dimarts, 15 d’octubre de 2019

la literatura i la vida


«Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear»
Roberto Bolaño. Los detectives salvajes.
Chema Madoz.

dilluns, 14 d’octubre de 2019

la sra. esperança parèmies i cia.

Qui ha perdut l'esperança, ha perdut també la por.
Artur Schopenhauer

Bones esperances i males anyades · Esperança, cor de pansa · Esperances i promeses, mal fundades o no ateses · L'esperança és verda, i el verd és menjar dels ases · L'esperança i la paciència són dos remeis de gran potència · Qui viu d'esperança, se mor de fam · Qui espera, delera · Dels qui esperen a demà, algú no hi arribarà · Espera i esguarda · Mentre hi ha vida, hi ha esperança · Més val esperar que tard arribar · Qui viu esperant, mor cagant · Esperar-ho com una ànima un parenostre · Esperar amb candeletas · Esperar, com qui espera el messies · Esperar a collet · Viure d'esperances · Perdre-les · Estat de bona esperança · Esperança de vida · Esperança matemàtica d'una variable aleatòria discreta X · Esperança Aguirre · Esperanceta Trinquis · Esperar assegut · Sala d'espera · Tenir espera · Fer cua · Llista d'espera · Compàs d'ídem · Estar en capella · Fer-s'hi vell, esperant · 

diumenge, 13 d’octubre de 2019

dites i frases fetes



dissabte, 12 d’octubre de 2019

tot el temps del món




Time enough at last (1959). 8è episodi de la 1a temporada de The Twilight ZoneHenry Bemis és un homenet gris que treballa en un banc. Li agrada molt llegir. És tal la seva passió per la lectura que si per ell fos llegiria, fins i tot, les etiquetes del gel de bany. Però a casa seva, res de llegir, perquè la seva dona, una dominàtrix com no n'heu conegut d'altra, falta que el vegi agafant el diari i allà està ella, tocant la pera. Així que llegeix a la feina. Però això no agrada ni als clients ni al seu cap, és clar. Un dia aprofita l'hora d'esmorzar per tancar-se a la cambra cuirassada del banc per allò d'estar tranquil i llegir una estona. De sobte se sent una mena d'explosió i ja teniu el pobre Henry pastat per terra, mig estabornit. Quan es refà, surt de la cambra i comprova que ha esclatat una bomba i que no hi ha quedat ni l'apuntador. Només ell i els llibres de la biblioteca pública. I tot el temps del món...

divendres, 11 d’octubre de 2019

de visita


Conocí la biblioteca de mi amigo Álvaro hace cinco años, y fue decepcionante, porque estaba llena de libros malos. Por entonces hablábamos casi solamente de libros y nuestros diálogos tenían ese encanto de lo tentativo, de lo incompleto. No era necesario ir demasiado lejos para entendernos: decíamos que una novela era buena o aburrida pero no elaborábamos los juicios, simplemente disfrutábamos de la complicidad.
Pensaba encontrar en las estanterías de su casa libros que yo también amaba, o los desconocidos nombres de unos escritores sorprendentes, y en cambio me topé con puros autores que conocía y que me interesaban menos que poco. No es que inspeccionara la biblioteca realmente, eso siempre me ha parecido de mala educación. Es cierto, el hecho de que los libros estén en el living nos autoriza a mirarlos, pero es mejor empezar de reojo, con prudencia, sin ansiedad.
Dos semanas después Álvaro me invitó de nuevo y esta vez me mostró una pieza muy pequeña en el patio, que era el estudio donde él se encerraba a leer y a escribir. Calculé que en las repisas había unos sesenta u ochenta libros, que por supuesto eran los que le importaban. Me sentí orgulloso de ver mis escasas novelas y hasta mi antiguo libro de poesía colmando la letra zeta (inexplicablemente a mi amigo no le gustan ni Raúl Zurita ni Stefan Zweig).
Luego supe que en otros rincones de la casa también había libros, y que de todos esos puntos el peor, literariamente hablando, era el living. Se supone que lo que pones en el living te representa, le dije, y la respuesta de Álvaro fue maravillosamente vaga: ahhhh. Pero después entendí que había pensado largo en el asunto. Le desagradaba la costumbre de poner los libros en el living, pero no tenía más espacio disponible, y después de ensayar varias opciones había llegado a esa, que entre otros méritos tenía el de favorecer los préstamos, porque no tenía problemas en prestar esos libros; los demás, los que estaban en su pequeño estudio o en su cuarto, no quería compartirlos con nadie.
Mi amigo todavía sigue con ese sistema, que con el tiempo se ha vuelto bastante más complejo: a tono con los cambios en los gustos o en el humor de su propietario, un título puede pasar del estudio a la pieza, y luego de la pieza al living, y de ahí a la calle, porque cada tanto se deshace de un montón de libros. Lo que me parece extraño es que discrimina incluso en el interior de una misma obra, por lo que las novelas de alguien pueden estar en el estudio, sus poemas en el dormitorio y los ensayos en el living. La división no es por género literario, en todo caso, como prueba el hecho, por lo demás natural, de que haya novelas de César Aira distribuidas por toda la casa.
Cuando voy donde Álvaro me invade el fatalismo y piendo que voy perdiendo terreno, que mis días en el estudio están contados. Al descubrir que sigo solitario en la letra zeta me invade una cierta felicidad, que sin embargo dura poco, porque entonces viene el miedo de que todo sea una farsa, y la verdad es que imagino perfectamente a mi amigo cambiando apresurado mis libros de lugar cada vez que toco el timbre.
Mayo, 2012

Alejandro Zambra. No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura. Anagrama, 2018. P. 24-26.

dijous, 10 d’octubre de 2019

jutges morals


Uno de los placeres de leer ávidamente es, qué duda cabe, la libertad que asumimos como jueces morales de la obra narrativa. ¿Qué pensamos de Hamlet? ¿Qué pensamos de Fabricio del Dongo, o de Madame Bovary? ¿Y de cómo trata D.H. Lawrence a Clifford Chatterley en comparación con Mellors? ¿Acaso Tolstói abandona a personajes como Sonia y Karenina? ¿Abandona Henry James a Charlotte Stant? Nos parece de lo más natural imaginarnos una relación en toda regla entre el autor y su personaje, igualito que si el personaje fuera a darse la vuelta y decirle al autor: «Me has tratado injustamente». ¿No le pasará factura a Mauriac un personaje tan incoherente como su Thérèse? Fanny Price, en Mansfield Park, ¿es de verdad tan mala, o es buena chica? Creemos que Swann amaba a Odette, pero ¿creemos también que Marcel amaba a Albertine? Así da sus primeros pasos como crítico todo lector, aunque creamos que este tipo de elucubraciones pequen de obtusas y pasadas de moda como método para ejercer la crítica literaria. Esta naturalidad a la hora de pensar en las historias y en las novelas puede mostrarnos lo fácil que es a veces leer la actitud moral del autor, aunque quiera ocultarla, en la actitud que exhibe ante sus personajes, eso que algunos críticos llaman «la posición» de los personajes. La literatura está empapada de moralidad, el lenguaje está empapado de moralidad, los personajes narrativos nadan en una atmósfera moral. Por supuesto, hay distintos tipos de atmósfera moral y de tono moral, y la narrativa del siglo XX ha explorado y dado a conocer muchas variedades. No estoy segura de que pueda haber un relato sin atmósfera moral. La práctica de cualquier arte es, desde luego, una disciplina moral en el sentido de que implica sobreponerse a la fantasía, a los propios excesos. Pero la literatura de ficción tiene una dimensión moral especial porque trata de la gente y, me atrevería a decir, de la lucha entre el bien y el mal, por muy a escondidas que lo haga, o de manera poco clara, bastante ambigua y secreta...

 Iris Murdoch. «El arte es la imitación de la naturaleza». A: La salvación por las palabras. ¿Puede la literatura curarnos de los males de la filosofía? Traducció de: Carlos Jiménez Arribas. Siruela, 2018. P. 85-86.


dimecres, 9 d’octubre de 2019

un premi per a la tribu editorial


ENRIQUE REDEL
Editor de Impedimenta
Un premio para la tribu editorial
El Cultural
7|10|2019

Desde casi sus inicios, el Nobel de Literatura se ha esforzado (programáticamente) en “distinguir a aquellos autores, reconocidos a nivel mundial, que han realizado aportes significativos a las letras”. A decir verdad, pocas veces, muy pocas, el premio ha cumplido este objetivo. Basta con enumerar a las más brillantes estrellas de literatura del siglo XX, figuras disruptivas tras las cuales “nada ha vuelto a ser igual” a nivel literario, para darse cuenta de que en general, y salvo pocas excepciones (Thomas Mann, William Faulkner, T. S. Eliot, Samuel Beckett, Gabriel García Márquez), la verdadera historia de las letras ha sobrevolado, sin vocación de contacto, las deliberaciones de la Academia Sueca (quizás porque la literatura de verdad, la literatura de raza, tiende a ser incómoda y políticamente molesta): Tolstói, Joyce, Proust, Kafka, Nabokov, Rilke, Woolf, Borges, Zola o Ibsen murieron sin Nobel. Normal. Un amigo editor, vienés, me comentaba hace no mucho que la nómina del Premio Formentor (Dacia Maraini, Jorge Semprún, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Roberto Calasso, Ricardo Piglia, Mircea Cartarescu o Annie Ernaux, por nombrar solo a algunos de sus ganadores) reflejaba mejor el verdadero talento literario que el listado de últimos agraciados con el Nobel.
En 2018, tras cancelarse el premio debido al caos que siguió al escándalo sexual que salpicó a la Academia Sueca y que trajo como consecuencia la dimisión de parte del jurado del Premio, haciendo imposible que existiera el quorum necesario para elegir a un ganador, la Fundación Nobel anunció que los ganadores este año serán dos. 2018 fue la primera vez, desde la Segunda Guerra Mundial, en que no se concedió el Premio. Y lo cierto es que nada reseñable pasó a nivel literario.
Hace ya años que la noticia de la concesión, cada primer jueves de octubre, del Nobel de Literatura apenas interesa ya más que a los profesionales del sector. Existe una broma que se repite cada vez que se aproxima la fecha en que se falla el Nobel, por la que se asume que lo más probable es que se lo lleve algún escritor de nombre impronunciable, de un país periférico, que obligará a los editores a buscar en el rincón más oculto de sus almacenes alguna edición antigua que poner en las librerías para intentar salvar los muebles. La veteranía del premio Nobel hace que se le considere un acto social, de resonancias diplomáticas, más que un verdadero acontecimiento literario, y los fastos, los escándalos últimos, hacen que se le considere algo arcaico y hasta folk. Un premio que no va a deparar grandes sorpresas, pero siempre deseable. Aunque podamos pensar que los premiados no van a obtener la repercusión de hace años, que no van a conseguir ventas mayúsculas, que el prestigio no es tanto porque, entre otras cosas, el “prestigio social” ya no parece hallarse ni en la literatura ni en las ciencias ni en las artes, lo cierto es que los componentes del sector editorial sí que tenemos ese día un ojo puesto en los periódicos a la espera de saber el nombre del afortunado o afortunada que le va a dar la mano al rey de Suecia.

dimarts, 8 d’octubre de 2019

dilluns, 7 d’octubre de 2019

sobre la lectura (IV i final)


Creo que los grandes libros se distinguen por una urgencia en aquello que se narra, una necesidad que podemos sentir de forma visceral. Leer no es el mero acto cognitivo de descifrar signos; implica un baile de significados que provoca una resonancia más allá de lo puramente intelectual. Dostoievski es importante para mí y sé cuál es su lugar en la historia intelectual de Rusia. Puedo hablar de su biografía, de sus ideas, de su epilepsia, pero no es por eso por lo que me siento tan cercana a sus obras. Mi familiaridad con ellas es producto de mis experiencias durante su lectura. Cada vez que recuerdo Crimen y castigo, revivo mis sentimientos de pena, horror, desesperación y redención. La novela está viva dentro de mí.
Pero los libros también pueden resurgir de las profundidades más abismales del pensamiento y aflorar a la luz del día sin que sepamos de dónde han salido. Sé que cuando escribo, implico en mi literatura aquellos libros que he leído. Incluso novelas ya olvidadas pueden desempeñar un papel en la generación inconsciente de mis propios textos. Cómo perduran las obras en nuestro interior después de haberlas leído es algo que no está nada claro y varía según las personas. La mayoría de nosotros no somos eruditos. Excepto algunos poemas o fragmentos que nos hemos aprendido de memoria expresamente, los libros que leemos no se nos quedan fijados en la memoria en su totalidad para que podamos recurrir a ellos como si fueran volúmenes que guardamos en una biblioteca. Los libros están conformados por las palabras y los espacios que deja el escritor sobre la página y que el lector reinventa mediante la expresión de su propia realidad, para bien o para mal. Cuanto más leo, más cambio. Cuanto más variada es mi lectura, más capaz soy de percibir el mundo desde miles de perspectivas distintas. En mí habitan las voces de otros, muchos de ellos muertos hace ya mucho tiempo. Los muertos hablan, gritan, susurran, se expresan a través de la música de su poesía y de su prosa. Leer es una forma creativa de escuchar que modifica al lector. Los libros se recuerdan conscientemente a través de imágenes y de palabras, pero también están presentes en los espacios extraños y cambiantes de nuestro inconsciente. Otros que, por lo que sea, no tienen la fuerza de cambiarnos la vida, suelen olvidarse por completo. Sin embargo, los que permanecen, pasan a formar parte de nosotros, parte de ese misterioso mecanismo de la mente humana capaz de convertir los pequeños símbolos escritos sobre una página en una vívida realidad.


Siri Hustvedt. «Sobre la lectura». A: Vivir, pensar, mirar. Traducció de Cecilia Ceriani. Anagrama, 2013. P. 158-159.

diumenge, 6 d’octubre de 2019

cronologia reversible


La lectura es reinvención perpetua. Para el lector de finales del siglo xx, afirma Borges, Joyce precede a Homero, y la Odisea es un comentario tardío del Ulises

George Steiner. Presencias reales. ¿Hay algo en lo que decimos? Traducció de Juan Gabriel López Guix. Siruela, 2017. P. 135.

dissabte, 5 d’octubre de 2019

casar-se en els temps d'amazon



Bodas entre libros
Tom James y Dustin Ngo se casaron el 17 de junio de 2017 en el Rare Books Room de la mítica librería Strand de Nueva York. Aunque probablemente ellos se sintieron superespeciales, en realidad formaban parte de una tendencia del mercado casamentero, que ha encontrado en las librerías, las bibliotecas y las casas de escritores el marco ideal para formalizar ese contrato amoroso e indefinido.
En el vigésimo aniversario de la película de Hugh Grant y Julia Roberts —que se cumple este año—, la Notting Hill Bookshop de Londres ha recibido decenas de solicitudes para albergar bodas. Las librerías se han revestido de un aura romántica, a causa de su aspecto pintoresco (tan adecuado para el formato Instagram) y de las novelas y las películas superventas que las han retratado como espacios donde las almas solitarias y los corazones rotos reciben epifanías eróticas, inyecciones de consuelo, amigos para siempre.
También se han popularizado en el mundo anglosajón las sesiones de citas rápidas en librerías: el amor a primera vista puede nacer tanto de la atracción física como de la respuesta a la pregunta “¿Cuál es tu libro favorito?”. Al fin y al cabo, para las parejas de amantes de los libros hay un día tan memorable como el de la primera cita, el inicio de la convivencia, la boda o el del predictor positivo: el de la fusión —o no— de las respectivas bibliotecas...

La creatividad de las librerías en la época de Amazon. Jorge Carrión. The New York Times (español), 15|9|2019.

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P.S.: Si sou més de biblioteques, també podeu celebrar el vostre casori a la New York Public Library, per exemple. El que déu ha unit, que no ho separi la Dewey.

divendres, 4 d’octubre de 2019

viatjar amb llibres


Siempre viajo con libros, incluso si se trata de viajes cortos. Al hacer el equipaje los elijo de forma más bien impulsiva, pero probablemente haya alguna lógica en esas decisiones. Suelo llevar, por ejemplo, dos o tres novelas cuya compañía me resulta necesaria. Es absurdo, es romántico, pero no puedo evitarlo: simplemente me siento más seguro rodeado de esas dos o tres novelas que he leído muchas veces y que siempre tengo cerca. Puedo olvidar mi medicamento favorito o el paño para limpiar los anteojos, pero nunca olvido esas novelas. Pienso que viajar sin ellas sería peligroso.
También llevo algún libro que no he leído nunca, algún mamotreto del que en verdad desconfío, pero igual pienso que una vez lanzado a la página ciento y tanto no podré abandonarlo; que faltaré a las citas y a las fiestas; que conoceré apenas algunas plazas y un par de monumentos de tan absorto como estaré en ese libro en el que no creía y que me ha cautivado totalmente. De más está decir que eso nunca sucede, que vuelvo a casa sin haber pasado del primer párrafo, y sin embargo no me arrepiento de haber cargado el mamotreto, porque no leerlo se ha vuelto, también, una sagrada costumbre.
[...] No cometeré la grosería de confesar la cantidad de libros que he juntado en este viaje. Basta decir que son muchos y sinceramente me pregunto cómo haré para llevármelos a casa.
[...] Para quienes viajamos con libros por supuesto que lo peor es el regreso. Ya no hay espacio para los pantalones ni para las camisas: el bolso se ha transformado en una pequeña biblioteca sellada al vacío.
Hace unos días un amigo me contó que solía desprenderse de algunos kilos de ropa para asegurarse de no pasar apuros en el aeropuerto y esta confesión me sorprendió mucho porque yo hago exactamente lo mismo. Me gusta esta solución, pues la presencia de libros para mí siempre ha estado asociada a la ausencia de ropa. Desde la adolescencia me acostumbré a comprar libros con el dinero que una vez al año me daban para renovar el clóset; conseguía algunas prendas de segunda mano como coartada y luego me lanzaba feliz a hurguetear en las librerías, de manera que siempre andaba pésimamente vestido pero felizmente arropado con la mejor literatura.
Diciembre, 2010

Alejandro Zambra. No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura. Anagrama, 2018. P. 79-84.

dijous, 3 d’octubre de 2019

qui us ven els llibres?


MARINA ESPASA
Qui us ven els llibres?
Arallegim
28|9|2019

Un llibreter que té llibreria al barri del Poblenou de Barcelona, en Xavier Vidal, ha penjat un vídeo a les xarxes en què convida els lectors a comprar al nou web de la seva llibreria, Nollegiu.com. Els arguments per fer-ho? Que els serveixen en un termini de temps raonable, que no paguen impostos a Irlanda i que el comprador ajuda a mantenir projectes culturals de barri com el seu. “Us volem veure les cares”, recorda, com volent dir: compreu per internet, sí, però sobretot veniu a la llibreria, que us tractarem bé i us aconsellarem el millor llibre per a les vostres necessitats. El vídeo inclou una llista de fins a vint llibreries d’altres barris i localitats, en un exemple molt poc habitual de solidaritat entre negocis.
Les llibreries petites o mitjanes saben que només si s’uneixen i ofereixen experiències directes i culturalment significatives als clients tindran alguna possibilitat de sobreviure davant de la bèstia que ningú no menciona directament però que tothom sap qui és: el gegant comercial de Jeff Bezos, Amazon. D’això han escrit i d’això parlaven, en part, Jorge Carrión i Bernat Ruiz la setmana passada, entrevistats per aquest suplement. Carrión apuntava els problemes ètics que genera la compra per internet: qualsevol dispositiu electrònic és avui un dispositiu d’espionatge en “vigilància permanent”, que no per casualitat és el títol del llibre autobiogràfic d’Edward Snowden, l’alertador que es va indignar per les pràctiques abusives de vigilància desplegades pel govern nord-americà post 11-S que ell havia ajudat a elaborar tecnològicament i que viu exiliat a Rússia des de 2013 per haver-ho denunciat. Conscient que a la majoria de la gent li és igual que la vigilin o que sàpiguen tot el que fa, és més, que ens passem el dia regalant dades a entitats públiques i privades a base de clics, Snowden no es va resignar a viure segons l’algoritme i amb el seu exemple va exhortar uns quants a provar d’imitar-lo.
L’última innovació del comerç en línia, que Snowden ja ha vist des de Rússia, és el reconeixement facial: “Pagaràs amb un somriure”, diuen els eslògans de certes cafeteries. “Us volem veure les cares”, recorda el llibreter de barri. A qui preferiu ensenyar-la: al llibreter o a l’algoritme?

Clic

dimecres, 2 d’octubre de 2019

27 anys de guerra civil


Anna Guitart recomana Teoria general de l'oblit al programa Tot el temps del món, de TV3.
21|5|2018.