dijous, 19 de gener de 2012

cartes del ciutadà louis destouches


EL CARÁCTER SACRO Y RELIGIOSO que se le ha venido otorgando de modo implícito o explícito a la literatura, al menos desde el Romanticismo (carácter hoy amenazado al parecer por el mercantilismo, por el marketing y por "la dictadura del consumidor"), es el responsable de una visión aún hoy dominante del escritor como genio, héroe, dios, sacerdote, diablo o santo hacedor de unos textos sagrados que el canon eleva a los altares al tiempo que los va clasificando en sus correspondientes hornacinas: obras mayores, obras menores, divertimentos, etcétera. Al pie del altar correspondiente se depositan también, a modo de reliquias, aquellos textos que, sin alcanzar la jerarquía de obra de arte, dan cuenta de aspectos menores pero transcendentales de la vida del santo o del diablo correspondiente: primeros bocetos, cuadernos de notas, ejercicios escolares, cartas. Esta suma de reliquias compone un género literario que, siempre del agrado de los monaguillos que comercian y trafican con ellas buscando satisfacer la adicción fetichista de los peregrinos del arte y de los turistas de la sensibilidad, contribuyen a veces a completar o aclarar tanto algunas facetas oscuras de la hagiografía como aspectos e interpretaciones que atañen a la exégesis del corpus literario del autor o autora.

[...] Cabe entender, por tanto, el interés que en su momento despertó y todavía hoy despierta la recuperación y edición de estas Cartas de la cárcel, que tiene como protagonista a un escritor que encarna de modo casi perfecto esa imagen sagrada del escritor en su versión satánica o maldita. Porque sobre Louis-Ferdinand Céline recaen, sin contradicción aparente, los calificativos más dispares sin que tal disparidad rompa la coherencia de su leyenda y perfil: genio, ángel, demonio, víctima, verdugo, mártir, traidor, abyecto, sublime, inmortal, sucio, mezquino, demiurgo, brujo y mago de la lengua.

Alrededor de la figura del autor y a propósito de la ficción narrativa, la moderna teoría literaria ha venido diferenciando distintos componentes autoriales: el narrador, el escritor, el ciudadano que, además, escribe. De ahí que la primera pregunta que debamos hacernos sea quién es el que nos habla a través de estas cartas. No hay narrador, no hay ficción (aunque pueda haber mentiras u olvidos que no dejan de ser lo mismo). No es el escritor Céline el que escribe estas cartas porque no están escritas desde la actitud literaria propia del escritor. [...] Son cartas del ciudadano Louis Destouches quien, como sabemos, ejercía la profesión de escritor bajo el alias de Louis-Ferdinand Céline y que, desempeñando esa actividad, dio a conocer textos que le llevarían a la prisión de Vestre Faengsel (Dinamarca). La paradoja casi vilamatiana de que sean cartas escritas por Louis Destouches y no por el escritor Louis-Ferdinand Céline creo que es motivo más que atractivo para entrar en ellas con una especial y nada reprobable morbosidad literaria.

Fragment del pròleg de Constantino Bértolo a: Louis-Ferdinand Céline. Cartas de la cárcel. Traducció de Carlos Manzano. Debolsillo, 2006.

2 comentaris:

  1. Dr. Miquel Vilardekyll Hyde19/1/12 16:19

    M'agrada aquesta reflexió sobre l'escriptor i el ciutadà que escriu, però en el cas de Céline la darrera faceta - com en el llibre de les cartes de la presó -, la morbositat que desperta trobo que no és gens literària sinó purament biogràfica. Hi ha amargor, justificacions, algunes sentències contundents, però no crec que aporti res a la resta de la seva obra.
    Céline (clau de la metàfora del títol): "Ànims, Ferdinand - em vaig repetir per aguantar-me dret -. A mida que et fotin amb la porta contra els nassos, acabaràs per trobar, segurament, el joc de mans que tanta por els hi fa a tots ells, a tots els porcs, tants com existeixen, i que s'ha de trobar al final de la nit. Per això mateix no van al final de la nit !"
    I una altra: "Potser en nosaltres, en la terra i en el cel,només és terrible el que no s'ha dit. No estarem tranquils fins que tot sigui dit, d'una santa vegada; i, en fi, aleshores es farà el silenci i ja no tindrem por de callar".

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  2. Hi estic absolutament d'acord amb tu, Doctor: la morbositat és biogràfica.
    Per això ens limitarem a donar-ne notícia i prou.

    S'han resolt els problemes tècnics? [Des que Blogger ha canviat l'aparença del pis dels comentaris, el doctor i tota la colla tenen dificultats a l'hora de dir-hi la seva]

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