divendres, 15 de maig del 2026

una mestra del matís


NORA CATELLI
Una maestra del matíz
Babelia | El País
1|8|2016


En 1966 Cynthia Ozick (Nueva York, 1928) publicó su primera novela, Trust. Sus cuentos, desde 1971, integran cualquier repertorio de la maestría de la literatura norteamericana. Los expatriados, inmigrantes, obsesivos lectores, rabinos enloquecidos, teólogos aficionados y pícaros desesperados de Ozick recuerdan a los personajes que Isaac Bashevis Singer convirtió en miembros reconocibles del mundo nuevo, de esa América, del Norte y del Sur, meta sin retorno para los judíos centroeuropeos a partir de los pogromos de finales del siglo XIX.

La producción de Ozick era, hasta los ochenta, irreprochable. Entonces sucedió algo extraordinario. En 1980 apareció en The New Yorker un cuento de tres páginas, El chal, seguido en 1983 de su continuación, Rosa. En 1989 Ozick los publicó en libro; en 1992 Daniela Stein lo tradujo para la editorial Montesinos de Barcelona. Lo extraordinario es que, en menos de cien páginas, El chal, magistral e inquietantemente, contiene la Shoah: la industria de la muerte, la animalización, el odio, la destitución absoluta de toda subjetividad. Expone algo del orden de la memoria que, en general, se vela. Porque cuando desaparece el victimario —el aparato nazi y los ejecutores del aparato han sido históricamente derrotados y eliminados— la víctima tiene que absorber al victimario. Las formas de esa adopción indeseada del otro —formas letales, sádicas, convulsivas, repelentes— son las que nos hace visibles El chal: el odio circula entre las víctimas como la única pasión que los mantiene vivos; es parte constitutiva de la memoria. No es casual que la canibalización aparezca como fantasía recurrente en las dos partes de El chal. Leer a Ozick exige al lector reverencia, aceptación de que el conocimiento de la Shoah cercena las posibilidades emocionales de la identificación, en las que abunda la cultura de masas dedicada a conmover y hacernos llorar confortablemente...

 

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