diumenge, 12 d’abril del 2026

portes tancades


Muchas veces, sobre todo siendo escritora, siento que es obligación ante mí y ante los pares haber leído algunos libros. Los elogios se olvidan fácil, pero la maledicencia nunca. Trato de no leer posteos o comentarios sobre mí, pero hay uno que no se me olvidará, no recuerdo de quién por suerte. Decía algo así como que no importa cuántos premios, no importa cuántas ventas y lectores, la literatura es tan noble y tan grande que alguien como Mariana Enriquez no la tocará jamás.

Yo me lo creo con bastante frecuencia.

Uno de mis grandes fracasos es En busca del tiempo perdido. Durante muchos años la edición absoluta era de Alianza Editorial, traducción de Pedro Salinas. Otros decían la de Estela Canto. Intenté ambas y nunca pude terminar Por el camino de Swann. Me destruye de desinterés. Es un lugar común morir en las puertas de Proust, pero es muy extraño no poder leer un libro que es de tan fácil entrada, tan amable en su lenguaje. Tengo un e-book, como resguardo, todos los tomos en francés, por si alguna vez llego a tener el nivel necesario para leerlo, algo que no sucederá —al menos no de forma realista— en esta vida.

No se trata solo de libros famosamente largos o considerados retos. Tampoco pude terminar El entenado de Juan José Saer. Pierdo la atención enseguida. Uno de mis amigos más queridos, Salvador Biedma, ultra saeriano, tenía una librería que se llamaba Colastiné. Por él y en secreto, lo intenté una vez más. Es lo mismo que con Proust: no me importa lo que le pasa al protagonista y tampoco me interesa la prosa. De las dos Marguerite, Duras y Yourcenar, me encanta la escritura pero creo que nunca terminé ninguno de sus libros, los abandono como una deja por la mitad un vaso cuando no hay suficiente sed. No volveré jamás a intentar con Jane Austen. Los ritos de maridaje de las mujeres de su época no me importan, y todos los libros me parecen iguales. Entre las puertas más cerradas está el muro Thomas Pynchon quien, según los que me conocen, debería estar entre mis favoritos. No sé ni de qué se tratan sus libros, las traducciones al español me parecen malas; lo intenté en inglés y me pregunté por qué estaba haciendo tanto esfuerzo mientras recibía tan poco a cambio.

Insisto, no son escritores que no me gustan. Son escritores que no puedo, o que no sé, leer.


Mariana Enríquez. «Las velas». A: Archipiélago. Una formación lectora en veintinueve islas. Ampersand, 2025. P. 104.


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