divendres, 28 de juny de 2013

just avui, que en fa cinquanta

A l'Àgueda i a la Clidi.

Quan jo tenia disset anys, el món es dividia en tres grans grups:
els partidaris de Rayuela, els del Quartet d'Alexandria i la resta. 
(Del diari apòcrif de na Matilde Urbach)




LOS PERIÓDICOS celebran hoy, con tratamiento digno de una gran batalla o de una independencia patriótica, los treinta años de la aparición de Rayuela.
Bien está.
Escritores y lectores suelen ser sujetos muy proclives a las manías. A mí una de esas manías me hace cometer una injusticia emocional: me caen bastante mal los entusiastas de Rayuela, lo que no quiere decir que me desagrade especialmente ese afanoso libro, pues también me caen mal los aficionados al jazz y el jazz sin embargo me gusta bastante: es una música muy apta para temperamentos inmaduros.
A Cortázar le gustaba el jazz y supongo que le gustaría Rayuela, no sé. Con lo cual...
La reputación de algunos escritores puede basarse en alegres malentendidos. Cortázar debe su fama a Rayuela, esa laboriosa y sugerente suma de gangas, cuando tal vez sus mejores logros estén en Historias de cronopios y famas y en muchos de sus relatos («Casa tomada», que le gustaba especialmente a Borges, basta y sobra para disculpar todo ese confuso y desangelado piruetismo que resulta habitual en Cortázar).
Yo no sé, ni me importa, qué estimación tendrá hoy Cortázar entre la gente. Hace unos diez o quince años sus libros adornaban invariablemente -junto a la lucerna con la varilla de sándalo, junto al tiesto de cerámica marroquí- las estanterías artesanales de muchos pisos de estudiantes y de nostálgicos del flower-power. Hoy quizás su estimación se haya desviado a los departamentos universitarios, esos lugares con tubos fluorescentes donde se rellenan fichas, se llama gratuitamente por teléfono y se redactan artículos metabibliográficos. Es el sino de todos los escritores de fortuna: acabar sufriendo esa especie de varicela textual que son las notas a pie de página.
Rayuela, no sé, me parece un curioso artefacto literario y un libro ingenuo. No me resulta raro que esa triquiñuela de poder ser leído de manera distinta -de aquí para allá, paso atrás y paso adelante, como en el juego de la oca- entusiasme a mucha gente, ya que los lectores suelen conformar un núcleo humano especialmente ansioso por colaborar en el funcionamiento de cualquier charada.
Ojalá me equivoque, pero tengo la impresión de que Cortázar fue un escritor de excepcional talento que casi nunca entendió su talento. Cuando estuvo a la altura de su capacidad, sus páginas resultaron singularmente deslumbrantes: una lección esencial de literatura. De auténtica literatura, no de algo que podía adornar un artesanal estante, con la varilla de sándalo y todo aquello. No de algo, tampoco, que, a la vuelta de sólo unos años, merezca exclusivamente el funcionarial destino de perdurar como tema de examen universitario.
Pero los destinos literarios ya se sabe que son cosa compleja y caprichosa. Uno comienza a escribir con el propósito de revolucionar la conciencia literaria de una época y se encuentra el día menos pensado con una edición crítica de su obra en la editorial Cátedra.
Verdaderamente, no conozco una cosa más extraña que la historia de la literatura de este siglo.
(1994)
Felipe Benítez Reyes. «Cortázar: Jazz, Rayuela, ediciones críticas». A: Gente del siglo (1982-1996). Nobel, 1996. P.128-130.

*  *

La grieta -tema y bloque central de Los detectives salvajes- es un conjunto de cuatrocientos golpes o cuatrocientas páginas con una casi infinita participación de múltiples voces que comentan los trazos de las huellas de los dos detectives salvajes y a la vez comentan cómo lo desastroso se instaló en el centro de gravedad de la historia de una generación extravagante. Los detectives salvajes -vista así- bien podría ser el boquete azul de un parietal trágico, la historia cómica de una brecha: una novela que bien podría ser -ahí donde la ven- una fisura, una rotura muy importante para lo que hasta ahora ha ido haciendo una generación de novelistas: un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar y de la que Los detectives salvajes bien podría ser su revés, en el amplio sentido de la palabra revés.
Enrique Vila-Matas. «Bolaño en la distancia». A: Una vida absolutamente maravillosa. Ensayos selectos. Debolsillo, 2011. P. 249-250.




7 comentaris:

  1. Caram, i amb l'Àgueda que no és pas poc. Grazas, marabillosa :)

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  2. No sé si ho he acabat d'entendre, però jo era tant de Durrell com de Cortázar. M'espera, per això, un curt-circuit vital? A qui he de desitjar un sonor "per molts anys"?

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  3. Si als disset anys hagués tingut el cos per a matisos, t'hagués inclòs en un quart grup, el mateix on hagués anat a petar jo, també, entusiasta confessa de el quartet. Però no és el cas. Els disset anys volen maximalisme, així que, frente al pelotón de fusilamiento, només es podia dir una.
    La meva era Rayuela i em va fer un efecte semblant al de El vigilant en el camp de sègol als quinze i Les aventures de Tom Sawyer de la infantesa. Cadascuna se sap les seves.
    [Si quan jo tenia disset anys Bolaño ja hagués escrit els detectives, hagués set realista visceral a mort. D'aquí ve l'Àgueda]

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    1. I els sugus de pinya, avui els ha de repartir santa Clidi!

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  4. Respostes
    1. Tard, però yo también maté a Cesárea Tinajero, Skaði!

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