dimecres, 23 de febrer de 2022

la kristof

16 de septiembre de 2012
Agota Kristof
CLAUS Y LUCAS
«Cuando me di cuenta de que no se trataba de Agatha Christie sino de Agota Kristof, me rendí a los miles de personas que no podían creer que no hubiera leído nunca nada de ella.»

Como os dije, después de refrescarse un poco con Heródoto, uno puede volver a enfrentarse a los textos más impracticables. Por ejemplo, la trilogía Claus y Lucas, el libro más triste que haya leído jamás. Aunque en realidad triste no es la palabra adecuada, siendo hija como es de una esfera sentimental vagamente burguesita y de buena familia. Solo alguien como yo puede llamar triste a la Kristof, lo sé. Así que iré más allá, o al menos intentaré hacerlo. La Kristof cuenta el horror del mundo, la tragedia de la existencia y la crueldad del ser humano. Y en eso, a mi entender, es la mejor. No hay nadie como ella.
[...] La lees, y muchos de los libros que no dudabas en considerar heridas abiertas o suturadas con un dolor inhumano quedan reducidos a mero entretenimiento. Basta remojarse un poco en Claus y Lucas para que todo Céline pase de modo increíble a no ser más que el desahogo de un alegre mendigo, Proust a ser simplemente uno que tenía tiempo que vender, Salinger un inofensivo escritor para adolescentes y Faulkner un charlatán sureño. Yo no lo sé, pero cuando estás con la Kristof, lo parecen. Incluso La carretera de McCarthy (un libro de horror incalculable) termina resultándote intolerable, porque si necesitas desplegar todo ese armamento de brutalidades y situaciones límites para dar cuenta del horror de la humanidad, te aseguro que escribir no es lo tuyo.
Ahora la pregunta es: ¿cómo hace (hacía, perdón) esta mujer para obtener semejante resultado absurdo? Imagino que la respuesta sería muy complicada, aunque un pedacito me lo sé. Lo hacía porque escribía como escribía. Con un rigor inalcanzable. Con un control total. Con una seguridad desconcertante de por sí (no hay ni un solo adjetivo que haya sido añadido con un atisbo de duda). Con una fuerza invisible. Con una confianza indestructible en la exactitud de las simples palabras. Con un continuo desprecio hacia todo lo que no sea estrictamente necesario. Con una idea monástica de la belleza. Para que os hagáis una idea, basta con leer las primeras líneas del tecer libro. Prestad atención a los verbos. El noventa por ciento son simplemente «ser» y «estar». «Es», «son». «Está», «están». Ahora intentad contar cualquier historia o describir cualquier situación usando únicamente estos dos verbos. Os concedo también el verbo «tener», por si fuera necesario. De todos modos, el experimento no cambia, intentad contar el mundo con esos dos verbos (toda la historia literaria podría resumirse en la afinación técnica con la que logramos sustituirlos). Pensad en un relato en el que el verbo más exacto que podéis hallar siempre es el verbo «ser»: bienvenidos al mundo de la Kristof. 

Alessandro Baricco. Una cierta idea de mundo. Traducció de Carmen García-Beamud. Anagrama, 2020. 


3 comentaris:

  1. Però qui és que escriu això?

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  2. Por lo que veo, poco más se debe decir de un libro como este. Cualquier palabra de más sería spoiler.

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