divendres, 10 de juliol de 2015

llibreries a porta tancada


Librerías a puertas cerradas: calidez de hogar y una atención dedicada

Ahora es posible elegir libros que no tienen difusión masiva en la intimidad de una casa, con la asesoría especializada de libreros-anfitriones
Por   | LA NACION. Sábado 20 de junio de 2015. 

Los restaurantes a puertas cerradas ya no son ningún secreto en Buenos Aires. Los bares, tampoco. También hay casas de diseño e indumentaria donde para ver y comprar hay que tocar un timbre o concertar una cita previa. Ahora el misterio, la atención personalizada y la privacidad que sólo el living de una casa puede ofrecer dan su cobijo a un nuevo protagonista: el libro. Y en la lista de "a puertas cerradas" hoy se inscriben varias librerías como Mi Casa Librería Atípica, White Rabbit, A cien metros de la orilla, Libros del Vendaval, La Vaca Mariposa y los clubes de libros Escape a Plutón y Sur de Babel.
El fenómeno tiene apenas un lustro y como suele suceder hubo una pionera que se animó a dar el primer paso. En un antiguo PH de Villa Crespo, con un patio luminoso y lleno de plantas nació, en 2010, Mi Casa Librería Atípica (www.libreriamicasa.com.ar). Su dueña, Nurit Kasztelan -poeta, lectora inquieta y economista-, recuperó así el oficio de librero en su propio hogar, y desde entonces aconseja a amigos y visitantes, recomienda títulos según los intereses de quien se presente, recibe pedidos y consultas por Facebook y correo electrónico, y trata, sobre todo, "de rastrear y dar a conocer esas joyas que la gente no conoce".
¿Cómo empezó todo? Nurit trabajaba en un organismo público, pero también organizaba ciclos de lectura llamados La Manzana en el Gusano. "Ahí, de onda, vendía libros de mis amigos que tenían pequeñas editoriales (El Diego, Mansalva, Bajo la Luna, Siesta). Un día llegó una valija de Vox, un sello independiente de Bahía Blanca, llena de libros. Y así, casi sin que me diera cuenta, se gestó la librería." Renunció al trabajo y se dedicó de lleno al proyecto. Siempre junto con su compañera, Amalia, una gata persa que también recibe a la gente, se pasea por las mesas, estantes y supervisa desde las alturas.
En San Telmo se cuenta otra historia con un mismo espíritu, la de A cien metros de la orilla (www.acienmetros.com.ar), de Natalia Romero, que pasó de trabajar en una tienda de diseño a dedicarse de lleno a las letras y los libros. "Escribo desde hace muchos años, y mi vínculo con algunos libreros particulares, como en Eterna Cadencia y Librosref, encendió una lucecita que fue difícil de esconder. 'Nati leete esto'; 'Nati llegó esto otro'. Y las ganas de querer tener mi propia librería fueron más fuertes. La idea de poner un local era una locura, imposible, así que comencé tímidamente con una plataforma Web donde recibía consultas y hacía envíos. La mayoría de los pedidos yo los llevaba en bicicleta, y siempre estaba atenta a las cosas nuevas que iban saliendo, las publicaciones de las editoriales independientes que a mí más me interesaban, lo desconocido, con poca difusión." Hoy, en un entrepiso de un departamento sobre la calle Defensa hay tres paredes completas atestadas de libros, y allí Natalia es librera de a ratos, también dicta talleres de escritura, escribe, lee "y además cocino y duermo". Todo funciona en un mismo espacio, y la intimidad de su casa y el vínculo directo con los que llegan hasta allí le aportan magia al proyecto. "El crecimiento es lento, cuesta, pero hay mucha gratificación."
En Colegiales se esconde Libros del Vendaval (www.librosdelvendaval.com.ar), y su mentora es Silvia Aristimuño, fanática y especialista en los libros-álbum, aquellos ejemplares en los que tanto la imagen como el texto interactúan para la construcción de sentido: "Uno no puede existir sin el otro, son la trama y la urdimbre de un relato único aunque disparador de múltiples sentidos", dice Silvia. Allí, como en todas las demás casas, funcionan el contacto vía mail y la cita previa, pero Del Vendaval también abre tres veces por semana con horario fijo durante la tarde. "Soy bibliotecaria, y éste era un sueño de toda mi vida. El libro-álbum es un producto que nunca tuvo demasiada difusión, al principio sólo se conseguían ejemplares importados, pero ahora por suerte la producción local es de gran calidad, y se ven mucho más en el mercado. Además son libros que disfruta tanto un chico como un adulto porque propone diferentes niveles de lectura, es fantástico." Uno de sus favoritos es La princesa viene a las cuatro, de Wolfdietrich Schnurre, con ilustraciones de Rotraut Susanne Berner. "La gente viene sola o con sus hijos, y también organizamos talleres. Nos conocen por el boca en boca, y las redes sociales hicieron gran parte del trabajo. No tener una vidriera a la calle tiene su atractivo, y a la gente le gusta mucho."
La próxima escala, Palermo. La Vaca Mariposa es uno de los más recientes que abrió sus puertas, o mejor dicho su living, recién el año pasado. La periodista venezolana Adriana Morán Sarmiento comanda la librería, las cenas literarias con escritores que se realizan una vez por mes y también maneja el sitio Web. Confiesa que Mi Casa fue una especie de inspiración para ella, y que a pesar de que no fue fácil conseguir meterse en el "mundillo" local, ahora ya se siente parte. "Primero armé una editorial que se llama La Vaca Mariposa, y lo de la librería surgió después. Me fui dando cuenta de que la movida de a puertas cerradas era algo que funcionaba muy bien en esta ciudad, con un público muy activo, así que comencé primero con mi proyecto en Internet y apenas pude, abrí el living de mi departamento en Palermo."
Adriana, al igual que todos los libreros "escondidos", apuestan por un mismo concepto: sellos independientes, rarezas editoriales, libros artesanales, figuritas difíciles de conseguir. Autores poco difundidos y textos de casas extranjeras con poco mercado local. "Si hay algo que me piden y no tengo, muevo cielo y tierra y trato de conseguirlo."
Martín Jalil, otro quijote de las viejas costumbres y oficios, recuperó el apego por los clubes de libros con Escape a Plutón (www.escapeapluton.com.ar). Como vecino de San Justo y cansado de no conseguir el título que quería en ninguna librería comercial, optó por fundar su propio club. "Quise retomar este viejo formato tan clásico de los años 70, y lo que me interesa lograr es que la distribución y el acceso sean más federales, que un libro pueda llegar a cualquiera desde Jujuy hasta Ushuaia. En general trabajamos con sellos independientes, y cada mes presentamos un nuevo título y sugerimos otros cuantos." Con 110 socios en la lista, la suscripción sólo cuesta 50 pesos, que incluye el envío gratis en Capital y Gran Buenos Aires.
Alguien podría decir que para un nativo digital ya nada es difícil de conseguir. Pero el que no sabe buscar, tampoco encuentra. Y allí reside también el valor agregado de los que apuestan por este circuito.
Una mesa larga llena de libros, una ventana que da al jardín y aroma a café recién molido. El ambiente también invita a quedarse, hundirse en un sofá y sentarse a leer.

[Font: Associació llibres lliures]


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