dimecres, 24 de desembre de 2014

motius nadalencs


Desde tiempo inmemorial el hombre ha sentido la necesidad (completamente irracional) de terminar el año de una manera grandiosa. Es una especie de sacrificio. Así como antes se mataba un buey y se enterraba una parte que era perfectamente comestible, en la actualidad y con motivo del fin del año, hacemos a un lado la tacañería que nos corroe, echamos la casa por la ventana, adquirimos una gran cantidad de cosas perfectamente inútiles y las repartimos entre nuestros seres queridos.
Este atavismo ha sido fomentado y llevado a proporciones verdaderamente heroicas por la sociedad industrial. Pero si bien es cierto que cada vez se gasta más en regalos navideños, también lo es el hecho de que cada vez se regala con más descuido y sin tener la menor consideración de los sentimientos del receptor.
[...] Hay dos clases de regalos. Los «impersonales», que se llaman así porque resultan perfectamente inútiles para cualquier gente que los reciba y porque además, carecen de cualquier característica definida que permita decir, cuando menos, que son horribles. La otra clase, los regalos «personales», se hacen partiendo de la suposición de que conoce uno los gustos del que los recibe, suposición que resulta equivocada en la mayoría de los casos. Por ejemplo, regala uno el libro ya leído o del autor detestado; los cigarros, carísimos, pero aborrecidos; la corbata imponible, la camisa tres números más grande, un paraguas para quien no se atreve salir a la calle de paraguas, una boquilla para quien quiere fumar en bruto, unas mancuernillas para quien usa camisa de manga corta, etcétera.
Pero estos errores vienen de que, como ya dije, se parte de la suposición equivocada: el único gusto que puede uno conocer es el propio. Hay que aceptar esto. En vez de tratar de proporcionar un placer a los demás, hay que proporcionárnoslo a nosotros mismos. Hay que aprovechar los regalos que uno da.
Por ejemplo, a la abuelita, que sabe uno que es casi abstemia y que no ha probado ningún licor que no sea rompope, se le regala una botella del whisky que le guste a uno más. Y aprovecha uno la visita para tomársela. Al hijito que anda a gatas, se le regala Flaubert, por ejemplo, en edición de Pléiade. Y lo lee uno con toda tranquilidad sin que él se moleste. A la esposa querida, diabética, champaña. Y se lo bebe uno frente a ella, a la voz de: —Lástima de que no puedas probarlo. ¡Vieras qué sabroso está!
Pero éstos son ejemplos rudimentarios. Hay otros mucho más sutiles. Por ejemplo, a la amiga, gran cocinera, que nos invita a comer tres veces por semana, se le regala, un año, una paellera, al siguiente, un asador, al tercero, una caja de azafrán, etcétera. Al amigo que se cree barman, una coctelera, para que nos despache mejor. A los amigos que tienen buen tocadiscos, los discos que nos gustaría escuchar, etcétera.
En este caso, el procedimiento indicado es completamente diferente. Es indispensable perpetuar y poner en relieve la identidad del donador.
Por ejemplo, supongamos que somos obreros, que trabajamos en una fábrica y que queremos quedar bien con el dueño y, más importante todavía, que el dueño no se olvide de que quedamos bien con él. Muy sencillo. Se le hace una estatua ecuestre, nomás que moderna. Los nombres de todos los obreros aparecen grabados en el caballo. Por las noches, los nombres resaltan gracias a una preparación fosforescente.
El dueño, a su vez, regalará a sus empleados un retrato de grupo tomado un día de quincena, en el que él aparece entregando cheques a sus empleados. Estas fotos acabarán en el comedor de las familias, que lo recordarán siempre como benefactor.

Jorge Ibargüengoitia. «Manual navideño». A: Revolución en el jardín. Reino de Redonda, 2008. P.264-267.




4 comentaris:

  1. Però home, Jorge, que els lectors de la Richmal Crompton sabem bé què són els auto-regals... Qui obsequia a la finolis de sa germana un arc i unes fletxes?
    A casa sempre n'hem dit regals "guillermanos" ;-)

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    1. Jo aquest any vull una estàtua eqüestre (moderna)! Bé, si no pot ser cavall, amb un poni ja tiro.

      Hare krishmas, Girb!

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  2. Jo voldria saber si la tia Pepa s'ha menjat el tall o continua vestint sants.

    Bones festes i bon any, Matilde!

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    1. Pobra tia Pepa, se li ha acabat el patir: la vam pelar el Nadal passat. Enguany, a pels cunyats, em temo.
      Hare krishmas, Enric!

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