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divendres, 25 de setembre del 2020

esporga o tala indiscriminada?

 

ISMAEL ARANA 
Controvertida purga de los fondos de la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda
La Vanguardia | Internacional
21|09|2020

Si como dice el refrán “un buen libro es un tesoro”, los sótanos de la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda son lo más parecido a la cámara acorazada de un banco. En sus entrañas, repartidos por 25 kilómetros de estantes, descansan desde hace décadas cientos de miles de volúmenes, incluidas varias primeras ediciones y otros textos valiosos. Sin embargo, sus autoridades dicen que la falta de espacio y de fondos les obliga a deshacerse de parte de los títulos foráneos para hacer hueco a nuevas obras locales. Una decisión que defienden como una gestión racional de los recursos, pero que muchos otros critican como un acto de vandalismo cultural y chovinismo literario.
En total, la institución, con sede en Wellington, planea quitarse de encima unos 625.000 libros de su “colección extranjera”. Estos títulos, que cubren una amplia variedad de temas, se están ofreciendo a otras bibliotecas locales, de prisiones y grupos comunitarios, y dejarán espacio a los entre 80.000 y 90.000 libros de neozelandeses que adquieren cada año. Si no lo hicieran, dicen, se quedarían sin espacio para el año 2030.
Su reparto ya comenzó a finales del año pasado y se espera que concluya en el 2021. “Ninguna otra biblioteca fuera de Nueva Zelanda va a recopilar todas las historias de nuestro país. Ese es nuestro trabajo en la Biblioteca Nacional, vamos a crear más espacio para coleccionar las obras de Nueva Zelanda, los maoríes y el Pacífico”, defendió en un vídeo el bibliotecario jefe, Bill Macnaught.
Los funcionarios explicaron que la mayoría de las obras desechadas tienen más de 20 años, no se han consultado en mucho tiempo y que su mantenimiento genera un coste muy elevado sufragado por el bolsillo del contribuyente. Además, aseguran que se está revisando uno a uno cada título, que la gran mayoría de los desahuciados son accesibles desde otras fuentes –universidades, préstamo interbibliotecario, etcétera– y que el suyo es un proceso transparente al que cualquier investigador está invitado a participar. “Somos bibliotecarios y amamos los libros. Aún con todo, sabemos que hacemos lo correcto”, explicó Rachel Esson, directora de contenidos de la institución.
Aunque el descarte de viejos libros es una práctica común en muchas bibliotecas, la escala del que está teniendo lugar en Nueva Zelanda y sus razonamientos no convencen a todos. Desde que comenzó el proceso, académicos, historiadores, investigadores o amantes de la lectura critican una criba que consideran un “crimen literario” de graves consecuencias. “Están tratando de hacer ver que (los desechados) son todos viejos manuales de ordenadores o libros sobre cómo tejer con pelo de perro, pero es falso”, apuntó el académico Michael Pringle a la prensa local. “Esta destrucción masiva y peligrosa debe parar. Estamos de acuerdo en que quizás se pueda sacar el 20% de la colección, pero debe ser un proceso más lento y deliberado en el que participen expertos en la materia”, añadió.
De hecho, ya hay varios tesoros que han podido ser salvados. Mientras consultaba las listas de descartes, el escritor Chris Bourke encontró una copia de la primera edición de En el camino de Jack Kerouac, con un valor estimado de entre 600 y 1.000 euros. Mientras, tras la alerta elevada por la historiadora Dolores Janiewski, toda la colección de libros sobre el holocausto ha sido reclamada por el Centro del Holocausto de Nueva Zelanda. “Me preocupa mucho dónde acabarán todos esos libros de la biblioteca. No está claro a quién están dejando que se los lleve ni tampoco si volverán a ser accesibles”, apostilló la también profesora en la Universidad Victoria.
Además, mientras que nadie discute la necesidad de recopilar los libros específicos sobre Nueva Zelanda, muchos critican que no se puede contar la historia local sin contar con contexto internacional o ignorando que muchas de las obras sobre el país o de autores neozelandeses se han escrito o publicado en el extranjero. “La Biblioteca Nacional debería ser el Fort Knox de nuestro tesoro intelectual (...) Somos una isla, pero actuar así a nivel de investigación es muy dañino, y evidencia una nacionalismo insano. Lamentaremos esto durante generaciones”, sentenció el escritor Bourke.

 

dimecres, 3 d’octubre del 2018

atrapeu el lladre!


SERGIO GALARZA
¡Atrapen al ladrón! (de libros)
El País Semanal
20|9|2018

El exdirector de la Biblioteca Nacional de Perú combatió durante años el expolio de volúmenes. En vano.
El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, repiten a su vez algunos profesores de Historia a sus alumnos. Y si la memoria de un país está en sus libros, y esos libros que sirven para reconstruir el pasado están custodiados en una biblioteca que es expoliada de forma sistemática, entonces ¿cómo podrá escapar ese pueblo del bucle de sus errores cuando ya no queden libros para consultar? Es una idea apocalíptica que encuentra sustento en la realidad peruana. Pérdidas de incunables, mutilaciones de documentos históricos, tráfico de libros en general, y la visualización en vídeo de cómo un vigilante de la bóveda principal se llevaba un tomo que acababan de inventariar, entre otros, son los hechos brutales que el antropólogo Ramón Mujica, ex director de la BNP, tuvo que padecer. La campaña Se buscan libros perdidos, que inició el 2011, ofrecía como recompensa treinta millones de peruanos agradecidos. Se logró recuperar ciento cincuenta libros, más o menos un cinco por ciento de los libros no ubicados hacia el final de la gestión de Mujica.
En La biblioteca fantasma, reportaje de David Hidalgo sobre la cruzada de Mujica, hay una taxonomía de los presuntos criminales. Los más peligrosos son los bibliofrénicos, “porque estaban movidos por un fuego interior incontrolable: el feroz resentimiento por años de malos sueldos y expectativas frustradas”. Con el enemigo en casa, era poco lo que se podía hacer. La desidia de los trabajadores y la maraña burocrática para que una denuncia prospere resultaron obstáculos insalvables. En el colmo de la falta de seguridad y de la ineptitud el agente encargado de las cámaras que custodiaban la bóveda principal no tenía los códigos del sistema de vigilancia para ver lo que grababan esas cámaras. Además los trabajadores estaban advertidos desde la gestión anterior mediante unos memorándums que exigían a todos guardar el secreto profesional sobre los libros perdidos. El que rompiera esa disciplina se podía enfrentar a una multa y dos años de prisión. Pero el caso peruano no es el único. Parece común que los bibliotecarios cedan a la tentación. Miguel Albero, autor de Roba este libro, menciona el caso del jefe del Departamento Oriental de la Biblioteca Real de Dinamarca, que robó más de tres mil libros valorados en unos cincuentas millones de euros. Según Tom Cremers, fundador del Museum Security Network, en Europa los culpables del setenta por ciento de los robos cometidos en las bibliotecas son trabajadores.
Mientras, Mujica ha vuelto a sus tareas como investigador de símbolos religiosos, los trabajadores que nunca apoyaron su cruzada y encima pusieron trabas siguen en la BNP, y la nueva dirección ha retirado a sus abogados de la Procuraduría del Ministerio de Cultura, lo que significa la indefensión en unos 300 casos de diversa índole.

divendres, 27 de gener del 2017

richelieu 2020



El número 58 del carrer Richelieu de París, en ple centre de la capital francesa, amaga un tresor que s’escapa dels turistes que deambulen entre els carrers que la guia els fa seguir i que marquen amb negreta el Palais-Royal, La Comédie-Française, l’Opéra i el carrer Saint-Honoré. La seu Richelieu, a partir d’ara rebatejada com a “Richelieu, biblioteques, museu, galeries”, és el bressol històric de la Biblioteca Nacional de França (BnF), que preserva i conserva amb l’altra principal seu, la de François Mitterrand al sud-est de París, més de 40 milions de documents.
El president François Hollande va inaugurar dimecres els espais renovats -30.000 m2, ja oberts als lectors des del 15 de desembre- del quadrilàter de 58.000 m2 que avui ocupa Richelieu i que firma l’Atelier Bruno Gaudin Architectes. No serà, però, fins al 2020 que es posarà punt final a la renovació total, que té un pressupost de 232 milions d’euros finançats majoritàriament entre els ministeris de Cultura i Educació (a Catalunya tot el pressupost de Cultura previst per al 2017 és de 249 milions d’euros). “És una inauguració molt esperada”, assegura a l’ARA Anne Lamalle, directora de la difusió científica i de la comunicació de l’Institut Nacional d’Història de l’Art, l’INHA. Precisament, aquest establiment públic creat el 2001 per federar i promoure la recerca de la història d’art és un dels beneficiats d’aquesta primera fase de renovació. La seva biblioteca, amb més d’1,7 milions de documents, ocupa ara la majestuosa sala Labrouste, que agafa el nom de l’arquitecte que, just després d’haver realitzat el 1851 una altra biblioteca -la de Sainte-Geneviève, al costat del Panteó-, va iniciar la reconstrucció d’aquesta sala, el vestíbul que la introdueix i el magatzem que la tanca. I tot, sota el Segon Imperi de Napoleó III.
150.000 llibres d’accés lliure
El primer element que no passa desapercebut de Richelieu 2016 -és així com s’anomena la primera fase de renovació- és l’enorme salomó de vidre amb aires modernistes que penja del trebol del vestíbul i que de ben segur més d’un es deu preguntar el perquè d’aquesta elecció. Un cop a la sala Labrouste, monument històric des del 1983, imposen les setze columnes que sostenen nou cúpules imperials, cadascuna amb el seu corresponent òcul que proporciona part de la il·luminació de la sala. Als laterals, sis quadres de paisatges firmats per Alexandre Desgoffe el 1864 acompanyen els prestatges ja reomplerts d’una part dels 150.000 llibres d’accés lliure que tenen els estudiants i els investigadors acreditats, sota els ulls de 35 homes de lletres i una dona, Madame de Sévigné, que ornamenten el perímetre de la sala en forma de medallons.
“La renovació ha consistit a trobar el mateix esperit que el de Labrouste”, seguint la pauta d’una sala de lectura separada del magatzem. “Era un projecte molt innovador a l’època”, explica la directora de la biblioteca, Anne-Élisabeth Buxtorf. Amb tot, “hi ha hagut més treball de neteja que de restauració”, assegura Buxtorf, ja que “no s’havia netejat des de Labrouste”. Un altre punt molt important de Richelieu 2016 és l’accés precisament al magatzem. “És la primera vegada en la seva història que s’obre al públic”, diu Buxtorf d’aquest emmagatzematge de llibres que “a alguns els recorda l’univers penitenciari”.
Des de la quarta planta del magatzem, una vidriera mostra a vista d’ocell la sala Labrouste. La seva bellesa és tan evident que des de l’INHA asseguren les ganes d’alguns per tornar a les aules i, de retruc, a la biblioteca. Però a la que amaga el número 58 del carrer Richelieu.

Alícia Sans. Reneix la seu històrica de la Biblioteca Nacional de França. Ara. 14|1|2017.