dimarts, 22 de febrer de 2011

estimada fanny stevenson




[desembre de 1894]
Mi querida Fanny Stevenson:

¿Qué puedo decirle que no parezca cruelmente irrelevante o vano? Llevamos en la oscuridad casi una quincena, pero ¿qué es nuestra oscuridad comparada con la extinción de su magnífica luz? Ya sabrá probablemente lo que nos ha ocurrido, cómo la odiosa notícia nos llegó vía Auckland, etc. y luego cómo, en los periódicos, se suscitó la duda sobre su autenticidad, justo lo suficiente para darle a uno un destello de esperanza, hasta que el telegrama que usted me envió vía San Francisco -repetido también en otras fuentes- convirtió mis convicciones pesimistas en un conocimiento desdichado. Durante todo este tiempo, mis pensamientos han revoloteado alrededor de todos ustedes, en especial alrededor de usted, con una ternura que podría haber deseado que adivinara en la distancia. Es usted una imagen tan visible de la desolación que tengo que recordarme a mí mismo que el valor, la paciencia y la fortaleza se hallan también en abundancia en usted. La devoción que Louis inspiraba -y de la cual debe de estar lleno todo el aire en torno a usted- tiene que significar también mucho para usted. Sin embargo, cuando escribo la palabra me siento en realidad casi avergonzado de ella, como si algo pudiera ser "mucho" en presencia del vacío tan abismal. Haber vivido a la luz de esa espléndida vida, de ese ser hermoso y bondadoso, sólo para verlo de un momento a otro convertido en una fábula tan extraña y romántica como una de las suyas, un ser que ha sido y ha terminado, es una angustia en la cual nadie puede entrar completamente y cuya copa nadie puede apurar por usted. Es usted quien más cerca está del dolor porque fue quien estuvo más cerca de la alegría y del orgullo. Pero si significa algo para usted saber que ninguna mujer fue nunca más compadecida y que su dolor personal es el dolor profundamente personal de innumerables corazones, sépalo bien, mi querida Fanny Stevenson, pues durante todos estos días ha habido amistad para usted en el mismo aire. En cuanto a mí, cómo le diré cuánto más mísero y pobre parece el mundo entero, y cómo una de las razones más poderosas y cercanas para seguir adelante, para tratar de hacer algo, para planear el futuro y soñar con él, ha abandonado la vida en un instante. Yo tenía la obsesionante sensación de que nunca volvería a verlo, pero una de las mejores cosas de la vida era que estaba allí, o que uno lo tenía, o al menos tenía notícias suyas, y lo sentía y lo esperaba, y lo incluía en todo lo que más amaba y en aquello para lo que vivía. Iluminó de un lado entero de la Tierra y era por sí mismo una provincia entera de la imaginación. Sin él somos gentes más pequeñas y personas más mediocres. Tengo la sensación de que hay cierta indelicadeza en decírselo, salvo porque sé que no hay nada estrecho o egoísta en su sentimiento de pérdida; en cuanto a él, sin embargo, a pesar de su nombre afortunado y de su visible buena suerte, sorprende como otra cuestión. Quiero decir que tengo la sensación de que ha sido tan feliz en su muerte (abatido de esa manera, como los dioses, en una hora clara, gloriosa) como lo había sido en su fama. Y, con todas las circunstancias tristes de su rica y plena vida, tuvo lo mejor de ella, lo más intenso de la lucha, lo más sonoro de la música, lo más fresco y espléndido de sí mismo. No es como si no hubiese habido ningún logro pleno y ninguna cosa suprema. Fue todo intenso, todo gallardo, todo exquisito desde el principio, y la experiencia, la fruición, tuvieron algo de dramáticamente completo en estas cosas. Se ha ido a tiempo para no envejecer, lo suficientemente pronto para ser tan generosamente joven y lo suficientemente tarde para haber apurado la copa. Ha habido -me parece- entre los hombres de letras pocas muertes más románticamente adecuadas. Perdóneme, se lo ruego, lo que pudiera parecer sangre fría en estas palabras, o como si me imaginara que pudiera haber algo "adecuado" para usted ante la ruptura de tal afecto y la pérdida de tal presencia. En esa visión tengo sólo en mi mente su carrera redonda y su obra consagrada. Cuando pienso en su propia situación caigo en una simple confusión de piedad y maravilla, con el sentimiento único de que es usted un espíritu tan valeroso como era él (cuya valentía compartía usted toda). De las soluciones y decisiones que usted vea ante sí sabremos a su tiempo; entretanto crea por favor que soy afectísimo suyo...Más de lo que puedo decir, espero que su primera postración y perplejidad hayan pasado y que esté encontrando la manera de sentir toda suerte de brazos cariñosos, toda suerte de manos amistosas extendidas. No sea, mi querida Fanny Stevenson, inconsciente de los míos, y créame más que nunca fielmente suyo,

Henry James

Henry James, Robert Louis Stevenson: crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Hiperión, 2000.


3 comentaris:

  1. L'estil del James sembla tediós de vegades, però acaba per atrapar i començar a crear emocions... He recordat alguna cosa de "Els papers d'Aspern". I de passada he pensat que en James seria un bon objecte per a llegir al vostre club. I que consti abans de res que jo no en sabria, ni podria, ni voldria dir ni piu.

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  2. hehehe, ara has estat bé, Lluís.
    Veig que portes gravat a foc allò de "n'aquesta casa, qui bada boca, llepa".
    A mi m'agrada, James. No estaria pas malament fer "washington square" o "un altre pas de rosca". Però jo tampoc en sabria, ni podria, ni voldria dir ni piu.

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  3. Home (vull dir, dona) si parlem de Un altre pas de rosca la cosa canvia.
    Per cert: que vagi molt bé el festival d'avui! A vere quan veiem l'undemà.

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