dilluns, 19 de juny de 2017

el millor violinista del món


Cuando anteayer Julio volvió a repetir que era el mejor escritor del mundo, pensé en un relato inacabado de Dostoievski, leído en una vieja antología de cuentos que perdí hace años. En ese cuento un joven violinista ruso  de provincias se considera el mejor músico del mundo y viaja a Moscú porque su ciudad natal se le ha quedado pequeña. En la capital encuentra trabajo en una orquesta, pero es despedido pronto. Encuentra trabajo en otra, pero también de ahí le expulsan. Excesivo engreimiento, simple ineptitud musical. No se sabe por qué causa u otra, quizas por varias al mismo tiempo, termina siempre fuera del mundo laboral. Nadie reconoce su talento, salvo una pobre sirvienta enferma que, enamorada de él, no quiere contradecirle cuando él le recuerda que es el mejor violinista del mundo. La muchacha, que, a escondidas de sus amos, le alberga en su buhardilla, le pasa dinero, el poco del que ella dispone, para que él pueda seguir en su lucha por ser reconocido. Cuando la pobre sirvienta ya no puede sufragarle la errancia (y la jactancia), vemos al «mejor violinista del mundo» pasear perdido por las calles del duro Moscú invernal, le vemos detenerse frente a los carteles que ofrecen al paseante la programación musical de la ciudad: carteles en los que nunca figura el nombre del mejor violinista del mundo, del violinista insuperable que nadie sabe ver. Se comete una injusticia con él, sigue pensando el músico. Y aquí se interrumpe el cuento o, mejor dicho, ahí lo interrumpe Dostoievski. Quizás era innecesaria la continuación, porque ya estaba todo narrado.

Enrique Vila-Matas. Mac y su contratiempo. Seix Barral, 2017. P. 235-236.

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