divendres, 3 de gener de 2014

the city of heroes was having a nap


John Rutherford, el traductor de La Regenta a l'anglès.

[Nota de la copista: Això que ve ara és una conversa entre Yvan Lissorges, Jean-François Botrel -dos dels participants en la darrera traducció de La regenta al francès (i dic dos, perquè es tracta d'una traducció feta a deu mans!)- i John Rutherford, el traductor a l'anglès. Només us n'ofereixo les intervencions d'en Rutherford, però us recomano que llegiu el document sencer. El trobareu aquí.]

Yo traduje La Regenta, simplemente, porque me parecía, y me parece, una novela tan maravillosa que era imposible que siguiese sin haber traducciones inglesas de ella. Fue una decisión fácil en ese sentido, pero difícil en otro.
Aquí voy a hablar un poco del desprestigio inmerecido de la traducción literaria. Cuando me propuso la editorial Penguin Books la traducción de La Regenta, yo era muy joven, estaba empezando mi carrera académica, tenía 32 años, igual que tenía Clarín cuando escribió La Regenta. Y tuve que tomar una decisión difícil, importante, porque todos los colegas a quienes consulté me aconsejaron que no tradujera, si tenía ambiciones académicas.
En los comités que juzgan las cátedras, la traducción se consideraba como una actividad inferior; consideraban que el académico en lenguas modernas tenía que escribir artículos y libros de crítica e historia literaria; consideraban que traducir era algo que hacía aquel que no era capaz de hacer crítica literaria. Fue una decisión muy difícil; a los 32 años tuve que decidir si traducir esta novela maravillosa y, quizás, olvidarme de cualquier ambición académica que pudiera tener, o hacer aquello que realmente quería hacer. Y me alegro muchísimo de haber decidido en aquel momento que no quería ser catedrático, que estaba muy contento con ser un profesor normal de universidad, que me encantaba aquel trabajo. Y decidí traducir. Pero resultó un sacrificio, supongo bastante considerable, para aquel joven profesor universitario.
Esto demuestra, como digo, la increíble manera en que casi siempre los que no traducen minusvaloran esta actividad. Yo decidí, y sigo pensando igual que entonces, que el mejor servicio que puede prestar un profesor universitario de lenguas modernas a la comunidad, en general, es traducir bien buenas obras. Después de todo, mi Regenta no se ha vendido de manera maravillosa, pero la lee mucha gente; y las críticas literarias que pueda hacer de La Regenta, que también me alegro de haber hecho, las lee mucha menos gente. La mejor manera de ayudar, de servir, a la comunidad y a Leopoldo Alas es traduciendo. Así que decidí traducir.
Quería también realzar una cosa que ha sugerido Yvan, que es muy importante. Nuestras traducciones son traducciones hechas con amor; con muchísimo cuidado. Serán malas o buenas -creo que las dos son muy buenas-, pero en todo caso son muy cuidadas, muy concienzudas. Ese tipo de traducciones sólo las podemos hacer quienes tenemos otra fuente de ingresos. Un traductor profesional no puede traducir así. Si yo dependiese de mis ingresos como traductor habría muerto de hambre mucho antes de terminar la traducción de La Regenta; y El Quijote que acabo de traducir se vende mejor pero ni El Quijote me proporciona unos ingresos con qué vivir. Está muy bien hablar de traducir de manera muy minuciosa, discutiendo todo detalle, que es la manera ideal de traducir; pero la mayoría de las traducciones las hacen traductores profesionales que no se pueden permitir estos lujos.
En cuanto a la estrategia general, yo coincidí con los traductores franceses -por casualidad, pues no hablamos en aquellos tiempos sobre la traducción- en cuanto a la modernización: yo también decidí conservar todo lo posible el aire de época en mi traducción. Recuerdo que pasé bastante tiempo buscando palabras dudosas en diccionarios ingleses de finales del siglo XIX, porque decidí no usar ninguna palabra que no se usase en el inglés de finales dels siglo pasado -me habré equivocado algunas veces, pero lo intenté-. No busqué imitar el estilo -eso habría sido absurdo-, pero sí procuré conservar mucho el aire de época y en la práctica eso significó para mí -gracias a unos permisos sabáticos para dedicarme a la traducción- pasar las mañanas traduciendo y las tardes leyendo novelas inglesas del siglo XIX.
Así que en esto, desde luego, hemos coincidido, como también en procurar hacer la traducción más exacta y fiel posible.
[...] Si queremos hacerle justicia, en este caso a Leopoldo Alas y a su gran novela, tenemos que atrevernos, como hicieron los franceses en la traducción del título(1), a ser tan creativos, tan juguetones con las palabras, como el autor original. Si nos acercamos a la labor traductora con actitudes de modestia, de inferioridad...no vamos a poder hacer esto. Este atrevimiento de los franceses de inventar una nueva palabra francesa basada en la palabra española es un ejemplo magnífico de lo que yo llamo extranjerización y de la falta de modestia del traductor. También demuestra que la traducción literaria tiene que ser sumamente creativa para que sea buena. Para crear hay que atreverse bastante. Así que aplaudo esa decisión de los franceses.
En inglés hice algo parecido. No tan radical, quizás, pero algo parecido. Le di mil vueltas. Una equivalencia de regenta en inglés no era posible: requiere el sufijo -ess, que suena horrible: The Regentess suena tan mal en inglés que era imposible ponerlo como título. Por ello, durante muchos años, yo me había resignado a poner un título meramente descriptivo, muy pobre, muy falto de atracción, The judge's wife -La mujer del juez-. No me gustaba aquel título pero no se me ocurría otro mejor; no me gustaba porque La Regenta en español es un título muy enigmático que hace pensar en otra cosa que no va a ser la novela. Para cualquier español del siglo XIX una regenta sería la mujer que reinaba en un país cuando el rey era menor de edad o estaba loco o circunstancias así. La Regenta para cualquier español de entonces y de ahora es un título muy enigmático.
Al final decidí simplemente resolver el asunto no traduciendo, que también es un acto de extranjerización muy radical. La versión inglesa de La Regenta se titula La Regenta, simplemente; con pronunciación inglesa. En ese sentido supongo que también he inventado otra palabra inglesa, que todavía no ha entrado en los diccionarios pero...quién sabe.
[...] Estoy totalmente de acuerdo con mis colegas franceses en la importancia suprema del ritmo. A veces me preguntan por qué traduzco The city of heroes y no lo que parece una traducción más directa, The heroic city; y el motivo es, precisamente, el ritmo. Después de haber traducido La Regenta percibí que esta primera oración es rítmicamente un verso de arte mayor, aquel tipo de poesía tan usada en el siglo XV. Este uso quizá también es una crítica implícita de esta Vetusta, de esta ciudad tan antigua y decrépita. El ritmo del arte mayor:
Al muy prepotente don Juan el Segundo
aquel con quien Júpiter tuvo tal celo
tus casos falaces fortuna cantamos
estados de gentes que giras y trocas
La heroica ciudad dormía la siesta
No sé si esto habrá sido una elección consciente, deliberada, de Clarín, o no, pero realmente no importa, está ahí. The heroic city ya no tiene aquel ritmo marcado y machacón de tres que tiene The city of heroes, sintagma que elegí por razones puramente rítmicas.
Otra pregunta que me hacen muchos es por qué no traduje siesta como siesta, ya que soy un traductor extranjerizante y me gusta conservar, en lo que puedo, los aires extraños, raros del original. Una forma de hacerlo habría sido mantener la palabra siesta, que existe y es muy común en el idioma inglés como préstamo español. El problema de siesta en inglés son sus connotaciones: siesta sugiere aquella visión estereotipada de España de sol, vino, toros, playas...Siesta tiene connotaciones muy románticas para un lector inglés que son exactamente lo contrario de lo que requiere el predicado de esta oración, con su abrupta e irónica transición o bajada desde lo heroico, desde lo sublime del principio hasta lo casi ridículo al final: La heroica ciudad...dormía la siesta. Por eso yo escogí la palabra más básica, más normal, menos romántica, que existe en inglés para dormir por la tarde, que es nap. Y así quedó The city of heroes was having a nap.
También quería precisar una cosa. Cuando hablo de que el traductor no debe ser modesto y debe ser, intentar ser al menos, tan creativo como el autor original no me refiero a la idea de ser muy libre en su traducción. Precisamente yo creo que otra característica que tienen en común las traducciones inglesa y francesa es que son traducciones muy exactas, que no se toman libertades con el texto original. Muchas veces se afirma que hay que elegir entre dos tipos de traducción: la fiel y exacta y la libre y creativa. Estoy totalmente en desacuerdo con esta dicotomía. Creo firmemente que una traducción exacta puede ser muy creativa también. De hecho trabajar dentro de unos estrechos límites formales, que son los que impone la necesidad de traducir exactamente, es un estímulo de la creatividad. Creo que es posible, es lo que intento practicar, una traducción fiel y exacta y, al mismo tiempo, creativa. Los límites formales, por ejemplo de la versificación tradicional española, del soneto, no impiden, no restringen la creatividad de un Quevedo o de un Góngora, ni de tantos poetas que escribieron sonetos; al contrario, estimulan, acicatean esa creatividad. Por eso en mi opinión, el traductor para ser muy exacto, necesita ser muy creativo, también.
[...] Volviendo a la primera oración, creo que es importante conservar su extraordinaria brevedad, pues es una cualidad de La Regenta. La novela española decimonónica suele empezar con oraciones bastante amplias. Las novelas de Pérez Galdós, de Pardo Bazán, acostumbran a empezar así. Y esta oración que apenas empezada ya termina es otra de las sorpresas de La Regenta.
Sólo hay otra novela, que yo conozca, del siglo XIX que rivalice con La Regenta en cuanto a la brevedad de su primera oración. Es El amigo manso, cuya primera oración es Yo no existo, que es aún más breve...
[...] Respecto al adjetivo de la ciudad, podría haber traducido heroic o incluso heroical, pero entre las varias alternativas siempre hay que elegir y siempre hay matices que se pierden. Yo sabía del lema del escudo de Oviedo -la muy noble y heroica ciudad de Oviedo- pero decidí a favor, no sé si hice bien, del ritmo; porque el lector inglés, si no tiene una nota a pie de página, cosa que evito en lo posible, no sabe que existe tal lema describiendo a Oviedo, mientras que sí puede advertir este insistente ritmo de tres; por eso juzgué más importante el ritmo que los aspectos de la primera oración que remiten al lema de la ciudad de Oviedo.

[Nota de la copista: Yvan Lissorges comenta una particularitat estilística de Clarín, l'ús de les cometes en l'estil indirecte lliure, i explica que l'editor francès les volia fer desaparèixer. Rutherford diu al respecte:]
[...] A mí me pasó exactamente lo mismo. Mi corrector de estilo me insistió repetidamente que este estilo indirecto libre entre comillas no podía ser, que era una tontería, una barbaridad en inglés. Yo fui fuerte y atrevido y dije: «No, va a quedar así. Si le parece raro al lector inglés, mejor».
Precisamente para eso existen las traducciones. Para extrañar, para educar al lector, para que vea cosas que no ve en su propia literatura. Por eso yo insisto tanto en la importancia de extranjerizar la traducción. La conservación de las comillas en el estilo indirecto libre es un ejemplo de extranjerización también: exponer al lector a cosas que nunca vio en su propia literatura, para eso existe la traducción. Y el hecho es que este uso extraña bastante al lector al principio pero se va acostumbrando a estas comillas y las va aceptando a medida que lee la novela.
Y con esto tenemos que cerrar la sesión porque nuestra regenta me avisa de que es hora de acabar. Apenas hemos ido más allá de las primeras seis palabras pero espero que el diálogo haya sido interesante y divertido para ustedes.
Muchas gracias.

Jean François Botel, Yvan Lissorgues, John Rutherford. «De los problemas generales de la traducción de La Regenta». A: Leopoldo Alas: un clásico contemporáneo, (1901-2001). Actas del congreso celebrado en Oviedo (12-16 de noviembre de 2001). Vol 1. P. 467-484.



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(1) La régente.
No me n'he pogut estar: en alemany es titula Die Präsidentin i en italià, La Presidentessa.





1 comentari:

  1. John Rutherford, gallec vocacional:

    John Rutherford (Inglaterra, Reino Unido, 1941) es un hispanista británico que ha promovido el conocimiento de la cultura gallega, especialmente de su literatura. También es traductor de la literatura castellana al inglés.
    John Rutehrford es profesor del Queen's College de la Universidad de Oxford y dirige el Centro de Estudios Gallegos de esta universidad. Fue presidente y vicepresidente de la Asociación Internacional de Estudios Gallegos. Coordina el Obradoiro de Traducción Gallego-Inglés del Queen's College. Tradujo y publicó a Castelao y Xosé Luís Méndez Ferrín. Otros autores traducidos, que aún no vieron la luz en formato libro, son María Mariño, Carlos Casares, y Eduardo Blanco-Amor, entre otros. Es conocido por ser autor de la traducción inglesa de dos clásicos de la literatura española: La Regenta y El Quijote. También publicó una novela en gallego, Las flechas de oro (Vigo, Editorial Galaxia, 2004), sobre el Camino de Santiago.
    Su vinculación a Galicia se debe a su matrimonio con una gallega; reside en Ribadeo parte del año. El 24 de junio de 2007 recibió el Premio Trasalba por su contribución a la difusión de la lengua, la cultura y la literatura gallegas. En octubre de 2011 fue nombrado doutor honoris causa por la Universidad de La Coruña, siendo investido el 23 de marzo de 2012.


    Wikipedia dixit.

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