dissabte, 18 de desembre de 2021

crític / lector


Lo que necesitamos (he hablado de esto en otra parte) no son «programas de humanidades», «escuelas de escritura creativa», «programas de crítica creativa» (mirabile dictu, tales cosas existen). Lo que necesitamos son lugares, por ejemplo una mesa con algunas sillas alrededor en la que volvamos a aprender a leer, a leer juntos. Uno aspira a tal desiderátum en los niveles más literales. Análisis léxicos y gramáticos a nivel elemental, el análisis sintáctico de las frases, la escansión del verso (la prosodia es el pulso y la música inseparables del significado), la capacidad de distinguir hasta las peculiaridades más rudimentarias de esas inervaciones y figuras retóricas que, desde Píndaro a Joyce, han sido los portadores de la vida sentida: todas esas cosas son ahora habilidades esotéricas o perdidas. Necesitamos «casas de y para la lectura» en las que un silencio suficiente despierte las fibras de la memoria. Si el lenguaje, bajo la presión del asombro (el «valor añadido») del significado múltiple, si la música del pensamiento tienen que perdurar, no serán más «críticos» sino más y mejores «lectores», lo que necesitamos.

«Los Grandes Lectores», dice Borges, que es uno de ellos, son «más infrecuentes que los grandes escritores». La lista incluiría a Montaigne leyendo a Séneca y releyéndose a sí mismo; a Coleridge leyendo a Jacobi y a Schelling, una lectura cuyo movimiento de aquiescencia y reposesión metamórfica ha analizado Thomas McFarland con un tacto que iguala al de cualquier otro estudio sobre la tensión de la influencia; a Péguy leyendo a Corneille y a Victor Hugo; a Walter Benjamin leyendo Las afinidades electivas de Goethe; a Heidegger leyendo a Sófocles y a Trakl (no a Hölderlin, a quien a menudo lee desde el sesgo intencionado y el oportunismo); a Mandelstam leyendo a Dante y a Chénier; a Alexandre Koyré leyendo a Galileo; a Nabokov leyendo (no traduciendo) a Pushkin; a Jean Starobinski leyendo a Rousseau; a William Empson palabras complejas; a Gianfranco Contini leyendo a los poetas provenzales, a Dante y a Montale; a Pierre Boutang leyendo el Fileno de Platón; a Michael Dummett leyendo a Frege, donde la profundidad y el carácter abierto de la lectura resultan radicalmente creativos; a D. Carne-Ross leyendo a Góngora y a Ariosto; a Geshom Scholem leyendo a los cabalistas y leyendo a Walter Benjamin...Servidores del texto, escrupulosos extáticos: pues en relación a lo canónico, escrúpulo y éxtasis son solo uno.

¿Una lista de grandes críticos? Sin duda sería más larga y de mayor lustre público. ¿Pero hay necesidad de una lista así? Los críticos se anuncian solos. 

 

George Steiner. «Crítico / lector». A: Un lector. Siruela, 2020. P. 110-111.

 

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