diumenge, 22 de novembre de 2015

marcs de referència


Un amigo mío creció en la zona residencial de Albany. Siempre ha sido un ávido lector. Ya lo era de niño y, cuando leía, me dice, situaba las historias en los patios traseros y en las calles laterales de los bloques donde se había criado, puesto que no tenía otro marco de referencia. Yo hacía lo mismo. Para mí, el marco de la mayoría de los libros que leía era la ciudad de Cambridge, Massachusetts, donde nací. Así que el escenario de todas aquellas escenas épicas —de Jean-Christophe, de Ana Karenina o de Moby Dick— era la escuela pública local o el patio trasero de mi vecino...Parece extraño, incluso cómico, pensar en esas grandes sagas refundidas bajo una luz tan prosaica. Esas remotas aventuras metidas con calzador, a fuerza de voluntad, en unos escenarios tan anodinos y poco románticos...Y, sin embargo, mis lecturas de estos libros no resultaban empequeñecidas por un cambio de ambiente tan radical, por esta personalización de la experiencia lectora. Y mi amigo y yo hacíamos, hasta cierto punto, lo que hacemos todos cuando nos sentamos a leer una obra de ficción.


Peter Mendelsund. Qué vemos cuando leemos. Traducció de Santiago del Rey. Seix Barral, 2015. P. 226. 


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