dissabte, 23 de juliol de 2016

el parèntesi esquerre




divendres, 22 de juliol de 2016

punks de biblioteca


A la façana lateral de la KAKV, Casa de la Cultura de Villena (Alt Vinalopó).


dijous, 21 de juliol de 2016

una bala neta dins de carn tova


Font: Pere Calonge ‏@perecalonge 

Vladimir Nabokov. Parla, memòria. Traducció d'Oriol Carbonell. Edicions 62, 2000. P. 233.


dimecres, 20 de juliol de 2016

anna akhmàtova


Akhmàtova retratada per Moisei Nappelbaum, Leningrad, 1924.
«En esta imagen, el rostro aristocrático de Anna Ajmátova recuerda los retratos renacentistas de las señoras de las cortes italianas. Nappelbaum (autor del primer retrato oficial de Lenin) la retrató de perfil, un perfil formidablemente irregular que, como cuentan los que la conocieron, mostraba con orgullo y que fascinó a numerosos retratistas, impresionados por la femineidad dominante y misteriosa de una mujer que quería que se la llamara «poeta». De hecho, le parecía que la palabra «poetisa» limitaba el campo del saber que la inspiraba. También quedó fascinado por ella Modigliani, que la conoció en París. Nunca llegó a pedirle que posara para él, pero realizó de memoria dieciséis retratos que le mandó después a Rusia. Por desgracia, excepto uno, que ella conservó celosamente, estos se perdieron durante la Revolución Rusa. Su poesía y su vida son un testimonio elocuente y doloroso de los acontecimientos que convulsionaron la historia de Rusia en el siglo XX...»

Escritores. Grandes autores vistos por grandes fotógrafos. Groffredo Fofi (editor). Blume, 2014. P. 12.

Akhmàtova vista per Modigliani, 1911.


dimarts, 19 de juliol de 2016

rilke a ronda


L'habitació 208 del Hotel Reina Victoria de Ronda
que va ocupar Rilke del 9 de desembre del 1912 fins al 17 de gener del 1913. 

Cuando Rilke emprendió su viaje por España, no había oído hablar de Ronda, donde llegó casi por casualidad. Se sintió abrumado por la majestuosidad del paisaje y decidió quedarse por un tiempo; al final, estuvo allí desde diciembre de 1912 hasta febrero de 1913. Aprovechó el anonimato –un turista extranjero en un hotel prácticamente vacío – para realizar un ejercicio de introspección y plantearse intensamente la dirección que habría de tomar su obra, y tuvo un brote de creatividad, al contrario de lo que le había sucedido en Toledo.
Desde Ronda consiguió un nuevo estudio en París y partió en febrero para enfrentarse una vez más a la dura prueba que esta ciudad representaba para él desde que, en 1902, la visitara por primera vez. Ronda, por lo tanto, podría considerarse un lugar de descanso, un periodo de tregua en el peregrinaje –a menudo atormentado– de Rilke por los países de Europa, y una íntima experiencia de un paisaje cuyas características numinosas tuvieron una profunda resonancia en su interior.

[De la contracoberta del llibre:  Rainer Maria Rilke. En Ronda. Cartas y poemas. Introducció i notes d'Anthony Stephens. Pre-textos, 2013].

*  *  *

Cuando Rilke llegó a Ronda, en la noche del lunes 9 de diciembre de 1912, eran pocos los huéspedes en el Hotel Reina Victoria. Le dieron una habitación con una impresionante vista sobre el parque, la pineda, los almendros, las dehesas, los cotos y alijares, los caminos de tierra roja, el valle hondo con los molinos y batanes que abastecían a la población, y los montes blancos de la sierra gaditana.
Sir Alexander Henderson —ingeniero británico, promotor de grandes industrias— tuvo la feliz idea de crear unos lugares de reposo saludable para la guarnición inglesa de Gibraltar. Y así construyó una línea férrea que atravesaba la sierra gaditana, y dos elegantes hoteles: el Reina Cristina en Algeciras y el Reina Victoria en Ronda.
En el Hotel Reina Victoria, uno se sentía a medio camino de Inglaterra, sobre todo a la hora del desayuno o del té, servidos con bandejas y teteras de alpaca, y con vajillas de porcelana inglesa. Los tejados de cerámica vidriada verde y las altas chimeneas le daban al edificio un aire fantasioso de cuento de hadas.
[...] El Hotel Reina Victoria tiene una arquitectura más propia de una colonia inglesa que de un pueblo serrano de Andalucía. Parece una ilustración de un cuento inglés. Sir Alexander Henderson encargó la obra a uno de los arquitectos más creativos y originales de su tiempo: Thomas Edward Colcutt, un genio que construyó también el Hotel Savoy de Londres. Podría haber levantado una arquitectura parecida en Sintra o en Madeira. Buscó un diseño original y modernista, sin referencias locales.

Mauricio Wiesenthal. Rainer Maria Rilke. (El vidente y lo oculto). Acantilado, 2015. P. 746-748.






dilluns, 18 de juliol de 2016

relectures d'estiu


«Cada any que passa em fa més ràbia el concepte de «lectura d’estiu», amb el seu aire de lleugeresa despreocupada, que recluta llibres distrets, refrescants, per desconnectar i, si pot ser, molt llargs. Després hi ha més d’un lector ocasional que arriba a la tardor sense haver passat del tercer capítol i, entre excuses, abandona el llibre com si fos un gos que ha sortit massa tabalot i exigent. Ell mai no ho faria, em dic, però de fet tant me fa: al capdavall aquesta mena de lectors també fan viure el món editorial. Llavors m’adono que en el fons seria més lògic que parléssim de les relectures d’estiu. Trobo que el caràcter cíclic de les estacions i la repetició d’uns costums o rituals conviden a la relectura, al retrobament –un cop l’any– d’un llibre estimat.
Però ¿com haurien de ser aquestes relectures? Fa uns dies Enrique Vila-Matas recordava en aquestes pàgines el centenari del naixement de Natalia Ginzburg, i la connectava amb dues autores d’una obra personalíssima i que no envelleix: Marguerite Duras i Patricia Highsmith. Totes tres, em sembla, són exemples ideals de relectura i retorn a un món propi, ja sigui a través d’un mateix títol cada any o d’una altra obra que n’ampliï la geografia literària. Ara fa dos anys vaig rellegir 'Les veus del vespre', de Natalia Ginzburg, amb gran entusiasme, i estic segur que tornar a 'Lèxic familiar' o 'Les petites virtuts' em faria sentir que d’alguna manera estic rellegint tota la seva obra. Ara mateix se m’acut una altra escriptora que podria completar aquesta tria: Muriel Spark. La reedició en català, tants anys després, de 'La plenitud de la senyoreta Brodie' (Labreu) és potser el millor camí per reviure el seu estil, aquesta tria minuciosa de cada paraula que sovint la porta a jugar amb sobreentesos i provocacions morals, una combinació explosiva.
Ginzburg, Duras, Highsmith, Spark. Com que els seus llibres solen ser més o menys breus, totes quatre són relectures perfectes per a l’estiu. Com qui torna al poble de vacances i recupera les amistats de temporada, t’esperen i t’acullen i et fan entendre un any més que ets tu qui ha canviat, i no pas elles.»

Jordi Puntí. Relectures d'estiu. El Periódico. 15|7|2016.

diumenge, 17 de juliol de 2016

cartes al director



   La Voz de Galicia. 9|6|2016.
   [Via Biblioteca Ourense @bibourense] 

dissabte, 16 de juliol de 2016

teràpies alternatives



Biblioterapia: el poder de un libro sobre tu cerebro
Recomendar un libro puede ser un arte y una responsabilidad. Una iniciativa basada en lo que se conoce como biblioterapia pretende ofrecer ayuda a través de libros adecuados para cada persona y situación. ¿Qué sabe la ciencia sobre los efectos que tiene la lectura en el cerebro? ¿Hay diferencias entre la alta y baja literatura, entre la ficción y la no ficción?
Jesús Méndez
Sinc. 9|7|2016

“La vida es demasiado corta como para leer un mal libro”.
“Pero teniendo en cuenta que se publica un nuevo libro cada treinta segundos, puede hacerse difícil saber por dónde empezar”.
La primera frase la dijo, al parecer, James Joyce. La segunda es la forma de completarla que tienen en The School of Life, una iniciativa creada en Inglaterra por el filósofo Alain de Botton y que, bajo la apariencia de una librería, ofrece toda una batería de servicios (cursos, talleres, charlas) para educar en lo que “no se tiene en cuenta en la escuela o en la universidad”, esto es: “Cómo deberíamos vivir bien”.
Uno de esos servicios se ha hecho particularmente famoso, y su nombre es ya de por sí explicativo. Lo llaman biblioterapia. La idea es simple: usar los libros para ayudar a la gente.
De libros y cataplasmas                                                                            
El término biblioterapia parece estrenarse en 1916 en un artículo publicado en la revista The Atlantic Monthly. En él se habla de un tal doctor Bangster, que receta libros a quien los pudiera necesitar. Esto era lo que decía sobre ellos: “Un libro puede ser un estimulante, un tranquilizante, un irritante o un soporífero. La cuestión es que debe hacerte algo, y tú tienes que saber qué es. Un libro puede ser de la naturaleza de un jarabe calmante o puede ser una cataplasma de mostaza irritante”.
El uso de la biblioterapia empezó a extenderse después de la I Guerra Mundial, sobre todo en los Estados Unidos. Allí, varias iniciativas empezaron a recomendar libros a los soldados que retornaban, muchos de ellos con estrés postraumático, en un intento por mejorar su convalecencia.
Hoy día, guías clínicas como las desarrolladas en el Reino Unido por el National Institute and Care Excellence (NICE) recomiendan la biblioterapia en casos de depresión o trastornos de ansiedad. Lo definen como un tipo de terapia cognitiva de baja intensidad que puede ayudar en casos leves, pero no es exactamente lo mismo a lo que se refería Bangster.
Estas recomendaciones se basan en libros de autoayuda convenientemente seleccionados a través de iniciativas para prescribir solo aquellos considerados de “alta calidad”. Lo que Bangster proponía, y lo que en The School of Life hacen, es extender y enriquecer la prescripción: sus recomendaciones se basan en libros de ficción.
Novelas que levantan el ánimo
La sección de biblioterapia de The School of Life depende de Susan Elderkin y Ella Berthoud, dos licenciadas en Literatura inglesa por la Universidad de Cambridge. Según comenta Elderkin a Sinc, así surgió la idea: “Ella y yo empezamos a pasarnos libros con un propósito terapéutico cuando éramos estudiantes en la universidad y vivíamos en habitaciones contiguas. A veces llegábamos a casa y nos encontrábamos una novela en la puerta: una novela pensada para subirnos el ánimo cuando lo teníamos bajo o, muchas veces, para espabilarnos y echarnos un rapapolvo”.
“En 2008 empezamos la misma idea como servicio en The School of Life y más tarde publicamos el libro The Novel Cure. Surgió de ver la literatura como un recurso, algo que puede abrir puertas cuando nos sentimos atascados y ayudar a cambiar de perspectiva. Creo que mucha gente ha experimentado este poder, pero normalmente es algo que sucede por casualidad, tropezando con el libro adecuado en el momento adecuado casi por accidente. Nosotros quisimos organizar la literatura para que no dependiera del azar, para que cualquiera que necesitara un recordatorio de que no estaba solo pudiera encontrarlo cuando lo necesitara”.
El funcionamiento es sencillo. Consiste en rellenar un cuestionario con preguntas sobre hábitos y preferencias de lectura junto con otras más personales, como el tipo de vida, las principales preocupaciones e ilusiones o lo que uno espera estar haciendo dentro de diez años. Después se fija una entrevista que puede ser incluso por teléfono o Skype y al final uno recibe una lista con seis o siete libros recomendados. La biblioterapia funciona como una suerte de librero emocional, que alguno podría ver como un escalafón superior, o simplemente diferente al del librero tradicional.
También se recomiendan libros de no ficción, pero según Elderkin “preferimos prescribir novelas”. Algunas que suelen recomendar, según la persona y la situación, son El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago; Henderson, el Rey de la Lluvia, de Saul Bellow; Siddharta, de Herman Hesse o Un hombre afortunado, de John Berger.
Para Elderkin, “después de todo, hay pocas cosas que puedas experimentar por las que no haya pasado ya un personaje de ficción. En mi opinión, Matar a un Ruiseñor es un maravilloso estímulo para hacer lo que uno de los mejores libros de autoayuda nos habría dicho: sentir el miedo y hacerlo de todas maneras”.
Por el momento no existen buenos estudios que prueben el valor de este tipo de biblioterapia en la salud, pero cada vez hay más evidencias de lo que sí puede provocar la lectura en nuestro interior...

Aquí, la resta de l'article.

divendres, 15 de juliol de 2016

la curiositat alimenta la imaginació



Curiosity feeds Imagination, un mural de Mantra, basat en una fotografia de la Marta Bevacqua i realitzat en el marc del Kufa's Urban Art Esch Festival. Es troba a l'edifici de la Kulturfabrik, al número 116, rue de Luxembourg
, Esch-sur-Alzette, Luxemburg.
[Font: librosfera @librosfera]


dijous, 14 de juliol de 2016

arruixar


«A la plaça major del meu poble, Bell-lloc d'Urgell, hi havia una font al cantó de baix, amb tres graonets a cada banda i baranetes de llautó acabades amb uns poms que sempre havien estat foradats i s'omplien d'aigua. Ara ja no hi és...Els marrecs hi jugàvem a les tardes, ens hi obríem algun trep al cap i ens hi escantellàvem més d'una dent. Els més atrevits hi pujaven amb la bicicleta, que no és pas cosa d'ara, de fer miracles damunt dues rodes. Mentrestant, la plaça era remorosa de carros que traginaven blat i farina: al cantó de dalt, l'Ajuntament; davant de casa, la farinera. La plaça no estava pas asfaltada, com ara. La pols s'hi arremolinava, se't posava als ulls i jugava amb els xiscles de les orenetes. Les dones, de bon matí, escombraven cadascuna el redol de casa seva i després l'arruixaven: la plaça quedava fresca i neta que enamorava. Omplien la galleta al rentador de l'entrada i, zim, zam, escampaven l'aigua amb aquella traça, i tornem-hi, mentre explicaven a la veïna les primeres notícies del dia. No es regaven pas, un carrer, una plaça; això ho feien els homes al tros: al panís, a l'ordi, a les tomateres.
Obro el diccionari normatiu i no hi trobo la paraula. M'he desil·lusionat profundament. Vosaltres no sabeu què és haver jugat en aquella plaça, haver sortit cap a estudi per damunt d'aquella terra molla de fresc, olorosa d'aufals i de mules. Obro d'altres diccionaris usuals, i tampoc. I no em serveix pas de trobar-hi ruixar, perquè no és així que ho dèiem, i sembla que la majoria ho deien, ho diuen, com nosaltres. Reivindico el venerable arruixar en el diccionari normatiu; tot i que ara, ai las, poca gent deu arruixar ja; car, si es feia amb mànegues (i avui és la cosa usual), ja se'n deia com ara: regar.
També dèiem fregar els plats, i no pas rentar-los, com diuen ara la majoria. Rentar era una operació més intensa, que es feia a cop de pala, a la llosa del rentador o bé a la vora del riu, on n'hi havia, i es deia de la roba. És clar que ara, amb les rentadores de vaixella elèctriques...I després els eixugàvem: tant els plats com la roba, com les mans. Perquè assecar també era tot una altra cosa: s'assecava una secla, si no plovia, o les figues esteses als canyissos; i les fulles dels arbres a la tardor: és a dir, s'assecava allò que tenia líquid com a component intrínsec, com si diguéssim.
Aleshores, ni nosaltres ni molts d'altres no confoníem pas una capsa amb una caixa: eren capses les dels mistos (de les tapes amb dibuixos en fèiem cartetes per jugar) i les de les sabates que compraves a la capital. Gaire més grosses, ja eren caixes: les de les taronges que ens portava un carro que parava davant l'Ajuntament i que venia plats de pisa, sal, escombres, mandarines i tota cosa necessària: us ho venia tot «a barato de draps i ferros vells», si en teníeu, i si no, trinco-trinco. També eren caixes, clavetejades admirablement, les que hi desàvem la roba d'hivern, o la d'estiu, o la dels avis que ja no es duia.
Com no se'ns hauria ocorregut de confondre gros i gran, de cap de les maneres del món. Era gros tot allò que hi consideràvem el volum extern. I era gran allò que ens interessava destacar-ne la capacitat interna. Més o menys. Era grossa, i molt, la pedra que em va badar el cap mentre apedregàvem l'arc de triomf que les autoritats, quin remei, havien fet un dia que passava el Franco. Però era gran, i ens en vantàvem, l'iclésia que per aquells anys vam aixecar. Eren grosses i roges les síndries que ens duia el catric-catrac del carro de casa al capvespre, i el ganivet que necessitàvem per tallar-les. Un vagó de tren podia ser gros (vist des de lluny) o bé gran (quan hi eres a dins). Una pena, una alegria, una victòria, una concentració i altres noms abstractes, ja eren i són figues d'un altre paner: no sembla que hi hagi gaire unanimitat, encara que molt sovint ens inclinem pel gran.
Una gran pèrdua, tot plegat, o potser una pèrdua ben grossa...si no fos...si no fos que la nostàlgia és passatgera i que la grandària és una de tantes dimensions relatives».

Joan Solà. «Arruixar». A: Parlem-ne. Converses lingüístiques. Proa, 1999. P. 53-55. Publicat originalment a El Temps, 29|8|1994.


dimecres, 13 de juliol de 2016

grand hotel et de milan



El Hotel de Milán, hoy Grand Hotel et de Milan, fue inaugurado el sábado 23 de mayo de 1863. El proyecto fue encargado al arquitecto Andrea Pizzala, conocido sobre todo por haber realizado en 1831 la Galería De Cristoforis, aquí en Milán. El edificio era de dimensiones más reducidas respecto a las de hoy. Un edificio de estilo ecléctico sobre cuya fachada, y más precisamente en sus adornos, se emplearon referencias decorativas propias del repertorio neogótico. Estas referencias cultas se obtuvieron desde las obras publicadas en aquellos años, inspiradas al movimiento romántico inglés; el así nombrado “ Gothic Revival”.
Hacia el final del siglo XIX adquirió una considerable importancia, ya que era el único hotel de la ciudad equipado con servicio de correo y telégrafo y por eso frecuentado por diplomáticos y por personas de negocios. Incluía más o menos doscientos cuartos, un elevador hidráulico “Stigler” (recién restaurado durante la remodelación y actualmente en servicio), un jardincito de invierno y salones comedores lujosamente amueblados.
[...] El paso de ilustres huéspedes, que eligieron durante los años el Grand Hotel et de Milan como su “casa milanesa”, es celebrado por las suites a ellos dedicadas. En cada una está presente una selección de objetos, fotos, documentos autografiados y otros recuerdos, pertenecientes al personaje o reconducibles a su vida. Giuseppe Verdi, Gabriele D’Annunzio, Maria Callas, Giorgio Strehler, Enrico Caruso son unos de los personajes en honor de los cuáles han sido nombradas las suites y junior suites del hotel...
Grand hotel et de Milan.