divendres, 29 de maig de 2015

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Las bibliotecas son, ante todo, guaridas. Pero la extensión de esta característica no se limita a los libros, a las personas que se refugian allí de la lluvia o a las que buscan concentración y paz; se extiende también a las personas que no tienen casa, como vemos en esta serie de fotografías de Fritz Hoffmann.
A diferencia de los ya muchísimos vagabundos que tienen dispositivos para conectarse a internet aún hay algunos que consumen medios tradicionales y, de hecho, en mayor medida que las clases medias. Hoffmann documentó a varios indigentes que pasan sus días en bibliotecas públicas leyendo todo tipo de textos, ya sea para olvidar la inclemencia de las calles, para tomar otras perspectivas del mundo o simplemente para disfrutar el silencio.
“Ser indigente a menudo significa vivir fuera de la cuadrícula mainstream”, explica Hoffmann. “Estar desconectado de internet, el correo electrónico y los videos. Las bibliotecas públicas proporcionan a los indigentes una manera de conectarse, y muchos de ellos dicen que revisar los anaqueles y leer un libro alivia la agonía de vivir en la calle”.
Las bibliotecas podrían ser el último bastión de la democracia. Un hogar común –aunque sólo de día– donde nadie es nada más que un lector.

[Font: Pijamasurf. Vagabundos que leen y se refugian en bibliotecas públicas]


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