dimecres, 30 de març de 2011

la depurasíl·labes

La Depurasílabas tiene una balanza de oro, la saca de su bolso y se instala al lado. Luego se extrae una palabra de la boca y la pone velozmente en la balanza. Ya sabía antes su peso, pero tiene una conciencia escrupulosa. No la utiliza sin pesarla previamente. Vela porque a cada sílaba se le haga justícia y procura no tragarse ninguna. Cuando todas están en su lugar, ni muy holgadas ni muy estrechas, claramente perfiladas y sin poses, hace un signo de aquiescencia y se autoriza a leer el peso total de la palabra. Éste apenas varía, pero la comprobación es decisiva. No utiliza palabras cuyo peso oscile demasiado.

La Depurasílabas habla con tanta propiedad que los demás la escuchan con la boca abierta. Quizás esperan engullir sus palabras y guardarlas para ocasiones oportunas. ¡Absurda esperanza! Las palabras no se avienen con cualquier boca, de algunas rebotan como balas. Suerte que no las puedan retener donde no se sientan a gusto. Las Depurasílabas son raras y pueden contarse con los dedos de una mano. Hace falta una vida de continuos sacrificios y un temperamento incorruptible. Hay que saber conservar sin mezcla las palabras y no abusar de ellas con fines personalistas. Poco importa lo que se diga, pero ha de decirse con pureza. Lo más seguro es contentarse con palabras puras que no digan nada.

A veces, la Depurasílabas coge un libro sólo para probarlo. Desglosa de su contexto anticuado las palabras que aún sean salvables y las mete en una vasija de oro. Allí las lava cuidadosamente con ácidos nobles y cuando todas las huellas de contaminación han desaparecido, las saca con unas pinzas enfriadas por hielo, las lleva a una fuente cuyas aguas han sido analizadas y las deja siete noches a la luz de la luna. Ha de ser una fuente poco frecuentada, para que ningún fanático de la naturaleza interrumpa la labor depuradora.

La Depurasílabas tiene una boca en la que las palabras no supuran. Nunca la usa para comer, dicen, por no poner en peligro a sus protegidas. Se alimenta de líquidos aromáticos que les sientan bien. Su vida es casta como la de una vestal. Pero esa vida de santidad le resulta llevadera: la acepta en honor del lenguaje, tal como debería ser, y mientras la balanza y la vasija sean de oro, ella permanece impávida y no se deja engañar por corruptores bárbaros.


Elias Canetti. “La depurasílabas” A: Testigo de oído: cincuenta caracteres. Obra completa Vol. 1. Anaya & Mario Muchnik, 1997. P. 709.


3 comentaris:

  1. Com que ahir ens vam trobar i ara em toca aixecar acta i sóc lenta i no sé ben bé com posar-m'hi i a la inspiració fa dies que no la veig, que vam tenir una bronca molt forta i des de llavors no ens tractem, doncs, res, dispenseu les molèsties, amables lectors, i aquí us deixo amb Canetti.

    ResponElimina
  2. Vas tenir una bronca amb la inspiració? Dona, potser que facis les paus, que així tindrem l'undemà (aviadet).
    Potser algú te'n pot deixar una mica de la seva, si la reconciliació és difícil ;)

    ResponElimina
  3. Saps què, Eulàlia, passa que I have a dream, com aquell que es deia Martin i no era luterà, que era baptista.
    Somio un l'undemà polifònic, un passet més enllà de l'experiment aquell que vam perpetrar en Mitchum i jo amb motiu de la trobada de la Suite francesa. Un "entre tots (els qui hi érem) ho farem tot", i no el solo aquest que em toca cantar.

    ResponElimina