divendres, 4 de febrer de 2022

tenir o no tenir


Hace poco, un agente literario a quien conozco bien gestionó el contrato de un libro por cuenta de un novelista comercial de mucho éxito. El libro en cuestión aún no estaba escrito. Nada. Ni una página. Pero, basándose en la reputación del autor y la habilidad del agente, el libro nonato fue vendido por la satisfactoria suma de un millón de dólares. A la semana siguiente, el mismo agente vendió el mismo libro por exactamente la misma cantidad a una compañía cinematográfica.

Algún tiempo después, en una cena me sentaron al lado del individuo que había comprado los derechos para el cine del libro de marras. Le sonreí educadamente. Y él me devolvió la sonrisa. Fui derecha al grano.

—¿Es cierto que ha comprado usted el próximo libro de un Novelista Comercial de Mucho Éxito por un millón de dólares? —pregunté.

—Sí —respondió—. ¿Por qué no escribe usted una película para nosotros?

Le expliqué que mi programa de actividades no podía, en aquel momento, asumir semejante encargo, estando como estaba metida hasta las orejas en curas de sueño, rumores infundados y amistades superficiales. Hubo una pausa de silencio. Bebimos. Se me ocurrió una idea.

—Usted acaba de comprar un libro no escrito de un Novelista Comercial de Mucho Éxito, ¿verdad?

Su respuesta fue afirmativa.

—Bien, le diré una cosa —proseguí—. Mi próximo libro tampoco está escrito. Y mi libro no escrito es exactamente lo mismo que el libro no escrito de un Novelista Comercial de Mucho Éxito. Como tengo una agente, no puedo hablar de negocios, pero estoy dispuesta a venderle mi libro no escrito exactamente al mismo precio que usted ha pagado por el libro no escrito de un Novelista Comercial de Mucho Éxito. 

Mi compañero de cena se inclinó con amabilidad y me ofreció una suma de seis cifras por mi libro no escrito.

 —Hable con mi agente —repliqué, y me volví hacia el comensal de mi derecha.

A la mañana siguiente me despertó una llamada de la agente para informarme de que acababa de recibir, y rechazar, la oferta de una suma de seis cifras por los derechos cinematográficos de mi libro no escrito.

—Creo que podemos sacar más —añadió—. Llamaré luego.

Estuve pensando un rato y la llamé yo.

—Mira, el año pasado gané cuatro mil dólares con las cosas que escribí —dije—. Este año me han ofrecido dos sumas de seis cifras por cosas que no he escrito. Está claro que he planteado mi carrera de forma equivocada. Resulta que no escribir no solo es divertido, sino enormemente rentable. Llama a ese tipo del cine y dile que tengo varios libros no escritos. Tal vez veinte.

Encendí otro cigarrillo y, después de toser un rato, acepté la realidad.

—Bueno, pongamos diez. En cualquier caso. Juguemos fuerte.

Charlamos un rato y colgué no de muy buen grado, consciente de la importancia que hablar por teléfono tenía en mi nueva y lucrativa carrera de no escribir. Hice rápidos progresos, sin embargo, y me complace comunicar que, gracias a mi fuerza de voluntad y absoluta aplicación, no escribí una palabra en el resto del día...


Fran Lebowitz. «Tener y no tener». A: Un día cualquiera en Nueva York. Traducció d' Alberto Cardín i José Luis Guarner. Tusquets, 2021. P. 183.


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