dissabte, 27 de juny del 2026

àlbum




Leonardo Sciascia
Racalmuto, 1921 - Palermo, 1989

Fotografia: Ferdinando Scianna


Un hombre camina y mira al objetivo. Su movimiento está encuadrado por la inmovilidad de dos niñas y por un relicario en un altar. Sciascia, con las manos en los bolsillos, pasa sin pararse, pero el disparo de un obturador cristaliza aquel caminar. Tras la cámara fotográfica está un amigo y, al mismo tiempo, un maestro. El fotógrafo y el escritor se habían conocido cuando Scianna era todavía un muchacho. En 1963 había expuesto en Bagheria una parte de sus fotografías de festividades religiosas. Sciascia había visitado la exposición y le había dejado una nota de felicitación. El escritor ya había publicado el que iba a ser su libro más famoso, El día de la lechuza, una novela policíaca en la que, por primera vez, se representa el momento en que la mafia pasa del campo a la ciudad. Poco tiempo después, Scianna lo va a visitar a Racalmuto, en su casa de campo. Aquel año Sciascia estaba trabajando en Muerte del inquisidor. «Fue como un rayo —cuenta Scianna—. Había encontrado la persona clave en mi vida. [...] Yo era impetuoso, como se puede ser a los veinte años. Sciascia era divertido, como les ocurre a menudo a los que devoran la vida, era alguien que la metabolizaba en términos éticos e intelectuales, y sus burlas, que podían ser terribles, las reservaba todas para la escritura». De aquel encuentro nació una colaboración artística y una amistad que duraría toda la vida.

Como muchos intelectuales de su tierra, Sciascia se sentía, al mismo tiempo, siciliano y extranjero. Era un ilustrado que poseía, sin embargo, una profunda percepción del misterio de la realidad. En A cada cual, lo suyo, otra historia de una mafia que ya es hoy «urbana y totalmente politizada», llega una carta anónima a un ignorante boticario del pueblo. En ella, se le amenaza de muerte. A partir de ahí, lentamente, toda la realidad se empieza a tambalear. Sciascia enrolla y desenrolla poco a poco la madeja; nada escapa a ese enredo. Con frecuencia, en sus investigaciones parte de un dato real, de un documento, de una gacetilla, como él las llamaba, historias verídicas que revelan un misterio, y de ahí, su escritura sobria es capaz de crear universos éticos y estéticos. En La Sicilia como metáfora escribe:  «Quisiera que se hablara de mí como individuo, un individuo que, por accidente, ha escrito libros: "ha contradicho y se ha contradicho", que es como decir que he vivido en medio de muchas "almas muertas", de muchos que ni contradecían ni se contradecían.

Alessia Tagliaventi


Escritores. Grandes autores vistos por grandes fotógrafos. Groffredo Fofi (editor). Blume, 2014. P. 418.

 

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada