divendres, 2 de desembre de 2011

tants burros hi ha amb lletra com sense


LAS MÁS ALTAS INTELIGENCIAS no dicen menos tonterías que el común de los mortales; simplemente, lo hacen con más autoridad.
Cuando Sartre declaró que Mauriac no era novelista, la víctima habría podido consolarse pensando que ese mismo juez también había descubierto que Orson Welles no era cineasta. En ambos casos, su método fue el mismo: primero enunciar una definición arbitraria de lo que es LA novela, EL cine; luego cotejar la obra analizada con ese dogma, y llegar a la conclusión de la inexistencia de la primera. Sartre adoptaba así la posición de un burócrata courtelinesco -o kafkiano- que exigiera, para negociar con un interlocutor, que éste extendiera primero un certificado que atestiguara que estaba perfectamente vivo; aunque este certificado sólo podría ser expedido por ese mismo burócrata.
La pieza de convicción que provocó para Welles esta condena sin paliativos no era otra que...¡Ciudadano Kane! No tengo a mi disposición el texto original de Sartre (que apareció en L'Écran français) sino tan sólo un resumen reproducido en la revista inglesa Sight and Sound, que traduzco:
"Aunque Ciudadano Kane haya podido ser interesante para los estadounidenses, estaba completamente pasada de moda para nosotros, pues toda la película se basaba en un malentendido que afectaba a la naturaleza misma del cine. Esta película está ligada al pasado, mientras que todos sabemos que el cine debe ser un arte del presente: "Yo soy el hombre que está besando a la muchacha, yo soy la muchacha que se deja besar, yo soy el indio que es perseguido, yo soy el tipo que persigue al indio". Cualquier película ligada al pasado es la antítesis del cine: Ciudadano Kane no podría ser, pues, cine."
La revista inglesa añade que este artículo tuvo una gran resonancia en la época y fue en parte responsable de la mala acogida que el público intelectual de París dispensó a continuación a El cuarto mandamiento.

Simon Leys. La felicidad de los pececillos: cartas desde las antípodas. Traducció de José Ramón Monreal. Acantilado, 2011. P. 84.


9 comentaris:

  1. Perdre la impagable oportunitat de callar. Alguns pròcers, o no, ho tenen això :)

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  2. Sartre, connais pas.

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  3. moraleja: compte amb els jutges que deixem entrar a casa, ni que vinguin coberts de pells i togues. [I si, a sobre, es guarneixen amb la perruca aquella, com voleu que no se m'escapi el riure? Com voleu que acati la seva autoritat?]
    En fi. En un altre moment del llibre, en Leys diu:
    "Algunos juicios no condenan más que a su autor. Cuando Wagner reprocha a Mozart su "falta de seriedad", no nos dice nada esclarecedor sobre Mozart, sino que, por el contrario, hace que descubramos de golpe de qué pie cojea Wagner".

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  4. Matilde, no m'estranya que els peixets et captivin. Jo començo a buscar-me una peixera.

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  5. Tot el peix venut, Eulàlia, que és un llibret petit, 140 pàgines. Només per les anècdotes i les cites ja paga la pena.
    L'obro a l'atzar:
    "¿Un congreso de escritores? En toda mi vida no había puesto los pies en una verbena semejante. Siempre me ha parecido que, a este respecto, Paul Claudel ha dicho la última palabra:"No se os ocurra invitar nunca al mismo tiempo a varios hombres de letras: un jorobado preferirá siempre la compañía de un ciego a la de otro jorobado".

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  6. Qualsevol bloc sense una espiral és l'antítesi dels blocs: De casa al club no pot ser, així, un bloc.

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  7. Bravo, Girb! Quod erat demonstrandum!

    Aquí estem, sense espiral i erràtics, com un tros de roca arrencat d'una glacera. Això mateix: un bloc erràtic. Erra que erra.

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