dilluns, 16 de gener de 2012

en el principi va ser l'heptasíl·lab


En el principio del Viaje hay dos frases que sin duda dan mucho que pensar y que escribir, son las que abren el libro: 
Ça a débuté comme ça. Moi, j’avais jamais rien dit.
(“Esto ha empezado así. Yo no había dicho nunca nada”). 
Ciertamente es ahora cuando el autor, y su portavoz el narrador, empiezan a hablar y a decir. Ça (“esto”) es todo, el principio y el fin de la primera frase del libro en francés, el origen de lo que va a venir, lo indeterminado, la sombra, la noche que se pretende iluminar e ilustrar con la palabra, para sacarle brillo y punta a la experiencia de la vida...La primera frase en francés es un heptasílabo, reproducción del modelo silábico que constituye también el título francés de la novela, y como no hay dos sin tres, resulta que también la segunda frase de la novela, la que se refiere al yo que todavía no había comenzado a decir porque vivía hasta ese momento oscurecido en el silencio, repica con la misma música heptasilábica. Y es que en Céline, a pesar de la primera impresión que pudiera dar al lector, el estilo, la escritura es sobre todo música: él se jacta en particular de haber inventado en su obra narrativa una música, una “pequeña música introducida en el estilo”, por mucho que los grandes escándalos de su obra hayan tenido que ver con las cosas que en ella se cuentan, con los temas y el léxico popular que utiliza. Lo que tampoco significa que la suya sea una aventura literaria de carácter formal, sino una escritura plena en la que la lengua dice y expresa contenidos psicológica y socialmente acuciantes, obsesiones y vivencias fantasmáticas de un yo maltrecho, en permanente conflicto entre el pensamiento, la ideología y su representación a través de las palabras, de un lenguaje que en ocasiones no puede escapar al calificativo de delirante. Incluso esta primera frase del Viaje, además de los valores estilísticos y de su significación autorreferencial, vendría a prefigurar, anticipándose, la gran obsesión celiniana de que todos los males empezaron para él con la publicación de esa novela, donde se recoge desde el principio y durante casi 150 páginas su particular visión de la guerra del 14-18, considerada por él mismo la gran experiencia iniciática que determinaría su vida y su obra.


José María Fernández Castro I Francisco González. Literatura francesa del siglo XX. Síntesis, 2006. P. 117.

3 comentaris:

  1. Bé, aquest incipit és tota una declaració d'intencions. La utilització de "ça" per "cela", la redundància "Moi, je" i la reducció de la doble negació, que els francesos són molt de "ne pas", "ne jamais", "ne rien"...tot això indica, clarament, que ens movem en el terreny de la parla, de l'oralitat.

    La cosa continua amb un rien. És a dir,

    "Moi, j’avais jamais rien dit. Rien."

    Aquesta repetició de RES, a banda de l'efecte sonor més que notable, augura una mica el que ens espera.

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  2. Ja va per aquí, el Céline: hi ha molts "nos"... Aquesta cosa de la musicalitat, del vers en prosa o la prosa en vers és realment molt francesa. Com que de tant en tant recaic en "El lloro de Flaubert", recordo també com el mestre Gustave s'obsessionava en els peus mètrics, i fins i tot comptava freqüències vocàliques, aparicions de determinades consonants...

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  3. Resulta que entre viatjar al fons de la nit, comptar síl·labes i tota la pesca...doncs, res, que no me'n puc estar. Amb tots vostès, una tanka del cieguito.

    "No haber caído,
    como otros de mi sangre,
    en la batalla.
    Ser en la vana noche
    el que cuenta las sílabas."

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