dijous, 20 de novembre de 2014

the brautigan library




La Biblioteca Brautigan, en Estados Unidos, en Burlington, en el estado de Vermont, la integran libros rechazados por los editores, obras abortadas, en suma, que han quedado petrificadas en ese estadio del manuscrito al cual se suma algo peor que el oprobio: el veredicto a menudo tan injusto como definitivo del fracaso. Libros, pues, que no existen.
[...] De ahí el interés, poético, conceptual y, digamos, humano, de la biblioteca Brautigan, un fondo de manuscritos rechazados. Inspirada por la novela The Abortion y como homenaje a su autor, Richard Brautigan, la Brautigan Library, fundada pot Todd Lockwood, es a menudo el último recurso —a veces el primero— para autores que desean que sus obras inéditas sean archivadas y leídas por personas que se desplazan a veces desde muy lejos para acceder a ellas. De hecho, la novela de Brautigan, publicada por Simon & Schuster en 1971, narraba la historia de un bibliotecario que conoce en San Francisco a una mujer con quien vive en una biblioteca imaginaria de libros no publicados. Pero además El aborto es, casualmente, al menos según la crítica, la novela menos lograda de Brautigan, mucho menos que A Confederate General from Big Sur o The Revenge of the Law: Stories 1962-1970.
Desde 1990, lectores cada ves más numerosos, de Canadá, de Inglaterra, de Francia, de Italia, de Suecia, de Rusia y de todos los estados americanos, han realizado el peregrinaje literario para descubrir tan peculiar biblioteca, nacida de la ficción.
[...] Según explica el fundador de la Brautigan Library:
Nuestro papel es ofrecer una audiencia a los escritos escondidos en los desvanes, los cajones, los armarios. El día de la inauguración, el 21 de abril de 1990, teníamos siete libros, actualmente tenemos alrededor de trescientos, y hay sitio para tres mil. Aceptamos automáticamente todas las obras en lengua inglesa. Por nuestra parte no emitimos juicio, no tenemos requisitos de presentación ni criterio particular alguno [...] Aceptamos todo, con excepción de libros ya publicados. Pero si un texto se edita después de haber sido depositado en nuestra biblioteca, puede permanecer en depósito.
El proyecto de montar esta biblioteca persiguió a Todd Lockwood durante quince años, mientras leía sin cesar la novela de Brautigan. Inicialmente, intentó reunir un comité literario. Pero el agente de Kurt Vonnegut se rio en sus narices y Garry Trudeau, el creador de la tira cómica Doonesbury, le envió una carta negándose en redondo. La carta está enmarcada en la biblioteca: «¿Por qué va a malgastar alguien horas rebuscando entre libros rechazados con la esperanza de descubrir algo que valga la pena leer?».
Naturalmente, hay maravillas, o perlas, en los estantes de la biblioteca, hasta el punto de que una gran editorial se está planteando en serio publicar una «selección de textos de la biblioteca Brautigan».

Jean-Yves Jouannais. Artistas sin obra. «I would prefer not to». Traducció de Carlos Ollo Razquin. Acantilado, 2014. P. 113- 117.




2 comentaris:

  1. Gràcies per obrir l'opció "anònim"....et prometo que en faré bon ús, Matilde.
    I per no deixar el comentari en blanc : només dos llibres m'he llegit de Bautrigan, i no me'n recordó gens...o, pitjor, només recordo que vaig decidir que no me n'havia de recordar, dels fluixos que els vaig trobar....van ser dels primers que em vaig treure de sobre quan em vaig canviar ....tot i així, deu ser curiós aquest de la biblioteca de llibres inventats
    Miquel Vilardell

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    1. No se m'acut pitjor sentència per a un llibre que aquest teu 'm'estimaria més no haver-lo llegit', Miquel.

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