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divendres, 1 de juliol del 2022

l'home sense qualitats


1986
9 de abril

Apabullante Musil. Emprendo la lectura de El hombre sin atributos por tercera vez en mi vida. La primera fue durante la mili: empecé a leerla en el campamento, y la acabé en la centralita de teléfonos donde hacía guardias en el Cuartel de Ingenieros de la calle Zapadores de Valencia. Leí mucho por aquellos meses, ya que eran frecuentes las guardias que yo apenas cumplía: a la centralita llamaban muchas mujeres solitarias que se excitaban con los soldados, los enredaban en conversaciones eróticas, y los incitaban a que se masturbaran mientras charlaban con ellas, retransmitiéndose mutuamente jadeos y palabras soeces, así que siempre había algún muchacho de la compañía dispuesto a hacerse cargo de la central durante mis guardias. Mientras él charlaba con sus interlocutoras, susurraba obscenidades, gemía y se masturbaba, yo podía leer en el cuartito de al lado tranquilamente tumbado en una colchoneta que utilizábamos durante las guardias nocturnas.

Una vez más, Musil consigue anonadarme. Cómo cala en los mecanismos esenciales: los personajes se llenan de contradictorios zigzags y la sociedad es un chiste con el que uno puede mearse de risa; o echarse a llorar: el chiste forma parte del sistema de reacciones ante la falta de sentido. Sus imágenes asocian elementos absolutamente dispares, y con ese método, que a veces roza el absurdo, consigue una correspondencia entre lo superficial y lo más hondo. Rompe tu lógica y descubre lo que aparece cuando uno se decide a utilizar otro sistema para ver las cosas.


Rafael Chirbes. Diarios. A ratos perdidos 1 y 2. Anagrama, 2021.


dissabte, 25 de juny del 2022

l'idiota



1985
30 de octubre

Conozco pocas novelas tan soberbiamente construidas —y concluidas— como El idiota de Dostoievski. Consigue que acabe siendo parte de la narración cualquier cosa que le eche a la olla el autor. Lo cocina todo. Me la termino en el tren, durante un trayecto Bayona-París. El último capítulo es tan hermoso y conmovedor que lo soporto a duras penas. Me duele. En medio del aburrimiento y el miedo —¡qué inseguro todo!— este libro se ofrece como un faro poderoso: la llamada de algo mejor, una llamada desde lo incomprensible a quien nada comprende. Lo mejor del alma humana parece coagularse en este libro hermético que se resiste a ser descodificado, y en cada asalto te regala unas briznas de cuanto contiene. Uno sabe que el tesoro está ahí dentro aunque no sea capaz de alcanzarlo. Lo consuela la vibración que emite su reactor. Escribo estas líneas inquieto, emocionado, con los poros abiertos. En torno al tren que avanza velozmente, se extiende la noche. El malvado Rogozhin y el buen idiota Myshkin velan en una habitación el cadáver de la mujer que más han amado y que empieza a descomponerse. Ellos dos —dos niños con un juguete secreto— bisbisean para que nadie los escuche, y se han acostado en la misma cama. Rogozhin lo había previsto todo. Cuánta belleza en esa habitación a oscuras. El príncipe acaricia las mejillas de Rogozhin, que tras haber asesinado a la mujer, delira. Dostoievski, insaciable, le exige al alma un esfuerzo aún mayor en su ascenso al monte Calvario, un escaloncito más, y ya llegamos. Ánimo, compañero. Ya falta menos.


Rafael Chirbes. Diarios. A ratos perdidos 1 y 2. Anagrama, 2021.


dissabte, 11 de juny del 2022

notes

 

Beniarbeig. Verano de 2000

Leo a Chateaubriand: Mémoires d'outre-tombe, y a continuación vuelvo a Dostoievski: Los hermanos Karamázov. Tomo infinidad de notas de ambos libros: me gusta guardar en los cuadernos páginas enteras de los libros que me interesan, copiar párrafos y párrafos con mi letra: creo que lo que me gustaría en realidad sería haberlos escrito yo.


Rafael Chirbes. Diarios. A ratos perdidos 1 y 2. Anagrama, 2021.