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dissabte, 12 de desembre del 2015

l'ombra de les ombres (d'en grey) és allargada


«Quan un col·lectiu aspira a ser més popular del que és, com els bibliotecaris-documentalistes, agraeix qualsevol menció pública del seu ofici. [...] Per descomptat que la publicació d’obres literàries amb protagonistes bibliotecaris també ens va molt bé, com el cas de la novetat bibliogràfica que és el motiu de l’entrada d’avui.
[...] La sinopsi que hi ha a la contracoberta del llibre és prou descriptiva: «Regina Finch se ha ganado a pulso su puesto en la sede central de la Biblioteca Pública de Nueva York. Pero un encuentro fortuito con Sebastian Barnes, millonario, exitoso fotógrafo y principal mecenas del centro, transformará su austera y aburrida existencia en una vida llena de acción, lujo, erotismo y nuevas experiencias.»
La coberta de l’edició espanyola també ens deixa intuir amb quin tipus de literatura ens enfrontem: es tracta d’una novel·la de caire eròtic, una nova manifestació de la saga iniciada per les Cinquanta ombres d’en Grey i les seves continuacions.
Ni en el cas de les obres d’E.L. James ni tampoc amb la novetat que presentem la crítica no ha resultat massa favorable. Això no treu que hagi estat un èxit comercial molt important. I així esperem que passi amb La bibliotecaria. No pel sadomasoquisme que lliga els protagonistes, sinó –com podeu pensar– perquè el nom de la nostra professió (o d’una part de la nostra professió, per ser més precisos) es veurà en molts aparadors i correrà de boca en boca de lectors i lectores…»

B·D. Observatori professional. (Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya). La bibliotecaria: una novel·la que ens ajuda…27 febrer 2013.

[Vegeu també: Biblioteques, bibliotecaris, bibliotecàries: guia de novel·les. Biblioteca Josep Janés]



dilluns, 21 de setembre del 2015

zoofília

Gentilesa de l'Imma C.
Pasión animal y literaria
A partir de la relación entre una bibliotecaria y un oso, la canadiense Marian Engel logra triunfar en la difícil tarea de construir una buena novela erótica
ALBERTO MANGUEL 
EL PAÍS-Babelia. 27|5|2015

[...] Marian Engel empezó a escribir de muy joven. Hija de maestros instalados en un pueblecito del norte de Ontario, creció (como Atwood) aprendiendo a adaptarse a los rigores del clima y de la naturaleza. Publicó su primera novela a los 35 años, y aunque fue bien recibida por la crítica, la obra a la que debe su fama en Canadá es Oso, publicada en Canadá en 1976, cuando causó un escándalo en la atmósfera puritana de aquellos tiempos. Sin lugar a dudas, Oso es una obra maestra de la literatura canadiense, y también de la literatura erótica universal.
Engel contó que empezó a escribir Oso con el propósito de componer una novela pornográfica que le permitiese ganar un poco de dinero para educar a sus hijos después de su divorcio. Al cabo de algunas páginas, sintió que la obra se escapaba a tal propósito mercantil y cobraba una vida autónoma e insospechada. Lo cierto es que Oso logra lo casi imposible: ser una novela a la vez sólidamente literaria y profundamente erótica.
Oso narra un retour à la nature como proponía Rousseau: dejar atrás las penas y labores urbanas para regresar a un estado edénico y primitivo. Sin embargo, la protagonista del relato de Engel, bibliotecaria en la ciudad de Toronto, no va en busca del paraíso perdido, sino que parte hacia los bosques de Ontario con el propósito de investigar, en una islita alejada, los documentos y volúmenes que una anciana dama legó a la biblioteca. Allí descubre que la familia de la dama ha conservado, además de los libros y papeles, un oso dócil y viejo, encadenado a su caseta como un perro, y al que la bibliotecaria debe alimentar todos los días. Día a día, la relación entre la mujer y el animal se hace cada vez más íntima, y al cabo de unas pocas semanas, desemboca con toda naturalidad en un acto erótico.
[...] Pocos géneros son más arduos que el de la literatura erótica que debe abrirse un mal definido camino entre lo fríamente clínico y lo meramente soez. La obra de Sade, por ejemplo, sin su contexto filosófico, es una tediosa lista de arduas combinaciones gimnásticas; las sucesivas Sombras de Grey no son más que una glosa de Sade mal leído por Corín Tellado. Una biblioteca de obras eróticas que sean también literatura no sería voluminosa: incluiría clásicos como los poemas de Abu Nuwas, la larga novela El Señor del gozo perfecto, de Xu Changling; La lozana andaluza, de Delicado, y Las relaciones peligrosas, de Laclos, algún escrito de Pieyre de Mandiargues y de Anäis Nin, alguna novela de Alan Gurganus y de Alan Hollinghurst, la obra completa de Alberto Ruy Sánchez y algunas pocas más. En literatura al menos, las relaciones eróticas no se circunscriben necesariamente a nuestra especie y ciertas obras admirables describen una relación más franciscana: Mi mujer mona, de John Collier, con una chimpancé; Mi perra Tulip, de J. R. Ackerley, con una cachorra; El rabino pagano, de Cynthia Ozick, con un árbol. Para el lector en castellano, a esa sensual y aristocrática lista debe agregarse ahora Oso, de Marian Engel.

Marian Engel. Oso. Traducció de Magdalena Palmer. Impedimenta, 2015.