divendres, 8 de març de 2019

omplir-se la boca de lectura


Cuando escuchamos discursear a los políticos y a no pocos funcionarios de diversos niveles y responsabilidad en los ámbitos de la educación y la cultura, podemos advertir que sus discursos están plagados de los previsibles y ennoblecidos lugares comunes (gastadísimos, grandilocuentes y vanos) que sus asesores pescan aquí y allá, en las antologías de las frases célebres y los pensamientos nobles sobre la cultura escrita. Al oírlos hablar, tenemos derecho a sospechar que no saben de lo que están hablando; por una sencillísima razón: no leen libros en gran medida porque no saben leer, tampoco, los problemas mismos de la realidad.
Muchos ni siquiera tendrían derecho a hablar del libro y la lectura en nombre de nadie, si ellos mismos no son lectores. No deberían hablar de lo que no saben, de lo que no hacen, del vicio impune que no gozan. Que opinen los que leen. Si nuestros deseos fuesen más inteligentes, racionales y sensatos, nuestras ilusiones serían menos y también menos obstinadas y menos frustrantes.

Juan Domingo Argüelles. Si quieres...lee. Contra la obligación de leer y otras utopías lectoras. Fórcola, 2009. P. 12.

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