dilluns, 7 de maig de 2018

la biblioteca garfunkel


Un espécimen perfecto de bibliomaníaco es Art Garfunkel. Tal cual lo estáis leyendo: Art Garfunkel. Seguro que sabéis quién es, el del pelo rizado de Simon and Garfunkel. O, al menos, así es como lo conocemos la mayoría de nosotros; pero la mayoría de nosotros permanecemos totalmente ajenos a la existencia de la Biblioteca Garfunkel, un listado cronológico online de todos los libros que el erudito cantante ha leído en los últimos treinta y ocho años —casi un total de mil—, en los que se detalla el mes y el año de lectura, la fecha de la primera publicación y el número de páginas. Tal y como alardea la propia página web, Garfunkel es un «lector voraz» que lee de media unos veinticinco libros al año, indudablemente muchos más que la mayoría de la gente. Por ejemplo, entre junio de 1968 y abril de 1970 —recordad que ésos fueron los años dorados de Simon and Garfunkel— leyó cuarenta libros, incluidos Guerra y paz y Los hermanos Karamázov. ¡Y eso que eran los años sesenta! Cualquiera podría pensar que, en la cúspide de su fama, el señor Garfunkel habría tenido cosas más emocionantes que hacer que quedarse en casa con la nariz metida en una deprimente novela rusa, pero al parecer no era así.
Si estabais pensando en poneros a hurgar en la Biblioteca Garfunkel para echaros unas risitas facilonas a costa de la colección de un viejo hippy de libros de Carlos Castaneda...recapacitad, amigos. La Biblioteca Garfunkel no es poca cosa; en efecto, sus estanterías crujen terriblemente con pesados tomos. Allí no hallaréis literatura barata, ni siquiera popular. Bueno, casi nada. Lejos de ser más inmune que el resto al despliegue publicitario, parece ser que en agosto de 1974 Art no se resistió a ver de qué iba Tiburón; en julio de 1981, Entrevista con el vampiro; en diciembre de 2001, Harry Potter y la piedra filosofal; y, en febrero de 2004, El código Da Vinci. Al margen de estas rarezas excepcionales, la Biblioteca Garfunkel consiste principalmente en ediciones clásicas de literatura, historia y filosofía, incluidos numerosos volúmenes de Shakespeare, Freud, Proust, Dostoievski y Tolstói. Nada de Carlos Castaneda (aunque sí admite haber leído Juan Salvador Gaviota en 1972).
De hecho, más que proporcionar risas facilonas, una primera visita a la Biblioteca Garfunkel podría bajaros los humos de inmediato; os quitaríais el sombrero avergonzados. Cuanto más tiempo paséis allí, sin embargo, más curiosos os empezará a parecer todo. Creo que la mayoría de la gente tiende a leer de manera ecléctica; un libro lleva al siguiente por vías secundarias pero conectadas. En cambio, el señor Garfunkel parece seguir alguna clase de sistema que le permite leer únicamente libros que han recibido el beneplácito de la crítica. No parece haber dejado jamás un libro a la mitad tras hartarse de él o extraviar las gafas de leer (y, si lo hizo, no lo menciona). Además, ¿cómo debemos tomarnos el hecho de que en abril de 1984 leyese Elements of Style ('Los elementos del estilo literario'), de Strunk y White...¿DOS VECES? ¿O que en marzo de 1993 afirmara haber leído de cabo a rabo el Random House Dictionary of English Language..., las 1.664 páginas enteritas? ¿O que, de acuerdo con aquellos que le han entrevistado en su casa de Nueva York, todos y cada uno de los libros de la Biblioteca Garfunkel, después de haber sido leídos, son envueltos en un plástico protector y clasificados respetando el orden de lectura?...

Mikita Brottman. Contra la lectura. Traducció de Lucía Barahona. Blackie Books, 2018. P. 76-77.


8 comentaris:

  1. Garfunkel és un cognom disposat a explicar qualsevol cosa.

    ResponElimina
    Respostes
    1. Ja tens raó, ja. Passa el mateix amb Telefunken.

      Elimina
  2. M'hauré de llegir el llibre. No entenc gaire el que sembla una subtil ironia sobre la metodologia lectora que gasta l'Art. Què passa, que hi ha d'haver una manera determinada de tractar els llibres ? I si en lloc d'embolicar-los amb plàstic es guardessin a la llibreria com fa tot quisqui resultaria millor ? No ho entenc. O és que pel fet de ser un cantaire tou, ja l'invalida ? Paul Simoni s'ha de reconèixer que era el cervell compositor i lletrista del duo, però és que Garfunkel era llicenciat en exactes, i sembla ser que, avorrit de la música, va estar un temps donant classes. Potser era deformació aritmètica la seva manera d'entendre la lactura. Clar que quin mal hi ha ?
    Dr. Vilardekyll

    ResponElimina
    Respostes
    1. Cap mal, només faltaria.

      🎤And you read your Emily Dickinson
      And I my Robert Frost
      And we note our place with bookmarkers
      That measure what we've lost...♫ ♫ ♫

      Elimina
    2. The dangling conversation. Paul Simon, 1966.

      Elimina
  3. Aquesta cançó me la sabia de memòria. I en tenen una altra dedicada a Emily Dickinson, For Emily whenever I find her, molt recomanable si no.la coneixeu. Simon havia estudiat literatura anglesa, i a part dels dos poetes citats, li agradava E.A. Robinson. A més, les lletres de Songs for a cape man són del premi Nobel Derek Walcott. O sigui que el lletraferit, en teoria, és Simon.

    ResponElimina
    Respostes

    1. I no té la biblioteca penjada a la xarxa, digue-li burro. En Simon sí que en sap.

      Elimina
  4. Sí que és intel.ligent, en Paul, sí. De fet, com diu un amic, en aquest món - o, si més no, en el nosatre ibèric i meridional- , tan propens a fer befes, crítiques, tenir enveja del qui pot saber més que tu, quan més ignorant et facis, millor.

    ResponElimina