dimecres, 2 de febrer de 2022

un retrat

 

William Somerset Maugham, retratat por Herbert List. Atenas, 1950.


Por su álgido sarcasmo, reservado sobre todo a las mujeres, no fue demasiado estimado por sus colegas. Noel Coward lo definió como el «Lizard of Oz» (juego de palabras entre wizard, mago, y lizard, lagarto), e incluso Virginia Woolf lo comparó con un reptil. Es posible que William Somerset Maugham hubiera cursado la carrera de abogado de su padre, siguiendo la tradición de la familia, de no haberse quedado huérfano de padre y madre antes de cumplir los diez años.

William fue enviado a Kent, donde se hizo cargo de él su tío, un clérigo sin hijos, frío, distanteme incapaz de amar. Estudió en Canterbury, en una escuela en la que se burlaban de él por su acento francés, donde se convirtió en un muchacho introvertido, ácido y tartamudo. Después estudió medicina, pero dedicaba las noches a escribir, y su primera novela coincidió con su graduación. Liza de Lambeth se agota en pocas semanas. El doctor Maugham decide volver a París y consagrarse a su verdadera pasión.

En 1907 obtiene su primer éxito en el teatro con Lady Frederick, y muy pronto cuatro de sus obras se representan simultáneamente en París y Londres. Aunque la crítica lo acusa de snob, él se consuela convirtiéndose en uno de los escritores más prolíficos, polifacéticos y representados en el mundo. Su visión cínica de la realidad y sus miserias y una cierta dosis de cinismo han caracterizado su escritura, pero, desde la gran novela autobiográfica que todavía se considera hoy su mejor obra, Servidumbre humana, hasta La luna y seis peniques, El velo pintado y El filo de la navaja, le persigue el éxito, con diversas recreaciones cinematográficas.

Es un misterio entender cómo fue capaz, sumido en tal fervor literario, de ser agente secreto durante la primera y la segunda guerras mundiales. Lo cierto es que Maugham ha sido el maestro, en la vida y en la obra, de autores como Graham Greene y otros. Hijo espiritual de Oscar Wilde por su homosexualidad, por el brío de sus comedias y la perfidia de los chistes, fue elegido padre de muchos «insospechables». De Burgess a Orwell y de Theroux a Fleming, que admitió haberse inspirado en el sofisticado espía John Ashenden para su James Bond. Herbert List encontró al escritor en Atenas, en el hotel Grand Bretagne, el más elegante de la ciudad. En esa ocasión tomó varios retratos, entre ellos este con una sabia composición: Maugham está sentado ocupando, con una elegante pose, la diagonal del encuadre. Su mirada, de un tranquilo y despectivo sarcasmo, se dirije a lo lejos, a otros lugares, más allá de los límites de la imagen, evitando todo contacto y manteniendo así un aire de insondable misterio.


Maria Baiocchi. «William Somerset Mauham». A: Goffredo Fofi. Escritores: grandes autores vistos por grandes fotógrafos. Art Blume, 2014. P. 292.

 

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