notàvem és que als darrers anys hi ha hagut un gir no només d’interès per la realitat sense qüestionar-la sinó que, a més, s’havia creuat amb la subjectivitat, el retorn a les narratives de la pròpia experiència, a allò testimonial, autoficcional. I a Catalunya es tractava d’una autoficció que, amb algunes excepcions com Todó o Adrià Pujol, no és irònica, és molt solemne. No hi ha un intent de riure’s d’aquesta pretensió autobiogràfica”.
Bagunyà situa l’origen de l’interès cap a l’any 2010, amb un llibre-manifest de David Shields, Reality Hunger (Fam de realitat). A grans trets, Shields venia a dir que la ficció era morta, que la invenció de personatges havia perdut tot el sentit i que la literatura havia de nodrir-se, per tenir força, de les experiències, amb els fets reals ficcionats. Portat a l’extrem, assegura Bagunyà, els escriptors no podrien parlar “de coses que no parteixin de la nostra identitat política. És a dir: jo només podria escriure com un home blanc, heterosexual i català. Si escric sobre un dona negra, ja estaria impostant”. “Som en una època neovictoriana: essencialment, el triangle entre narrador, autor i personatge, s’ha convertit en un triangle equivalent”, teoritza. 
La conseqüència és que “hem convertit la ficció en document, ho llegim tot en clau de document. Els únics llibres que llegim com a ficció són els de gènere negre, la ciència-ficció... Han de ser gèneres molt marcats. Si no, ens trobem amb la incapacitat de llegir la ficció com un artefacte”. Fins al punt que molts autors es veuen obligats a aclarir els punts de ficció de les obres, “reivindicar el caràcter d’escriptura i ficció del que fan”. “I quan ho traslladem a la ficció, no som capaços de llegir això com un dispositiu artístic. El tipus d’autor que no té una trajectòria o una experiència interessant ha entrat en crisi”, argumenta. 
Bagunyà es mostra “completament d’acord” amb molts dels arguments expressats més amunt sobre les lectures en clau de moral present. “Llegim de tal manera que demanem que l’obra i l’autor, les seves moralitats, siguin la mateixa. I que coincideixin amb les nostres. Si no, es genera un problema. De vegades deixo de llegir un autor perquè a les xarxes va dir no se sap què i penso que la seva moral impregna tota l’obra. Oblidem el tall entre autor i obra”. “Si no som capaços de llegir Madame Bovary com una novel·la i no com una apologia de la infidelitat, estem perduts”, rebla.
Hi ha, fins i tot, més conseqüències: “Ara el valor literari no passa per la forma, sinó perquè algú expressi una experiència important o rellevant representativa. Javier Calvo deia en un article que hem substituït representació per representativitat: ara del que es tracta és de representar col·lectius, experiències, formes de vida”. “Hi ha una diferència gran entre l’èxit dels llibres que possibiliten una lectura documental d’aquells que no. Només cal que comparis dos llibres igualment interessants i ben fets: els llibres que tinguin aquesta lectura representativa tindran més èxit que els que no”. 
Malgrat tot, Todó apunta un cert “moviment pendular”, el fet que propostes que es distancien d’aquella onada autoficcional tenen una bona rebuda crítica, com ara un grapat de novel·les, com Els estranys, de Raül Garrigasait, Aventures i desventures de Joan Orpí, de Max Besora, o Els romanents, de Víctor García Tur, possibles respostes a la saturació anterior de la literatura del jo. “Podria ser, però jo no tinc tan clar que sigui un moviment pendular. Crec que el centre l’ocupa aquell tipus de lectura neovictoriana. I l’únic que sobreviu són les propostes de gènere. Fixa’t que, de les que m’has esmentat, dues són novel·les històriques, tenen molt marcat el caràcter de gènere, tot i que siguen molt estranyes. I fixa-t’hi, la més premiada, Els estranys, juga amb una textura autobiogràfica”, argumenta. “I segurament la de Víctor no ha funcionat tan bé, parlant en termes de vendes i atenció, perquè no té tan marcada aquesta clau de gènere. No gosaria dir que és la causa, però crec que és un factor”, insisteix. “M’agradaria creure que hi ha un moviment pendular, però crec que estem instal·lats en un paradigma i hi continuarem per un quant temps”, dictamina.
Bagunyà, fins i tot, citava el debat sobre la representativitat i el cas concret de l’editorial Penguin Books, que s’ha marcat com a objectiu “representar la diversitat de la societat anglesa fins al 2025”. Una posició que li va valdre crítiques, perquè “ja no es busca l’excel·lència literària, sinó la representativitat de la diversitat social. El canvi és molt bèstia. Per posar-ne un exemple una mica extremat, una dona caribenya que vagi en cadira de rodes i sigui lesbiana, encara que perpetri un llibre horrorós, tindrà un lloc, perquè representa una comunitat. És un debat que porta anys a la cultura anglosaxona i que no sé si està arribant aquí”. “A la novel·la i l’escriptura se li estan demanant els valors que la societat vol tenir. I tinc molts dubtes sobre si l’art ha de fer aquesta funció moralitzant. Però tendeixo a pensar que no, que l’art ha de sortir d’uns altres llocs. Són irradiacions del que parlàvem, de la incapacitat de pensar la ficció com a ficció”, conclou.
Aquestes reflexions impliquen una reeducació dels lectors que semblen molt complicada, perquè “arriba un moment que la lectura és un factor més individual que no sembla”, comenta Mondria. “El gran repte és com recuperar el valor estètic, que deia Gabriel Ferrater, aconseguir centrar el focus sobre l’objectiu literari. Però crec que ningú té la vareta màgica de com es fa això”.

diumenge, 22 de juliol de 2018

nanowrimo

NaNoWriMo son las siglas del programa estadounidense National Novel Writing Month, una iniciativa anual abierta, en la que cada participante se compromete a escribir una novela en un mes.
Para entrar en la lista oficial de ganadores, los participantes deben escribir cincuenta mil palabras entre el día de Todos los Santos y el 30 de noviembre. En 2008, hubo veinte mil americanos que lo hicieron...

Íñigo García Ureta.  Éxito : un libro sobre el rechazo editorial. Trama, 2011. P. 65.

_____________________
P.S.: Segons els organitzadors:
Debido al tiempo limitado para escribir, lo ÚNICO que importa en NaNoWriMo es la producción. Es cantidad sobre calidad. Este enfoque suicida te obliga a bajar tus expectativas, tomar riesgos y a escribir sobre la marcha. 
No te engañes: vas a escribir mucha basura y eso es algo positivo. Al obligarte a escribir tan intensamente te permites cometer errores. Te permites olvidarte de hacer interminables ajustes y ediciones, y sólo crear. Te permites construir sin derribar.
Ho tret d'aquí. No hi ha més preguntes, senyoria.

dissabte, 21 de juliol de 2018

un cap de setmana amb el vostre escriptor favorit


LAURA FERNÁNDEZ
Pase un fin de semana con su escritor favorito
El País
19|7|2018
Lo último en talleres literarios consiste en unas minivacaciones con conocidos autores en lugares aislados
El anuncio podría rezar así: “Pase un fin de semana con su escritor favorito. Desayune, coma y cene con él. Dé paseos junto al mar, disfrute de su compañía en la piscina. Dele a leer lo que ha escrito, escúchele comentarlo con el grupo reducido de lectores aspirantes a escritor que, como usted, admiran su trabajo”. Y podría ser, quién sabe, el inicio de una novela de misterio. O de terror. Después de todo, el clásico de Stephen King Misery tiene como protagonistas a un escritor y a su fan número uno en un lugar aislado en el que lectora y autor pueden hablar de lo único que les interesa: el futuro de su personaje estrella, Misery. Quizá por eso, para romper el hielo, con lo primero que se bromea en la mesa es con la posibilidad de que haya un muerto. “¿Quién de nosotros no estará esta noche?”, dice uno de los participantes. Es poeta. Ha publicado libros, pero nadie lo sabe aún, porque el resto de participantes (13: autor incluido) no son una familia, que es más o menos lo que serán después de que pase lo que al día siguiente, compartido ya el primer baño, la primera cena y el primer desayuno, alguien llamará Gran Hermano literario.
Porque eso es lo que parece este retiro, un Gran Hermano Literario. Los participantes están solos en una casona del siglo XVII, el agradabilísimo Hotel Mas 1670, en Calonge (Girona). Algunos hasta comparten habitación (hay una pareja de hermanas, y una de aspirantes a escritores; ella, poeta y actriz de doblaje, él, escritor que trabajó duro en otro sector hasta los cincuenta y luego se retiró para disfrutar de la vida), y todo lo que se hace, se hace en grupo. Luce el sol, cantan los pájaros. El escritor imparte una clase. Pero no es una clase cerrada. Se conversa todo el rato.
“¿Quiénes son vuestros santos?”, pregunta el escritor, y los aspirantes responden, uno a uno. Hay quien dice Herman Hesse y quien dice Galdós, hay quien dice Fernández Mallo, y quien dice Verlaine, Rubén Darío, Julio Cortázar... La literatura a tratar es literatura confesionalista, porque el escritor invitado, el escritor que luce un bañador verde fluorescente, es Manuel Vilas. ¿No le daba miedo encerrarse con tantos lectores? "No", dice. “En general, a los autores les entusiasma la idea”, contesta alguien a su lado. Es Rita Rodríguez, la mujer responsable de Entelequia Cultura, la pequeña pero ambiciosa empresa que organiza estos retiros. El de Vilas no es el primero. El primero lo protagonizó Chantal Maillard, en otra casona coquetamente singular. Y habrá más. Rodríguez afirma que uno al mes, en distintos puntos de España, e incluso en el extranjero.
La intención es, dice Rodríguez, que trabajó para la editorial Océano durante 20 años organizando encuentros entre los peces gordos de las distintas divisiones de la misma –“en todas partes, hasta en el Caribe”– y descubrió que el intercambio de ideas es clave en cualquier sector, "potenciar la creatividad" de los asistentes. Y a la vez, cómo no, ofrecer un producto atractivo, un taller que no tenga aspecto de taller, sino de minivacaciones, de retiro, como reza su eslogan, solo apto para aquellos que lleven tiempo intentando descubrir cómo contar algo, o contándolo, y quieran compartirlo con su escritor favorito.
Uno de los próximos invitados será Alejandro Palomas. ¿Que cómo se promociona? “Casi siempre es el autor, que lo anuncia a través de sus redes sociales. El proyecto aún no es lo suficientemente conocido”, añade. ¿El precio? Ronda los 500 euros, pero está todo incluido. Los opíparos desayunos, comidas y cenas en lugares emblemáticos de la ciudad o el pueblo que se visite (por ejemplo, el Can Muni de Calonge), más las dos noches de hotel. Y, por supuesto, el curso, que es un curso con su programa y sus 12 horas lectivas, y un título. “La idea es que cree una especie de magia. Sacar el taller literario de la fría aula de estudio para convivir con el autor y con personas que tienen tus mismos intereses”, según Rodríguez.
Y aprender, claro. Que es lo que todos dicen haber hecho al final. “Hemos aprendido muchísimo”, aseguran. Y también se han hecho amigos. Al final, se comparten teléfonos, se crean grupos de Whatsapp, se prometen visitarse unos a otros y enviarse libros. Entre los participantes, algún ilustre, como el poeta Ben Clark, distinguido este año con el prestigioso premio Loewe, admirador de Vilas y ahora aspirante a escritor de narrativa. La también poeta Ale Oseguera, cuyo primer poemario, Tormenta de tierra, ha prologado Carlos Zanón, y que repite, porque ya participó en el retiro con Maillard. Una agente literaria valenciana. Dos profesoras de Lengua de un instituto. Un gestor cultural y poeta, Óscar Santos, hermano de la inolvidable editora de El Gaviero, y tío de la también poeta Luna Miguel.
Juntos formaron, durante tres días, una pequeña e improvisada familia. Vinieron, decían, a darse “un regalo”, y se fueron con ese regalo, convinieron más tarde, ya casi el motor en marcha, cientos, y en algunos casos miles de kilómetros por delante –todos venían de alguna parte: Madrid, Málaga, Badajoz, Barcelona–, y la imagen de su escritor favorito, “el Gran Gatsby de Barbastro”, hablando del “auxilio de la palabra ante el paso del tiempo”, en un restaurante a pie de playa del paseo marítimo de Sant Antoni de Calonge, fresca aún en la memoria.

divendres, 20 de juliol de 2018

calar-hi foc


En 1772, el emperador chino Qianlong mandó a un grupo de comisarios expertos a buscar libros raros en las bibliotecas de todo el imperio, porque quería reunirlos y guardarlos en Pekín. En el curso de su investigación, los comisarios también encontraron escritos que criticaban a la dinastía imperial o que denunciaban y escarnecían a miembros de la alta nobleza. Esto era alta traición literaria y solo podía castigarse con la pena capital. Antes que nada, el emperador encargó la elaboración de una lista de esos libros peligrosos, que llegó a contener más de dos mil títulos. Entre los criterios que se tenían en cuenta a la hora de condenar un libro no solo se encontraba la crítica al régimen, sino también cuestiones estilísticas: también se incluyeron en la lista los libros considerados carentes de valor literario, ya que podían resultar perjudiciales para el lector como malos modelos estilísticos. Esos libros fueron confiscados y quemados en todo el país. La prohibición siguió vigente hasta la muerte del emperador, acaecida en el año 1795.

Werner Fuld. Breve historia de los libros prohibidos. Traducció de Marc Jiménez Buzzi. RBA, 2013. P. 87.