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dilluns, 23 de juny del 2025

com el primer dia


JUAN TALLÓN
Com el primer dia
El Periódico de Catalunya
20|6|2025

 

Alguns llibres creixen amb el temps. Se salven de l'oblit que corre darrere d'aquell instant fugaç durant el qual constitueixen una novetat. No es queden en el que van ser un cop. Van a més. Els lectors els recorden, els rellegeixen, els recomanen, teixeixen amb ells una xarxa que s'estén a l'espai i el temps. Es tornen llegenda. La vida manual d'ús, de Georges Perec (1936-1982), simbolitza molt bé aquest procés. Gairebé 50 anys després de la seva publicació, la novel·la no deixa d'acaparar conversa, lectors, iniciatives. Entre diumenge i dilluns, a la llibreria La Calders, 101 persones llegiran els seus 99 capítols, el preàmbul i l'epíleg.
Queda lluny i a prop aquell dia de 1978 en què Italo Calvino va rebre la publicació del llibre de Perec com «l'últim veritable esdeveniment de la història de la novel·la». Es van succeir molts fenòmens en la literatura universal des de llavors fins avui, però un no ha deixat de passar des d'aquell any: l'ebullició del llibre. És tan viu com el dia que va veure la llum.
Perec situava l'origen del projecte en un dibuix de Saul Steinberg aparegut a The Art of Living, en el qual es representava un edifici sense façana, que deixava veure l'interior de les vivendes. «El sol inventari dels elements del mobiliari i de les accions representades té alguna cosa d'autènticament vertiginós», afirmava amb referència al dibuix. L'autor francès va començar a treballar en el projecte el 1969, desenvolupant esquemes, i no va acabar fins a la primavera de 1978. «Quan em vaig submergir en La vida manual d'ús era un plaer tan gran...que efectivament es podia tenir moltes ganes de continuar per allà» i escriure'n una segona part, de la mateixa manera que es va fer «la segona part de Tauró o la segona part d'El padrí», va dir en una entrevista per a France Nouvelle el 1979.
Les seves gairebé 700 pàgines donen peu a un encreuament incessant de novel·les dins de la novel·la, nascudes a partir d'un edifici parisenc a l'imaginari carrer de Simon-Crubellier. Al llarg de 99 capítols Perec emprèn una fascinant aventura: l'exhaustiu inventari d'apartaments, golfes, soterranis, trams d'escales, així com de vides, hàbits, obsessions i personalitats d'inquilins, visitants, amics, parents, exinquilins de l'immoble. L'obra batega com una bomba de rellotgeria, i descansa només quan el personatge de Percival Bartlebooth mor al sofà de casa seva, assegut davant d'un puzzle, en el moment en què tocaran les vuit de la tarda del 23 de juny de 1975.
Des de fa cinc anys, un dels lectors més entusiastes de l'escriptor francès, Kim Nguyen Baraldi, autor de Por qué Georges Perec (La Uña Rota), homenatja la novel·la quan arriba precisament el 23 de juny. Ho fa adquirint en una llibreria de Barcelona un exemplar de La vida manual d'ús, i deixant-lo al llibreter perquè el regali a un client que hi entri una mica abans de les vuit de la tarda. Cada 23 de juny, a aquesta hora, Kim Nguyen pensa el mateix: acaba de morir Bartlebooth. I la novel·la reviu encara més.

 

dimarts, 13 de maig del 2025

el caos és vida, representa


ALEJANDRO GAMERO
Una biblioteca ordenada está muerta: el caos significa vida
Al blog: La piedra de Sísifo
23|4|2025

 

 Actualmente tengo la biblioteca organizada por colores. Bueno, en realidad, como no me llegaban los colores para llenar todas las baldas, las partes de abajo de las estanterías están ocupadas por un batiburrillo de libros con cubiertas multicolores. A muchas personas les horroriza está forma de colocar los libros, probablemente porque la lógica de esta organización hace concebir los libros más como elementos decorativos que como recipientes de la sabiduría inmortal de los siglos o porque ordenar por colores en realidad no es ningún tipo de orden. Sí, si te acuerdas de cómo era la cubierta de un libro es posible que lo encuentres rápidamente, pero incluso aún así, los libros tienden a saltar de un sitio a otro, recordándote que mantener el orden a rajatabla exige una disciplina férrea.

Georges Perec también comprendió la ansiedad del orden en las librerías y sobre ello reflexionó en un ensayo de 1978 titulado «Notas breves sobre el arte y modo de ordenar los libros». Perec hace un repaso por los muchos esquemas que hay para ordenar una biblioteca y cómo todos y cada uno de ellos están condenados al fracaso. Si uno decide, por ejemplo, mantener una biblioteca de solo 261 libros, y ni uno más, estará obligado a deshacerse de un volumen cada vez que se haga con un nuevo ejemplar. Sin embargo, en ese caso aparece el problema de decidir qué es un libro, algo que parece sencillo pero que tiene su miga. ¿Cuántos libros son En busca del tiempo perdido? ¿Un título que se divide en varios ejemplares es un mismo libro? Algo parecido pasa si decidimos quedarnos con 361 autores. ¿Qué hacemos entonces con los libros anónimos?

Perec murió en 1982 y la biblioteca de su casa contenía más de 1800 libros. Como buen miembro de Oulipo, está claro que su ensayo es irónico, pero más allá de la broma, el autor era consciente de que la inquietud sobre este tema era legítima y que tras ella subyacía menos un problema de estanterías que de identidad personal. ¿Cuánto desorden estamos dispuestos a aceptar en nuestras vidas? La estanterías, señala Perec, dejan entrever «dos tensiones, una que prima el dejar que las cosas sean, en una anarquía bondadosa, la otra que exalta las virtudes de la tabula rasa, la fría eficiencia del gran orden».

Perec analiza varias formas de abordar esa anarquía bondadosa. Se pueden ordenar los libros alfabéticamente, por colores, por fechas de publicación, por géneros, por tamaños, por continentes y así por un sinfín de métodos distintos. Pero lo que tienen todos en común es que, en el fondo, están todos destinados al fracaso. Son los propios libros los que se empeñan en arruinar cualquier sistema, como pasa, por ejemplo, con la clasificación por géneros. ¿Qué hacer con esos libros que difuminan por completo las fronteras entre géneros? Afirma Perec sobre cualquier intento de orden: «Mi problema con las clasificaciones es que no duran. Apenas he terminado de poner las cosas en un orden y se ha quedado obsoleto. Cualquier orden es temporal y vago, apenas más efectivo que la anarquía original»

Además, los libros vivos están en constante movimiento, a medida que los vamos usando, pasando del salón, a la oficina, de la mesita de noche a la mesa del comedor, de la pila de libros pendientes al suelo. La única biblioteca que respeta fielmente el orden con que fue organizada es aquella que no se toca nunca. Como dijo el novelista inglés Anthony Powell, los libros amueblan una habitación, pero una biblioteca viva se parece más al sofá que araña el gato.

Por no decir que uno de los placeres de los que te priva el orden es el de la búsqueda. Aunque supuestamente conocida, bucear por nuestra propia biblioteca, en busca de algún ejemplar, puede deparar inesperadas sorpresas, como libros que recordamos con cariño o libros que nos hacen preguntarnos cómo es que todavía los tenemos. Perec lo intuyó y lo expuso como nadie: una biblioteca completamente ordenada está muerta. Abracemos, pues, la pizca de caos que nos brindan los libros como prueba de que estamos vivos.


dimecres, 12 de gener del 2022

temptativa d'inventari


Tentativa de inventario
Georges Perec
1974
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El novelista francés Georges Perec fue un escritor experimental con tal afición por las listas minuciosas que muy pocos pueden rivalizar con él. En 1974, trató de mantener un registro de todo lo que había comido y bebido durante ese año, y luego presentó los resultados en una lista extrañamente cautivadora. Se titula, sin espacio para la ambigüedad, «Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que ingerí a lo largo del año mil novecientos setenta y cuatro».


Shaun Usher. Listas memorables: sucintas o detalladas, personales o públicas: más de ciento veinte listas confeccionadas por gente anónima y personajes célebres de la historia. Salamandra, 2015.

Nueve caldos de carne, una sopa fría de pepinos, una sopa de mejillones. Dos andouilles de Guéméné, una andouillette en gelatina, un embutido italiano, una salchicha de sesos, cuatro embutidos, una capicola, tres embutidos de cerdo, un figatellu, un foie-gras, un queso de cerdo, una cabeza de cerdo, cinco de jamón de Parma, ocho patés, un paté de pato, un paté de foie trufado, una terrina de paté, un paté grand-mère, un paté de tordo, seis patés de las Landas, cuatro morros, una mousse de foie, un pie de cerdo, siete rillettes, un salami, dos salchichones, una salchicha caliente, una terrina de pato, una terrina de hígado de ave.
Un blini, una empanada, una de carne de los Grisones. Tres caracoles.
Una ostra belon, tres vieiras, unas gambas, una empanada de gambas, una fritura, dos frituras de lanzones, un arenque, dos ostras, unos mejillones, unos mejillones rellenos, unos erizos, dos quenelles gratinadas, tres sardinas en aceite, cinco de salmón ahumado, una tarama, una terrina de anguila, seis de atún, una tosta de anchoas, un buey de mar.
Dos eglefinos ahumados, una lubina, una raya, un lenguado, un plato de atún.
Cuatro alcachofas, unos espárragos, unas berenjenas, una ensalada de champiñones, catorce ensaladas de pepinos, cuatro pepinos a la crema, catorze apios con salsa rémoulade, dos coles chinas, unos palmitos, once platos de crudités, dos ensaladas de judías verdes, trece de melón, dos ensaladas nizardas, dos ensaladas de diente de león con panceta, catorce rabanitos con mantequilla, tres rábanos negros, cinco ensaladas de arroz, una ensaladilla rusa, siete ensaladas de tomate, una tarta de cebolla.

Una croqueta de roquefort, cinco croque-monsieur, tres quiches lorraine, una tarta de queso maroilles, un yogur con pepino y pasas, un yogur rumano.

Una ensalada de fusilli con buey de mar y roquefort.

Unos huevos con anchoas, dos huevos pasados por agua, dos huevos en meurette, unos huevos con jamón, unos huevos con beicon,unos huevos en cocotte con espinacas, dos huevos en gelatina, dos huevos revueltos, cuatro tortillas, una especie de tortilla, una tortilla con brotes de soja, una tortilla de trompetas de la muerte, una tortilla de pieles de pato, una tortilla de confit de oca, una tortilla a las finas hierbas, una tortilla Parmentier.

Un redondo, tres redondos con chalotas, diez bistecs, dos bistecs a la pimienta, tres complet, una chuleta de lomo a la mostaza, cinco platos de carne de buey asada, dos chuletones de buey, dos filetes de buey, tres platos de carne de buey a la parrilla, dos filetes Chateaubriand, un steak tartare, un rosbif, tres rosbifs fríos, catorce entrecots, tres entrecots con tuétano, un solomillo, tres hamburguesas, nueve onglets, uno de falda.

Cuatro cocidos, un plato de buey en daube, uno de daube en gelatina, un estofado de buey, un plato de buey à la mode, uno de buey a la sal, un redondo de ternera. 

Un plato de ternera braseada con tallarines, un salteado de ternera, una chuleta de ternera, una chuleta de ternera con coditos, un entrecot de ternera, seis escalopas, seis escalopas a la milanesa, tres escalopas a la crema, una escalopa con morillas, cuatro guisos de ternera...

 

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P.S.: ...i així fins a omplir un parell de pàgines més (3 en total) d'un llibre de gran format (29 cm.).

Faltaria el pollastre, la pasta, els formatges, la fruita, els pastissos..., i les 114 ampolles de vi que es va trincar (amb marca i anyada inclosa).

I per acabar:

«N cafés, una tisana, tres Vichy»


dimecres, 23 de juny del 2021

perec soc jo


JUAN TALLÓN
Perec soy yo
Jot Down
20|6|2021

Cuando llega el 23 de junio, Kim Nguyen Baraldi compra en una librería de Barcelona un ejemplar de La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, y se lo deja al librero para que «se lo regale a un cliente que entre un poco antes de las ocho». El día y la hora, un poco antes de las ocho, importan. Ese regalo es el particular homenaje a un autor y una novela que se acaba al alcanzar el capítulo 99, cuando su protagonista, Percival Bartlebooth, muere en el sofá de casa, sentado delante de un puzle, en el momento que van a dar las ocho de la tarde del 23 de junio de 1975. «Todos los 23 de junio, a esa hora, pienso: acaba de morir Bartlebooth. Y como en toda Barcelona se está celebrando Sant Joan, mentalmente me hago la broma de que, en realidad, festejan la novela de Perec».

¿De dónde viene la obsesión de Kim Nguyen por Georges Perec? Es más, ¿quién es Kim Nguyen? Se trata de un catalán que gestiona proyectos para la Universidad de Barcelona. Nació en Bruselas en 1985. Allí recalaron sus padres durante los años setenta, siguiendo cada uno su propio camino. Su madre es italiana y llegó a Bélgica con ocho años; su padre, vietnamita, llegó con casi veinte como refugiado político, huyendo de la guerra en su país. La lengua materna de Nguyen Baraldi fue el francés. A los tres años se mudó a Barcelona, donde aprendió el catalán y el español. Estudió en el Liceo Francés y a los diecinueve se marchó a París, donde «una profesora de literatura buenísima me recomendó leer La vida instrucciones de uso». En ese momento, en cierto sentido, su vida cambió de un modo imposible de prever, girando ya para siempre alrededor de Perec. Vivió seis años en París, estudió en la Sorbona, hizo la carrera de Letras. Pero los académicos volvieron los estudios demasiado áridos. Los escritores lo salvaron. En especial, Perec.

La vida instrucciones de uso, que recrea la vida en un edificio situado en una calle imaginaria de París, como si hubiese desaparecido su fachada y pudiésemos ver a sus vecinos y pertenencias, lo enganchó enseguida, desde el mismo epígrafe, una frase breve de Julio Verne: «Abre bien los ojos, mira». A partir de ahí se desencadena, a lo largo de casi setecientas páginas, un exhaustivo viaje en forma de inventario de vidas de inquilinos, visitantes, amigos, parientes y exinquilinos, e infinidad de objetos que se encuentran en los apartamentos, desvanes, sótanos y tramos de escaleras del edificio. El libro se publicó en septiembre de 1978 e Italo Calvino lo recibió como «el último verdadero acontecimiento de la historia de la novela».

Al acabarlo, Kim Nguyen saltó a Las cosas. «Creo que casi me gustó más que La vida instrucciones de uso porque enganchó con mi momento vital». En parte, se sentía como sus personajes, un hombre y una mujer que a los veinticuatro años empiezan a ganar un salario y a descubrir París. «Sin embargo, leí mal la novela, demasiado literalmente. El libro es una crítica a la sociedad de consumo y a la imposibilidad de saciarse. Yo me quedé con los paseos y las derivas por la ciudad, los restaurantes de los barrios, las citas con amigos, las conversaciones sobre cine americano. Me quedé en la sensualidad de la novela. Más tarde lo volví a leer más canónicamente. Y vi que, en realidad, las dos lecturas son buenas. Perec llevaba también esa vida sensual».

Vinieron a continuación el resto de obras: Lo infraordinario, Especies de espacios, El secuestro, Pensar/clasificar, Me acuerdo… Perseguido por el fantasma de Perec, o persiguiendo quizá al fantasma de Perec, Nguyen se dedicó a visitar todos los pisos parisinos en los que había vivido; incluso acudió al molino de Normandía en el que escribió El secuestro. «Estuve en su habitación y en las escaleras por las que le gustaba hacer que se caía y gastarse autobromas».

Kim Nguyen se sumó a la Association Georges Perec, naturalmente. Releyó sus libros, pues Perec nunca se agota, y también los libros de otros sobre él. Inevitablemente, generó una relación afectiva hacia su escritor preferido, y parecía que estuviese a punto de gritar en cualquier momento: «¡Perec soy yo!». Durante una época, incluso se durmió con su voz. «Me ponía los cascos y escuchaba todas las noches una grabación que había hecho para la radio, titulada «Tentativa de descripción de las cosas que veo en el cruce de Mabillon», y que la emisora France Culture le propuso tras el éxito de su libro Tentativa de agotar un lugar parisino. El autor había permanecido ocho horas apostado en un punto de esa calle describiendo cada cosa que veía, en un intento de agotar, de decir completamente el lugar. «Es una voz tranquilizadora, dulce, con momentos de júbilo. Cuando pienso en esas noches, durmiéndome con su voz, son noches lluviosas. Perec empieza hablando de cinco personas que abren un paraguas, de una señora que se resbala y se cae, de un autobús turístico, de un camión, de la señora que se ha caído y que ahora está ahora sentada en el café Le Mabillon…».

Empujado a ir cada vez más lejos, decidió hacer lo que le faltaba: escribir un libro sobre Perec. Era como pagar una deuda imaginaria, pero no por eso menos deuda. Fue así como surgió la idea de escribir un libro de crítica coral a través de las voces de escritores en lengua española que estaban influidos por él y admiraban su obra, y en algunos casos la habían traducido. «Es una idea muy perequiana, en realidad. Él consideraba que la literatura era una constelación. Creía en el escritor que trabaja en complicidad con los escritores que lo precedieron, y no en el escritor romántico que escribe en soledad, aislado. Buena parte de su obra está escrita en colaboración. Decía que todo lo había escrito tendiendo puentes con los escritores que más amó. El secuestro empezó a escribirlo a cuatro manos y algunos de sus “me acuerdo” son en realidad de sus amigos. Le gustaban los plurales y creía mucho en la amistad», sostiene. Es conocido que prestaba las llaves de casa casi a cualquiera, cuando no dejaba la puerta abierta. Lo más característico de él era su apertura a los demás. «“Yo pensaba que era el mejor amigo de Perec, y resulta que su mejor amigo éramos al menos quince”, dijo uno de ellos una vez». 

Nguyen Baraldi seleccionó a algunos perequianos confesos —Eduardo Berti, Mercedes Cebrián, Juan Pablo Villalobos, Belén Gache, Pablo Martín Sánchez o Adrià Pujol i Cruells, entre otros—, pero sin relación personal con Perec. Pudo haber entrevistado a amigos, a conocidos, que hablasen de los episodios de su vida, de aquello de lo que fueron testigos, pero temió que entonces su proyecto, «aunque divertido, se habría vuelto anecdótico. Habríamos acabado hablando de la persona. Y yo quería que la literatura fuese el centro. La suya y la que se hace a partir de la suya». Uno a uno los puso a hablar de Perec y el lenguaje, el OuLiPo, el humor indescifrable, los objetos, las listas, los finales tristes, el espacio-tiempo, los juegos, los ritos o las perillas. Al acabar, se encontró con horas y horas y horas de grabación para editar. «Me sentí en cierto sentido como Gaspard Winckler, el personaje de La vida instrucciones de uso que recibe de Bartlebooth quinientas acuarelas con el encargo de transformarlas en puzles». 

El manuscrito está recién acabado. «El lector, y esto resulta también muy perequiano, puede empezar a leer por donde quiera; cada capítulo, centrado en un aspecto de la vida y la obra de Perec, se compone de pequeños fragmentos que pueden leerse de forma aislada». Es una historia oral en la que el autor no aparece, solo el nombre de los escritores, dos puntos, y sus voces, que se van mezclando. «No quise narrar. Yo no soy escritor. Mi rol es conceptual. He hecho y transcrito las entrevistas, he recortado, he pegado, me he sentido hacedor de puzles. El juego del libro es que sean escritores contemporáneos, en activo, los que hablen de Perec». No hay introducciones, acotaciones, explicaciones. Solo voces.

Es un libro «portátil», pretendidamente corto, de ochenta páginas, que deviene en algo más que un libro sobre Perec. Nguyen destaca que «al entrevistar a escritores contemporáneos, estos acaban a menudo hablando de ellos mismos. Utilizan a Perec para tocar temas que les interesan», de modo que el libro se vuelve «un laboratorio de ideas y un pretexto para hablar de lo que se hace hoy en día en literatura, a la vez que muestra la total vigencia de Perec, que no se acabará nunca». 


dilluns, 1 de maig del 2017

53 dies


Lecturas que dejan un rastro para siempre. 53 días, por ejemplo, la novela inacabada de Georges Perec. De hecho, creo que ha venido ejerciendo sigilosamente su influencia en este diario de aprendizaje. Bueno, no es que lo crea, es que ahora estoy seguro de que ha venido influyendo en mi diario, aunque no me he acordado de ella hasta hoy. Me fascina el título del libro de Perec, una referencia directa al número de días que empleó Stendhal para dictar su obra maestra, La cartuja de Parma.
Perec no pudo terminar su libro, murió mientras lo escribía. Pero quizás esto habría que matizarlo. Desde que hace un año leyera 53 días trato de explicarme el extraño hecho de que el manuscrito, que fue a parar a sus amigos oulipianos Harry Mathews y Jacques Roubaud, fuese hallado prácticamente dispuesto para ser editado. ¿Cómo se explica esto? El manuscrito disponía de una primera y segunda partes perfectamente delimitadas: la segunda estudiaba nuevas posibilidades que tenía la historia policiaca que se narraba en la primera, y hasta la modificaba. Estas dos partes iban seguidas de unas curiosas anotaciones tituladas Notas que remiten a las páginas redactadas, que, aparte de dar un nuevo giro a la vuelta de tuerca que ya había dado la segunda parte a la primera, parecían delatar lo siguiente: no era que la novela de Perec se hubiera visto interrumpida por la muerte y, por lo tanto, se encontrara inacabada, sino que la novela había sido terminada hacía tiempo, pero necesitaba de un contratiempo tan serio como la muerte —que había incorporado Perec ya al propio texto— para quedar completada, aunque a primera vista pudiera parecer interrumpida e incompleta.
Una novela por tanto perfectamente planificada y «terminada», en la que Perec había calculado todo, incluida la interrupción final.
Cada vez que hojeo de nuevo 53 días, quiero creer que Perec la escribió en realidad para reírse de la muerte. ¿O no es reírse de la arrogante Muerte ocultarle que el autor ha jugado con ella haciéndole creer a esa pobre vanidosa que ha sido su ridícula guadaña la que ha interrumpido 53 días?

Enrique Vila-Matas. Mac y su contratiempo. Seix Barral, 2017. P. 246-247.


dilluns, 23 de maig del 2016

dijous, 3 de març del 2016

la disparition de perec



La placa és de Christophe Verdon. Café de la Mairie, Place Saint Sulpice, París de la França.

«L’aparició de La disparition el 1969 és la fita més important de la història del lipograma. Un llavors desconegut Perec transformava l’art lipogramàtic en un recurs literari de primera magnitud. Més enllà dels avatars argumentals, que també inclouen desaparicions, la veritable «desaparició» de la novel·la és la de la lletra més difícil de negligir en francès: la E. Perec, descendent d’hebreus desapareguts durant el nazisme, eleva el lipograma a la categoria de correlat tot expulsant la E de les més de tres-centes planes plenes de lletres de La disparition.
[...] La disparition és un text clàssic. Ha estat molt més comentat que no pas llegit. Fins i tot per una vasta majoria de no lectors. En l’última dècada del segle XX les traduccions del tour de force perequià a d’altres llengües van generar veritables debats sobre el sentit de la traducció. La versió (lliure) en anglès de Gilbert Adair —A Void  (un buit) o, tot junt, l’adequadíssim verb evitar—, va ser la més controvertida. En italià Piero Falcheta va titular-la La Scomparsa, però no he tingut ocasió de llegir-la. Conec en canvi la versió en espanyol d’un col·lectiu encapçalat pel professor Marc Parayre —El secuestro— que va prendre la determinació d’excloure la A en comptes de la E, atès que en espanyol la lletra amb més freqüència d’aparició és la A».

Màrius Serra. Verbàlia 2.0. Empúries, 2010. P. 347-350.