dissabte, 27 de febrer de 2016

bibliotecari a mongòlia


Entramos a galope en el pueblo de Chuluut, con nuestros caballos resoplando y empapados por la lluvia, y nos encontramos a las fuerzas vivas reunidas, como sospechosos durante el desenlace de un misterioso asesinato: el alcalde, el policía, el tendero, el bibliotecario, la encargada del hotel y el jefe de correos. Estaban sentados en los destartalados bancos del jardín que había delante del ayuntamiento, como si los hubiera juntado la casualidad. Sin embargo, los prismáticos los delataban. Ya nos habían divisado cuando todavía estábamos a varios kilómetros de allí, un cuarteto de jinetes con un caballo para el equipaje y un extranjero —a pesar de la distancia, era indudable que mi estatura me había delatado—, y se habían concentrado en el ayuntamiento para no perderse el espectáculo.
La comitiva de bienvenida resultó ser bastante tímida, como si mi llegada los desconcertara. El bibliotecario fue el encargado de hacer el discurso. Era un joven muy nervioso, algo hambriento de estímulos intelectuales. Al oír que yo era escritor, antes de que pudiera desmontar, ya me preguntó mi opinión acerca de la influencia de Shakespeare en la literatura rusa. Mientras yo ataba los caballos y desataba el equipaje, permaneció pegado a mí, diseccionando el desarrollo de los personajes en Los hermanos Karamazov. Mi momento Gary Cooper se vio asaltado por la Crítica Literaria...

Stanley Stewart. «De pesca con el bibliotecario». A: En el imperio de Gengis Kan. Un viaje entre los nómadas. Traducció de Antoni Puigrós. National Geographic, 2000. P. 221.



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