dimarts, 15 de gener de 2019

desmantellar biblioteques

Che cosa resterà di noi? Del transito terrestre?
Di tutte le impressioni che abbiamo in questa vita?
Franco Battiato. «Mesopotamia». Giubbe Rosse, 1989.

Tot és i no
serà
si jo no hi sóc.
Francesc Garriga Barata. Temps en blanc. Proa, 2003.


La mayor parte de quienes nos dedicamos a los libros de viejo estamos familiarizados con la experiencia de retirar las pertenencias de un difunto y acabamos insensibilizándonos con el paso del tiempo, excepto en casos como este, cuando el matrimonio fallecido no tenía hijos. Por diversas razones, las fotografías que cuelgan de las paredes —el marido en su elegante uniforme de la RAF; la esposa durante un viaje de juventud a París— desprenden una suerte de melancolía que uno no encuentra en aquellas viviendas de parejas con hijos que les han sobrevivido. Desmantelar su biblioteca se antoja el acto final de destrucción de su carácter y te sientes responsable de eliminar las últimas huellas de las personas que fueron un día. La colección de libros de esta mujer era una muestra de su carácter; sus intereses como lectora es lo más parecido que deja a una herencia genética. Quizá por esto su sobrino tardara tanto tiempo en pedirnos que mirásemos sus libros, de una manera similar a la reticencia que muestran unos padres a la hora de modificar el menor detalle de la habitación de su hijo difunto.

Shaun Bythell. Diario de un librero. Traducció de Antonio Lozano. Malpaso, 2018. P. 43.

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