dissabte, 19 de setembre de 2015

els llibres dels altres



Italo Calvino
15 d’octubre 1923 - 19 de setembre 1985


Hay una faceta de la actividad literaria de Italo Calvino que mucha gente desconoce y que no por ser más discreta, y sobre todo mucho menos glamorosa que la de escritor, fue menos duradera, intensa y prolífica: la de editor. Durante casi cuarenta años, Calvino colaboró muy estrechamente, de una u otra forma, con el editor italiano Giulio Einaudi, cuya prestigiosísima editorial desempeñó un papel fundamental en la cultura escrita de su país.
Esta correspondencia se debe, pues, al Calvino editor, al lector incansable de centenares, tal vez miles, de manuscritos de autores desconocidos y consagrados, a quienes dio a conocer o consolidó en su carrera, pero también a quienes despreció y rechazó -a veces con inusitada dureza-, a sabiendas, quién sabe, de que el único criterio coherente para un editor literario que desea crear una línea editorial es el de arriesgarse a seguir la corriente de simpatía, afinidad y entusiasmo que establece con ciertos libros y ciertos autores, aun a costa de equivocarse o de pecar de arbitrariedad.
Aquí se reúnen cerca de trescientas de sus casi cinco mil cartas dirigidas no sólo a estos autores (algunos desconocidos en la época, convertidos en grandes escritores con los años), a quienes transmite sin tapujos su valoración de la obra, sino también a colaboradores, escritores "de la casa", críticos y amigos, a quienes expresa incesantemente opiniones sobre libros leídos y "descubiertos", lecturas aborrecidas, autores odiados y amados. Calvino aparece aquí, ya no como protagonista, sino detrás de los libros de los otros, como testigo privilegiado y excepcional de parte de la historia contemporánea del pensamiento y la literatura. [Text de la solapa].

*  *  *

A Renato Frosi, Soresina
21 de diciembre de 1955
Querido Frosi,
he leído sus cuentos. Tiene usted buenas cartas para ser escritor: ante todo la voluntad de escribir, la experiencia de un mundo concreto, el mundo del trabajo y de los problemas reales, y el hecho de ser de una provincia lingüísticamente muy interesante y todavía inédita. Por lo tanto, trabaje y lea mucho, y podrá hacer cosas buenas.
Deje de lado esos cuentos y no vuelva a mirarlos. No son sino una prueba de su total inexperiencia literaria de este momento. Lo único bueno es que se inspiran en ambientes y lugares que usted conoce: eso es importante y fundamental. Pero tenga bien presente que la forma en que usted escribe es totalmente falsa, que debe cambiar radicalmente su manera de escribir. Todos sus adjetivos son lo más convencional e inútil que se pueda imaginar: los adjetivos hay que usarlos lo menos posible y sólo cuando son indispensables. Usted emplea imágenes de un gusto tan recargado y anticuado que es como si quisiera parodiar a un escritor adocenado. Me he permitido borronear su manuscrito en muchos pasajes. Está claro que usted no tiene idea de cómo se escribe hoy: tiene que leer mucho a autores modernos hasta entender el vínculo entre lenguaje hablado y estilo literario: lea a los buenos escritores que nos han dado una lengua viva y no de papier maché, empezando por Verga hasta los contemporáneos, Pavese, Vittorini (sin copiar naturalmente sus estereotipos y sus defectos), Bilenchi, Moravia, Pratolini. Aprenderá así a aprovechar su sustrato dialectal que puede ser un riquísimo terreno en el que hunde sus raíces un estilo.
La lectura de la literatura moderna le revelará también cómo el cuento anecdótico, los croquis que usted practica son los de la época de Maupassant pero no de hoy, y su experiencia le resultará en seguida una mina inagotable de cosas que contar, con gran libertad. Posee usted ya dotes de observador muy preciosas.
Por lo tanto, querido Frosi, le devuelvo su manuscrito y lo espero dentro de algunos años, años de lectura, de reflexión, de buen trabajo.
Le saludo con viva cordialidad.

Italo Calvino. Los libros de los otros: correspondencia (1947-1981). Traducció d'Aurora Bernárdez. Tusquets, 1994. P. 96-97.


Siruela. Biblioteca Calvino.


2 comentaris:

  1. Quatre anys més tard, el 20 de febrer de 1959:

    "Querido Calvino, ¡buenos días! Aquí estoy de nuevo. Tengo un manuscrito titulado Il sudore. Es, o debería ser, la historia de un día ajetreado, obviamente compuesta de fragmentos pero que, en mi opinión, da una idea de plenitud orgánica. Lo considero un librito sumamente valiente, que no debería carecer de autenticidad porque refleja fielmente el mundo en el que vivo desde hace años. No sé si, tal como está escrito le gustará. El concepto "literario" de la narración ha sido casi totalmente sacrificado en favor de otros presupuestos que son más inherentes a la naturaleza del tema tratado. Además, por boca de un personaje, enuncio una especie de teoría científico-filosófica a la que he dedicado muchos años de estudio y que espero ejemplificar apenas las circunstancias me lo permitan. Bien. Basta, no me corresponde a mí hacer de crítico. He querido simplemente darle una idea de lo que se trata. ¿Quiere que le mande el manuscrito? ¿Desea ayudarme una vez más? Se lo agradecería..."

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    Respostes
    1. La resposta de Calvino (set dies més tard):

      "Querido Frosi,
      El relato de un día ajetreado me atrae, la enunciación de una teoría científico-filosófica me espanta. Veamos el manuscrito. Pero si lo piensa bien y corta desde ahora la teoría científico-filosófica, tal vez sea mejor.
      Con los más cordiales saludos.

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