divendres, 11 de març de 2022

m'agrada / no m'agrada


J'aime, Je n'aime pas
Roland Barthes
1977
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En su nada convencional autobiografia de 1977, Roland Barthes por Roland Barthes —un libro que en sí mismo es una especie de lista—, el sociólogo, crítico y teórico francés presenta dos listas maravillosamente evocadoras: una de las cosas que le gustan y otra de cosas que no le gustan. Luego reflexiona sobre por qué hacer tal cosa no tiene en esencia ningún sentido.

Shaun Usher. Listas memorables: sucintas o detalladas, personales o públicas: más de ciento veinte listas confeccionadas por gente anónima y personajes célebres de la historia. Salamandra, 2015.
Me gusta, no me gusta
Me gusta: la lechuga, la canela, el queso, los pimientos, el mazapán, el olor del heno recién cortado (me gustaría que alguien con «buena nariz» fabricara un perfume así), las rosas, las peonías, la lavanda, el champán, las convicciones políticas vagas, Glenn Gould, la cerveza demasiado helada, las almohadas planas, el pan tostado, los puros habanos, Händel, los paseos tranquilos, las peras, los melocotones blancos o de viña, las cerezas, los colores, los relojes, las estilográficas, las plumas de escribir, los postres, la sal gruesa, las novelas realistas, el piano, el café, Pollock, Twombly, toda la música romántica, Sartre, Brecht, Verne, Fourier, Eisenstein, los trenes, el vino de Médoc, el Bouzy, Bouvard y Pécuchet, recorrer en sandalias los caminos del suroeste de Francia, el recodo del Adour visto desde la casa del doctor L., los hermanos Marx, la serranía a las siete de la mañana saliendo de Salamanca, etcétera.
No me gusta: el lulú blanco, las mujeres en pantalones, los geranios, las fresas, el clavicémbalo, Miró, las tautologías, los dibujos animados, Arthur Rubinstein, las mansiones, las tardes, Satie, Bartók, Vivaldi, llamar por teléfono, los coros infantiles, los conciertos de Chopin, el branle de Borgoña y las danzas renacentistas, el órgano, Marc-Antoine Charpentier, sus trompetas y timbales, lo político-sexual, las escenas, las iniciativas, la fidelidad, la espontaneidad, las veladas con gente que no conozco, etcétera.
Me gusta, no me gusta: esto no tiene importancia para nadie; aparentemente, no tiene sentido. Y sin embargo, todo esto significa: «mi cuerpo no es el mismo que el tuyo». Por consiguiente, en esta espuma anárquica de los gustos y las repugnancias, una especie de esbozo apático, aparece gradualmente la figura de un enigma corporal que requiere complicidad o irritación. Aquí comienza la intimidación del cuerpo, que obliga al otro a soportarme con liberalidad, a permanecer en silencio y cortés ante goces o rechazos que no comparte.
(Una mosca me molesta, la mato: matas lo que te molesta. Si no hubiera matado la mosca, habría sido por puro liberalismo: soy liberal para no ser un asesino.)

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