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dimarts, 20 d’abril del 2021

la biblioteca americana de parís

 


MARÍA D. VALDERRAMA
La biblioteca de París que plantó cara a los nazis
SWI. swissinfo.ch
17|4|2021
Creada durante la Gran Guerra para enviar libros a los soldados, la Biblioteca Americana de París fue durante la Segunda Guerra Mundial un pequeño foco de resistencia ante los nazis, como revela la estadounidense Janet Skeslien Charles en su última novela.
"La Biblioteca de París", publicada esta semana en español por Salamandra, recupera la hazaña de una decena de libreros que pusieron su vida en riesgo para hacer lo que creían correcto, una enseñanza de la que Skeslien Charles, estadounidense asentada en Francia desde hace veinte años, cree que podemos aprender hoy.
"No sé si podemos decir que integraron la Resistencia pero sí que resistieron. A su nivel hicieron lo que pudieron. Eran tiempos muy difíciles y muy siniestros", dice la escritora en una entrevista con EFE.
Esta profesora de escritura trabajó entre 2010 y 2012 como gestora de programación de la Biblioteca Americana, situada hoy en un edificio moderno cercano a la Torre Eiffel, y descubrió la desconocida historia de los antiguos trabajadores.
HÉROES ANÓNIMOS
Entre ellos la directora Dorothy Reeder, que se negó a abandonar Francia cuando las autoridades le recomendaron hacerlo, o el librero de origen ruso Boris Netchaeff, que recibió un disparo durante una inspección de la Gestapo y vivió hasta los ochenta años con solo un pulmón (lo que no le impidió seguir fumando hasta la vejez).
El equipo de la biblioteca, creada en 1920 a partir de los fondos donados durante la Primera Guerra Mundial para enviar libros a los soldados que estaban en el frente, consideró que tenían que volver a defender los valores que habían supuesto la creación de la institución veinte años antes.
Así, pese a que en 1939 los nazis habían destrozado la biblioteca polaca, la rusa o la ucraniana (donde secuestraron y mataron al director), la americana trató de continuar por todos los medios.
El único requisito que le impusieron para seguir abierta fue no recibir a los miembros judíos, pero para no dejarlos atrás siguieron llevándoles libros a escondidas.
"Gemma Rovira, la traductora de mi libro, me contó que durante el confinamiento en España la gente llamaba a sus libreros y quedaban en la sección de verduras del supermercado para recuperar sus libros. Eso muestra la sed de libros y la necesidad de comunicación en tiempos difíciles", dice la autora.

Una historia que hoy conecta con la actualidad de muchos países, como Francia, donde los ciudadanos reclamaron en los dos primeros confinamientos que las librerías y bibliotecas fueran consideradas comercios esenciales para impedir su cierre. Después de muchos meses lo lograron.
LEER MÁS Y COMPRENDER MEJOR
La novela, incluida en la lista de más vendidos de The New York Times tras su publicación en inglés en febrero, sigue la historia del París ocupado a través del personaje principal, Odile, trabajadora de la biblioteca, y Lily, una joven estadounidense con quien Odile crea amistad cuarenta años después.
Pese a la diferencia de edad que las separa ambas consiguen comprenderse cuando aprenden a escucharse sin tratar de juzgar.
"Creo que nuestro problema hoy es que no escuchamos, estamos demasiado ocupados hablando. Espero que con el libro la gente se dé cuenta que es importante no juzgar. Las personas toman decisiones distintas por razones que a veces no podemos comprender", opina.
La Biblioteca Americana guarda en sus archivos fotografías de Dorothy, Olivia, Boris y otros muchos que aparecen tomando café o discutiendo sobre libros, pero también soldados heridos y amputados junto a las estanterías en las que en los años que siguieron a la guerra pudieron encontrar refugio.
La institución logró entonces salir adelante gracias al patrocinio de millonarios anglófonos, miembros de la aristocracia y escritores comprometidos como la escritora Edith Wharton ("La edad de la inocencia", "La solterona"), que no es el único nombre conocido que aparece en esta historia.
Ernest Hemingway era un abonado asiduo así como Henry Miller, de quien las fichas de préstamos muestran que tenía una pequeña afición por robar libros.
Hoy, la biblioteca, que acaba de ser renovada, sigue acogiendo a estudiantes y lectores de todo el mundo y celebra cada semana encuentros gratuitos con escritores. Una forma de mantener la luz del faro encendida, incluso en los tiempos más oscuros. EFE

dissabte, 7 de desembre del 2019

lectures per al soldat



RUBÉN DARÍO NÚÑEZ
Las normas de las bibliotecas en la Guerra Civil: no dar libros deprimentes al herido y tampoco inmorales o antirreligiosos
Heraldo de Aragón
25|10|2019

El Archivo Histórico Provincial de Huesca saca a la luz una curiosa documentación procedente de la Biblioteca Pública sobre el programa 'Lecturas de soldado'.

No dar libros deprimentes al herido, ni obras de medicina que tuvieran relación con sus dolencias, o que fueran inmorales o antirreligiosas, o de política contraria al régimen. Además, cada libro devuelto debía “someterse a los rayos de sol y el aire durante el tiempo posible pues esto es el mejor sistema de desinfección”. Estas son las curiosas reglas que regían el programa 'Lecturas de soldado' que desarrollaron las Bibliotecas de Frentes y Hospitales durante la Guerra Civil española y que ha querido sacar a la luz  el Archivo Histórico Provincial de Huesca para conmemorar el Día Internacional de las Bibliotecas.
Según explican, en el bando franquista se estableció un sistema de préstamo de libros a soldados destinados en los frentes y a heridos de guerra ingresados en hospitales y que también se organizó en Huesca durante los dos años que duró el cerco. 
Procedente del fondo de la Biblioteca Pública, en el Archivo conserva la documentación de este programa y sus normas por las que se regía. También se pueden conocer los títulos que se leían, gracias al 'Registro general de obras de la Biblioteca circulante para hospitales'. Se sabe, además, que continuamente tenían que dar de baja libros por las constantes evacuaciones y por los ataques en el frente.
Dentro de este programa, se recolectaron libros mediante donaciones de ciudadanos con destino a “Nuestra gloriosa marina de guerra”, de los que también hay listados en el Archivo Provincial. Se conservan las relaciones con los lotes de libros que se enviaban por la provincia -al hospital de Binéfar, al del Casino de Huesca, al de Ayerbe- y a las posiciones del mismo frente de Huesca: a la “guarnición de la torre de la Catedral” o a la “posición del Manicomio".
Se guardan, asimismo, las facturas por la compra de librerías y de libros, incluso de la colocación de cristales en los muebles de los hospitales que los almacenaban. Y, por último, se puede conocer también a través de las papeletas de pedido de estas bibliotecas, qué soldados los leyeron, a qué se dedicaban antes de serlo, y, en el caso de los heridos, el número de cama en la que convalecieron.


dimecres, 7 d’octubre del 2015

una biblioteca a daraya, damasc


Abu Malek i uns seus col·legues, veïns tots de Daraya, un suburbi de Damasc que pateix un setge terrible des de fa tres anys, han recuperat onze mil volums que estaven colgats sota la runa de domicilis particulars, biblioteques i llibreries. Els han traslladat a un soterrani, els han agrupat per temes i fins i tot han anotat el nom (i/o l'adreça) de l'antic propietari, per tal de retornar a cadascú el que és seu, cas que els reclamin, un cop s'acabi la salvatjada. Mentrestant, actuen com a biblioteca pública.

· Humans of Syria exposes life beyond the headlines and battle lines. Nadeem Muaddi.  Aljazeera America. 12|6|2015.
· Syrie : ils créent une bibliothèque dans une cave pour sauver les livres de la guerre.  Clémence Jost. Archimag. 5|10|2015.



dimecres, 25 de febrer del 2015

maletes abandonades


MALETES ABANDONADES
(DE LA TESI D'EN PAU)
A començaments de 1939, entre Figueres i la frontera es va formar una cua ininterrompuda de gent i de vehicles, bombardejats sistemàticament per l'aviació italiana. A la Jonquera hi havia la duana, uns quilòmetres més enllà la frontera, i després els camps de concentració d'Argelers. Al final del camí, la corrua s'atapeïa i avançava a tres o quatre metres per minut.
Com molts dels que hi van ser, el periodista Domènec de Bellmunt es refereix als objectes que anaven quedant a banda i banda de la carretera. "Famílies senceres de pagesos de tot Catalunya havien arribat a Figueres amb la mula i el cavall transportant matalassos i objectes familiars, àdhuc els gossos, amics fidels de la casa, i anaven abandonant pel camí carros i animals, car els francesos no els deixaven passar. Les ribes de la carretera de la Jonquera i Agullana eren plenes de maletes abandonades". És hivern, fa fred i si no plou hi ha boira: regna la humitat. El cineasta Magí Murià escriu: "He passejat entremig d'un immens femer de maletes, robes, atuells de cuina, objectes de tota mena. Paquets de lletres escampades, lletres, ben segur, de familiars, d'essers volguts; retrats, alguns amb dedicatòria, retalls (...). Tot s'arrossega per allí, mullat, mig podrit, encastat en el llot". Segons l'escriptora Rosa Maria Arquimbau, "no es veia la fi d'aquella corrua i per terra hi havia tota mena d'objectes, maletes esventrades, plomes de gallina, deixalles de menjar, papers enllardats, paquets que no se sabia què contenien". L'historiador Antoni Rovira i Virgili també hi era: "A banda i banda de la carretera hi ha un doble rengle de cotxes i camions espatllats i sovint estimbats, maletes esbotzades, matalassos i coixins i coixineres, peces de vestir, barrets, sabates i espardenyes, tot destrossat i abandonat. És un espectacle de misèria, de brutícia, de catàstrofe. El paisatge, esquerp i d'estrets horitzons, contribueix a comunicar a l'ànima un sentiment de desolació".
Aquests testimonis coincideixen amb els de l'altre bàndol, com el del general Juan Vigón: "Desde Figueras al Pertús hay veintitantos kilómetros de coches destrozados, de ropas, de modestos equipajes despanzurrados, de armas, de cajas de municiones, de los utensilios más heterogéneos... [...] Los coches, los camiones abandonados, algunos de ellos incendiados, bidones de gasolina, herramientas, armamento, papeles, cadáveres, carros agrícolas y ganado abandonado, cubren de tal modo la carretera que materialmente es imposible llegar en coche a la frontera".
De totes aquelles pertinences abandonades en el camí a l'exili, a la Carretera Nacional II no en queda rastre, memòria ni record.

Vicenç Pagès Jordà. Dies de frontera. Proa, 2014. P. 298-299.


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Mercè Rodoreda, Antoni Rovira i Virgili, Pompeu Fabra, Joan Oliver, Xavier Benguerel o Francesc Trabal, entre altres intel·lectuals i escriptors, visqueren junts l’èxode que els havia de portar a l’exili. Amb un bibliobús que havia prestat els seus serveis al front de guerra com a testimoni, Miquel Joseph assumí la responsabilitat d’acompanyar-los fins a la llibertat. 
La història d’aquell camió de l’exèrcit reconvertit en biblioteca ambulant, creuant el país amb uns quants escriptors catalans i les seves famílies, és la història del símbol de la llibertat de Catalunya, vençuda, camí de l’exili i s’alça com un exemple de dignitat d’un país i fidelitat a una cultura i a un poble ensorrats.
D’aquella experiència, que per alguns dels seus protagonistes significà l’adéu definitiu a Catalunya, Miquel Joseph ( 1903-1983 ) n’escrigué un dietari que avui esdevé un relat èpic d’uns dies decisius de la nostra història.
Miquel Joseph i Mayol. El Bibliobús de la llibertat : la caiguda de Catalunya i l'èxode dels intel·lectuals catalans. Edició a cura de Quim Torra i Jaume Ciurana. Símbol, 2008.