dijous, 23 de juny de 2016

una revetlla, una (déjà lu)

A l'Espai de llibres, sigui on sigui.
La noche del 23 de Junio de 1956, el llamado Pijoaparte surgió de las sombras vestido con un traje de verano color canela; bajó caminando por la carretera del Carmelo hasta la plaza Sanllehy, saltó sobre la primera motocicleta que vio estacionada y que ofrecía ciertas garantías de impunidad (no para robarla, esta vez, sino simplemente para servirse de ella y abandonarla cuando ya no la necesitara) y se lanzó a toda velocidad por las calles hasta Montjuich. Su intención, esa noche, era ir al Pueblo Español, a cuya verbena acudían extranjeras pero a mitad de camino cambió repentinamente de idea y se dirigió hacia la barriada de San Gervasio. Con el motor en ralentí, respirando la fragante noche de junio cargada de vagas promesas, recorrió las calles desiertas, flanqueadas de verjas y jardines, hasta que decidió abandonar la motocicleta y fumar un cigarrillo recostado en el guardabarros de un formidable coche sport parado frente a una torre. En el metal rutilante se reflejó su rostro -melancólico y adusto, de mirada grave, de piel cetrina-, sobre un firmamento de luces deslizantes, mientras la suave música de un fox acariciaba su imaginación; frente a él, en un jardín particular adornado con farolillos, se celebraba una verbena.
Juan Marsé. Últimas tardes con Teresa. Seix Barral, 1983. P. 13.

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