skip to main |
skip to sidebar
Durante mucho tiempo me resultaba estresante no terminar un libro, aunque no me gustara. Era incapaz de abandonarlos. Podía dejar el señalador —colecciono señaladores sin mucho entusiasmo, pero lo hago— durante meses en la mitad, y ese pedacito de cartón era un reclamo de atención. Incluso era incapaz de leer en diagonal, o de leer dos libros al mismo tiempo. El tiempo cambió estas taras por completo. Ahora dejo un libro en seguida si me aburre o no me gusta, salvo que deba leerlo por un compromiso con el autor. También puedo leer varios al mismo tiempo, de hecho, estoy en lectura constante de hasta cuatro libros, pero, curiosamente, no del mismo género: puedo leer cuentos, novela, no ficción y poesía, pero no dos novelas, por ejemplo. Tampoco puedo leer un libro de cuentos fantásticos y una novela fantástica. Ahí reina la confusión. Si mantengo la diversidad, la lectura múltiple es mi regla.
Mariana Enríquez. «Los mástiles». A: Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas. Ampersand, 2025. P. 45.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada