dijous, 18 de juliol de 2013

competència lectora



EL SISTEMA SOCIAL Y CULTURAL, representado por ciertos críticos que legitiman qué es la literatura y qué lo literario en los medios de comunicación, tendría que ser más valiente, o más honrado, y denunciar la mercantilización de la literatura que conlleva un modo de leer establecido de forma férrea por el Mercado, en connivencia con ciertas editoriales y con ciertos autores, algunos de postín, a los que se presenta emparentados con la estirpe de Cervantes.
No es la política editorial la encargada de elevar ese nivel formativo literario del lector, por ejemplo, publicando obras que sólo leen cuatro. Porque eso ya se está haciendo. Acaba de reeditarse, por ejemplo, La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, en Alianza, y que reelerán dos personas, el que ha vigilado las erratas y su traductor.
La culpa no es de los editores, ni de los escritores.
La culpa es del sistema educativo que no forma a nuestros lectores en una competencia lectora que facilita el acceso, sin embolias mentales, a cualquier tipo de obra, de hoy, de ayer y de siempre.
Sin formación literaria no es posible la existencia de buenos lectores [...] Lo que, ciertamente, no exime de responsabilidad a la crítica actual por haber alimentado un modelo de literatura y un modelo de lector, nada literaria y nada buen lector, respectivamente.
La crítica tendría que delimitar sin miedo alguno dónde se encuentra lo literario y qué novelas lo alcanzan, y qué libros son meramente mecanismos placenteros narrativos. Sin menoscabo de considerar tan legítimo los primeros como los segundos. No todos los lectores están llamados a ser Roland Barthes.
La mayoría de los libros que se leen se comprenden, pero no se interpretan. Y no se interpretan, no sólo porque el libro no presente niveles complejos literarios para realizar dicho proceso lector, sino porque el lector tampoco dispone de aquellas herramientas o estrategias que se lo posibiliten.
Si se aspira a un modelo de lector literario, intertextual, capaz de valorar y enjuiciar el poder cognitivo, metafórico y original de una obra, no se pueden poner como modelos de máxima realización literaria las obras de Brown, de Larsson, de Maruja Torres o de Pérez Reverte.
La crítica literaria debería ser exponente de un modo de leer distinto. Y tampoco lo es. Inmersa en una inconsciencia, analizable siguiendo su pésima plasmación lingüística, es difícil que se decida a poner los puntos sobre las íes y reconozca públicamente que lo literario es hoy día un terreno vedado a muchas obras que ella presenta como tales. Mientras tanto, hasta bien podríamos pasar sin crítica literaria. No notaríamos su ausencia. O, ¿quizás, sí? Seguro, pero para bien.
Víctor Moreno. Cómo hacer lectores competentes. Guía práctica: reflexiones y propuestas. Pamiela, 2011.

4 comentaris:

  1. Molt bo i molt lúcid el Víctor Moreno. No tinc res a objectar-li i me n'alegro que expliqui bé tots els factors.
    (Només em queda un dubte, i és aquesta referència a les preses d'Eta).

    I si Broch té pocs lectors no serà pel preu, perquè es pot llegir per la patilla:
    http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Broch,Hermann,La%20muerte%20de%20Virgilio.pdf

    ResponElimina
    Respostes
    1. Càsum la pus, Lluís!! He picat. He picat. He picaaaaat. He tornat al text a buscar l'eta, l'otra i la de més enllà. Perlamordedéu.

      Elimina
    2. perdona, era una broma estival.

      Elimina