dimecres, 24 de febrer de 2016

passar-se de la ratlla



[...] Posiblemente uno de los récords del mundo de estupidez fronteriza se encuentra en el pequeño pueblo de Stanstead/Derby Line, en el este de Canadá y Estados Unidos.
¿Por qué me refiero a Stanstead/Derby Line como una única población? Pues en primer lugar porque, entre los dos, apenas suman 3.400 habitantes según el último censo. Y en segundo lugar porque, pese a que técnicamente Stanstead pertenece a Quebec y Derby Line a Vermont, si nos fijamos en la vista aérea, comprobaremos que no existe ninguna división real.
Ambas poblaciones se establecieron a finales del siglo XVIII, más como agrupaciones de colonos que como municipios de pleno derecho. Aunque los habitantes de Stanstead son francófonos y los de Derby Line hablan inglés, sus relaciones en estos doscientos años han sido perfectamente cordiales. Como es normal, hay varios casos de familias cuyos miembros viven repartidos en el lado canadiense y estadounidense de manera básicamente indiferenciada, más allá de los derechos de voto, cosa que tampoco parece importarles demasiado. Lógicamente, cada pueblo tiene su ayuntamiento, pero tras tanto tiempo de convivencia, se diría que los presupuestos se han equiparado de tal manera que, aparte de la doble señalización idiomática, no hay ninguna diferencia entre los servicios de ambas poblaciones.
De hecho, en 1901 los gobiernos municipales se pusieron de acuerdo para construir un edificio común: la Haskell Free Library and Opera House. Un edificio dotacional que serviría de biblioteca pública y auditorio a todos los vecinos. Levantado en estilo neoclásico con fachadas de ladrillo y granito, desde fuera no parece una construcción especialmente relevante, aunque está considerada como Lugar Histórico tanto en Canadá como en USA. Para entender su importancia, habría que fijarse en el emplazamiento preciso dónde se enclava el edificio.
Exacto. La Haskell Free Library se construyó intencionadamente justo en medio de la frontera. Así, las estanterías de los libros se encuentran en el lado canadiense mientras que la recepción está en el de Estados Unidos. De igual manera, mientras que el escenario del auditorio es técnicamente francófono, la mitad de la platea cuchichea en perfecto inglés americano.
Obviamente, estas situaciones no dejan de ser una hipótesis divertida porque, en realidad, el edificio se usa de manera perfectamente natural, más allá de la curiosidad que supone encontrarse con una línea negra en el pavimento que separa dos países tan enormes. Y sin embargo, durante unos años, la línea negra de la biblioteca y las líneas blancas que cruzan varias calles del pueblo se tomaron muy en serio.

Pedro Torrijos. La frontera que atraviesa una biblioteca. Yorokobu. 20|2|2016.





1 comentari:

  1. El títol de l'apunt m'ha fet pensar en aquell politoxicòman que per sant Joan demanava coca i petardes.

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