dimecres, 11 de novembre de 2015

l'inspector caldas


Inspector de policía en la comisaría de Vigo, Leo Caldas es el protagonista de las novelas de Domingo Villar. Su importancia no solo reside en su condición de responsable de las investigaciones que sustentan la trama, sino también en el hecho de que es el único personaje de cuya vida personal da cuenta el narrador heterodiegético de las novelas. De ese modo, el lector conoce tanto su habilidad para resolver los casos y su forma de relacionarse con sus colegas profesionales como su carácter y algunos episodios de su vida personal. De hecho, aunque cada una de las entregas de la serie tiene un carácter clausurado que permite leerlas de forma independiente, la evolución de Caldas, así como la presencia recurrente de una serie de elementos —espacios, personajes, rutinas, etc.— dota al proyecto narrativo de una continuidad que aconseja leer las novelas que lo conforman siguiendo el orden cronológico de publicación y, en consecuencia, interpretándolas como una continua indagación en la personalidad del protagonista. Así, el lector va conociendo de forma progresiva el carácter del personaje —taciturno, melancólico, tímido y solitario—, algunas de sus aficiones —entre las que destacan su gusto por el vino, la buena mesa y el tabaco— y fobias —no le gustan los medios de transporte, ya que se marea con facilidad—, etc. También se mencionan algunos episodios de su vida pasada, entre los que tienen especial relevancia el hecho de que su madre muriera cuando él era niño y, sobre todo, su relación sentimental con Alba, un personaje que, a pesar de aparecer solo en La playa de los ahogados a través de una conversación telefónica, está presente de forma latente en toda la serie. Aunque apenas hay menciones explícitas, por la forma en la que Caldas recuerda el tiempo pasado a su lado se intuye que continúa enamorado de ella.
[…] Además de Alba y de sus compañeros de trabajo, en las dos novelas aparece su contexto familiar y de amistades, formado básicamente por su padre —con quien le une una singular relación caracterizada por la contención con la que ambos se expresan, y por su gusto compartido por el vino— y por los camareros y el grupo de parroquianos con los que diariamente se encuentra en el bar «Eligio».
[...] «El Eligio», que aparece recurrentemente en todas las novelas, cumple la función de «espacio estable» que sirve para que el lector pueda sentir la gratificación de volverse a encontrar con lo ya conocido en otras entregas de la serie. En la literatura serial detectivesca, el «espacio estable» tiene además la función de convertirse en un centro de operaciones en el que el detective pensador recopila los hechos, extrae conclusiones y explora salidas de futuro. Así ocurre en el Eligio, donde Caldas, además de beber y comer, acostumbra a charlar con Carlos, el camarero, y con el grupo de fieles clientes a quienes apodan los catedráticos, sobre los casos en los que está trabajando. Esas conversaciones permiten al investigador reflexionar sobre aquello que ha de resolver, ordenar las pistas obtenidas hasta el momento e incluso, en ocasiones, tal y como ocurre en Ojos de agua, vislumbrar la solución al misterio…

JAVIER SÁNCHEZ ZAPATERO. «Domingo Villar: novela negra con sabor gallego». Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica. Núm. 23, 2014. P. 805-826.



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