dijous, 1 de març de 2018

l'ull crític


Sobre Orgullo y prejuicio
de Jane Austen
No logro entender por qué la gente tiene las novelas de Miss Austen en tan alta estima, ya que a mí me parecen vulgares tonterías, estériles en imaginación artística, prisioneras de las despreciables convenciones de la sociedad inglesa, carentes de genio, talento y conocimiento del mundo. Nunca la vida fue tan mezquina y estrecha. El único problema en la mente de la escritora...es llegar al matrimonio. El suicidio es más respetable.
Ralph Waldo Emerson, Diario, 1861.
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Sobre Las flores del mal de Charles Baudelaire
Dentro de cien años, los libros de historia de la literatura francesa sólo mencionarán esta obra como una curiosidad.
Emile Zola.
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Sobre Emily Dickinson
Una reclusa semicultivada, soñadora y excéntrica, en un pueblo perdido de Nueva Inglaterra  —o en cualquier otro sitio— no puede impunemente desafiar las leyes de la gravedad y de la gramática...Como única vecindad tendrá el olvido.
Thomas Bailey Aldrich, Atlantic Monthly, 1892.

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Sobre Flaubert
Flaubert es animal de pata pesada. Se ve que es normando. Todas sus obras tienen peso específico; a mí me fastidia.
Pío Baroja, 1917.
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Sobre Vidas de los poetas ingleses
de Samuel Johnson
Johnson escribió la vida de los poetas y dejó a los poetas fuera.
Elizabeth Barrett Browning.

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Sobre Ezra Pound
Un guía de pueblo, excelente si uno es pueblerino pero no en caso contrario.
Gertrude Stein, Dictionary of Biographical Quotation.

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Sobre En busca del tiempo perdido
de Marcel Proust
Mi querido amigo, quizá debo estar muerto de cuello para arriba pero por más que me devano los sesos no acierto a ver por qué alguien necesita treinta páginas para describir cuántas vueltas da en la cama antes de dormir.
Marc Humblot, editor francés, carta de rechazo a Proust, 1912.

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Sobre Ulises de James Joyce
Acabé Ulises y me parece un fracaso...El libro es difuso. Es salobre. Pretencioso. Vulgar, no sólo en el sentido común sino también en el literario. Quiero decir que un escritor de primera línea respeta demasiado el acto de escribir para permitirse hacer trampas.
Virginia Woolf, en su diario.

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Sobre William Shakespeare
El nombre de Shakespeare, pueden estar seguros, está colocado absurdamente alto y tendrá que bajar. No tenía imaginación para sus historias, ninguna en absoluto. Tomó todas sus tramas de novelas antiguas y montó sus historias en forma teatral, con tan poco esfuerzo como el que Ud. y yo necesitaríamos para volver a escribirlas en forma de historias en prosa.
Lord Byron, Carta a James Hogg, 1814.





Cuando en 1917 Pío Baroja se refería a Flaubert como a un «animal de pata pesada» y Zola en 1857 tachaba Las flores del mal de librillo intrascendente y de escasa predicación entre las futuras generaciones, sus opiniones no eran las de un lector común, pues ambos habían hecho públicos sus pareceres, convirtiendo el placer privado de la lectura en una profesión. En eso consiste el arriesgado oficio del crítico, una labor muchas veces menospreciada que supuestamente se basa en la honradez, el buen gusto y la preparación de quien firma las notas de recensión de un libro.
Se sabe de obras mediocres que algún día tuvieron un relativo éxito gracias a la pluma bondadosa de un crítico afamado y viceversa. El espíritu de este sabroso librillo, que reúne críticas demoledoras a autores y obras que más tarde triunfarían sobre sus detractores, quiere ser conciliador: si es cierto que el ojo crítico a menudo se equivoca, en especial a la hora de valorar el trabajo de los contemporáneos, también hay que celebrar la valentía de aquellos que se atrevieron a juzgar —y a fallar— sin rebajarse a compromisos de circunstancia ni ceder un ápice de la propia independencia. [Contracoberta]

El ojo crítico. Edició de Constantino Bértolo. Ediciones B, 1990.

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