divendres, 9 de gener del 2026

la muntanya màgica

 

«A La muntanya màgica de Thomas Mann: ¿quin és el tema? El tema no són els motius. ¿El temps, que plana per damunt de tot? ¿O bé l'amor (darrera paraula del llibre), o el coneixement (amb les pugnes dialèctiques i el duel del jesuïta i el francmaçó), o la malaltia (digna, indigna)? Els diàlegs en present real sobretot passen per il·lustrar Hans Castorp, li serveixen per al seu creixement intel·lectual. En aquesta obra de Mann hi ha tan poques escenes que sembla que no hi passi res, i hi passa tot. Que a través del sumari constant l'autor aconsegueixi fer memorables moments que només ens arriben així, resumits, focalitzats en un personatge concret, és digne d'un ofici molt fi. Normalment el que retenim més, com els records, són les escenes, que es produeixen en una mena d'il·lusió de present real.

D'aquesta gran novel·la, extensa, «hermètica», com diu l'autor, es poden dir tantes coses que m'és impossible consignar-ne gaires. Des del canvi de to narratiu del final, per exemple, fins al somni que té Hans Castorp durant la tempesta de neu (des del qual s'adona d'un cert coneixement que es tradueix en un augment considerable del discurs directe que li regala el narrador), passant pel clímax interior que constitueix la conversa amb Clawdia Chauchant (majoritàriament en francès, llengua que permet a Castorp escapar-se una mica de si mateix, precisament la nit de carnaval, que deu tenir alguna cosa de màgica, com la de Sant Joan). La forma del pretèrit més anterior és evident que ajuda a consolidar la història, a fer-la creïble (malgrat tot el component simbòlic que conté), dins del to asèptic i educat predominant, i a establir-la en el temps històric com a ineludible. ¿Fins a quin punt la condició aristocràtica es podria atribuir a Castorp? Perquè «no totes les històries passen qualsevol»...Faig apunts a part, hi indago a poc a poc. El tema de la novel·la, en darrer terme, és la pugna entre l'art i la vida, que plana sobre tota l'obra de Thomas Mann, i la dificultat de compaginar-les totes dues, que Goethe tenia i que Mann segurament envejava.»

 

 Carles Morell. Les variacions del pols. Quaderns Crema, 2025. P. 59-60.

 

dijous, 8 de gener del 2026

una llar


Para que una casa sea digna de ser llamada 'hogar' ha de tener más libros que baldosas. No se trata, por supuesto, de que se acumulen los volúmenes por todos lados, empantanando la casa, complicando la convivencia o precipitando divorcios..., sino de que se superpongan las lecturas dentro de uno mismo, ampliando el mundo interior, ensanchando la forma de mirar. Es así, pero por otra parte he comprobado que es rarísimo que en nuestros días una cosa se dé sin la otra. Si amas la literatura, te gustan los libros: hay poco margen de error en esa máxima. Y que los libros puedan acabar gustándote tanto como los textos es un peligro cierto, sí, pero es ante todo un placer, uno de los más adictivos, felices y duraderos.

Pero los libros también pueden ser una gran trampa, nos confunden, nos alejan. Destacan y enaltecen lo que de trascendente tiene la realidad, de modo que nos despistan del hecho de que la vida no es trascendente, sino algo muy superior que no podemos entender y para lo que, por tanto, no hay palabras. La literatura, a menudo con un talento descomunal, y desde luego con la más admirable de las intenciones muchas veces, intenta explicar las cosas sin aceptar, o incluso sin saber, que son inexplicables. Los mejores libros del mundo sólo acertarán a hacernos vislumbrar o intuir una diminuta porción de lo que hay, algo minúsculo...

 

Juan Marqués. El hombre que ordenaba bibliotecas. Pre-textos, 2021.

 

dimecres, 7 de gener del 2026

afantas


LEILA GUERRIERO
Afantas
El País
13|12|2025

 

Semanas atrás, en la Feria del Libro de Monterrey, se acercó un muchacho a pedir que le firmara un libro. Me entregó una foto, una imagen de la localidad de San Miguel de Allende, y me dijo. "Mira, quiero decirte que yo tengo afantasía". Le pregunté: "¿Qué es eso?". Me respondió: "No tengo imaginación". Di un respingo: "¿Cómo?". Me dijo: "Si yo te digo que imagines una manzana, tú la ves. Yo no puedo imaginar una manzana. Mi mente sólo genera conceptos, no imágenes". "O sea, una mente ciega", le dije, un poco bruta. Me respondió: "Sí, y por eso para mí es muy difícil leer. No puedo imaginar las descripciones, los personajes". Soy periodista, así que tengo el hábito de la sospecha. Pensé que, apenas pudiera, iba a chequear si esa condición existía. El muchacho me puso delante el libro para que se lo firmara. Es un volumen de textos cortos que hablan sobre la infancia, los padres, el amor, la pérdida. Me dijo: "Quiero agradecerte mucho. Este es el primer libro que pude leer completo porque habla de cosas abstractas. Ahora estoy intentando, de a poco, leer otros". Le pregunté qué hacía. Me dijo que estudiaba Arquitectura. ¿Arquitectura? ¿Imposibilitado de "ver" formas? Me dijo que sí, que de hecho le resultaba muy difícil. Le firmé el libro, nos despedimos. Al regresar al hotel busqué información sobre la "afantasía". En efecto, existe (dos días después, en Ciudad de México, encontré a una chica que tenía lo mismo). No es una enfermedad, no interfiere con la inteligencia, se estima que entre el 1% y el 5% de la población podría verse afectada, quienes la portan se llaman "afantas". Busqué en mi bolso la foto de San Miguel de Allende. La di vuelta. Detrás, el muchacho había escrito: "Gracias por verbalizar mi mente neurodivergente". Hay una canción del Indio Solari titulada Y mientras tanto el sol se muere. Dice: "Todavía no usé mi milagro de hoy". Ese día, en Monterrey, sentí que yo ya lo había usado.

 

dimarts, 6 de gener del 2026

els reixos majos

 

dilluns, 5 de gener del 2026

la literatura és un art en decadència


QUE LA LITERATURA es un arte en decadencia lo demuestra el significado habitual al que ha llegado el término «literario». Hace tiempo que «poético» quiere decir cursi y «teatral» equivale a «afectado», pero ahora empieza a estar claro que el epíteto «literario» significa estrictamente «pelmazo».
Decir de una obra de arte, un cuadro, una película o una pieza musical, que es «literaria» es hacer un juicio despectivo. Pero asegurar de un libro que posee una gran «fuerza plástica», o un «estilo cinematográfico», o una «sólida arquitectura», es darle un mérito.
Entre los que no piensan que los libros son una pelmada se encuentran los lectores de la llamada literatura popular o best sellers. No hace muchos años eran considerados casi como unos pervertidos. Los críticos hablaban de ellos con una especie de espanto que nunca compartí. Menospreciaban hasta el insulto a la gente que leía aquellas «baratijas fraudulentas concebidas sólo por motivos económicos». Lo que sentían era el típico horror puritano ante el placer. Porque es evidente que los lectores de best sellers suelen quedarse bastante más satisfechos de sus libros que los aficionados a la «literatura seria». «Está bien, pero...» «Me gustó más el anterior.» «Le falla la estructura.» «Le sobran páginas.» Suelen ser los comentarios más habituales de estos últimos al terminar los suyos. A los lectores de best sellers se les ve más felices y con menos escrúpulos. Fui pionero en reseñar  «literatura popular» en los periódicos (en el extranjero ya se hacía). Recuerdo que escribir incluso sobre una Patricia Highsmith era considerado entonces casi como una especie de blasfemia, una intromisión escandalosa en el santuario de los suplementos literarios. Con el tiempo, y para comodidad de mis jefes y mía, he quedado encasillado en el periódico como reseñista de best sellers y novelas policíacas.  Por lo menos es lo que más me encargan. No me viene mal, porque así tengo un hueco especializado y además me lo paso bien en el 80% de los casos. Si reseñara literatura de la otra no creo que llegara al 20%.

Iñaki Uriarte. Diarios: 1999 - 2003. Pepitas de calabaza, 2010. P. 86-87.

diumenge, 4 de gener del 2026

dissabte, 3 de gener del 2026

família i d'altres animals


Thomas y Katia Mann tuvieron seis hijos. Pronto quedó claro que el segundo, Klaus, nacido en 1906, era el favorito de Katia, y que Thomas sentía debilidad por Erika, la mayor, nacida en 1905, y por Elisabeth, nacida en 1918. Los otros tres —a los que apenas toleraban— eren Golo (1909), Monika (1910) y Michael (1919). Erika recordaba que una vez, durante la carestía de la Primera Guerra Mundial, cuando había que compartir la comida, solo les quedaba un higo. «¿Qué hizo mi padre? Me lo dio a mí [...] los otros tres nos miraron horrorizados y mi padre dijo con tono sentencioso: "Hay que acostumbrar a los niños a la injusticia desde el primer momento".»


Colm Tóibín. «Thomas Mann: nuevas maneras de malcriar a los hijos». A: Nuevas maneras de matar a tu madre. Traducció de Patricia Antón de Vez. Lumen, 2013.



divendres, 2 de gener del 2026

faixisme


JUAN TALLÓN
Las mejores fajas de libros de 2025
elPeriódico
30|12|2025


Leerlo es como enamorarse. Vuelve la Patricia Highsmith española que conmocionó a la prensa, los libreros y los lectores. Brillante, oscura, hipnotizante. Impecable, emocionante, demoledora. Un mando de control inoperativo y un ineludible destino contado a través de una historia imprescindible. Una crítica a la sociedad llena de rock and roll. Sus novelas parecen escritas pasado mañana. Autoayuda contra la autoayuda. Nos hace preguntarnos qué somos y cómo hemos llegado a naufragar en esta orilla tan lejana de la salvación.

Te atraviesa por cientos de puntos diferentes y se te queda palpitando dentro como un cachorro en una madriguera. Nos embarca en un viaje cósmico, extraordinario, revelador. Este es un libro que necesitamos para ahora, pero también podría ser un libro que necesitemos para siempre. Es, sin más, una de las voces femeninas más poderosas que ha dado la literatura española.

Y que te deje ver las ambiguas sonrisas de sus personajes tan inteligentemente resignados a vivir sus vidas. Es el Dostoievski americano. Potente, sin adornos, frontal. Es precisa. Es preciosa. Te ríes a carcajadas y tienes que parar cada pocas páginas para decir en voz alta: “es que es la puta verdad”. Una ráfaga mordaz de cientos de balas por minuto. Tan delicada como impúdica, tan clásica como vertiginosamente contemporánea. La novela más adictiva del año.

Un cruce entre Reina roja y American psycho. Una novela de indudable solvencia formal e innegable vuelo estilístico, grande en el cómo y en el qué. Recuerda a Katherine Mansfield. Una torrentera de literatura. Un libro magnífico sobre la tiranía de la felicidad, la esclavitud del personaje creado y la fina línea entre realidad y ficción, y de cómo esta a veces nos sirve para que lo doloroso sea más tolerable.

Lectores, os envidio: hay una novela ingeniosa e inteligente en vuestro futuro. Todavía no ha sido colocado junto a Proust y Céline en el gran canon de la literatura francesa del siglo pasado porque está demasiado vivo y sigue generando ideas. Con su humor fascinante, entre el golpe surrealista, el costumbrismo y la fantasía, esta novela nos cuenta cómo nos buscamos por entre los demás.

Elogiada por Eduardo Mendoza y Alejandro González Iñárritu entre otros, regresa con una conmovedora y original novela. Una maravillosa elegía a su padre a la altura de la que Mallarmé dedicó a su hijo. La exploradora literaria de los miedos del siglo XXI. Una pequeña obra maestra, un libro hermoso y escalofriantemente contemporáneo. Un humorista de la desesperación que se aleja de las tierras convencionales. 

Un thriller absorbente; una profunda, lúcida e indispensable reflexión sobre la justicia y la impunidad. Es anárquico y experimental. Es un Proust venido del Este. Prepárate para ser apaleada. Una prosa audaz, rítmica y musculosa. Es simplemente uno de nuestros mejores escritores vivos. Una modestia, una franqueza y una sutileza de observación comparables a las de Chéjov.

Uno de los libros más conmovedores que he leído nunca. Un libro magníficamente escrito, desarmante en su franqueza, a ratos sexy, a ratos divertidísimo. Su escritura se parece al mar: inmensa, misteriosa, profunda y viva. Una novela brillante y profética que atrapa tanto el peso de la historia como la ligereza de vivir. Una Colette posmoderna. Muérete de envidia, Tom Ripley.

Una escritora superlativamente brillante. Un cruce raro y fascinante entre García Lorca y Cormac McCarthy. Pídanme que nombre al mejor novelista vivo que sea al mismo tiempo feroz, valiente, divertido, escatológico, bello, enrevesado y paranoico y será sencillo. No es casualidad que haya sido comparada con Hemingway; en muchos sentidos, lo supera. El thriller que te va a volar la cabeza. Es el Juan Rulfo de Graná.


dijous, 1 de gener del 2026

bons propòsits

 


Woody Guthrie fue un cantante folk responsable de la grabación de más de cuatrocientas canciones a lo largo de su demasiado corta carrera, entre ellas la famosísima This Land is Your Land, de 1944. Un par de años antes de presentarla al público, a punto de empezar el año 1943, Guthrie escribió i ilustró esta increiblemente encantadora lista de propósitos de Año nuevo en su diario.


Shaun Usher. Listas memorables: sucintas o detalladas, personales o públicas: más de ciento veinte listas confeccionadas por gente anónima y personajes célebres de la historia. Salamandra, 2015.

1.  Trabajar más y mejor
2.  Trabajar con un horario
3.  Lavarme los dientes, si me quedan
4.  Afeitarme
5.  Bañarme
6.  Comer bien: fruta, verdura, leche
7.  Beber poco o nada
8.  Escribir una canción al día
9.  Llevar ropa limpia; tener buena presencia
10. Lustrarme los zapatos
11. Cambiarme los calcetines
12. Cambiar las sábanas a menudo
13. Leer montones de buenos libros
14. Escuchar mucho la radio
15. Conocer mejor a la gente
16. Mantener el rancho limpio
17. No ser solitario
18. Estar contento
19. Mantener mi máquina de la esperanza funcionando
20. Soñar cosas buenas
21. Ingresar en el banco el dinero extra
22. Ahorrar pasta
23. Tener compañía, pero no perder el tiempo
24. Enviar dinero a Mary y los niños
25. Tocar y cantar bien
26. Bailar mejor
27. Ayudar a ganar la guerra; vencer el fascismo
28. Amar a mamá
29. Amar a papá
30. Amar a Pete
31. Amar a todo el mundo
32. Hacer que te decidas
33. Levantarme y luchar



 

dimecres, 31 de desembre del 2025

això no es pot llegir!


MONTSERRAT DAMESON
Aquest 2026 també deixaré llibres a mig llegir
Núvol
30|12|2025

De ben petita em van ensenyar que tot el que es comença, s’acaba. Que no es deixa menjar al plat. Que no es pot abandonar un extraescolar a mig curs. Que una feina incompleta és el mateix que una feina mal feta. Que qualsevol cosa que valgui mínimament la pena també voldrà esforç i insistència. Que un truncament és un fracàs. He crescut dins d’aquesta bombolla, avançant a base de força de voluntat i esma en gairebé tots els fronts de la meva vida. N’he tret una autoexigència que ara mateix em podria dur a la fi del món, sí, però també n’he tret la incapacitat de distingir en quins moments una retirada a temps és una victòria. Ara que sembla que el valor de la lectura queda constret a la xifra de llibres consumits per sobre del parer per a triar-los, la capacitat d’interioritzar-los o de poder de distingir el que és bona literatura del que no ho és, però, em costa mirar-me la meva pila de llibres per acabar com un elogi a la mandra. No ho és. 
Als meus ulls, un llibre dolent és aquell que no t’eixampla el pensament, que no et qüestiona cap de les teves idees preconcebudes, que no et fa fer cap esforç intel·lectual, que no et deixa amb el regust als llavis d’haver après o entès alguna cosa nova que fins ara no havies trobat les paraules per explicar, que no t’ajuda a aprofundir en allò que ja creus sobre el món. Aquest any he llegit alguns llibres dolents i, en general, tots complien una característica comuna: subestimaven el criteri literari del lector. Llegir molt i llegir bé no són la mateixa cosa, i per poder marcar la diferència entre l’una i l’altra cal haver llegit, però, sobretot, cal haver fet l’exercici de decidir què és allò que ja no es vol llegir. Deixar un mal llibre a mitges –malgrat que l’aproximació sentimental que fem a la literatura ho pinti com un fracàs estrepitós i un insult a les bondats de culturitzar-se– fa més per nosaltres que acabar-lo com qui acaba de plegar la muntanya de roba neta amuntegada al safareig. En contra del que podria pensar d’acord amb com em van criar, deixar un mal llibre no és anar enrere, és anar endavant. 
Hi ha llibres que fan un desservei al nostre intel·lecte. Destriar què és allò que ens en grinyola per aparcar-los un cop ja n’hem intuït les costures ens prepara més i millor per a entomar el següent llibre que arribar fins a l’última pàgina acríticament. Deixar llibres a mitges és imprescindible per aprendre a llegir bé. Més que un elogi a la mandra i al fracàs dels processos escapçats per desídia, la pila de llibres a mig llegir també pot ser un elogi a l’afany de no deixar-se entabanar per les llistes de més llegits, de més entrevistats, de més premiats, de més venuts, dels millors llibres del 2025. Pot ser, doncs, la materialització de la resistència al sistema que vol que llegeixis molt per poder continuar venent molt sense cap mena d’interès real en la qualitat del fato que t’ofereix, com qui reserva la bona literatura només per a qui ja té els referents literaris i se li’n refot que d’altres lectors no els puguin obtenir. 
Un llibre pendent no és el mateix que un llibre aparcat, és clar. En el primer cas encara hi ha la urgència de tornar-hi i el reconeixement que el problema no el té el llibre, més aviat el té un mateix i la preeminència que dona a l’espai de lectura dins la seva rutina. Aquí, cadascú ha de fer la feina que pensi que li cal fer. Així i tot, aquests pendents són l’exemplificació simpàtica d’haver entès les bondats i la necessitat d’interioritzar mots i idees quotidianament, i la naturalitat de fallar com qui de tant en tant se salta la dieta. El llibre aparcat, desterrat i intencionadament inacabat, es bandeja amb la convicció que tornar-hi ens faria més mal que bé, que allò que n’havíem sentit o llegit ens va generar unes expectatives que ara ja podem afirmar que són falses i interessades de moltes maneres, excepte interessades en favor de la bona literatura. Per un 2026 amb el criteri desvetllat i l’hàbit lector robust i resistent a les inèrcies comercials i a l’enxarxat politicoliterari del país: aquest any també deixaré llibres a mig llegir sense carregar ni una engruna de culpa, ans amb molt de goig i l’alliberament de poder dir en veu alta: “això no es pot llegir!”.

dimarts, 30 de desembre del 2025

canviar d'opinió


JUAN TALLÓN
Canviï d'opinió
abril
6|12|2025


Canviar d'opinió no és tan dolent. De fet, segurament és boníssim. Em refereixo a aquests canvis en la teva relació personal amb el món al llarg del temps que no posen en risc les teves conviccions, la teva humanitat, la teva intel·ligència, sinó que més aviat les reflecteixen i intensifiquen. Em sorprèn per a bé la gent que muda d'opinió, i que admet que no tenia raó, ni abans, ni segurament ara, perquè més endavant tornarà a replantejar les seves posicions. No és fàcil. Tendim als esforços extraordinaris per posar la raó de la nostra part. «Deixa'm a mi, que tu ets petita i la pots trencar», vaig dir a la meva filla el dia que va intentar transportar una florera amb aigua i al cap de cinc segons d'agafar-l'hi la vaig trencar jo.

A la seva manera la raó esclavitza, estableix un precedent espinós. La tens una vegada i ja pretens tenir-la sempre, perquè et va deixar un bon gust de boca. Et penses que li vas agafar el truc, que ets un primer espasa, que els altres són uns gamarussos. Canviar d'opinió, però, et fa lliure. Avui ets en un lloc, demà en un altre i demà passat en un de diferent. És una aventura veure les coses de manera diferent segons l'època. Com quan respons «sí; no; bé, sí; espera, no; tant és, sí; potser no» i la pregunta és només si vols vi negre.

Julian Barnes detalla a Mis cambios de opinión (Anagrama) en quina mesura variem les nostres posicions amb el pas del temps. Canviem d'opinió sobre infinitat de coses, des de qüestions de gustos —les olors que preferim, la roba que vestim—, d'estètica —la música, els llibres que ens agraden— o d'afiliació social —l'equip de futbol que seguim o el partit polític que votem— fins a les veritats més transcendentals: la persona que estimem, el déu que venerem, la significança o insignificança del lloc que ocupem en un univers aparentment buit o misteriosament ple. Definim aquestes preferències constantment. Segons Barnes, no és només que alguns fets reorientin la nostra vida. «Sumidos en un torbellino de emociones, nuestra mente cambia». I després d'una mudança mental poden caure del pedestal les croquetes o l'autoficció i ser substituïdes per l'alvocat, el romantasy o les disfresses de monja.

Entre els aspectes en què el canvi de posició és inevitable sovint hi ha els llibres. El pas del temps ens transforma les aversions i els encantaments en segons quins títols i escriptors, perquè els nostres gustos evolucionen. Barnes cita el cas de George Simenon, de qui de jove va llegir moltes novel·les policíaques, les protagonitzades per Maigret. «De mica en mica vaig saber dades de la seva vida: la seva fama i riquesa, que era molt faldiller i es vantava de les seves aventures sexuals, i que tenia l'extraordinària convicció que havia de guanyar el premi Nobel». Això va transformar l'opinió que tenia del novel·lista. Però un dia va preguntar a la seva amiga Anita Brookner què llegia, i li va dir que Simenon. No la sèrie de Maigret, sinó les romans durs (unes 200 novel·les). Li va demanar que n'hi recomanés una, i li va proposar En casa de los Krull. Barnes només en va llegir unes pàgines. Anys després, quan va morir la seva amiga, l'escriptor britànic la va homenatjar acabant la novel·la, i llavors va descobrir un George Simenon nou, més profund, fosc, en què «el món no el descobreix ni l'explica un detectiu afable, sinó que se'ns mostra sense cap mediació, sense judicis, amb tota la desolació i l'ambigüitat moral». Va arribar a llegir sis novel·les seguides de Simenon. «I ara sí que crec que va ser mereixedor del Nobel», remata. La vida es torna més interessant en la mesura que el guió ofereix un gir inesperat i de sobte res és com semblava.


dilluns, 29 de desembre del 2025

la família mann, els kennedy de la literatura



SERGIO VILA-SANJUÁN
La familia Mann, los Kennedy de la literatura
Cultura|s
La Vanguardia
18|6|2022


Resulta difícil encontrar una dinastía literaria con más atractivo que la familia Mann.

Entre sus integrantes hallamos de todo: las más altas cimas de la creación y el prestigio literario (Thomas Mann, autor de Los Buddenbrook y La montaña mágica, recibió en 1929 el premio Nobel); los distanciamientos y reconciliaciones fraternas (Heinrich, autor de El ángel azul, era un escritor más rápido pero menos profundo que su hermano menor, que le iba siempre por delante); el glamour, la voluntad transgresora en muchos terrenos (Klaus y Erika, escritores y actores, hijos de Thomas, fueron los reyes de la bohemia de Munich); el prestigio académico (Golo, hermano de los anteriores, historiador); el enfrentamiento político (entre Thomas y Heinrich, en la Primera Guerra Mundial, y de toda la familia contra el nazismo, después); la tragedia, con el suicidio de dos hermanas de Thomas y de su hijo Klaus...

Todo este material de alto contenido cultural y emotivo afloró en las novelas y libros testimoniales de sus integrantes y ha dado pie a numerosos ensayos, crónicas interpretativas y hasta series de TV. El relato sobre los Mann vuelve una y otra vez, siempre interesa, siempre hay datos nuevos. Se les puede ver en este sentido como los Kennedy del mundo literario (según el crítico Marcel Reich-Ranicki, “en este siglo no ha habido en Alemania una familia más notable, original e interesante que los Mann”).

Por citar solo algunos títulos publicados en España que leí en su día, está la biografía Thomas Mann, historia de una disonancia (Barral editores, 1974); los Diarios 1918-1936 y 1937-1939 del Nobel que publicó Plaza y Janés en 1987, o el competente retrato de grupo La familia Mann, de Marianne Krül (Edhasa, 1992). Quizás porque éste me pareció en su día bastante completo no me decidí a abordar el más reciente Los Mann. Historia de una familia, de Tilmann Lahme (Navona, 2015).

Aparece ahora El mago. La historia de Thomas Mann (editorial Lumen; El mag, Amsterdam Llibres, en catalán), del escritor irlandés Colm Tóibín. Se trata de una “novela de no ficción”, a partir de una amplia bibliografía, sintetizada y reformulada con agudeza.

El autor, residente en su juventud en Barcelona y autor de un libro sobre la ciudad, ya había experimentado la fórmula con The master. Retrato del novelista adulto (Edhasa, 2006) interesante aproximación a Henry James, figura esquiva donde las haya. Tóibín reflejaba su complejidad humana, sus relaciones amistosas, las fuentes que nutrieron obras como Retrato de una dama.

Si The master arrancaba con la guerra de Secesión americana, para navegar luego por unas décadas tranquilas, en El mago Tóibín se aproxima a una figura y a un entorno plenamente marcados por los grandes enfrentamientos del siglo XX. Thomas Mann, trabajador disciplinado y exitoso desde su primera juventud, aparece como fiel a la concepción liberal de la cultura, ”burguesa, cosmopolita, equilibrada, desapasionada”. En la Primera Guerra Mundial toma postura en favor del nacionalismo alemán pero posteriormente abomina de él y de su derivación bélica, hasta enfrentarse al nazismo y optar por el exilio.

Tóibín realza la vertiente gay del novelista, fácilmente perceptible en su conocida novela Muerte en Venecia pero llevada más en el plano platónico que en el práctico, y poco documentada hasta la publicación póstuma de sus Diarios (cuya desaparición durante un tiempo le causa uno de los sustos de la novela). En la visión de Tóibín, la del autor es una forma de vida implícitamente pactada con su mujer Katia, figura tan enigmática como atractiva, rica heredera de ascendencia judía, algo que no tuvo relevancia en sus vidas cotidianas hasta el ascenso del nazismo.

El mago plasma momentos de huida angustiosa (atrapados en Suecia, consiguen cruzar el Atlántico in extremis; el barco en que viaja su hija Monika es torpedeado y el yerno muere). Bien acogido en los Estados Unidos, Tóibín reconstruye la vida universitaria en Princeton y la más relajada en California, su elevación al rango de primer hombre público alemán antinazi, protegido del presidente Roosevelt, a la vez que analiza el “resentimiento” de varios de sus hijos ante un padre consagrado a su trabajo y la figura trágica de Klaus, consumido por la morfina, a cuyo funeral el novelista no asiste.

Muy bien dialogada, con detallismo escogido (cuando visitan un Frankfurt aún semiderruido en 1949, en aquellas casas de las que había desaparecido la fachada, “los radiadores todavía colgaban de la pared del primer piso”), El mago ilumina la gestación de algunas obras principales del autor y aporta momentos de fino humor, como el intento de seducción por parte de Alma Mahler. 

A medida que la figura pública del más conocido de los Mann se eleva, la relación familiar no deja de generar complicaciones. En el plano humano el escritor se muestra siempre olímpico y contenido.

En sus últimos años Thomas Mann vive las tiranteces con el compositor Arnold Schönberg, que se siente demasiado aludido en la novela Doctor Faustus, y defiende, con Goethe como estandarte, un pensamiento abierto y polivalente frente al choque de ideologías que la Guerra Fría acarrea. Una lección especialmente vigente en nuestros días.

El de Tóibín es un libro de lectura deliciosa, cuya brillante revisión de las figuras de Thomas Mann y familia probablemente va a fijarlas con fuerza para los próximos años.


diumenge, 28 de desembre del 2025

santa llufa