dimarts, 15 de setembre de 2020

caro diario


Cuando veo, al empezar el curso, todos esos libros necios que invaden las librerías y que al cabo de unos meses solo sirven para venderse al peso...De todos esos libros que te asaltan a centenares, el noventa por ciento solo sirve para envolver sardinas. Para las bibliotecas son una calamidad. Los peores son los libros exprés, los libros de actualidad: se encargan, se escriben, se imprimen, se televisan, se compran, se retiran, se destruyen. Los editores deberían poner la fecha de caducidad al lado del precio, ya que solo son productos de consumo. No, en serio, la vuelta de las vacaciones en la sección de literatura no es lo mío. [...] Los lectores nos agobian todos los días para conseguir el último libro del que han oído hablar la víspera en la radio. Exigen que estén disponibles en la sección inmediatamente. Hay que resistir, moderar. De las obras que salen en otoño hay que seleccionar un puñado que resulten dignas de figurar en nuestras estanterías. Es un trabajo de titanes. Un trabajo agotador. Que, de hecho, ya nunca se hace. Porque yo soy de las que, por mucho que esta mentalidad se haya perdido en aras de la democratización cultural, yo soy de las que piensan que la entrada de un libro en la biblioteca debe ser todo un reconocimiento. Una distinción. Una grandeza. Que la bibliotecaria debe aportar un suplemento de cultura a los lectores, eligiendo a conciencia entre la marea de la industria del libro. Hay que protegerse...

Sophie Divry. Signatura 400. Traducció de María Enguix Tercero. Blackie Books, 2011. P. 62-64.

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