dissabte, 15 de març de 2014

crítiques negatives

Gentilesa (involuntària) d'en Carles Miró.

The New York Times tiene una sección dominical en la que dos escritores responden a una misma pregunta, relativa siempre al mundo de los libros. Semanas atrás la pregunta fue una de las que más frecuentemente suelen oírse en las trastiendas de los suplementos culturales: ¿Son realmente necesarias las reseñas negativas?
En esta ocasión fueron las novelistas Francine Prose y Zoë Heller las llamadas a dar su opinión. Ambas parecen coincidir en que, si no necesarias, las reseñas negativas al menos sí son justificables.
[...] Se trata, por lo que se ve, de un viejo debate, agudizado en la actualidad por el dramatismo que emite el trasfondo de una industria en apuros como es la del libro. Abonadas, al parecer, a la crítica impresionista, ni Prose ni Heller plantean la cuestión desde la perspectiva de la crítica entendida como un servicio a los lectores-consumidores, necesitados de orientación frente a una oferta que los desborda ampliamente y confundido por las campañas promocionales y las veleidades del periodismo cultural. No se plantean tampoco, o apenas, la dimensión política que tiene siempre el discurso literario, por virtud de la cual los libros -todos los libros, lo pretendan o no- sirven para poner en juego ideas y valores, concepciones del mundo, del hombre y de la sociedad, y no sólo entretenimiento, palabras bonitas y emanaciones de la vida interior. 
Por lo demás, el debate sobre las reseñas positivas o negativas suele plantearse en un marco que presupone que las secciones y suplementos de libros tienen por objeto incentivar la lectura. De ahí se deriva casi automáticamente la idea -nunca explícita- de que están al servicio de la industria editorial y que deben contribuir a la difusión de sus productos. Pero aun desde este punto de vista, erróneamente servil (pues ignora que sólo una franja muy específica de lectores se sirve del reseñismo), las malas críticas, al dar testimonio de los contrastes, de los apasionamientos, de la visceralidad, incluso, que los libros son capaces de provocar, contribuyen mucho mejor que los ripios de la publicidad y de la crítica siempre amable a llamar la atención y atraer el interés de los ciudadanos. 

Ignacio Echevarría. «Críticas negativas». El Cultural.   | 07/03/2014 | 




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