dimecres, 12 de juny de 2013

compaginar


Compagino, mai més ben dit, la lectura de La gatera amb ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de la Jeanette Winterson. En arribar a la pàgina 130 del llibre de la Winterson, he fotut un bot que de poc no em trenco l'espinada:

«La biblioteca pública de Accrington seguía el sistema de clasificación decimal de Dewey, lo cual significaba que los libros estaban meticulosamente catalogados, excepto la literatura barata, que no interesaba a nadie. Así, las novelas rosas llevaban una tira rosa y todas las novelas rosas se amontonaban sin seguir un orden alfabético en las estanterías de «Novela rosa». Lo mismo sucedía con las novelas de marineros, pero con una tira verde. Las de terror tenían una tira negra. Las de misterio barato tenían una tira blanca, pero la bibliotecaria jamás pondría a Chandler o a Highsmith en «Misterio»: eran literatura, al igual que Moby Dick no era una novela de marineros ni Jane Eyre una novela romántica.
El humor también tenía una sección...con una tira naranja ondulada y risueña. En las estanterías de «Humor», nunca sabré cómo ni por qué, estaba Gertrude Stein, probablemente porque escribía cosas que parecían no tener sentido...
Bueno, puede que así fuera, y a menudo lo hacía, aunque por motivos que tenían mucho sentido, pero la Autobiografía de Alice B. Toklas es un libro fabuloso y un verdadero momento de ruptura en la literatura inglesa; del mismo modo que el Orlando  (1928) de Virginia Woolf es una ruptura.
Woolf llamaba a su novela biografía y Stein escribió la autobiografía de otra persona. Ambas mujeres estaban derribando el espacio entre realidad y ficción: Orlando se valía del personaje real de Vita Sackville-West como protagonista y Stein usaba a su amante, Alice B. Toklas.
Por supuesto, Defoe definió Robinson Crusoe como una autobiografía (Stein lo menciona) y Charlotte Brontë tuvo que decir que Jane Eyre era una biografía, porque se suponía que las mujeres no podían andar inventándose cosas, sobre todo historias donde la moralidad fuera atrevida por no decir dudosa.
Pero Woolf y Stein fueron radicales para usar gente real en sus obras de ficción y para confundir sus hechos: Orlando, con las fotos reales de Vita Sackville-West, y Alice Toklas, la supuesta escritora, que es la amante de Stein pero no la escritora...
Para alguien como yo, fascinada con la identidad y con cómo te defines, esos libros resultaron cruciales. Leerse a uno mismo como ficción y realidad al mismo tiempo es el único modo de mantener la narración abierta, el único modo de evitar que la historia se escape por su propia inercia, con frecuencia hacia un final que nadie quiere.»


A primer cop d'ull podeu pensar que el fragment m'ha fet gràcia -i així és, també- perquè parla d'una biblioteca i jo tinc molta tirada pel tema. Sí, però no. El que m'ha sorprès fins a arrencar-me una expressió d'admiració vulgar i contundent (hòstia!, m'he dit) són les paraules que he destacat en negreta. Això i la menció de l'Orlando de la Woolf. Per què? Doncs perquè posen el dit a la nafra. Perquè són la clau de volta de la Raquel de La gatera.

Li hauré de tornar a dir casualitat, a manca de termes més precisos.



1 comentari:

  1. Uf, m'explico talment parlés en klingon, prou que ho sé, però no puc fer-hi res: la trama oblige, que dirien el gavatxos.

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