dimecres, 28 de desembre de 2011

titula, que alguna cosa queda (dos i final)


Vist a Cajón de sastre, via Sfer.

TERRIBLE TAREA la de titular. Conozco a un cronista que a veces puede estar hasta quince días buscando un título para su crónica. Cuando le veo, le gasto una broma, le pregunto si ha encontrado ya el título. "No, sigo buscando", me responde, a veces, alejándose pensativo.

[...]Los títulos tienen una importancia terrible, y sin embargo, poco se habla de ellos. Hoy voy a dedicarles cierta atención, a ver si me congracio con ellos. Debería haber algún premio para el arte de titular. Hay novelas horribles con títulos maravillosos, y viceversa. No estaría de más un premio nacional de la crítica al mejor título del año. Los títulos también tienen corazón.

¿Qué es de una crónica con un título poco agraciado? Ya pueden imaginárselo. Esta crónica -tiemblo ante la perspectiva- aún no tiene título, pero ya tiene tema, ya estoy metido de lleno en él: títulos famosos y cómo llegaron a serlo, títulos de novelas. Nadie se ha suicidado por el mal título de una crónica, pero sí por el de una novela. El asunto es muy serio.

Si por Scott Fitzgerald hubiera sido, El gran Gatsby se habría llamado nada menos que Trimalchio en West Egg. Pero Maxwell Perkins, el sensato editor, se opuso rotundamente argumentando que el nombre de Trimalchio era impronunciable para la mayoría de los lectores. Lolita, de Nabokov, por ejemplo, estuvo a punto de ser publicada con el título de El reino del mar. Y Lo que el viento se llevó no existiría si alguien no se hubiera encargado de convencer a Margaret Mitchell de que era absurdo titular a su novela Pansy, el pánfilo nombre con el que había bautizado a la heroína sureña que hoy todos conocemos por Scarlett O'Hara.

Esperando a Godot siempre ha sido un título enigmático, pero Beckett jamás desmintió la teoria que asegura que un día él se detuvo en la carretera ante un grupo de personas que seguían esperando la caravana del Tour de Francia cuando ésta ya había pasado. Al preguntar Beckett qué hacía allí toda aquella gente, obtuvo esta respuesta: "Están esperando a Godot". Parece ser que el más veterano y lento de todos los ciclistas de la carrera se llamaba así: Godot.

Otro título enigmático y muy afortunado es el de la primera novela de James M. Cain, El cartero siempre llama dos veces. No es tan enigmático si se sabe que el cartero llamaba dos veces al timbre de la puerta del escritor para advertirle de que el correo le deparaba una factura.

[...]Llego al final de esta crónica y sigo sin haberle encontrado un título. "¿Sabes por qué son tan cabrones los títulos?", me preguntó no hace mucho un cronista. "Porque se saben imprescindibles", le contesté.

Como mínimo, los títulos siempre llaman dos veces -como el famoso cartero- a la puerta de los cronistas. Y la mayoría de las veces ni a la tercera llega la vencida. Los títulos son muy suyos. Muchas veces -y aún gracias- llegan a última hora, como Godot.

Enrique Vila-Matas. "El título, ese ciclista lento" A: Una vida absolutamente maravillosa. Debolsillo, 2011. P.  96-98.



2 comentaris:

  1. Quina mala fe, els títols! Si ja se sap, no et pots refiar mai de ningú, i dels títols menys. Apa que no he "picat" amb títols que han acabat sent com les cases de les pel·lícules de l'oest, el títol i res al darrera. I quan el títol no val res, i et penses que potser no és tan important, i al darrera tampoc no hi ha res? Aleshores ja cal encendre la llar.

    Us penjo una llufa, sense que es noti eh! :D

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  2. Ara pensava títols d'aquells que em llamen, i em sembla que Música per a camaleons és un dels meus favorits. I els que posava el cieguito, també m'agraden molt. Historia universal de la infamia, Funes el memorioso, Pierre Menard, autor del Quijote.
    I tinc un problema amb el segon anell començant per l'esquerra.
    Darcy=Orgull i prejudici, Atticus=Matar un rossinyol, Gatsby= el gran ídem...però Harry? Càsum l'olla, que no sigui el nimfó de l'escombra de la Rowlings!

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