dimecres, 22 de novembre de 2017

la biblioteca ideal


JORDI LLOVET
La utopía de las bibliotecas ideales
El País | Babelia
18|11|2017
La democracia diluye los dogmas y el canon cambia según las épocas y los lectores. Siempre fue así. Hubo un tiempo en el que Tennyson merecía más espacio en las enciclopedias que Flaubert

Preguntarse hoy por una “biblioteca ideal” resulta casi una utopía, además de un anacronismo: este es el daño que le ha hecho a la producción literaria la mercadotecnia y la falta de un conocimiento consolidado por parte del lector común en materia de literatura.
Es posible que en la Grecia del siglo V existiera algo así como una “biblioteca ideal”, como lo atestigua la colección, perdida en buena parte pero documentada, de la biblioteca de Alejandría. Salvo en casos de pérdida irremisible de muchas obras de la antigüedad, aquella biblioteca helenística debió de poseer lo que la tradición había llegado a considerar la gran literatura en lengua griega. Sucedió lo mismo en Roma, cuyos “rollos” de escritura, aun cuando fuesen de una calidad literaria menos homogénea que la griega, demostrarían que los rétores, los gramáticos y los filósofos tuvieron claro qué era lo que podía considerarse ideal —de acuerdo con baremos religiosos, estéticos, políticos y didácticos—, y qué debía ser considerado non classicus, es decir, de poca categoría.
También en la Edad Media resultaron vigentes varios criterios, además del que concibió el de Aquino, tan aristotélico —ad pulchritudinem tria requirintur: integritas, consonantia, claritas—, para considerar qué era lo bueno, o lo ideal, y qué lo secundario, gracias a la autoridad de la compleja red de valores propia de los largos siglos tardorromanos, y luego neolatinos, basada primero en la teología cristiana, y luego en el no menos poderoso código —a partir del siglo XII—, de la sociedad caballeresca y feudal. La producción de literatura era entonces tan escasa, y se encontraba tan anclada en modelos que, directa o indirectamente, procedían del dogma cristiano, que era poco concebible la creación de poesía, teatro o épica contraria a una ideología y unos mitos que, como la realeza, se hallaban por fuerza impregnados de símbolos y argumentos predeterminados e ineludibles. Las bibliotecas medievales —dejando a un lado los clásicos conservados por las órdenes monásticas y las casas nobles— fueron casi siempre representaciones de un mundo simbólico en el que tenían un papel muy poco significativo las muestras “heréticas”, paganas o no canónicas, de expresión literaria.
Solo a partir del humanismo, o a partir de fenómenos como la invención de la imprenta, el redescubrimiento de la grandeza de las literaturas griega y latina, la consolidación de las lenguas vulgares, la labor de los traductores o el contacto frecuente entre hombres de letras de países muy diversos, solo entonces, y de un modo progresivo, la literatura proliferó de un modo extraordinario; y los marcos conceptuales, o los “campos” de lo literario se volvieron tan distintos, que surgió por vez primera, en nuestra civilización escrita, una enorme disparidad de criterios, de géneros literarios, de asuntos y de públicos lectores u oidores de lo que empezó a constituirse, con mucha entidad y cada vez mayor autonomía, el ámbito universal de lo literario.
A partir de los primeros siglos modernos, el panorama literario presentó tal variedad de formas, de recursos y de regulación estética, que ya entonces podría haberse iniciado la disputa —tan poderosa durante el siglo XVIII— acerca de lo clásico y lo moderno, lo bueno y lo malo, lo ideal y lo rechazable. Cada vez más, escribir se convirtió en un trabajo independiente de nuestra herencia clásica, y los libros, cuando ya eran propiamente los códices asequibles que seguimos usando, respondieron a criterios desgajados de todo dogmatismo, proclives a satisfacer gustos distintos, amigos de la novedad y la singularidad. No cabe duda de que los clásicos grecolatinos, o la propia Biblia, siguieron aquilatando una gran parte de las literaturas modernas y contemporáneas —véase Moby Dick, de Melville, por ejemplo, e incluso Ulysses, de Joyce—, pero esta influencia, en el seno de producciones enteramente libres, pasó a convertirse en solo una referencia de autoridad, un vestigio agradecido del acervo antiguo.
Más varió aún el panorama cuando, en la época posterior a la Ilustración, las literaturas conocieron un despliegue de una osadía fabulosa —así las literaturas del Romanticismo—, los índices de alfabetización se multiplicaron de manera exponencial, y la lectura se convirtió en un hábito cada vez más extendido, más “democrático” y menos sujeto a cualquier forma de mitología colectiva o de dogmatismo teológico. Si todavía en los siglos renacentistas o en el Grand Siècle francés se pudo hablar de una “biblioteca ideal” o de lo que podía ser idealmente la “buena literatura”, parece claro que, entre el siglo XIX y nuestros días, la literatura rebosó por completo los márgenes de la tradición y lo “canónico”; de modo que actualmente no hay casi ninguna instancia que pueda arrogarse el derecho a establecer el listado de lo que llamaríamos “la biblioteca ideal”.
Harold Bloom presentó uno, muy famoso, en su libro El canon occidental, en el que, sin disimulo alguno, privilegiaba a la literatura inglesa, y a Shakespeare en especial, con la más absoluta tranquilidad. Una tarea así resulta siempre inútil, por cuanto existen, en nuestro continente, muchos autores y libros hoy poco leídos, pero de gran categoría, que durante un tiempo ascendieron al canon literario o cayeron de él por razones que suelen ser circunstanciales, ideológicas o partidistas. No hay más que ver la lista de los autores premiados con el Nobel de literatura para darse cuenta de que muchos de ellos subieron al Parnaso del canon literario —como pasó con el parnaso cervantino— para caer de él al cabo de pocos decenios, si no años: véase el caso de nuestros Echegaray y Benavente, o los casos de R.C Eucken (Alemania), W. Reymond (Polonia), o E.A. Karlfeldt (Suecia).
La undécima edición de The Encyclopaedia Britannica (1911, con dos volúmenes complementarios de 1920), en opinión de Borges la mejor edición de cuantas se han estampado de esta enciclopedia ejemplar, apenas sabía en esa fecha quiénes eran Flaubert, Melville o Hölderlin, pero dedicaba a Alfred Lord Tennyson, un poeta de autoridad muy relativa, doce columnas.
Basten estos ejemplos para comprender que las listas de una “biblioteca ideal” pecan siempre de alguna arbitrariedad y suelen tener un valor epocal, refigurado con el paso de los años gracias al número de ediciones y de lectores que puede llegar a poseer un libro, por la entronización de determinados autores a cargo de la academia o de colectivos fanáticos, o por el reconocimiento tardío de ciertos valores que han pasado siglos en el desván del olvido.
La academia, y con ella los programas de enseñanza de la literatura en escuelas y universidades, serían desde hace tiempo la única garantía de conservación de un criterio estético en relación con el mercado y la difusión de productos literarios. Invisible e ineficaz, cada vez más, la autoridad de esas instancias, lo que corresponde es suponer que cada lector posee hoy su biblioteca de excelencias. Así lo apreciaba ya Paul Valéry en una entrada de sus Cahiers, bajo el epígrafe “Obras maestras”: “No es nunca el autor quien hace una obra maestra. La obra maestra se debe a los lectores, a la calidad del lector. Lector ceñido, con finura, con parsimonia, con tiempo y una ingenuidad armada [...] Solo él puede conseguir la obra maestra, exigir la particularidad, el cuidado, los efectos inagotables, el rigor, la elegancia, la perdurabilidad, la relectura de un libro”. Valéry se refería a lectores muy capaces, como él mismo, pero es posible que, en estos momentos, ni siquiera existan esos finos lectores en términos generales. Por consiguiente, quizá deberíamos suponer que, para el lector común de nuestros días, no exista mejor biblioteca ideal que aquella que él ha leído con placer y que, en el mejor de los casos, en un gesto nuevamente benedictino, conservará en su biblioteca hasta la muerte.


dimarts, 21 de novembre de 2017

nix + gerber


Library, 2007.
“Hacemos pequeñas las cosas grandes” es el sencillo y críptico lema de Nix+Gerber. El dúo compuesto por las estadounidenses Lori Nix y Kathleen Gerber convierte el diorama en una realidad no siempre idílica, se desmarca del mundo perfecto de las maquetas y reproduce visiones que despiertan inquietudes y miedos, que generan preguntas.
Aunque construyen casi todos los elementos de las escenas en miniatura y tardan una media de siete meses en completarlas, el objetivo final del proyecto no es el diorama, sino la foto definitiva que Nix hará de él. La artista se considera “una fotógrafa más que una escultora, porque el producto final es una fotografía” y las obras nacen del deseo de “no buscar un motivo para la foto”, sino crearlo desde cero.
Las imágenes se han expuesto en museos y galerías, han ilustrado campañas de publicidad, han servido como portada para libros y carátulas de discos, han sido portada de la revista Time
El vagón de tren, el museo de arte, el restaurante chino o la peluquería tienen en común un estado de decadencia. El óxido y las grietas, la suciedad, el desorden y la invasión de la naturaleza dominan los escenarios urbanitas, anuncian un mundo apocalíptico. Las artistas saben bien cómo sacar partido a la ausencia de personas en sus obras: la quietud está justificada, nadie sabe qué ha pasado, el espectador se tiene que conformar con el después de una misteriosa debacle que ha terminado con el ser humano.
Los abandonos trágicos pertenecen a una ambiciosa serie titulada The City, en la que han invertido ocho años. Los trabajos implican un uso dedicado y exquisito del foam, la madera, la escayola y la pintura; también ejercitar la imaginación para arrastrar al espectador a un mundo sin humanos. En una entrevista reciente, Nix declara que al retratar los ambientes desiertos finge “ser la última persona viva” e intenta verlos por sí misma, situándose “físicamente en los espacios”.
El dúo se atreve incluso a convertir su estudio en un diorama apocalíptico. Living Room (Salón) es para las artistas como —en palabras de Nix— “tirar de la cortina” para desvelar el cómo se hizo. Las paredes de la habitación tienen filtraciones, las cortinas han chupado agua y todo está recubierto de una capa de polvo blanquecino: tampoco ellas se han librado de la tragedia mundial. “Es mi estudio y yo no estoy, o sea que es un testimonio sobre mí después de mi muerte”, dice la fotógrafa.

Helena Celdrán. ‘The City’, escenarios apocalípticos en miniatura. 20 minutos. 31|5|2016.


dilluns, 20 de novembre de 2017

la tercera persona


JOAN TODÓ
La tercera persona
L’Avenç, Núm. 426, setembre 2016

Lydia Davis, en el pròleg de Manual per a dones de fer feines, de Lucia Berlin, es refereix a l’autoficció, «la narració de la pròpia vida, extreta d’una manera gairebé inalterable de la realitat, garbellada i explicada amb un encert i perícia». Deu ser una de les definicions més ingènues que recordo, ja que la «ficció» que forma part de la pròpia paraula queda reduïda a un «gairebé» imprecís, gairebé inexistent; tot i que ella mateixa, tot seguit, indica que Berlin, en escriure contes a partir de fets reals, modificava esdeveniments, detalls, descripcions...
Contra aquesta ingenuïtat que confon el conte amb la biografia, els editors del llibre han tingut l’encert d’incloure una nota biogràfica al final del llibre, i no en cap altre lloc.                   
El lector hi arriba després de travessar una sèrie de contes on, de tant en tant, el sobta l’espurna d’un reconeixement: «Doctor H. A. Moynihan» comença amb la narradora expulsada del col·legi per agredir una monja, i tot seguit «Estrelles i sants» ens explica com va arribar a pegar-la. A «Sex-appeal» retroba Bella Lynn, la cosina de la narradora que ha aparegut a «Mossegades de tigre». I, si «Toda luna, todo año» narra la relació entre una dona i un pescador mexicà anomenat César, «La tristesa» fa que es retrobin anys després. La culminació és tot un cicle de contes dedicats a l’estada amb la Sally, la germana malalta de càncer.
Altres coincidències són menys cridaneres: moltes de les protagonistes són alcohòliques, van passant per centres de rehabilitació, es mouen pels voltants d’El Paso, encadenen diverses feines i diverses relacions amoroses. Van apareixent temes recurrents: el contacte amb l’Amèrica llatina, la relació amb la gent de les classes desafavorides americanes, els desastres familiars. I evidentment hi ha la veu de la narradora, ben singular, que es resumeix a si mateixa en una sola frase del conte «Silenci»: «No em sap greu dir coses terribles si les puc transformar en divertides».
Tots aquests reconeixements arriben al seu clímax quan, arribats al final, llegim que Lucia Berlin va patir escoliosi, va viure a Xile, va tenir diversos marits, va passar temporades a Mèxic, va caure en l'alcoholisme i el va superar. Però entre els contes i la nota biogràfica que clou el volum hi ha, malgrat les coincidències, l’abisme que separa la vida viscuda (i prou moguda en el cas de Berlin, cosa que vol dir que, fins i tot si la seva «autoficció» coincidís amb la definició de la prologuista, el resultat seria interessant) i les narracions de l’autora.
Aquesta sovint adopta l’actitud d’algú que ens explica un fet que li ha succeït: «Estrelles i sants», per exemple, és un relat que triga una estona a començar, mentre la narradora, adreçant-se a un auditori plural, busca la millor manera d’explicar-se. I «Punt de vista» comença teoritzant sobre l’ús de la tercera persona. Per fer-ho, pren com a exemple un conte de Txèkhov, «La tristesa», narrat justament en tercera persona. Segons la narradora del conte, si fos en primera persona «ens sentiríem empegueïts, incòmodes, fins i tot avorrits, i reaccionaríem precisament com els clients del cotxer del conte».
Contra això, la narració en tercera persona crea una instància, el narrador, intermediària entre el personatge i el lector, de tal manera que aquest últim, contagiat de l’interès que el narrador mostra per les desgràcies del protagonista, s’empelta de la seva compassió. «La meva intenció», diu, «és convertir aquesta dona, per mitjà d’un seguit de detalls intricats, en algú tan creïble que us atregui d’una manera irremeiable.» I afegeix: «Gairebé tots els escriptors aprofiten accessoris i decorats de la seva vida.»
Potser aquesta seria la direcció adequada: Manual per a dones de fer feines és com un trencadís sobre un seguit de vides, una sèrie de dones que tot sovint parlen en primera persona i que generalment són un cas.
Totes elles s’assemblen: irresistiblement simpàtiques, una mica desastroses, capaces de superar els tràngols, o com a mínim d’explicar-los com si ja no pesessin. Hi ha detalls, experiències, que ajuden a fer-les creïbles. O bé podem especular si totes elles són un autoretrat de l’autora, si el trencadís pot resoldre’s en les quatre pàgines de la seva biografia. Però naturalment, si fos així, les 480 pàgines precedents serien prescindibles.
I no és el cas. 

diumenge, 19 de novembre de 2017

el que hauria de llegir en puigdemont, segons librotea


LIBROS RECOMENDADOS DE LIBROTEA
Los libros que debería leer Puigdemont

En su periplo por Bélgica, el expresident Carles Puigdemont podría acercarse a estos libros que le recomendamos desde Librotea. Hay novelas, poesía, diarios. En catalán y en castellano. Apuntes sobre Cataluña, Europa y España. Clásicos y contemporáneos. Quizá le ayudaría a entender la realidad que nos afecta a todos desde hace ya varias semanas. 
Comenzamos con tres clásicos catalanes: Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, que tan bien retrató aquella Cataluña de los años sesenta con la llegada de tantos inmigrantes de todo el país y que conforman lo que es hoy la región. Francisco Candel, que tuvo un ojo certero para mostrar las (luchas) clases sociales catalanas, apuntó en sus diarios, El gran dolor del mundo, precisamente, esta diversidad social que no hacía (ni hace) de Cataluña ese famoso ‘sol poble’ del que tanto habla el expresident. Y si prefiere quedarse con la clase adinerada, Montserrat Roig la mostró con una mirada crítica en El temps de les cireres, una de sus novelas más conocidas.
También podría leer a poetas como Joan Margarit (Tots els poemes), que sabe bien lo que fueron los procesos independentistas de otros países y lo que significó para mucha gente (“no hubo proceso sin muertos”, dijo en una entrevista reciente). Y hablando de procesos, tiene la traducción que hizo Gabriel Ferrater, otro magnífico poeta catalán, en El Procés, de Kafka, reeditado hace unos años.
Como novelas contemporáneas sobre Barcelona, dos novedades: Las defensas, de Gabi Martínez, un recorrido por la ciudad (y por la angustia y el estrés de nuestro tiempo), y Taxi, de Carlos Zanón, que como ocurría con Marsé o Candel, se vuelve a ocupar de las diferencias sociales, de la precariedad que a buena parte de la población le invade.
Al estar en Europa, recomendamos a Puigdemont dos libros que reflexionan sobre el ser europeo: la monumental novela de Claudio Magris, El Danubio, con sus diversidades, complejidades de los pueblos y lo que nos unifica; y la reflexión filosófica La idea de Europa, de uno de los grandes pensadores del siglo, George Steiner.
Finalmente, dos libros que abundan en la idea de la democracia: la famosa La democracia en América, de Alexis de Tocqueville, para no olvidar en qué consiste este sistema político, y la no menos famosa Constitución Española, que es la que, de momento, nos gobierna a todos.

____________________
P.S.: Qué majos, els d' El País. Espero amb candeletes les recomanacions per a en Rajoy.

dissabte, 18 de novembre de 2017

ja t'ho faràs



Des del passat mes de juny, la Biblioteca de Moholt (Trondheim, Noruega) ha ampliat el servei de préstec, oferint als seus clients la possibilitat d'endur-se a casa serres, trepants, polidores, tenalles, alicates, moles...qualsevol mena d'eina que pugueu imaginar. Aquí trobareu les condicions de préstec.

Vegeu també:
· La biblioteca de les coses
· Northern Exposure (Bibliotecària a Alaska)

___________
P.S.: Ja t'ho faràs és un programa de Teletrès sobre reciclatge, recuperació i treballs manuals. S'emet els dissabtes cap a dos quarts de nou del vespre.


divendres, 17 de novembre de 2017

una llibreria, una casa


Najat El Hachmi
Una llibreria, una casa
elPeriódico
13|11|2017

Tantes hores passades a les llibreries. En diferents ciutats, en moments de gran incertesa i en altres de plenitud absoluta, temps de desconsol, de confusió o de clarividència, de grans canvis o de confortable rutina. Anys de trasbalsos i d’altres ben plàcids. Sola, moltes hores sola a les llibreries i també acompanyada. En entrar cadascú se’n va, en silenci i sense recança, als seus racons predilectes, a la intimitat de la lectura de cobertes, biografies de l’autor o les primeres pàgines o les últimes pàgines o les del mig. Hores de sostenir el llibre entre les mans, girar-lo i tombar-lo per decidir si val la pena, si és el necessari. Acompanyada també pels petits mentre creixien. Quan encara són petits s’esmunyen cap al seu racó i agafen un «conte» i se’l miren en silenci. Quin miracle el del silenci dels nens en una llibreria. El silenci dels infants quan encara no saben llegir i miren i palpen i gaudeixen de les il·lustracions es converteix en un silenci dens quan ja han après a desxifrar l’enigma. Tants anys en llibreries i ara ho veig, que m’hi han crescut els fills.
Diu Margarit que la llibertat és una llibreria. Per als qui no disposàvem de pressupost per a aquest gran luxe a les llibreries ens conformàvem amb ensumar una mica l’aire de llibertat tocant i remenant les novetats dels taulells per després anar a parar a la llibertat prestada de les biblioteques. Durant molts anys jo era usuària de la Jaume Balmes a Vic, quan era al palau Bojons i es deia així, abans de ser Joan Triadú i traslladar-se a l’edifici del Museu de l’Art de la Pell i ben a prop hi havia La Mots, una llibreria petita però farcida, arrecerada al carrer Cardona. Tantes hores passades allà en silenci, somniant desperta, fent llistes dels llibres que algun dia em compraria. Fa uns dies vaig passar per davant d’on era, el local buit, reixat i ple de pols. Una pena, perquè una llibreria és molt més que una botiga.
La llibreria d’Isabel Coixet representa aquesta sensació de confort, de sentir-se a casa, que provoquen molts espais destinats a vendre llibres. I sobretot retrata la distància abismal que s’estableix entre els qui llegeixen i els qui no. Ara que la literatura només té forma escrita en les nostres latituds perquè ja és difícil trobar algú que narri amb calma i intenció de crear bellesa, com més llegim més ens apartem d’aquells que no ho fan. 
Espai de llibertat
Al poble de la pel·lícula els veïns no en tenen prou amb deixar que la llibretera habiti el seu món acompanyada de tants autors, no suporten l’espai de llibertat que hi ha bastit i fan tots els possibles per obligar-la a tancar-lo. I la paraula amb què descriuen la protagonista és coratge, que és el que tenen tants llibreters a dia d’avui perseverant en la tasca de nodrir els seus lectors.


dijous, 16 de novembre de 2017

olor de veritat


JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Olor a verdad
El País |Babelia
2|5|2016

'Manual para mujeres de la limpieza' es una antología de relatos basados en la vida itinerante de Lucia Berlin, una alcohólica inteligente y valiente que trabajó de todo para mantener a sus hijos
Lucia Berlin (Juneau, Alaska, 1936-Marina del Rey, California, 2004) pertenece a esa clase de escritoras estadounidenses “perdidas y halladas en el templo”. En el templo de la literatura, en este caso. Es una especie de club involuntario al que pertenecen mujeres de vida difícil o problemática: Shirley Jackson, Anne Sexton, Elizabeth Smart, la misma Dorothy Parker… El caso de Berlin es peculiar porque empezó a publicar (no a escribir) muy tarde y sólo a finales del pasado siglo se la comenzó a leer y reconocer como una narradora excepcional.
Su escritura, aun estando dentro de la gran tradición americana del cuento que procede de Chéjov, es absolutamente singular. A Lydia Davis —otra gran cuentista— le recuerda la franqueza y objetividad de los relatos de un William Carlos Williams, y es cierto, aunque la vida agitada de Berlin, que impregna a los personajes y escenarios de sus cuentos, contrasta con la tranquila prosa del gran poeta. En realidad, todo cuanto relata Berlin tiene tal olor a verdad que resulta evidente el uso de su experiencia personal para componer sus cuentos. Conoce muy bien los mecanismos del relato, como demuestra en el titulado ‘Punto de vista’, un ejercicio de interrelación entre autora y personaje muy sugerente; en ‘Hasta la vista’ contemplamos el paso del tiempo sobre una relación, la felicidad que contiene y sobre los reflejos de esa felicidad cuando la vida se ha convertido simplemente en una costumbre; ‘Penas’ es una construcción literaria admirable del dolor escondido para aliviar otro dolor… En fin, para qué seguir: todo el libro es de primera.
El olor a verdad lo percibe el lector en cuanto empieza a leer. No se trata tanto de que cuente su vida, sino que lo que cuenta y, sobre todo, la manera de decir las cosas, posee una naturalidad fascinante. Cuenta como si se tratara de su propia vida (y en muchos casos lo es, en toda clase de detalles y anécdotas), pero habla de una experiencia humana que va más allá de lo personal, que se ceba en lo significativo, que se abre al mundo en vez de quedarse en el ámbito y la crónica de la propia vivencia. Lo que la mirada de Lucia Berlin abarca no tiene desperdicio y, además, escribe con un estilo en el que la espontaneidad juega duro. La espontaneidad, aquí, no es solo moral o social, es pura estética. Tampoco le importa soltar el relato una vez que ha conseguido decir lo que quiere, sin necesidad de cerrar una construcción como mandan los cánones.
Lucia Berlin es libertad y es intensidad: una mezcla emocionante. Su escritura parece saltar de una cosa a otra, como quien mira una habitación llena de trastos y mira sin orden, pero sabiendo perfectamente de qué habitación se trata. En realidad, el momento mágico de su escritura llega cuando el orden se revela y uno comprende que todo tiene su lugar por desconcertante, emotivo o cruel que parezca, y que la vida, como la escritura, consiste en ser receptivo y no dejarse vencer por la apariencia de los demonios. Es como uno de esos cuadros modernos que parecen representar un trozo de pared desconchada como cualquier otra que vemos por la calle hasta que nos percatamos de que ese motivo ha sido elegido y construido. Ahí aparece el valor trascendente de la mirada del artista que nos invita a comprender y compartir lo que él ha visto. La mirada del artista es la que, donde los demás ven lo obvio, ella ve lo distinto.
Este libro es una antología de 43 relatos basados en la vida itinerante de la autora, una mujer muy bella, casada tres veces, alcohólica, que trabajó duramente en toda clase de oficios para mantener a sus cuatro hijos. Cuenta vidas desastradas en las que el desastre se acepta con normalidad; no tiene reparo en mostrar la miseria humana; la degradación, la vulgaridad, la fealdad, la suciedad aceptada ni la ternura o la emoción de los inadaptados. Sus personajes son gente maltratada por la vida y por sí mismos, pero también audaces, que van de frente, con una intrepidez y una inconsciencia admirables. En el orden de los cuentos se advierte el paso del tiempo sobre la autora, lo que nos permite ver en ella el trayecto de la juventud a la vejez, lo que resulta muy sugestivo.
Creo que nunca he leído a una mujer más inteligente, sensible, tierna y valiente que Lucia Berlin.

dimecres, 15 de novembre de 2017

turquia és el poble del costat


Adrià Rocha Cutiller
La biblioteca prohibida de Turquia
elPeriódico
11|11|2017

El dia que el van tancar a la presó, Turhan Günay es va adonar que allà dins s’avorriria. L’havien posat a la mateixa cel·la amb dos companys seus, d’acord, però sense res per llegir, sense res per posar-se davant dels ulls. L’espera se li faria interminable. 
Així que, tan aviat com va poder, va demanar la llista dels llibres de la biblioteca. «El 99% dels llibres eren religiosos, sobre textos de l’Alcorà i l’islam. Només n’hi havia deu que no ho eren, i sempre estaven agafats per altres reclusos. Ens vam queixar i en vam demanar més», diu Günay. Llavors, explica, l’alcaid de la presó li va fer una visita, i, junts, van acordar demanar nous llibres. «Vaig poder parlar amb un amic, i ens va enviar dos camions sencers de llibres. Quan vaig sortir de la presó, aquest estiu, a la presó on vaig estar hi havia 11.000 llibres nous: la fita més gran de la meva vida», recorda amb orgull. «Els altres presos estaven molt contents. Ens donaven les gràcies ja que, si estàs a la presó, l’única forma de sentir-te lliure és la literatura», assegura. I afegeix, a més, que el govern actual a Turquia està penetrant en els mitjans de comunicació, en els llibres escolars, en la universitat, en el poder judicial; però que encara no ho ha pogut fer del tot amb la literatura: «Encara no han pogut. És l’únic espai que ens queda en què ens podem sentir lliures».
Günay és el director del suplement de llibres del diari Cumhuriyet, un dels pocs de tendència opositora que queden a Turquia. Va ser enviat a la presó, juntament amb 17 periodistes del mateix mitjà, a finals de l’any passat. Ell va poder sortir al juliol, quan li van donar la llibertat condicional. Però n’hi ha que encara continuen engarjolats. 
La literatura és, segons Günay, l’únic espai que queda lliure, però el govern turc ja truca a la porta: en poc més d’un any –des de l’intent de cop d’estat de juliol de 2016–, l’Estat ha decretat el tancament de gairebé 50 editorials, i la policia ha requisat 140.000 llibres de llibreries turques. Tots els exemplars prohibits, diu el govern, són llibres de propaganda de la confraria de Fethullah Gülen, un teòleg de l’islam a qui s’acusa d’estar darrere de l’intent de cop d’Estat de l’estiu de l’any passat. «Un dia ens va venir la policia amb una llista de llibres que es volien emportar. Nosaltres els els vam donar tots. No volem problemes. No sabem què podria passar si ens hi neguéssim, així que els els vam donar», diu, i s’arronsa d’espatlles, l’encarregat d’una llibreria d’Istanbul. «Però tenim llibres de Sik i Demirtas. Aquests no ens els van decomissar», explica. 
A la presó
Selahattin Demirtas és el líder del tercer partit més gran del parlament turc, l’HDP. Ahmet Sik és el periodista d’investigació més famós de Turquia. Tots dos estan a la presó acusats de tenir vincles amb organitzacions terroristes: Demirtas, amb la guerrilla terrorista kurda del PKK, i Sik, amb el grup de Gülen. Els seus llibres encara es venen, però és possible que, en un futur, també acabin prohibits: si els declaren culpables. Sik, de fet, va ser company de presó i de diari de Günay: tots dos estan acusats del mateix. «A mi em van enviar a la presó per haver posat la cara de Gülen en una portada del suplement de llibres. Només per això. Soc periodista. ¿Què he de fer? ¿No parlar d’ell?», es lamenta Günay. 
El diari Cumhuriyet ha sigut, des de fa molts anys –quan encara no estava de moda– molt crític amb la confraria de Gülen. I, de tots els seus detractors, Sik –tot i la paradoxa de ser acusat de simpatitzar amb el teòleg– s’ha erigit en el més ferotge: ha publicat diversos llibres sobre el moviment del predicador autoexiliat des de fa anys als EUA.
El senyor del mal
La d’Erdogan i Gülen va ser una bona relació fins que, el 2012, es va trencar. El llavors primer ministre i el teòleg s’ajudaven mútuament i, gràcies a aquesta cooperació, Gülen va aconseguir crear un Estat dins de l’Estat: controlava escoles, brigades militars, comissaries de policia, polítics, departaments de funcionaris, aparells d’intel·ligència. Una Turquia a l’ombra. 
Però el 2012 van trencar, i ara, segurament amb raó, Gülen és l’enemic número u. «Aquest senyor és més perillós que Al-Qaida, perquè tots sabem què és Al-Qaida. Ningú sap qui és ni què fa Gülen exactament. Gülen té una cara somrient: és Al-Qaida però amb un somriure d’avi tendre», explica l’escriptor turc Tarik Günersel, que continua: «No són tots, però és cert que la majoria dels llibres prohibits pel govern són gülenistes. I, la veritat, em sembla comprensible que s’hagin prohibit. És així: ¿Podries entendre que es venguin llibres pronazis a Alemanya? ¿No, veritat? Doncs és el mateix. Gülen equival al feixisme». 
Textos «feixistes»
La llibertat d’expressió, per a Günersel, membre de PEN Internacional, no pot ser absoluta: se li han de posar uns certs límits. «Però que no se m’entengui malament. No dic que el govern hagi fet bé requisant 140.000 llibres, perquè molts dels que han sigut prohibits no tenen res a veure amb Gülen. Dic que aquesta mena de llibres, els gülenistes, estan en contra de la llibertat d’expressió. Són feixistes en essència», reflexiona Günersel, que accepta que ningú pot saber exactament quins han sigut els títols prohibits: «El govern no ho ha fet públic». Les afectades, no obstant, no solament han sigut les llibreries; la policia també ha decomissat llibres de les biblioteques del país. «A nosaltres únicament ens han retirat els llibres gülenistes», assegura una treballadora d’una biblioteca municipal d’Istanbul. Aquesta professional explica que els llibres que els han requisat a ells no parlen directament sobre Gülen, sinó que són, la majoria, de filosofia, islam, religió i l’Alcorà. «En teníem moltíssims, perquè quan Gülen i Erdogan eren amics, ens arribaven gratis; l’Estat els promocionava. Però, després del cop, el govern va tancar les editorials gülenistes. I va prohibir els llibres que aquestes havien publicat abans», diu la dona, que s’estima més no donar el seu nom.
Per decret
Moltes de les editorials tancades, és cert, estaven dins del micro-Estat creat per Fethullah Gülen. Però altres, que no tenien res a veure amb el teòleg, també han acabat rebent el mateix tracte. «Me’n vaig assabentar quan vaig anar a una oficina municipal a pagar els impostos. Em van dir que ens havien embargat la seu de l’editorial i que ja no posseïa res per què pagar. Llavors vaig mirar a la premsa i vaig veure que el govern, per un decret a través de l’estat d’emergència, ens tancava l’empresa», explica Cavit Nacitarhan, editor de professió i exdirector de l’editorial, ja extinta, Evrensel Basim Yayin. 
Nacitarhan es queixa que el govern, l’octubre del 2016, quan li va embargar l’empresa, va decidir arrabassar-li absolutament tot: li va confiscar cadires, taules, ordinadors, maquinària. També li van segellar el local i li van congelar els comptes bancaris. Li van prendre, en definitiva, les seves possibilitats de treballar. «Abans, quan et tancaven una editorial, te’n permetien crear una altra. Però ara ja no: intenten fer-nos callar, encara que mai hàgim fet res il·legal», explica aquest editor. 
Tots ells –escriptors, editors, periodistes i els seus llibres–, estan sent expulsats de la Turquia d’Erdogan. «La seva carrera política ha sigut com la d’un coet espacial, que a mesura que es va alçant es va desprenent dels components. Primer van ser els partits seculars de dreta. Després van caure els militars kemalistes. Després va ser el torn dels gülenistes, intel·lectuals opositors i, ara, fins i tot estan caient membres de l’AKP», explica l’escriptor Tarik Günersel. És, possiblement, la seva teoria favorita. Mentre ho explica mira al cel, aixeca les mans i assenyala cap amunt: «El seu coet s’ha desprès de tot, i ara Erdogan és allà, penjat a dalt de tot. Sol a l’espai».

dimarts, 14 de novembre de 2017

calar-hi foc



Ray Bradbury publicaba «Fahrenheit 451» en 1953. El clásico de la ciencia ficción presenta una realidad distópica en la que los libros están prohibidos y son los bomberos los que arrasan con fuego cualquier vestigio. El título de este alegato contra la censura hace referencia a la temperatura en la escala de Fahrenheit (°F) a la que el papel de los libros se inflama y arde.
Una imagen potente, a la que la editorial francesa Super Terrain y el laboratorio Charles Nypels han decidido darle la vuelta en una edición especial. El nuevo prototipo de «Fahrenheit 451», realizado en Jan van Eyck Academie, un instituto de investigación conocido por sus experimentos con distintos materiales, hace justo lo contrario que en la versión original: hay que quemar el papel para poder leer la novela.
En esta edición especial de la obra de Bradbury, que prevén que se publicará en 2018, las páginas del libro aparecen completamente oscurecidas, pero en contacto con el calor desaparece la tinta y se revela el texto. 

Quemar para leer, así es esta edición de «Fahrenheit 451». Abc. 3|11|2017.

dilluns, 13 de novembre de 2017

in memoriam




Fina Rodríguez Mataró
12|8|1947  -  8|11|2017


then we take berlin


SERGI PÀMIES
Then we take Berlin 
La Vanguardia
6|5|2016

Recomanar el llibre Manual per a dones de fer feines (L’altra editorial) no és gens original. Ho fan nou de cada deu dentistes que l’han llegit i una massa heterogènia de crítics, llibreters i lectors. De fet, és la conseqüència natural d’una lectura que necessita ser compartida. És l’estat ideal dels llibres, quan el lector no pot resistir la necessitat d’obrir les finestres i posar-se a cridar que existeix un llibre com aquest. Sí, ja sé que l’entusiasme expressat sense complexos fomenta la inflació de les expectatives i excita la glàndula de la suspicàcia. I que en el món actual, que ha evolucionat del “no n’hi ha per tant” al “me l’imaginava més gran” fins a les aigües fètides del “està sobrevalorat”, entusiasmar-se és una heretgia castigada amb lapidació virtual. Però resulta que els contes de Berlin entusiasmen i són diferents de tots els contes que heu llegit, fins i tot dels d’altres dones anglòfones vagament contemporànies marcades per vides torturades i pertorbadores i per una imaginació implacable o dissonant: Diski, Davis, Hempel, Munro, Moore, Parker, Rhys, Link, Paley... De manera que si les compares no fas justícia ni a Berlin ni a les altres, i caus en l’error de dispersar-te i no centrar-te en el que de debò és important: que els amants de la lectura de contes facin córrer la brama i que els cercles concèntrics del contagi s’expandeixin més enllà del nucli de devots, confrontats a la insòlita experiència d’haver de rellegir immediatament un llibre que acaben de llegir perquè a les llibreries no n’hi ha cap altre de la mateixa autora i perquè, quan el tornes a llegir, et fa la impressió que el llibre, tu i el món heu canviat.
Saber qui és l’autora hauria de ser irrellevant. No sé gran cosa de Robert L. Stevenson o d’Etgar Keret, però he devorat els seus llibres amb compulsió bulímica. Però resulta que Manual per a dones de fer feines pertany a la categoria de llibres que fan que el lector vulgui saber coses de l’autora, tot i que sigui conscient que aquesta temptació pot tenir conseqüències decebedores en la percepció del que llegim. Per resumir el que en diu internet: Lucia Berlin (1936-2004) va ser una dona intel·ligent, atractiva, de vida accidentada (entenent accidentada com la suma d’ingredients tan diversos com marits fascinants i perillosos, addiccions diverses, fills de diversos pares, nomadismes vocacionals o circumstancials, una malaltia duríssima com l’escoliosi i abismes imprevistos de riquesa, pobresa, legalitat i delinqüència) i amant de l’art anacrònic d’escriure cartes. El problema de l’entusiasme que provoquen els contes de Berlin és que són difícils d’explicar. Vull dir que si vas a un restaurant i t’enamores d’uns rigatoni a la calabresa sensacionals, doncs només ho has d’explicar. Però ¿com expliques els contes de Berlin? ¿Com pots resumir la carnalitat, el desequilibri, la sensació de perill, un estil que et talla les entranyes com un bisturí però que alhora et fa somriure i sentir una enveja inconfessable d’unes vides viscudes sempre al límit de la catàstrofe i de la bogeria? M’arriscaré a fer-me pesat: llegiu Manual per a dones de la neteja.


diumenge, 12 de novembre de 2017

l'escàndol de la biblioteca del congrés


La Vanguardia. 31|10|2017.

[Font: Carme Fenoll‏ @CarmeFenoll]


dissabte, 11 de novembre de 2017

leer en tiempos revueltos



Els estudiants busquen maneres d'entretenir-se durant els talls a l'AP-7.
Aquí, llegint un llibre.
Font: Ara.cat. En directe. 8|11|2017. 9:13.