dimarts, 18 de maig de 2021

obro parèntesi



dilluns, 17 de maig de 2021

l'aventura més gran


No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura. El empapelado de un muro que vimos en nuestra infancia, un árbol al atardecer, el vuelo de un pájaro, aquel rostro que nos sorprendió en el tranvía, pueden ser más importantes para nosotros que los grandes hechos del mundo. Quizás cuando hayamos olvidado una revolución, una epidemia o nuestros peores avatares, quede en nosotros el recuerdo del muro, del árbol, del pájaro, del rostro. Y si quedan, es porque algo los hacía memorables, algo había en ellos de imperecedero, y el arte sólo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.

 

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas (completas). Seix Barral,  2007. P. 132.

 

diumenge, 16 de maig de 2021

òjut!


Una vez Catulo escribió un poema en el que criticaba a César.

Y fue invitado a cenar.


Una vez Osip Mandelstam escribió un poema en el que criticaba a Stalin.

Y murió en el gulag.

 

David Markson. Esto no es una novela. Traducció de Laura Wittner. La Bestia Equilátera, cop. 2013. P. 40.


dissabte, 15 de maig de 2021

la cançó del pare

 

        

 Take Your Picture off the Wall, Mike Ruskovich.

 

La cançó que l'Ann canta a en Wade a les classes de piano és, en realitat, del pare de l'escriptora:

Treu la foto del racó
i emporta-te-la d'aquí.
Tenyeix-te el cabell de tardor
perquè el temps no el torni gris.

No vull que pateixis per mi,
tiraré endavant sense tu.
Fes-me un petó de bona nit
per últim cop, i ves-te'n lluny.

 

Emily Ruskovich. Idaho. Traducció d'Àfrica Rubiés Mirabet. Les Hores, 2020. P. 54


divendres, 14 de maig de 2021

les muntanyes són muntanyes i els rius són rius


Los seres humanos necesitan fantasías. En potencia, el novelista es el mayor contador de verdades que existe, pero también se le da muy bien comerciar con fantasías. La forma literaria que es la novela les permite al autor y al lector sentirse como en casa, y a menudo se degrada en interés del capricho de la fantasía de uno u otro. En lo que nos es dado atisbar del futuro de la humanidad, siempre habrá novelas malas, eso sin duda; para alegrarle la vida a la gente sin hacerle de paso demasiado daño. Me asaltan tantos temores al respecto que quizá sea indicativo decir que un panorama de novelas malas hasta donde alcanza la vista no me parece ni tan desafortunado ni tan cruento. Los viejos temas de siempre están todavía ahí, y cobran nuevo y más acuciante significado por la falta de consuelo que da la metafísica: son los temas de todos los días, eso que nos es tan conocido, el mundo del amor, el egoísmo y la carencia. Quizá lo mejor que pueda decirse, y ya es mucho decir, sea que al final el escritor acabará pareciéndose al maestro budista cuando dijo aquello de que de joven pensaba que las montañas eran montañas y los ríos eran ríos; luego, después de muchos años de estudio y devoción, decidió que las montañas no eran montañas y los ríos no eran ríos; y, por fin, al final de sus días, cuando ya era muy viejo y sabio, logró comprender que las montañas son montañas y los ríos son ríos.

Iris Murdoch. «Existencialistas y místicos». A: La salvación por las palabras. ¿Puede la literatura curarnos de los males de la filosofía? Traducció de: Carlos Jiménez Arribas. Siruela, 2018. P. 52-53.
[La meditació] És un viatge. Al principi d'aquest viatge, diu un poema zen, la muntanya vista de lluny sembla una muntanya. Durant el viatge, l'aparença de la muntanya no deixa de canviar. Ja no la reconeixem, hi ha una fantasmagoria que substitueix la muntanya, no sabem gens cap on ens encaminem. Al final del viatge torna a haver-hi la muntanya, però ara ja no té res a veure amb el que vèiem de lluny tant de temps enrere, quan vam començar el camí. Ara és la muntanya de debò. Finalment la veiem. Hem arribat. Hi som.

Hi som.


Emmanuel Carrère. Ioga. Traducció de Ferran Ràfols Gesa. Anagrama, 2021. P. 27.


dijous, 13 de maig de 2021

quatre i el cabo


ENRIQUE VILA-MATAS
Tres o cuatro, puro vértigo
El País
11|5|2021

Quizás no sea cuestión de escribir para llegar a muchos, sino de llegar simplemente adonde uno cree que ha de llegar

Al principio, algunos escritores exhibieron suficiencia: el confinamiento sabrían llevarlo bien porque ya estaban habituados al aislamiento hogareño. Y alguien hasta citó a Martin Amis, que había proclamado que como escritor llevaba una vida de ama de casa. Un año después, destrozados los nervios de más de uno, ya no aparece por ninguna parte aquella suficiencia de un año atrás. Es más, uno va descubriendo que el confinamiento ha sido duro para todos, para los escritores en concreto por la pérdida fatal de interlocutores, esa clase especial de lectores que Natalia Ginzburg juzgaba gran complemento de su trabajo: “Personas a las que poder mostrar lo que escribo y pienso, y hablar de ello; no necesito muchas: me bastan tres o cuatro”.
Reparemos en la oscilante cifra (tres o cuatro) que me recuerda el número de lectores que tuvo Borges cuando publicó su primer libro y que a él también le parecieron más que suficientes, tres o cuatro, no esperaba ni buscaba más, dijo. De hecho, toda su vida escribió para esos contados lectores. Otra cosa es que a la larga, y al igual que Einstein que tanto cautivó a las masas sin que estas le entendieran, Borges fascinara al final de su vida a un amplio público (que, por otra parte, no era borgiano). Si el caso de Ginzburg ilustra lo indispensable de los interlocutores y la necesidad de que no sean muchos, el de Borges ilustra lo esenciales que son los lectores y también la necesidad de que no abulten, pues, bien mirado, tres o cuatro ya son puro vértigo. Y es que quizás no sea cuestión de escribir para llegar a muchos, sino de llegar simplemente adonde uno cree que ha de llegar, y que en ningún caso será —porque suena horrible en literatura— a una masa informe, a una multitud, a una mayoría Ayuso, etcétera.
Tres o cuatro lectores solía buscar Bioy Casares en las veladas en su casa. Sus primeros libros habían sido malísimos, hasta que de pronto cambió y pasó a escribir algunos muy buenos. Eran tan malos los primeros que cuando tres o cuatro personas iban a su casa y menguaba la conversación sacaba uno de esos primeros libros, sin decir que era suyo. He conseguido hace poco, les decía, este libro de un escritor desconocido, veamos qué podemos sacar en limpio de él. Y a continuación lo leía y la gente empezaba a reírse y él entonces les animaba a reírse todavía más. Y así era cómo formaba Bioy su reducido círculo de interlocutores.
Que uno escribe para la inmensa minoría de tres o cuatro sagaces interlocutores empecé a verlo ya hace 20 años cuando anoté unas frases que luego se perdieron en mi ordenador y que, más allá del planeta Orión, recuperé justo ayer. En ellas hablaba de lo peligroso que era pasarle tu manuscrito a según quién “porque enseguida el hombre frena su socarrona sonrisa y oculta su contrariedad para que no se noten sus prejuicios sobre lo que escribes. Y sin embargo, mientras tanto —eso es lo impresionante de tu oficio—, en alguna parte un desconocido nos está leyendo con increíble atención y esperará años antes de dirigirse a nosotros”.

dimecres, 12 de maig de 2021

una història bella i terrible


MARTA VILÀ
Una història bella i terrible
Núvol
15|10|2020

Guardonada amb el Dublin Literary Award l’any 2019, un famós premi atorgat pels bibliotecaris d’arreu del món a la millor novel·la de l’any, Idaho ens mostra les conseqüències d’una tragèdia. Emily Ruskovich ens narra els efectes d’un fet brutal i gairebé inconcebible, però per sobre de tot, ens fa reflexionar sobre l’amor, el perdó i l’oblit.
Idaho narra la història d’una família assotada per una gran tragèdia, per un acte tan brutal que fa que m’estremeixi cada vegada que hi penso. Però també narra els efectes que aquesta tragèdia té en altres persones. La Jenny, abatuda per la culpa i reclosa en ella mateixa; en Wade, lluitant per no oblidar els últims records que li queden; l’Ann, fent volar la seva imaginació per tal de reconstruir el passat… Així, tot i que la novel·la gira al voltant d’un fet esfereïdor, no hi ha un únic protagonista ni un únic punt de vista, sinó que tenim una imatge panoràmica del que va passar, i de les conseqüències que va tenir, a través de les percepcions i les experiències de tota una sèrie de personatges que quedaran lligats entre si per sempre.
En certa manera, el relat s’assimila a un trencaclosques. Ruskovich va teixint la història de mica en mica, revelant detalls amb comptagotes. Així, ens va donant trossos d’informació que nosaltres haurem d’assimilar per poder arribar a tenir una imatge més completa del que va passar. L’autora, però, opta per una progressió no lineal del temps, complicant la història, desordenant-la; però a cas la vida real no és complicada i desordenada?
I és precisament aquesta progressió no lineal del temps i de l’acció la que ressalta certes dicotomies que tensen el relat: la bellesa de la vida i el perill de la mort; l’alegria i la tristesa, el present i el passat, la innocència i la corrupció… Però també trobem en Idaho, l’indret on transcorre l’acció, una gran dualitat: resulta ser remot i bonic, però alhora salvatge i hostil, simbolitzant, d’aquesta manera, la faceta més pura i més cruel de la vida.
Tanmateix, cal deixar clar que l’objectiu d’Idaho no és en cap cas resoldre el crim, ni treure a la llum el mòbil d’aquest, sinó relatar com la vida continua (o s’atura) i com cada personatge batalla amb el seu jo interior per tirar endavant, per perdonar, per aprendre a conviure amb una nova versió d’ell mateix.  
De fet, és interessant saber que quan va començar a escriure la novel·la, Ruskovich no sabia ni que hi hauria un assassinat, simplement escrivia sobre un sentiment que habitava en el seu interior: el dol. Tot i que, com ella afirma en una entrevista amb l’escriptor Eduard Márquez que podeu veure més avall*, no estava patint cap dol, sinó que notava dins seu un sentiment aclaparador que alguna cosa havia passat i necessitava explorar-lo.
La veritat és que jo encara em pregunto com és possible que passés el que va passar? Com és possible que la Jenny, la culpa de la qual la sents com a pròpia, i amb qui fins i tot simpatitzes i compadeixes, fos capaç de dur a terme aquella atrocitat? Malauradament, però, aquesta pregunta, com moltes d’altres, no obté resposta.
Això sí, Ruskovich ens delecta amb la seva bella i delicada prosa en un relat en què la música i l’art són el teló de fons d’una devastadora història.
Hi ha una citació que m’agradaria ressaltar, d’una gran bellesa poètica, que en certa manera, podríem dir que actua com a premonició del destí d’en Wade i del desenllaç de la novel·la: “Potser aviat no recordaré les coses doloroses que en el passat van ser boniques”. I així ho confirma l’autora. A més a més, Ruskovich explica que aquesta frase és un vers d’una cançó que va escriure el seu pare i que viu al cor de la novel·la. És, certament, un homenatge al pare, una manera de lloar la figura que la va introduir a l’escriptura, a la poesia, i que li va obrir les portes del que es convertiria en la seva vocació.

 

______________
P.S.: La conversa entre l'Eduard Màrquez i Emily Ruscovich, d'aquí poc. Paciència.


dimarts, 11 de maig de 2021

la biblioteca del futur


JORGE CARRIÓN
La biblioteca del futur
La Vanguardia
5|5|2021


En aquesta època d’obsolescències programades, és difícil que recordem amb un cert afecte algun dispositiu del passat. Podríem dibuixar de memòria el nostre únic walkman o el nostre primer ordinador, però difícilment seríem capaços de reproduir els detalls de la majoria dels telèfons mòbils o computadores portàtils que es van succeir durant les dècades següents. De vegades penso que l’objectiu d’Apple és precisament aquest: que siguem incapaços de diferenciar cadascun dels iPhones o MacAlgunaCosa que hem anat tenint, com si es tractessin de la mateixa criatura en perpètua evolució.

Els llibres continuen sent emocionalment superiors als aparells: no només són col·leccionables i únics, sobretot si els hem tunejat (mitjançant subratllades, marginàlia, gotes de cafè); a més ens permeten accedir a una memòria externa, sempre activa, de la nostra pròpia biografia. No és el que dibuixen, alineats, a les seves prestatgeries? No representen aquelles franges de colors, aquell tetris, aquell equalitzador, les etapes i els cardiogrames i els viatges i els trasllats de les nostres vides?

I, tot i això, els llibres i els dispositius conviuen i es complementen. Recomanem, fotografiem, comprem llibres gràcies als nostres telèfons mòbils. Accedim a milions de títols a través de la informàtica personal. Fins i tot llegim textos a les pantalles que els enginyers han convertit en simulacres de pàgines de paper. Aquesta coexistència és la clau cultural de la nostra època. El clàssic i el viral, la presència i la distància, els tactes i els píxels. El molt antic que és veí del desesperadament nou.

Per això crec que la biblioteca d’aquest present que ja és futur ha de ser essencialment híbrida. Una heterotopia foucaltiana on es passi del previsible a la sorpresa, de l’amable al pertorbador, de les respostes acabades d’obtenir a problemes encara per resoldre. La biblioteca del futur no només ha de ser una biblioteca vegetal, agrobiblioteca, de llavors, en un edifici hipermodern i ecològic que integri la vida no humana; també ha de ser una biblioteca antiga, llibrecèntrica i venerable, que conreï el silenci i la bibliofília. Un espai físic que aculli tant els nens petits com els avis, tant als nadius com els nouvinguts, amb doble natura de fascinant plataforma digital.

Un àmbit obert tant a les arts vives com a les exposicions; tant a l’oralitat i la música de sempre com a les noves propostes sonores. Coworking i sala d’estudi. Mediateca i museu del llibre. Un laboratori amb les últimes tecnologies, narratives immersives i realitats virtuals que sigui alhora un taller d’artesania, tallar i enganxar, cosir i cantar.

Així m’imagino, per exemple, la Biblioteca Provincial de Barcelona, com una nova icona internacional del coneixement en un món amb menys turisme, que reuneixi totes les biblioteques que hi ha hagut en una única biblioteca amb autèntic futur.


dilluns, 10 de maig de 2021

l'emily llegint un fragment d'idaho

 

    

diumenge, 9 de maig de 2021

dites i frases fetes


Cal mirar els llibres per damunt de l'espatlla de l'autor.

Paul Valéry. Tal qual. Traducció d'Antoni Clapés. Adesiara, 2020. P. 249.


dissabte, 8 de maig de 2021

markson escarneix bloom


La declaración de Harold Bloom al New York Times de que podía leer a razón de quinientas páginas por hora.

*

¡Espectacular exhibición! ¡Pasen, damas y caballeros!

Vean al profesor Bloom leer la edición de Random House del Ulises de James Joyce, revisada y corregida en 1961, en una hora y treinta y tres minutos. No escatima ni una página. ¡Inolvidable!

P. 150

_______________________

 

¿Sabes si el professor Bloom llevó algún libro?

Alguien dijo que tenía la obra completa de Joseph Conrad en veintiséis volúmenes. Es solo un crucero de fin de semana.


P. 191


David Markson. Esto no es una novela. Traducció de Laura Wittner. La Bestia Equilátera, cop. 2013.

 

_____________________

P.S.: La declaració de Bloom: «An omnivorous speed reader, he could cover 500 pages in an hour», he said. By the Likes of Falstaff, a Book on Shakespeare, MEL GUSSOW. The New York Times. 16|11|1998.


divendres, 7 de maig de 2021

llibres que fan perdre la paciència (i les ganes de llegir)

 

ENRIC IBORRA
Llibres que fan perdre la paciència (i les ganes de llegir)
La serp blanca
1|5|2021

En l’última ressenya que ha publicat en el Quadern d’El País, Els límits de la paciència, el crític literari Ponç Puigdevall cita un text meu inclòs en Els còmplices, «Avorriment i impaciència en la literatura», en què esmente algunes de les característiques que m’avorreixen o impacienten especialment en un llibre, que em fan deixar-lo córrer, exasperat, després d’unes poques pàgines, si és que he estat tan imprudent de començar-lo.
Puigdevall remarca que és un fenomen —l’avorriment i la impaciència que provoquen molts llibres— que passa a tot arreu, i que ha passat en totes les èpoques, perquè «la major part dels llibres que s’han publicat i es publiquen com a literatura no ho arriben a ser de veritat; fins i tot és dubtós que, en el fons, tots aspirin a ser-ho». Puigdevall no llença la pedra i amaga la mà, sinó que il·lustra el que diu amb exemples extrets de l’actualitat «literària», com ara L’home que va viure dues vegades, de Gerard Quintana, premi Ramon Llull 2021, exemple paradigmàtic, o exemple de la temporada, dels llibres dels autors que s’enganyen a si mateixos: «el valor que atribueixen a la seva obra no manté gaires punts de contacte amb el que en realitat és». Després hi ha «els llibres dels autors que es conformen a enganyar el lector»: ofereixen quincalla que imita una pedra preciosa. En aquesta categoria el guanyador és La dona de la seva vida, de Xavier Bosch, el llibre de ficció en català més venut el dia de Sant Jordi. Finalment, hi ha els llibres dels autors que s’enganyen enganyant. En aquest grup inclou —malauradament, diu— Tàndem, premi Josep Pla 2021, de Maria Barbal, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes d’enguany.
Per a Puigdevall, aquests tres llibres comparteixen, a més de diverses modalitats d’engany i d’autoengany, algunes de les coses que indique en Els còmplices, com ara «el dolorisme, el sentimentalisme, les bones intencions, el to de superioritat moral, la seriositat o la falta d’ironia [...], la incapacitat d’estar-se callat quan no es té res a dir». Ara n’hi afegiria una altra, que és pròpia sobretot de les novel·les: la imaginació gratuïta. Gratuïta i convencional. D’arguments, de personatges, de situacions, de…
En un altre article, La força de la tècnica, publicat el passat 16 d’abril, en què ressenyava Consumits pel foc, l’última novel·la de Jaume Cabré, Ponç Puigdevall citava també un altre fragment d’Els còmplices. A la novel·la de Cabré també li tocava el rebre.
No puc dir res d’aquests llibres perquè no els he llegit. No pensava fer-ho abans de llegir aquestes ressenyes, ni ho pense fer ara. Diguem-ne que no estic per romanços.

dijous, 6 de maig de 2021

a un tir de tecla