divendres, 27 de desembre de 2019

llegir per entregues (diari de bord) I


Middlemarch se publicó en entregas bimensuales (excepto las tres últimas, que fueron mensuales) que empezaron en diciembre de 1871 y concluyeron en 1872. La historia de Dorothea Brooke había estado en la mente de la autora mucho tiempo, y en un principio aparece en su diario como el proyecto de un relato con el título de «Miss Brooke». En la entrada del diario del 1 de enero de 1869, la escritora menciona la intención de escribir una novela con el título de Middlemarch, y durante el curso del año va dando detalles sobre el avance de la obra. En el mes de septiembre de 1869 George Eliot de la impresión de estar perdiendo confianza en la novela; en 1870 se encuentra trabajando en el relato, todavía titulado «Miss Brooke», y hay que esperar hasta la primavera de 1871 para llegar a la incorporación de la historia de Dorothea Brooke a la novela Middlemarch.
Como era habitual en numerosas novelas victorianas, la autora iba escribiendo la obra al mismo tiempo que aparecían las entregas. Si tenemos en cuenta estos dos factores, el origen dual de Middlemarch y la publicación por entregas, resulta aún más notable la unidad artística de la novela. El Preludio de Middlemarch es hasta cierto punto engañoso (per sólo hasta cierto punto) en tanto que pone el énfasis en la historia de Dorothea, aunque su nombre no aparece citado. De hecho, son tres las cosas que el Preludio sitúa en primer plano: la Historia, Santa Teresa de Ávila, y la posición social de las mujeres.
[...] El hecho de que Middlemarch esté situada, como otras obras de Eliot, en los años inmediatamente anteriores a la Ley de Reforma de 1832 (la acción de la novela empieza en 1829) y de que contenga numerosas alusiones a los acontecimientos políticos que precedieron a la aprobación de la ley, no significa que el interés de la narrativa se centre en la vida pública de la nación. El interés recae claramente en la vida de los individuos, sus relaciones personales, familiares y profesionales, sus aspiraciones y fracasos.
[...] Si recordamos el origen dual de Middlemarch, vemos que la peripecia vital de la joven idealista forma parte de un trazado más amplio y ambicioso; lejos ya de la presentación de unas cuantas familias de vida semejante en el marco de la Inglaterra rural, George Eliot ofrece ahora un panorama social que abarca la aristocracia county (residente en los condados del país), los industriales, el clero alto y bajo, banqueros y administradores, las profesiones liberales, tenderos, tratantes de ganado y aparceros, todo ello en un país que estaba a punto de iniciar timidamente, con la Ley de Reforma de 1832, el proceso de extensión del derecho al voto que culminaría casi un siglo más tarde y tras sucesivas Leyes de Reforma, con la obtención del sufragio por todos los ciudadanos mayores de edad.
La posibilidad de unir dos historias originalmente distintas en una sola novela, y la inclusión de tantos personajes y modos de vida en Middlemarch, se vio facilitada por la tradición del argumento múltiple en la narrativa victoriana. De este modo, los nueve primeros capítulos de la novela están dedicados a Dorothea Brooke y su entorno familiar y social: su hermana Celia, su tío y tutor el señor Brooke, la educación de las dos jóvenes huérfanas en Suiza, y la relación entre las dos hermanas residentes en Tripton Grange y el dueño de Freshitt Hall, Sir James Chettam. En el curso de una cena que ofrece su tío, Dorothea conoce al reverendo Edward Casaubon, un erudito que ha dedicado toda su vida a un vasto proyecto de investigación de mitologia comparada. Viene pronto el compromiso matrimonial entre Dorothea y Casaubon a pesar de los reparos del señor Brooke (la diferencia de edad y la juventud de su sobrina), de Celia (Casaubon es feo y tedioso), y de la decepción de Sir James Chettam. Hay también un breve encuentro con Will Ladislaw, un primo de Casaubon que está a punto de marcharse al extranjero.
En resumen, toda la acción de estos primeros capítulos se desarrolla en torno a las dos mansiones en los alrededores de Middlemarch. En el capítulo X, una vez formalizado el compromiso de Dorothea y Casaubon, el señor Brooke da una fiesta a la que invita a destacados ciudadanos de Middlemarch, aunque no a sus esposas e hijas. A pesar de sus ideas liberales y su experiencia cosmopolita, el señor Brooke no considera correcto que sus sobrinas reciban en casa a la hija de un fabricante, aunque éste sea el alcalde de la ciudad.
La fiesta sirve para presentar a personajes que serán importantes en el transcurso de la novela, y para ir estableciendo conexiones entre la pequeña aristocracia que vive en el campo y los industriales y profesionales de Middlemarch.
Además del señor Vincy, fabricante de tejidos, alcalde de la ciudad y padre de Rosamond, hacen su aparición su cuñado el banquero Bulstrode, y un médico recién llegado a Middlemarch, Lydgate, quien ha sido invitado no por su profesión, sino por sus aristocráticas conexiones familiares. En los diálogos de los invitados hay un detalle, en apariencia trivial, cuyo significado irá quedando al descubierto mucho más adelante; la comparación que el señor Chichely hace entre Dorothea Brooke (bella, seria y austera) y Rosamond Vincy (rubia, con cuello de cisne). Lydgate es otro de los invitados que encuentra a Dorothea demasiado intensa para una mujer joven. Poco después de la fiesta, el narrador nos informa, Dorothea se halla camino de Roma convertida ya en señora de Casaubon...

Pilar Hidalgo. Introducció a: Geoge Eliot. Middlemarch. Traducció de M. Engracia Pujals. Cátedra, 2010.

9 comentaris:

  1. Ja puc afirmar que aquest nadal quedarà en la meva biografia lectora com el-nadal-que-vaig-llegir-Middlemarch.

    No sé pas quantes hores (i esforç físic: pesa com un mort i la lletra és minúscula) hi porto invertides i total passo pel capítol 32 (llibre 3è).
    Les trames han avançat una mica més que el que explica aquesta dona de dalt, però amb parsimònia. No hi ha pressa. Els dies, ja us ho dic ara, semblen més llargs, a Middlemarch. Ara se m'ha acudit una comparació estranya (i hiperbòlica i,segurament, estúpida), en això de la morositat narrativa: comparat amb l'Eliot, Proust correrà com un llebrer. I dic correrà perquè som al dinou i ja sabem que, en general, el temps passa més lent, al dinou. Tot i així, de vegades penses menos cuento i més Dorothea Brooke, si us plau, dit sia amb tot el respecte.

    No sé pas, tampoc, ni ho sabré, si no m'ho diu en J. Cassany, el meu cronometrador oficial, quantes hores hi hauré dedicat en total, un cop l'acabi. Una d'aquestes aplicacions per calcular el temps de lectura diu que a un ritme de 300 paraules per minut (ni de conya!) hom triga 15 hores en polir-se Middlemarch. Tiren curt, crec. En tot cas, siguin 15 o 25, en seran moltes, d'hores, la qual cosa, previsora com soc, fa que comenci a preparar-me per al que vindrà: el postMiddlemarch, aquell estat de quasi orfandat, diria si no sonés tan cursi, després d'haver passat tant de temps amb aquesta colla.
    És gust, de tant en tant, llegir d'aquesta manera. Com també ho és agafar un llibre (si l'extensió ho permet) i empassar-se'l d'una tacada. S'aconsegueix una sensació de xarbotament que ni amb substàncies psicotròpiques, escolti.
    En fi, fenomenologia lectora a banda, el que jo volia és fer un advertiment.
    Si teniu la intenció d'acabar Middlemarch abans del 26 de gener, no badeu, poseu-vos les piles que teniu fato. Però si no pot ser, no pot ser. Vull dir que si us ve de gust llegir-lo però aneu a pas de tortuga, relaxeu-vos i que duri el que hagi de durar; no ho feu contrarellotge.
    I si, en el pitjor dels escenaris, quan contempleu el totxo us fa una mandra de no dir i no teniu la intenció d'obrir-lo, doncs bé, esteu de sort, sempre us quedarà la sèrie de la BBC. Però no la vingueu a buscar a la biblioteca, que la tinc jo.

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  2. L'aplicació que m'ha calculat el temps de lectura és aquesta .

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    1. Segons ells,
      Panofsky - 6h 54'
      Teoria gral oblit - 3h 19'
      Desgràcia - 3h 39'

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  3. Anònim Jordi Casals9/1/20 11:04

    Avui hem sento covard, vençut, perdut, traïdor, incompetent, soc un frau que emergeix com un far i que, per la meva desgràcia, tothom pot veure. Tindran raó els que m’odiïn i els que em menyspreïn; avui torno a la biblioteca, a s’ha hora baixa, d’amagat i a mig llegir, Middlemarch.
    Que Déu si pot, i George Eliot, si existeix, em perdonin.

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  4. Anònim Jordi Casals9/1/20 13:58

    Ho sento molt però, per salut mental, em resulta molt més fàcil l’Ulisses de Joyce o les magdalenes d’en Proust.

    Finalment no ha estat a s'hora baixa, he aprofitat la boira baixa i ja m'he desfet de la Eliot per sempre mai més.

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    1. Cadascú es fa malbé la salut mental com pot (o vol)!

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