diumenge, 5 de gener de 2014

de la natura de la diversió


AL PRINCIPIO, cuando empiezas a probar a escribir narrativa, todo está orientado a divertirte. No esperas que nadie más te lea. Lo escribes prácticamente todo para excitarte a ti mismo. Para permitirte tus fantasías y tu lógica desviada y también para eludir o bien transformar partes de ti mismo que no te gustan. Y funciona, y es muy divertido. Luego, si tienes buena suerte y parece que a la gente le gusta lo que escribes, y encima te pagan por ello, y consigues ver tus cosas impresas de forma profesional y encuadernadas y acompañadas de frases promocionales de otros autores y reseñadas y hasta (en una ocasión) leídas en el metro por la mañana por una chica guapa a la que ni siquiera conoces, todavía parece que la cosa sea más divertida. Al principio. Luego las cosas empiezan a complicarse y a volverse confusas, y hasta a dar miedo. Ahora tienes la sensación de que estás escribiendo para otra gente, o por lo menos en eso confías. Ya no estás escribiendo únicamente para excitarte a ti mismo, lo cual —puesto que toda masturbación es solitaria y vacía— probablemente esté bien. Pero ¿qué reemplaza a la motivación onanista? Has descubierto que disfrutas mucho del hecho de que a la gente le guste tu escritura, y también descubres que tienes muchas ganas de que a la gente le gusten las cosas nuevas que escribes. La motivación de la pura diversión personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que no conoces que te aprecie y te admire y te considere buen escritor. El onanismo da paso al intento de seducción, como motivación.
Ahora bien, el intento de seducción resulta muy trabajoso, y su diversión se ve compensada por un miedo terrible al rechazo. Sea lo que sea el «ego», tu ego acaba de entrar en juego. O tal vez «vanidad» sea una palabra mejor. Porque te das cuenta de que gran parte de tu escritura se ha convertido en puro exhibicionismo, en intentar que la gente te considere bueno. Y es comprensible. Ahora estás poniendo mucho de ti mismo en juego, cuando escribes; y también está en juego tu vanidad.
Descubres algo peliagudo que tiene la escritura de narrativa: que para ser capaz de escribirla es necesaria cierta cantidad de vanidad, pero que cualquier cantidad de vanidad por encima de la estrictamente necesaria resulta letal. Llegado este punto, más del noventa por ciento de las cosas que estás escribiendo ya están motivadas e informadas por una necesidad abrumadora de gustar. Y esto genera una narrativa de mierda. Y la obra de mierda debe acabar en la papelera, no tanto por una cuestión de integridad artística como por el simple hecho de que la obra de mierda va a hacer que no gustes. Llegado este punto de la evolución de la diversión del escritor, la misma cosa que siempre te ha motivado para escribir ahora te está motivando también para tirar lo que escribes a la papelera. Se trata de una paradoja y de una especie de dilema irresoluble, que puede provocar que te pases encerrado en ti mismo meses o incluso años, durante los cuales te dedicas a lamentarte y rechinar los dientes y quejarte de tu mala suerte y preguntarte con amargura adónde se puede haber ido toda la diversión de la escritura.
La respuesta inteligente, creo yo, es que escapar de ese dilema pasa por conseguir regresar lentamente a tu motivación original: la diversión. Y si consigues volver a la diversión, descubrirás que a fin de cuentas el repulsivamente desgraciado dilema irresoluble que experimentaste durante tu periodo de vanidad te ha traído buena suerte. Porque la diversión a la que regresas ahora ha sido transfigurada por lo desagradable de la vanidad y el miedo, que ahora tienes tantas ansias de evitar que la diversión que redescubres pertenece a una modalidad mucho más plena y generosa. Tiene algo que ver con el concepto del Trabajo Como Juego. O bien con el descubrimiento de que la diversión disciplinada es mucho más divertida que la diversión impulsiva o hedonista. O bien con darte cuenta de que no todas las paradojas tienen que ser paralizantes. Bajo la nueva administración de la diversión, escribir narrativa se convierte en una forma de adentrarte en ti mismo e iluminar esas mismas cosas que no querías ni ver ni que nadie más viera, y resulta (paradójicamente) que estas cosas son justamente las cosas que todos los escritores y lectores comparten y sienten, y a las que reaccionan. La narrativa se convierte en una forma extraña de aceptarte a ti mismo y de decir la verdad en lugar de ser una forma de escapar de ti mismo o de presentarte a ti mismo de una forma que supones que hará que le gustes al máximo número de personas. Se trata de un proceso complicado, que confunde y da miedo, y también muy trabajoso, pero que resulta ser la mejor diversión que existe.
El hecho de que ahora puedas mantener la diversión de la escritura justamente por medio de hacer frente a las mismas partes no divertidas de ti mismo que antes habías intentado evitar o camuflar por medio de la escritura ya no constituye ninguna clase de paradoja. Se trata, en cambio, de una especie de milagro, y, comparada con él, la recompensa del afecto de los desconocidos no es más que polvo o pelusa.

David Foster Wallace. «La naturaleza de la diversión»En cuerpo y en lo otro. Traducció de Javier Calvo. Mondadori, 2013. P. 190-192.



9 comentaris:

  1. Encara que estic a cinquena regional respecte a Wallace, comparteixo totalment el que diu !! Hauré de canviar el meu prejudici sobre ell, i llegar-me'l. Gràcies, Matilde !
    Miquel V

    ResponElimina
    Respostes
    1. Jo, de moment, em conformo amb els articles. Aquí es pot llegir, per exemple, el cèlebre del partit Federer-Nadal (no sé si a Wimbledon, l'any 2006. Ara hauria d'anar a buscar el llibre i em fa mandreta).
      Crec que no sobreviuria a la broma infinita. Que no em divertiria llegint-la, vaja. Així que, ara com ara, me n'estaré.
      De res, a disposar, Miquel.

      Elimina
    2. Ostres, encara me'n fas venir més ganes ! A mi m'agrada(va) el tenis, i pot ser molt bo llegir el que va escriure Wallace al respecte...
      Miquel V

      Elimina
    3. Si vols, te'l reservo, que l'exemplar que tinc és de la biblioteca.

      Elimina
    4. Doncs, sí, gràcies, però més endavant, quan ja hagi acabat un parell de llibres que volia llegar abans.
      Miquel

      Elimina
  2. Emprenya que DFW escrigués coses tan lúcides i què poc li van servir.

    ResponElimina
    Respostes
    1. Sí, 'malaguanyat' li escau com un guant.

      Elimina
  3. En aquest esquema de coses 'L''escombra del sistema' pertany indiscutiblement a la primera fase, la d'escriure per divertir-se. Qui sap si no li trobaries la gràcia... Jo m'hi vaig divertir moltíssim.

    Que clarivident i que fosc, Foster Wallace. Enganxa i sap greu alhora.

    Bon any!

    Ferran, de la màquina de fer llibres... (el teu blogger odia el meu wordpress i no em deixa fer comentaris).

    ResponElimina
  4. Hehehe, d'això se'n diu escombrar cap a casa! És broma. Et faré cas. Vaig provar, fa moooolt, amb La niña del pelo raro i m'ho vaig haver de deixar córrer.
    Bon any, Ferran!

    Coi de blogger, vaig a cantar-li les quaranta.

    ResponElimina