dimarts, 31 de gener del 2023
dilluns, 30 de gener del 2023
whatever you say say nothing
I
I'm writing this just after an encounter
With an English journalist in search of 'views
On the Irish thing'. I'm back in winter
Quarters where bad news is no longer news,
Where media men and stringers sniff and point,
Where zoom lenses, recorders and coiled leads
Litter the hotels. The times are out of joint
But I incline as much to rosary beads
As to the jottings and analyses
of politicians and newspapermen
Who've scribbled down the long campaign from gas
And protest to gelignite and sten,
Who proved upon their pulses 'escalate',
'Backlash' and 'crackdown', 'the provisional wing',
'Polarization' and 'long-standing hate'.
Yet I live here, I live here too, I sing,
Expertly civil tongued with civil neighbors
On the high wires of first wireless reports,
Sucking the fake taste, the stony flavours
Of those sanctioned, old, elaborate retorts:
'Oh, it's disgraceful, surely, I agree.'
'Where's it going to end? It's getting worse.'
'They're murderers.' 'Internment, understandably...'
The voice of sanity is getting hoarse.
II
Men die at hand. In blasted streer and home
The gelignite's a common sound effect:
As the man said when Celtic won, 'The Pope of Rome
's a happy man this night.' His flock suspect
In their deepest heart of hearts the heretic
Has come at last to heel and to the stake.
We tremble near the flames but want no truck
With the actual firing. We're on the make
As ever. Long sucking the hind tit
Cold as a witch's and as hard to swallow
Still leaves us fork-tongued on the border bit:
The liberal papist note sounds hollowWhen amplified and mixed in with the bangsThat shake all hearts and windows day and night.(It's tempting here to rhyme on 'labour pangs'And diagnose a rebirth in our plightBut that would be to ignore other symptoms.Last night you didn't need a stethoscopeTo hear the eructation of Orange drumsAllergic equally to Pearse and Pope.)On all sides 'little platoons' are mustering—The phrase is Cruise O'Brien's via that greatBlacklash, Burke— while I sit here with a pesteringDrouth for words at once both gaff and baitTo lure the tribal shoals to epigramAnd order. I believe any of usCould draw the line through bigotry and shamGiven the right line, aere perennius.
III
'Religion's never mentioned here,' of course.
'You know them by their eyes,' and hold your tongue.
'One side's as bad as the other,' never worse.
Christ, it's near time that some small leak was sprung
In the great dykes the Dutchman madeTo dam the dangerous tide that followed Seamus.
Yet for all this art and sedentary trade
I am incapable. The famous
Northern reticence, the tight gag of place
And times: yes, yes. Of the 'wee six' I sing
Where to be saved you only must save face
And whatever you say, you say nothing.
Smoke-signals are loud-mouthed compared with us:
Manoeuvrings to find out name and school,
Subtle discrimination by addresses
With hardly an exception to the rule
That Norman, Ken and Sidney signalled Prod
And Seamus (Call me Sean) was sure-fired Pape.
O land of password, handgrip, wink and nod,
Of open minds as open as a trap,
Where tongues lie coiled, as under flames lie wicks,
Where half of us, as in a wooden horse
Were cabin'd and confined like wily Greeks,
Besieged within the siege, whispering morse.
IVThis morning from the dewy motorway
I saw the new camp for the internees:
A bomb had left a crater of fresh clay
In the roadside, and over in the trees
Machine-gun posts defined a real stockade.
There was that white mist you get on a low ground
And it was deja-vu, some film made
of Stalag 17, a bad dream with no sound.
Is there a life before death? That's chalked up
In Ballymurphy. Competence with pain,
Coherent mistress, a bite and sup,
We hug our little destiny again.
Seamus Heaney. «Whatever you say say nothing». North, 1975.
Digas lo que digas, no digas nada
IEscribo justo después de un encuentro / Con un periodista inglés en busca de «pareceres / Sobre la cuestión irlandesa». Estoy de vuelta en los cuarteles / De invierno, donde las malas noticias ya no son noticia,Donde los hombres-media y los «técnicos» husmean y señalan, / Donde zooms, magnetófonos y cables enrollados / Ensucian los hoteles. Los tiempos están desajustados / Pero me inclino tanto por las cuentas del rosarioComo por los análisis y apuntes / De los políticos y periodistas / Que tantas hojas han emborronado sobre la larga campaña del gas / Y protestan de la gelignita y de la metralleta sten,Que comprobaron en sus pulsaciones «escalada», / «Reacción» y «quiebra», «el ala provisional», / «Polarización» y «odio sempiterno». / Con todo, vivo aquí, también yo vivo aquí, cantoCon experta dicción cortés, con vecinos corteses, / Sobre los altos cables de los primeros informes radiofónicos, / Sorbiendo el falso gusto y los pétreos sabores / De aquellas sancionadas, viejas, elaboradas, secas contestaciones:«Oh, estoy de acuerdo, ciertamente es vergonzoso», / «¿A dónde lleva todo esto?» «Cada vez está peor». / «Son asesinos». «Internamiento, comprensiblemente...» / La «voz de la cordura» se está quedando ronca.
IILos hombres mueren ahí, a mano. En hogares y calles reventados, / La gelignita tiene un común y seguro efecto: / Como dijo aquél cuando ganó el Celtic, «El Papa de Roma / Esta noche es un hombre feliz». Su grey sospechaEn su más profundo corazón de corazones que el hereje / Está por fin postrado y próximo a la hoguera. / Y temblamos al lado de las llamas mas no queremos trato / Con el fuego real. Estamos a lo nuestroComo siempre. Largo tiempo chupando de la teta trasera / Fría como de bruja y tan dura de tragar / Que aún nos deja lengüipartidos en la punta: / La liberal nota papista suena huecaCuando es amplificada y mezclada con las detonaciones / Que sacuden todos los corazones y ventanas día y noche. / (Es tentador aquí rimar con «dolores de parto» / Y diagnosticar un renacimiento en nuestra situaciónQue no sería sino para ignorar los otros síntomas. / Anoche no necesitaste un estetoscopio / Para oír el eructo de los tambores Orangistas / Alérgicos tanto a Pearse como el Papa).En todas partes se reúnen «pequeños pelotones»— / La frase es de Cruise O'Brien vía aquel gran / Hostigador, Burke— mientras me siento aquí con una molesta / Sequía de palabras al tiempo anzuelo y cebo /Para atraer a la multitud tribal al epigrama / Y al orden. Creo que cualquiera de nosotros / Podría establecer la diferencia entre fanatismo y fraude, / Dado el verso exacto, aere perennius.
III«La religión ni se menciona en este caso», por supuesto. / «Los conoces por la mirada», y refrenas tu lengua. / «Un bando es tan malo como el otro», nunca peor. / Cristo bendito, ya iba siendo hora de que algún mínimo escape se abrieraEn los grandes diques que hizo el holandés / Para represar la peligrosa marea que siguió a Seamus. / Aunque a pesar de tamaña destreza y sedentario oficio / Me siento incapaz. La famosaReticencia del norte, la tirante mordaza de lugar / Y de tiempo: sí, sí. Canto a los «seis pequeños» / Donde para salvarte debes salvar la cara / Y digas lo que digas, nada dices.Las señales de humo serían gritos comparadas con nosotros: / Maniobras para encontrar nombre y escuela, / Sutiles discriminaciones en el trato / Casi sin excepción a la reglaEse Norman, Ken y Sidney señalados como Prod / Y Seamus (llámame Sean) era seguro Pape. / Oh, tierra de santo y seña, garra, guiño y mueca, / De mentes abiertas, tan abiertas como trampas,Donde las lenguas permanecen enrolladas, como bajo las llamas los pábilos / Donde la mitad de nosotros como en un caballo de madera / Fuimos metidos y confinados como astutos griegos, / Sitiados en el sitio, susurrante morse.
IVEsta mañana desde una autopista cubierta de rocío / Vi un nuevo campo de internados: / Una bomba había dejado un cráter de arcilla fresca / En el arcén, y al otro lado, entre los árboles,Los puestos de ametralladoras perfilaban una auténtica empalizada. / Había esa neblina blanca de las zonas bajas / Y era algo déjà-vu, como una película / De Stalag 17, un mal sueño sin sonido.¿Hay una vida antes de la muerte? Es lo que está pintado / En Ballymurphy. La aptitud para el dolor, / Las coherentes miserias, un bocado y un sorbo, / Abrazamos nuestro pequeño destino una vez más.
Seamus Heaney. Norte. Traducció de Margarita Ardanaz. Hiperión, 1995.
divendres, 27 de gener del 2023
retrat d'una ciutat en flames
JAUME MUÑOZ JOFRE
Retrat d'una ciutat en flames
L'Avenç
Núm. 479. Maig 2021
Per a qualsevol persona que hi hagi posat un peu, Belfast és una ciutat que impressiona profundament. El motiu de l'impacte no és precisament la seva inexistent bellesa arquitectònica ni el fet de trobar-s'hi un accent impossible de la llengua anglesa, sinó el clima que s'hi respira encara avui en dia. Belfast —i per extensió la resta de l'Ulster— és un territori en guerra somorta, una ciutat amb muralles interiors que separen les dues comunitats que hi estan greument enfrontades —els catòlics proirlandesos i els protestants lleialistes al Regne Unit. Fins avui en dia disposàvem de bons llibres d'història que explicaven el conflicte (amb una menció especial pels de Brian Feeney) i de diverses bones pel·lícules (En el nom del pare, 1993; '71, 2014) i novel·les (com Milkman, d'Anna Burns, o Retorn a Killybegs, de Sorj Chalandon) que ens permeten una aproximació als Troubles que han marcat Irlanda del Nord, però cal celebrar l'aparició del llibre No diguis res, de Patrick Radden Keefe, per la nova mirada que ha sabut donar a aquesta temàtica i per la profunditat amb què ho ha fet.
No diguis res és un llibre d'història que es llegeix com una novel·la, ja que gràcies a l'encomiable tasca de documentació del seu autor —l'aparell crític del llibre ocupa noranta pàgines— la selecció dels protagonistes a través dels quals s'estructura el relat enganxa el lector i li permet entendre àgilment una problemàtica molt complexa. En efecte, resseguint l'itinerari vital de diversos personatges secundaris però molt significatius al llarg de gairebé cinc dècades, se'ns permet viure des de dins l'evolució d'uns fets (que es poden resumir estadísticament en 3.700 morts i 50.000 explosions de 1969 al 2007) que han marcat generacions senceres.
És, doncs, a través de la vida d'assassins, víctimes, presos, familiars de desapareguts, delators, excombatents, velles glòries i desplaçats que entenem en què van consistir els Troubles, en un plantejament arriscat però plenament reeixit que defuig una explicació acadèmica clàssica de la història política del període però que l'explica magníficament.
UNA HISTÒRIA DE VIOLÈNCIA
Estructurat en tres parts, el llibre se centra primer en l'esclat de la violència a Irlanda del Nord, per tractar després la repressió cap als membres de l'IRA i, finalment, les vies de reparació i memòria des de la firma dels acords de pau de 1998. D'aquesta manera, el text comença situant-se a l'any 1969, quan una jove generació de catòlics va provar d'iniciar una protesta inspirada en els moviments pels drets civils que estaven tenint lloc arreu del món en entendre que vivien en una situació de discriminació sistemàtica respecte dels protestants. Organitzant protestes pacífiques, aquell jovent denunciava la manca d'oportunitats en comparació amb una comunitat que els doblava en nombre d'habitants (1 milió de protestants, 500.000 catòlics) i que acaparava el poder polític, les millors feines i habitatges. Però de seguida, la resposta violenta de la comunitat protestant, liderada pel reverend Ian Paisley i secundada per la mateixa Policia Reial de l'Ulster (RUC, per a les sigles en anglès), va fer fracassar aquest plantejament.
En conseqüència, la generació filla de membres històrics de l'Exèrcit Republicà Irlandès (IRA, per les sigles en anglès) va crear una escissió d'aquest moviment que va passar a ser coneguda com l'IRA Provisional (els provos, en argot de l'època), amb una estratègia diferenciada de l'organització dels seus pares, l'IRA Oficial (els stickies), però amb uns objectius coincidents —sent el principal la unificació de l'Ulster amb la República d'Irlanda.
Però com dèiem més amunt, la particularitat del llibre de Keefe rau en el fet que no explica la història de l'IRA a partir d'explicacions conceptuals o anàlisis de textos programàtics, sinó narrant com van viure tot plegat algunes de les persones que hi estaven involucrades. Així, entenem el pas vertiginós de la protesta pacífica a l'activitat terrorista a través del cas de dues germanes, Dolours i Marian Price, filles d'un antic membre de l'IRA i en aparença estudiants modèliques, que van passar de ser apedregades pels protestants durant la pacífica Marxa sobre Derry (gener 1969) a esdevenir expertes assaltadores de bancs i consumades assassines, fins al punt d'acabar formant part d'un comando d'elit dins l'organització, dirigit per Gerry Adams, conegut com els Unknowns («els Desconeguts»).
És seguint vides com la de les germanes Price que comprenem la transversalitat de la implicació en la causa de l'IRA dins la societat catòlica nord-irlandesa. Descobrim l'expertesa de dones anònimes a l'hora de fer desaparèixer armes; els sistemes rudimentaris d'alerta (com fer que la canalla piqués amb tapes metàl·liques d'escombraries sobre el paviment dels carrers) per avisar de l'arribada de policia o soldats britànics als barris catòlics; l'existència d'amagatalls i dreceres arreu, en un sistema conegut per la majoria dels habitants però indetectable a simple vista, etc.
Més enllà de les germanes Price, que esdevenen un immillorable fil conductor al llarg del llibre, també coneixem les miserables condicions de vida del moment a través de la família McConville, víctima en tota regla del conflicte. És a través seu que entenem els factors que han permès que una col·lectivitat tan gran col·labori de manera directa o indirecta (per convenciment o per por a les represàlies) en un tipus de lluita que feia dècades que es trobava en l'absoluta marginalitat, malgrat que aquesta família fos també víctima de l'IRA. Concretament se'ns explica el cas d'una vídua i els seus deu fills que malvivien a un dels edificis icònics de Belfast i del conflicte — Divis Flats, un complex gegantí de pisos que vorejaven la condició d'infrahabitatge— després d'haver d'abandonar casa seva per culpa dels atacs de l'altre bàndol als seus barris i de patir diversos problemes d'ocupacions de cases entre famílies de desplaçats.Seguint la història dels McConville ens assabentem de les pèssimes condicions de la gran majoria d'edificis, amb parets que semblaven de paper, on el fred s'escolava quan volia i on era impossible mantenir cap intimitat, alhora que se'ns planteja un dels temes principals del llibre: la importància de saber guardar silenci en una societat tradicional com la nord-irlandesa i en un context d'enfrontaments com el que es vivia —una qüestió sobre la que tornarem més endavant.
Malgrat que l'autor centra el seu relat sobretot en els membres i les víctimes civils de l'IRA, al llibre també s'explica el disseny i aplicació de les tàctiques per fer front per part de l'exèrcit britànic, que va jugar un paper molt diferent de l'esperat per la població catòlica. I és que en un primer moment les forces armades havien sigut rebudes per la població local amb l'esperança que pacifiquessin la situació, però no només no van complir aquestes expectatives, sinó que van tenir un paper cabdal en la repressió de la lluita proirlandesa i en el suport als grups paramilitars lleialistes i a la policia nord-irlandesa que s'hi enfrontaven —amb episodis tan icònics con el Bloody Sunday de 1972, en què tretze participants, incloent-hi menors, d'una manifestació pacífica pro-drets civils van ser assassinats per l'exèrcit britànic i gairebé una trentena més ferits de bala, malgrat que tots ells anaven desarmats. Combinant, doncs, una política d'enfrontament directe i de bastiment d'una eficient xarxa de confidents, l'exèrcit britànic no va aconseguir debilitar d'entrada la causa dels catòlics, però sí empresonar-ne gran part de les seves primeres espases —entre ells Gerry Adams.
D'entre el gran nombre de presoners que es van fer, la narració se centra en les figures de Brendan Hughes, un dels principals assassins de l'IRA, les germanes Price i d'altres que els van acompanyar en una protesta cada cop més pujada de to des de dins de la presó. Una de les reivindicacions principals dels provos presos era que no se'ls considerés presos comuns, ja que ells no es consideraven terroristes sinó membres d'un exèrcit i sol·licitaven que se'ls tractés com a presos polítics. Així, les presons de l'Ulster van començar-se a omplir a partir de 1976 de reclusos que rebutjaven vestir-se amb l'uniforme d'intern i es tapaven només amb una manta (per això van ser coneguts com els blanketmen), en un desafiament que va incrementar-se el 1978 en implantar una vaga d'higiene i, en uns quants casos, en vaga de fam, a causa de la qual a principis de la dècada de 1980 van acabar morint una desena de presos (entre ells, Bobby Sands) i molts més van quedar amb seqüeles de per vida (com Dolours Price), davant la inacció del govern de Margaret Thatcher.
Tot i que Sands aparegui en el llibre només en ocasió de la seva mort, la seva figura és molt més rellevant per a la història d'Irlanda del Nord del que pugui semblar a primer cop d'ull. En efecte, aquest jove membre de l'IRA va ser el primer provo en ser elegit membre del Parlament britànic, en una jugada orquestrada per Gerry Adams que buscava aconseguir un cop d'efecte a escala global —fer visible, com va acabar passant, que tot un parlamentari era deixat morir d'inanició pel govern britànic. I tot i que en aquesta primera ocasió la via de la política parlamentària s'emprengués només simbòlicament, aquesta no deixava de ser la primera pedra del camí que Adams aniria marcant progressivament per a solucionar la causa nord-irlandesa, conscient del rebuig creixent entre la població de l'Ulster i la divisió interna dins l'organització que la política d'accions terroristes a gran escala empresa per l'IRA —a la mateixa Belfast, com el Divendres Sagnant de 1972, però també a Anglaterra— havia anat generant.
Així doncs, l'esgotament de la via violenta —després d'una lenta assumpció que el triomf de la causa irlandesa no seria immediata— va dur Adams a explorar la via de la política parlamentària. President del partit nacionalista irlandès Sinn Féin ['Nosaltres sols'] des del 1983, any en què va esdevenir diputat del Parlament del Regne Unit, Adams va passar des d'aquell moment a negar la seva pertinença a l'IRA —malgrat que, com prova el llibre, la seva implicació fins aleshores havia sigut absoluta, ocupant una posició molt alta dins l'organització i negociant amb les autoritats britàniques en en nom seu en diverses ocasions durant la dècada de 1970. Aquesta negació, necessària per fer creïble el seu viratge estratègic, va generar un comprensible desassossec entre els seus antics companys i amics dins l'organització terrorista, que en molts casos havien comès crims per ordre seva. I és, precisament, la melangia de tots aquells que van ser deixats enrere pel nou rumb dels esdeveniments una de les grans protagonistes de la darrera part del llibre, centrada en el llegat memorial de l'IRA a partir dels acords de pau de Divendres Sant de 1998, així com en les reparacions rebudes per les víctimes del conflicte.
LA DISTÀNCIA NECESSÀRIA
Al llarg de tot el llibre, però sobretot del seu darrer apartat, constatem com n'és de difícil poder fer una mirada enrere ponderada sobre la història de l'IRA. I aquest és precisament un dels grans èxits del llibre de Patrick Radden Keefe, redactor del New Yorker, que gràcies a la distància física i emocional respecte del seu objecte d'estudi pot oferir-ne una lectura equànime. I és que el fet que aquest llibre s'hagi escrit des d'Amèrica és un ingredient clau perquè hagi pogut veure la llum en les condicions que ho ha fet, lluny de les pressions que hauria rebut si hagués provat de fer aquesta recerca al lloc dels fets. Significativament, i de tots els títols possibles, l'estudi es titula així —tot manllevant un vers de Seamus Heaney sobre el conflicte de l'Ulster— per explicar el clima de silenci imposat que es vivia en una societat tradicional i marcada històricament per la pobresa com és la nord-irlandesa i, més concretament, en un context de lluita armada contra el Regne Unit, en què qualsevol paraula de més podia ser extremament comprometedora.
Al llarg del relat, constatem l'odi cap als delators (els touts) que es respira encara ara a Belfast, exemplificat en el passat en casos com el de la víctima de la maledicència Jean McConville o en el present cap als antics membres de l'IRA que van prestar-se a ser entrevistats secretament per començar a confegir un fons de testimonis orals sobre la història de l'organització i dels Troubles —en un fons protegit que, significativament, va decidir-se que s'ubicaria a la universitat nord-americana Boston College.
Però si la distància física és important, el factor definitiu per a l'elaboració d'un producte com aquest és la distància emocional de l'autor cap al tema. Tal com ens explica ell mateix, Keefe va néixer el 1976 —quan els Troubles feia anys que estaven en dansa— i es va criar en una barriada de les ciutats amb més afluència d'immigrants irlandesos del món com és Boston, Massachusetts. Detallant els seus records d'infància, l'escriptor fa referència als crespons negres en record als terroristes morts als pubs i a les col·lectes en punts de reunió de la comunitat irlandesa per als nois (és a dir, l'IRA), però no manifesta una adhesió emocional a la temàtica des de petit —ben al contrari, no agafa un interès genuí sobre aquesta història fins a l'edat adulta. És per això que pot donar veu a assassins i víctimes sense caure en el maniqueisme ni posar-se de part de ningú.
Precisament, la mirada neutra —l'objectivitat sempre és impossible— amb què està fet el llibre pot dur a l'equívoc de pensar que està escrit en contra de Gerry Adams, però penso que una lectura reposada del text ens prova que no és així. Tot i que queda clar el seu cinisme i es constata la quantitat de cadàvers a l'armari (en el sentit figurat i literal de l'expressió) que ha generat el seu recorregut vital i polític, sobretot a les pàgines finals del relat s'explicita la importància d'aquesta figura perquè s'arribés a un acord de pau a Irlanda del Nord i s'iniciés un camí cap a una convivència mínimament correcta entre totes dues comunitats.
En resum, Keefe opta per explicar-ho tot sobre un personatge al qui, per la seva rellevància històrica i el seu caràcter de mite vivent, molts haurien simplement retratat de manera hagiogràfica. A No diguis res, però, es va més enllà i es mostra fins a quin punt són sacrificats i la quantitat de fidels a una causa que es perden pel camí en els canvis de rumb històric, sense deixar de recordar com d'arriscada era l'aposta per la pau d'Adams ni deixar de posar en valor el seu encert —que només s'ha començat a veure compromès, tal com anticipa l'escriptor en aquest llibre, pel Brexit, al passar-se a considerar desemparada la comunitat protestant dins d'Irlanda del Nord.
CODA: PER A QUAN UN NO DIGUIS RES A L'ESPANYOLA?
En ocasió de la mort de Julen Madariaga, Sebastià Alzamora publicava un article («Madariaga, la història que no sabem», Ara, 6|4|2021) on es feia una pregunta inevitable després d'acabar la lectura de No diguis res. Si bé a Irlanda del Nord fa anys que es treballa cap a un camí de pacificació i s'han fet esforços lloables per explicar amb equidistància els Troubles —en aquest sentit, és molt recomanable visitar la part que s'hi dedica al Museu de l'Ulster, a Belfast—, a Espanya un horitzó com aquest sembla avui en dia encara molt llunyà o, directament, inversemblant pel que fa a la història d'ETA i del conflicte basc, de la qual encara ens queda tantíssim per saber. No deixa de ser-ne un mal símptoma el fet que la novel·la Patria, de Fernando Aramburu (qualificada per Alzamora com a «subproducte»), sigui, segons el relat imperant, el llibre més equidistant sobre aquest tema. Però molt pitjor és la incapacitat del món polític i acadèmic per explorar camins reals cap a la pau i la reconciliació dins l'estat espanyol, acceptant el canvi d'etapa i abandonant la demonització i la humiliació constant de l'adversari derrotat. No diguis res ens ensenya que hi ha altres camins possibles.
dilluns, 23 de gener del 2023
entrevista
09/09/2020 Xavier Graset conversa amb l'escriptor Patrick Radden Keefe.
divendres, 20 de gener del 2023
a voltes amb el conflicte irlandès (l'ira, en definitiva)
JORDI CASAS
A voltes amb el conflicte irlandès (l'ira, en definitiva)
La nostra veu
Pensionistes. Revista de la Federació de pensionistes i jubilats de CC.OO
Núm. 80. Març 2022
Poques vegades hom pot llegir un llibre tan clar i contundent sobre un conflicte tan complicat. Em refereixo al llibre de Patrick Radden Keefe, periodista del The New Yorker: No diguis res (Edicions del Periscopi, setembre de 2020) o No digas nada (Reservoir Books, setembre de 2021; sisena reimpressió), la versió original en anglès del qual és de 2018. No debades, The Irish Times ha escrit que es tracta d’«Una obra descomunal», i Guillermo Altares ha dit que «Me fascinó, es el mejor libro que he leído en bastante tiempo».
Radden fa una dissecció del conflicte irlandès a través, fonamentalment, de l’evolució de l’IRA provisional (IRA, a partir d’ara), els provos, creat el 1969. Sens dubte, hi ha diverses maneres d’aproximar-se al llibre, però, probablement, la més encertada, tot seguint el mètode emprat per l’autor, és abordant les experiències vitals dels quatre personatges que en configuren el gruix: una víctima i tres botxins. La víctima: Jean McConville, una vídua mare de deu fills assassinada per un escamot de l’IRA el 1972. Els botxins, si més no polítics: Dolours Price, Brendan Hughes i Gerry Adams.
Tots ells formen part d’una història truculenta. Era Jean una informadora, és a dir, passava informació sobre l’IRA a l’exèrcit britànic? El llibre no ho acaba d’aclarir. Segons Price i Hughes, sí. És més, Price reconeix que formava part de l’escamot, juntament amb la seva germana Marian. I, suposant que fos veritat, justificava la seva execució? Segons Price, no. Ho va considerar excessiu. Heus aquí un dels dilemes morals que planteja el llibre. No debades, Price, durant la seva llarga estada a la presó, va anar madurant les seves idees sobre el conflicte, i va arribar a la conclusió que la violència no era una solució (de fet, juntament amb la seva germana, s’inicià en un moviment pacifista, però una agressió del sector més dur de l’Unionisme la va fer canviar de parer). Mai més no va agafar una arma, a diferència de la seva germana.
L’IRA considerava que estava en guerra i en una guerra hi ha enemics, espies i traïdors. Als traïdors també cal castigar-los: un tret a la nuca. Price també ho va viure, va haver de traslladar a l’altre costat de la frontera companys de lluita perquè fossin executats. Tampoc no ho va veure clar. Però la disciplina en un exèrcit ho és tot: s’obeeix i punt. I això és el que feia Hughes, un home d’acció. El seu fort no era l’elaboració política, sinó l’execució de les ordres que rebia. Price, i la seva germana, i Hughes eren els braços executors; ja es tractés d’agafar una arma i posar cotxes bombes, com els que feren servir les dues germanes en els quatre atemptats de Londres del 8 de març de 1973. La informació d’un infiltrat, n’hi havia uns quants, evità una massacre de majors dimensions. Price i Hughes no tingueren una vida plàcida. Tots dos quedaren tocats per l’estada a la presó i, sobretot, per sengles vagues de fam. Mai no es recuperaren físicament i psicològicament. Tots dos se separaren, tots dos s’aficionaren a l’alcohol i tots dos tingueren una mort no gaire digna: Price se suïcidà, encara que l’informe forense no ho feu constar. Abans de morir, però, discreparen de l’evolució de l’IRA o, dit amb altres paraules, de l’aposta política del Sinn Féin. Consideraren que era una renúncia a l’objectiu pel qual havien lluitat i matat: l’expulsió dels anglesos de la Irlanda del Nord (o el Nord d’Irlanda, com els agradava dir) i la seva unificació amb la República d’Irlanda.
I aquí entra el quart personatge: Gerry Adams. Tan necessari per a l’evolució de l’IRA i la resolució del conflicte armat, com vilipendiat per alguns dels seus companys de lluita. Havia o no pertangut a l’IRA? Ell ho va negar sempre. Adams va fer seu el poema de Seamus Heaney: «Diguis el que diguis, no diguis res». I va negar la major. Però Price i Hughes sabien que no era veritat, era qui els donava ordres; fins i tot, així ho van declarar, les que van costar la vida a Jean McConville.
Però la fi dels processos armats ja ho té, això, alguns han de quedar exempts de delictes de sang, d’altra manera difícilment poden encapçalar un procés que pretengui fer cau i net. Políticament, hom ho pot entendre, però Price i Hughes, i d’altres, es van sentir traïts.
L’interrogant que causava aquest allunyament del compromís armat era ineludible i sagnant: tot plegat havia valgut la pena? La fi dels dos personatges dona a entendre que mai no van trobar una resposta satisfactòria.
El llibre dona per a molt més, però no es tracta d’allargar-nos excessivament. En tot cas, ens ajuda a entendre la dinàmica interna d’un conflicte armat com l’irlandès. I els seus costos personals, en un costat i l’altre. D’altra banda, és difícil no fer paral·lelismes amb un altre conflicte armat que ens ha quedat més a prop, el que va protagonitza ETA. No debades, tenen un munt de coincidències. Uns i altres, IRA i ETA, es consideraven en guerra i no dubtaren a assassinar i cometre atemptats terroristes, encara que no sempre estigués clar qui eren realment els enemics. Dos processos alimentats per la dialèctica acció-reacció.
I, deixeu-me anar una mica més enllà: darrere d’uns i altres, un nacionalisme de via estreta. I una pràctica avantguardista que, a aquestes altures, ja sabem que no porta enlloc. Com va escriure Conor Cruise O’Brien fa prop de trenta anys, no podem dependre de les nostres veus ancestrals. El passat, una determinada lectura del passat, no pot distorsionar de tal manera el present que ens impedeixi marcar uns objectius que comptin amb un consens prou ampli com per fer-los creïbles i desitjables. La quimera—i inventar un país o considerar-se l’únic intèrpret d’aquest ho és— no pot substituir la utopia. La utopia no és un punt en el temps o l’espai, és el camí, i el camí ha de poder ser transitable. I la violència, precisament, el que fa és que només sigui transitable per a qui la practica, i no a un preu menor, precisament.
I, si no, que ho preguntin a Dolours Price o Brendan Hughes, suposant que això fos possible.
dilluns, 16 de gener del 2023
com es fa terrorista la gent normal?
XAVI AYÉN
Com es fa terrorista la gent normal?
La Vanguardia
13|9|2020
Les germanes Dolours i Marian Price –a la imatge– van ser considerades les terroristes més glamuroses d’Europa. Membres de l’IRA, van atracar bancs disfressades de monges i fins i tot van aparèixer posant en revistes elegants, amb un mocador a la cara. Malgrat això, no els tremolava la mà per assumir tota mena de tasques, com ara segrestos, col·locació de bombes en espais públics i el que elles anomenaven “execucions”.
Jean McConville –a la imatge de la dreta– era una dona de classe treballadora que havia perdut el marit a causa d’un càncer. Va ser segrestada i desapareguda per l’IRA el desembre del 1972, quan un grup d’encaputxats van entrar al seu pis de protecció oficial en un barri catòlic de Belfast i se la van emportar en presència dels seus deu fills, tots menors d’edat. El seu pecat eren unes acusacions, pel que sembla infundades, d’haver passat informacions a l’exèrcit britànic.
Són exemples de personatges (reals) que apareixen al llibre No diguis res ( Periscopi / Reservoir Books), del periodista dels Estats Units Patrick Radden Keefe ( Dorchester, 1976), que durant quatre anys es va submergir en el conflicte d’ Irlanda del Nord, concretament en els seus anys més cruels, és a dir, la dècada dels setanta. Es tracta d’una de les obres de no-ficció periodística més importants publicades darrerament.
Des de casa seva, a Nova York, Keefe atén aquest diari per videotrucada. Arran del coronavirus ja no va a la redacció de The New Yorker, on treballa. Explica que el títol al·ludeix a la cultura del silenci, que respectaven escrupolosament tots els membres i simpatitzants de l’IRA, des dels soldats fins als veïns dels blocs de pisos, ensinistrats per passar-se les armes d’una finestra a una altra quan hi havia escorcolls policials. “Vaig créixer llegint Seamus Heaney i el seu poema Diguis el que diguis, no diguis res, en què es refereix al tema”.
Keefe no era especialista en aquesta qüestió. Un dia del 2013 va llegir a The New York Times l’obituari de Dolours Price i “el personatge em va fascinar. Era un exemple de noia jove seduïda per la política radical, que es veu implicada al màxim en la violència i després les coses es calmen. Què passa amb aquesta gent quan es fa gran?, em vaig demanar. Els supervivents surten de la presó, es casen, tenen fills... Com miren el que van fer de joves? En realitat el llibre tracta de com païm el nostre passat”.
No diguis res es llegeix com una novel·la. Els seus models són, en la trama i caracterització de personatges, autors com John Le Carré o Frederick Forsyth, però, en l’essencial, explica, altres reporters, com ara el Gabriel García Márquez de Noticia de un secuestro o el Philip Gourevitch –col·lega de Keefe a la redacció– de Queremos informarles de que mañana seremos asesinados con nuestras familias, “obres que ensenyen com et pots aproximar literàriament a la violència”.
Malgrat que el llibre està basat en moltes entrevistes i documents, Keefe ha escrit en tercera persona, com un narrador omniscient, “perquè m’interessava que tot fluís de la millor manera per al lector. Els que sentin curiositat per saber d’on trec cada cosa poden anar a les notes del final”. Sense fer espòilers, l’atzar provoca que Keefe descobreixi ni més ni menys que qui va ser la persona que va disparar contra McConville. “Si no n’estigués segur al 100% –afirma– no hauria escrit el nom d’aquesta persona: és una acusació molt greu”. El més curiós és que “no hi ha hagut cap conseqüència. Abans que sortís el llibre l’hi vaig explicar als fills de McConville; no volia que s’assabentessin per la premsa de qui va matar la seva mare. Els va sorprendre molt, no sospitaven d’aquella persona. Amb tot, no hi va haver cap arrest. Les proves que necessita un periodista són de naturalesa diferent de les que requereix un tribunal”.
Menys dubtes hi havia sobre qui va donar l’ordre de segrestar i executar la dona: Gerry Adams, llavors un dels líders de l’IRA Provisional i molts anys després impulsor de la pau. Avui Adams continua negant que pertanyés a l’IRA, contra les evidències que apareixen al llibre. “Va començar com una petita mentida que ell va dir fa molt de temps –raona Keefe–; la va anar repetint i ja no es pot fer enrere. És l’únic que ho nega; de fet, fins i tot altres membres el recorden. Els seus defensors sostenen que una admissió seva activaria persecucions judicials i que la policia l’hauria de detenir. Pot ser que sigui cert, però això crea una situació molt absurda”. Adams va rebutjar entrevistar-se amb Keefe, cosa que el periodista respecta: “Ell ja sabia que a mi m’interessava l’assassinat de Jean McConville, just el tema de què ell no volia parlar”.
Sembla increïble que a la civilitzada Europa es pogués donar un conflicte semblant, que va provocar 3.500 morts (per adonar-nos de la dimensió, en tota la seva història ETA va matar 864 persones, i la població actual d’ Irlanda del Nord és de tan sols 1,8 milions d’habitants).
– Es podria repetir una cosa semblant, avui?
– Espero que no, però no és un fet tan únic: vosaltres coneixeu el País Basc, o el cas extrem de Bòsnia. Seria ingenu dir que això no es pot repetir. Aquest és un dels temes del llibre: com una societat en pau, estable, sense cap mort, l’any 1969 passa a convertir-se en una altra cosa que ningú no es podia haver imaginat. Ara mateix tenim morts i ciutats incendiades pels aldarulls als EUA. No és tan llunyà.
“Les germanes Price eren atractives, carismàtiques –explica–, la gent en recorda sobretot el somriure fascinant. Eren icòniques; per als catòlics republicans, un pòster, com el Che Guevara. Elles ho sabien, i avui dia serien a Instagram”. Keefe situa cada personatge i grup davant les seves accions i deixa al lector que jutgi. També hi fa aparèixer paramilitars unionistes i alguns militars de l’exèrcit, que van ser enviats a Irlanda del Nord com qui sufoca una rebel·lió a les colònies.
L’obra ofereix cameos de famosos, de Margaret Thatcher a l’actor Stephen Rea, que es va casar amb Dolours Price i va portar el seu fèretre al funeral. “És un personatge fascinant, que va saber separar la seva feina com a actor del conflicte. La nit abans de l’atemptat múltiple amb bombes a Londres el 1973 actuava en un teatre de la zona; només per un dia no va ser ell una de les víctimes de la seva futura dona”.
“M’interessava retratar la gent normal que de sobte decideix empunyar una arma –aclareix Keefe–, reflectir aquesta alegria juvenil de qui se’n va a fer la revolució”. Matisa que “fins i tot durant els anys més durs la majoria de la població no donava suport a la violència, només alguns segments. Ara bé, l’Ulster era una societat molt dura: els catòlics estaven discriminats, no tenien les feines bones, no podien accedir al poder polític, i això va generar simpaties a la causa de gent no violenta”.
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| Dolours i Marian Price. |
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Jean McConville amb els seus fills Robert, Helen i Archie i el seu marit, Arthur. |
divendres, 13 de gener del 2023
la memòria de les víctimes
GUILLERMO ALTARESLa memoria de las víctimas: combatir el terrorismo con palabrasBabelia | El País2|10|2020
En la primera escena de la serie de HBO Patria, Bittori, una de las dos protagonistas de la novela de Fernando Aramburu, viuda de un empresario asesinado por ETA, visita su tumba y le explica: “Yo tengo una necesidad de saber, la he tenido siempre y ahora no me van a parar. No quiero que me entierren sin saber quién fue el que te mató, es una necesidad poder sentarme y decir, pues ya está y se acabó”. En el libro, el diálogo con el Txato es más largo, pero el fondo es el mismo: sin la verdad, las víctimas nunca podrán encontrar la paz, ni tampoco las sociedades que albergaron la violencia.
No digas nada, la estupenda investigación del periodista estadounidense Patrick Radden Keefe sobre la violencia en Irlanda del Norte, gira en torno al mismo tema: la verdad ocultada, la necesidad de saber que sienten los familiares de las víctimas y el terror que nunca se termina mientras queden preguntas sin respuesta. Este libro, que podría ser descrito como una novela de no ficción, relata la historia de dos mujeres. Una de ellas es Jean McConville, viuda de 38 años, que había dado a luz a 14 hijos de los que habían sobrevivido 10, secuestrada por un grupo de hombres armados en su paupérrima casa de un barrio católico de Belfast en 1972 y desaparecida. Su cuerpo no fue encontrado hasta 2003. Un espeso silencio impidió que se conociese su suerte durante décadas. Fue asesinada acusada de ser una informante, aunque sus hijos siempre mantuvieron que una mujer pobre, viuda, madre de diez retoños, tenía mejores cosas que hacer que chivarse al Ejército británico.
El otro personaje central del libro, que acaba de publicar Reservoir Books en una cuidada traducción de Ariel Font Prades, es Dolours Price, una terrorista del IRA con aspecto de estrella de cine, detenida después de organizar una serie de atentados con bomba en Londres. Price falleció en 2013, habiendo renunciado a la violencia, pero descontenta con el proceso de paz y enfrentada con Gerry Adams, otro personaje importante del relato. Este antiguo dirigente del IRA se reconvirtió en político como líder del Sinn Fein y fue un actor esencial en los Acuerdos de Viernes Santo, que en 1998 acabaron con la violencia en el Ulster. Para poder aceptarlo como interlocutor, todo el mundo admitió la ficción de que nunca había tenido nada que ver con el terrorismo, pese a que dio órdenes para cometer asesinatos y atentados.
La desaparición de Jean McConville refleja la crueldad del conflicto de Irlanda del Norte, los llamados Troubles, una guerra sin frentes, con paramilitares republicanos —terroristas partidarios de la unión con Irlanda–, unionistas –terroristas partidarios de la unión con el Reino Unido—, escuadrones militares de la muerte, limpieza étnica y un silencio siniestro dividido por líneas sectarias. Pero el libro de Radden Keefe va más allá, porque obliga al lector a reflexionar sobre la necesidad de verdad de las víctimas, porque ocultar los hechos forma parte del terror. La justicia depende de las condiciones de un acuerdo de paz, que a veces ha requerido que asesinos confesos queden en libertad, pero la verdad es otra cosa. Las víctimas pueden encontrar, o no, la reparación a través de los tribunales, pero es imposible que logren poner en orden sus vidas si, como Bittori o los hijos de Jean McConville, nunca llegan a saber lo que pasó.
Ese mismo deseo de verdad sobrevuela El olvido que seremos (Alfaguara), la novela del colombiano Héctor Abad Faciolince sobre el asesinato de su padre por paramilitares que acaba de llevar al cine Fernando Trueba, o Una vida breve (Periférica), en el que Michèle Audin recuerda también a su padre, secuestrado por paracaidistas franceses durante la Guerra de Argelia y desaparecido desde 1957. “De la vida, de su vida, de una vida cuyas huellas no han desaparecido quiero hablarles aquí”, escribe Audin en este libro recién publicado. Una de las primeras cosas que tratan de hacer los terroristas es borrar la memoria de sus víctimas y ambos libros, como el de Radden Keefe, logran exactamente lo contrario: recuperarla, darle vida, confirmar que el terror también se puede combatir con palabras. Esa forma de recordar también es una parte esencial de la verdad.
Desapariciones forzosas
Como ha explicado el reportero Gervasio Sánchez en su investigación sobre las desapariciones forzosas en diferentes conflictos —Desaparecidos. Víctimas del olvido (Blume)— se trata de un dolor interminable porque, mientras no se encuentre el cuerpo, las familias siguen sufriendo. En uno de los momentos más brutales del libro, Radden Keefe relata que en 1999 fue recuperado el cuerpo de Eamon Molloy, un joven asesinado por el IRA en 1975 cuando tenía 21 años acusado de ser un informador y desaparecido desde entonces. Poco después del hallazgo de los restos, un sacerdote se plantó en casa de la familia y les contó que había confesado a Molloy poco antes de morir. Durante 24 años guardó silencio. Aquel sacerdote pudo haber terminado aquel suplicio, sin dar pistas ni detalles, ni nombres, simplemente pidiendo a la familia que dejase de esperar. Pero se calló.
El gran historiador irlandés Tim Pat Coogan explica en The Famine Plot, un libro sobre la Gran Hambruna de la Patata, una catástrofe provocada por los ingleses que a mediados del siglo XIX redujo en dos millones la población de Irlanda (pasó de ocho a seis), entre fallecidos e inmigrantes, que, cuando acabó, desapareció de la memoria común. Su tesis es que mucha gente hizo cosas tan horribles durante aquellos años —cuenta la historia de un hombre que mató a pedradas a una vecina moribunda porque trató de quitarle un nabo— que prefirieron olvidar. Por eso también la memoria es importante, porque como explican Radden Keefe, Abad Faciolince, Audin o Aramburu no todos fueron iguales: se debe recordar quiénes fueron las víctimas, los verdugos y las personas normales que hicieron cosas horribles, como aquel sacerdote que condenó a una familia a 25 años de dolor. Todo ello forma parte de la verdad.
dimarts, 10 de gener del 2023
irlanda del nord: conflicte, memòria i narració
JAN BRUGUERAS
Irlanda del Nord: conflicte, memòria i narració
El temps
15|2|2021
Cal dir-ho d’entrada: No diguis res, de Patrick Radden Keefe, és un relat francament ben articulat. Ho és perquè té una estructura narrativa atractiva i efectiva que, mitjançant el recurs d’enllaçar diverses històries personals, fa avançar el lector per diferents moments clau del conflicte a Irlanda del Nord, dels anys seixanta als noranta, amb ramificacions evidents fins a l’actualitat: de les marxes pacífiques pels drets civils de la població catòlica a finals dels seixanta, a la batalla del Bogside a Derry que iniciava el període d’enfrontaments conegut com els Troubles (els avalots), passant per la formació de l’IRA Provisional i els seus mètodes i accions, el Diumenge Sagnant, la contrainsurgència i la repressió britàniques –aplicades de manera similar a com ho havien fet a d’altres guerres colonials–, la vaga de fam i la mort de Bobby Sands i 9 presos més dels Provos el 1981 durant el mandat de Margaret Thatcher, els diferents processos de negociació que dugueren a l’aturada del conflicte armat amb l’Acord de Divendres Sant el 1998, etc. I tot a través de testimonis: protagonistes, espectadors o damnificats. Sovint més d’una cosa a la vegada.
El llibre comença justament amb la reconstrucció de la nit de la desaparició de Jean McConville, una mare vídua amb 10 fills que vivia en un suburbi catòlic de Belfast, a través dels records dels seus fills. Un grup de gent, veïns inclosos, va irrompre al seu habitatge i se la va endur poc després que, suposadament, ella hagués ajudat un soldat britànic ferit. No va tornar mai més. Aquest fet esdevé un dels eixos centrals del text, que mira de respondre totes les preguntes (què, qui, on, com, per què...) en un món de silencis imposats i autoimposats, al mateix temps que desgrana l’accidentadíssima i truculenta trajectòria de cadascun dels fills, marcats per sempre més per aquella nit del 1972. Els records de tots ells –damnificats i implicats– són, per tant, la matèria primera de la narració.
No diguis res, doncs, és farcit d’elements i de matisos dignes de ser comentats, però de tots ells em centraré en un: la relació entre l’estructura de la narració i la memòria. No cal haver llegit sobre filosofia de la història per veure que, en l’escriptura de la història, hi ha una clara tensió entre els fets i la seva explicació. És a dir, una cosa és la constatació factual d’un esdeveniment –que una cosa va succeir en tal data i a tal lloc–, i una altra és inserir aquest fet en una narració, en una relació de causalitat amb d’altres fets, fer-ne una interpretació i analitzar-ne l’impacte. Fins i tot hi ha un pas previ: la tria dels fets que entraran a la narració i la dels que en quedaran fora. Descriure, malgrat el que digués Josep Pla, també és opinar. I si els fets han passat pel sedàs de la memòria dels implicats, encara més.
Tot això ve a tomb perquè, a banda de les entrevistes i la ingent documentació aplegada per Keefe, les fonts principals per tal de bastir el llibre són els testimonis directes de diversos antics membres de l’IRA Provisional que van acceptar ser entrevistats després de l’Acord de Divendres Sant per un projecte del Boston College que pretenia ser un arxiu de la memòria del conflicte. Els asseguraven –cosa que en alguns casos no es va complir– que els enregistraments no veurien la llum fins després de la seva mort.
Fos com fos, el cas és que la narració que en resulta porta a identificar-se clarament amb els qui aporten el seu testimoniatge. Enzo Traverso, en el seu assaig Els usos del passat –editat i traduït al català per Gustau Muñoz a Publicacions de la Universitat de València–, ja destacava que en les darreres dècades el testimoni ha estat l’element central de les polítiques de memòria. De fet, la figura del testimoni s’identifica sovint i de manera boirosa amb la de víctima. I la víctima porta a l’empatia, en aquest cas del lector. Al llibre de Keefe això passa, naturalment, amb els fills de McConville, que van passar per un calvari després de la desaparició de la seva mare i que van tardar dècades a poder localitzar el seu cos. Però també passa amb els antics Provos que van fer de testimonis al Projecte Belfast del Boston College. Sobretot perquè els qui es van avenir a participar-hi eren els qui s’havien oposat al procés de pau que duria a l’Acord de Divendres Sant. Gent com Dolours Price o Brendan Hughes se’ns presenten derrotats i demacrats pels anys de lluita –vagues de fam incloses durant els seus empresonaments- i amb dificultats d’adaptació a la vida civil posterior al conflicte bèl·lic. La seva és una visió desencantada dels fets: va tenir sentit tot plegat si després tots aquests sacrificis van quedar balafiats en unes negociacions que no conduïen a l’objectiu final, és a dir, a la unitat irlandesa?
En canvi, a l’altre extrem s’hi situa Gerry Adams. El líder del Sinn Féin, protagonista del procés de pau, és presentat com un personatge cínic i maquiavèl·lic. Se’n destaca la seva habilitat política –amb punts foscos inclosos– a l’hora de capitalitzar políticament la vaga de fam i la mort de Sands i els altres 9 provos el 1981. A partir d’aleshores, la lluita armada es va compatibilitzar amb una lluita electoral que prenia embranzida a través del Sinn Féin. Però per damunt de tot, els testimonis aplegats destaquen el seu paper de dirigent en el si dels Provos de Belfast durant els anys més cruent dels Troubles, en el tombant dels anys seixanta als setanta, amb totes les decisions i responsabilitats en el si de la lluita armada que això comportava. I aquí és on em sembla que hi ha una de les claus de volta dels efectes de la narració: l’empatia s’estableix amb els vells Provos ressentits amb el procés de pau perquè, tot i detallar assassinats i atemptats, diuen “la veritat” i tenen ganes de “confessar-se”. I ho fan perquè senten que els seus ideals van ser traïts pel maquiavel·lisme d’Adams. Són un altre tipus de víctimes, però víctimes al capdavall.
Per tant, a Adams, que sempre ha negat haver format part de l’IRA Provisional i haver tingut responsabilitats en la lluita armada, no se’l jutja tant per les seves presumptes responsabilitats durant el conflicte –que també–, com sobretot pel fet de no dir “la veritat”, per mantenir una actitud que apuntalava –el concepte el fa servir Keefe– una certa “negació col·lectiva” i un “monopoli sobre la memòria de la lluita armada republicana”. Cap al final del llibre, Keefe sembla voler matisar mínimament la impressió sobre Adams –o més aviat contra Adams– de bona part de la narració quan afirma que “és difícil no simpatitzar emocionalment amb Hughes. Políticament, en canvi, seria un disbarat no simpatitzar amb Adams. [...] Per molt insensibles que fossin les motivacions d’Adams, va ser ell qui va desviar l’IRA d’un conflicte sanguinari i irresoluble i el va dur fins a una pau fràgil però perdurable”.
Caldria preguntar-se si Adams hauria pogut tenir aquest paper acceptant –en cas que, tal com asseguren els testimonis aplegats, efectivament en fos responsable– tot allò que se li atribueix. Bàsicament, perquè tal com es detalla al llibre, els delictes pendents continuen oberts, i precisament les entrevistes del Projecte Belfast del Boston College van acabar servint per fer noves acusacions. També podria ser pertinent preguntar-se si es jutja amb la mateixa severitat altres personatges que van tenir responsabilitats durant el conflicte i que no van explicar totes les implicacions de les seves decisions com, posem pel cas, Margaret Thatcher. La complexitat de tot plegat, per tant, és enorme. Alguns fets concrets tal vegada s’acabaran d’aclarir en la línia que exposa la investigació de Keefe pel que fa a la responsabilitat d’Adams. Les diferents consciències històriques que de tot plegat se’n derivin, en canvi, no seran mai definitives ni s’arribarà a una “veritat” sobre aquests anys de conflicte. En definitiva, tal com apunta Traverso, la memòria sempre es declina en present. En tot cas, no dubteu a llegir No diguis res: és una narració amb alguns enfocaments polèmics, però és un tros de llibre.
dimarts, 3 de gener del 2023
una panoràmica detallista i real del conflicte nord-irlandès
PERE ANTONI PONS
Una panoràmica detallista i real del conflicte nord-irlandès
Arallegim
16|10|2020
Des del punt de vista literari -i aquí l’adjectiu “literari” inclou des de la novel·la fins a la poesia, passant pel periodisme narratiu-, la manera més eficient d’abordar un tema tan brutal i complex com el conflicte d’Irlanda del Nord és renunciar a les pretensions d’exhaustivitat, centrar-se en uns quants personatges i, sense bandejar el context, prendre com a nucli dramàtic uns esdeveniments concrets. Això és el que ha fet Patrick Radden Keefe, un dels periodistes més brillants de la revista The New Yorker, a No diguis res. Una història real de violència i memòria a Irlanda del Nord.
Els fets que Radden Keefe investiga, reconstrueix i relata al seu llibre són el segrest i la posterior desaparició de Jean McConville, una jove vídua mare de deu fills que el 1972, just a l’inici dels Troubles, vivia en un barri pobre i catòlic de Belfast. Acusada de ser una confident dels britànics, una nit l’IRA va irrompre a casa seva i, amb la connivència dels veïns i davant dels seus fills estupefactes i terroritzats, se la van emportar.
Què li va passar a Jean McConville? Qui va donar l’ordre de fer-la desaparèixer? Qui va participar en l’operació? ¿És plausible que una dona senzilla i desvalguda com ella fos una confident dels britànics? ¿De quina manera el llegat de dolor i d’incertesa -no sabien del cert si la seva mare era morta o no- amb què han hagut de carregar els germans McConville ha marcat les seves vides? ¿De quina manera es pot superar, individualment i col·lectivament, una tragèdia tan multiforme com la que va provocar l’enfrontament de prop de trenta anys entre l’IRA i els paramilitars unionistes i l’exèrcit britànic, que va deixar tres mil sis-cents morts i una memòria insuportable de dolor, remordiment, odi i rancor? Són algunes de les preguntes que planteja No diguis res. I Radden Keefe, que ha fet una feina d’investigació incisiva i escrupolosa -una feina que en un sistema literari com el català és dramàticament inconcebible perquè no surt a compte ni per diners ni per prestigi-, les respon totes.
Panoràmic i detallista
Tot i que el llibre no té l’exhaustivitat dels volums d’història -una lectura ineludible, en aquest sentit, és Armed struggle. A history of the IRA, de Richard English-, No diguis res combina a la perfecció una mirada panoràmica sobre mig segle de conflicte amb la vivor vibrant del detallisme. Hi surten, almenys de passada, totes les fites dels Troubles, des del Diumenge Sagnant fins als Acords del Divendres Sant, passant per les vagues de fam encapçalades per Bobby Sands i per tota mena d’atemptats terroristes republicans i de maniobres brutes de l’estat. La galeria de personatges també és riquíssima: des de Gerry Adams -tan carismàtic i intel·ligent com tèrbol i maquiavèl·lic- fins a les glamuroses germanes Price, passant pel temerari i idealista Brendan Hughes, als quals s’ha d’afegir tot un reguitzell de secundaris esgarrifosament memorables.
Rigorós i veraç, Radden Keefe ordena i desplega la immensa quantitat de materials que maneja mitjançant una estructura novel·lesca -amb tensions, distensions, cops d’efecte, girs...- i un estil sobri, robust i trepidant que fan de No diguis res una obra mestra del periodisme literari.
Ideològicament, el llibre és analític, ponderat i imparcial. Èticament, és brut i devastador: hi abunden els crims, les traïcions, les tortures, les mentides, els desenganys. Humanament i històricament, permet constatar que la violència sovint és inevitable, que matar sovint és morir una mica, que el sentit dels sacrificis sovint és inextricable i que la memòria, ondulant, en disputa i polièdrica, sempre és imprescindible.
divendres, 30 de desembre del 2022
què és la veritat?
ALFRED MONDRIAN
Patrick Radden Keefe, No diguis res
El trapezi
17|2|2021
“Què és la veritat?/ Vidre llançat, esmicolat,/ als quatre vents de la ciutat…”, observa Salvador Espriu en un dels poemes més intensos de Setmana Santa. Endinsar-se en els orígens d’un conflicte armat, en la seua evolució sagnant i en les seues incomptables —i tèrboles— ramificacions no presagia, ni de lluny, un final satisfactori en què queden contestades la majoria de preguntes. Patrick Radden Keefe, periodista de The New Yorker, decidí fixar la mirada en la història dolorosa i esfereïdora d’Irlanda del Nord. Però No diguis res es distancia des de l’inici de repassar els fets clau i les causes d’aquest enfrontament territorial, religiós i identitari. L’objectiu d’aquest reportatge d’investigació és esbrinar els autors i les circumstàncies de l’assassinat de Jean McConville, una viuda amb deu fills que un dia de desembre del 1972 fou segrestada per un escamot de l’IRA en el suburbi de Belfast on vivia. Una desaparició envoltada de silenci i secretisme que Patrick Radden enllaça amb la trajectòria d’alguns dels màxims responsables d’uns anys —coneguts com els Troubles— marcats per una violència atroç que provocà més de tres mil cinc-centes víctimes.
En llibres com A sang freda de Truman Capote o L’adversari d’Emmanuel Carrère hi ha la sensació, en algunes pàgines, que l’autor se sent fascinat pel personatge que té al davant, retrats que no dissimulen la perplexitat —i cert magnetisme— perquè individus grisos i anodins hagen pogut cometre uns crims espaordidors. En el primer apartat de No diguis res sembla com si Patrick Radden no haja pogut defugir el poder d’atracció de Dolours i Marian Price, unes germanes que protagonitzaren alguns dels atemptats més impactants d’aquells anys, com la col·locació de cotxes bomba que esclataren el març del 1973 al centre de Londres i que representaven un salt qualitatiu en les accions del grup armat. Però després de la detenció, el juí i l’empresonament de les germanes Price s’esvaeix en poc temps l’aura mítica de revolucionàries i d’activistes estrella. Ja com a recluses, de seguida decideixen liderar una vaga de fam per tal d’obligar les autoritats britàniques a traslladar-les d’Anglaterra a un centre penitenciari d’Irlanda del Nord. A partir d’aquella iniciativa, que deixà unes seqüeles evidents en les germanes —amb uns traumes que no desapareixerien mai—, Patrick Radden traça un dibuix de les contradiccions, fantasmes, desig de supervivència i de canvi de vida de Dolours Price, que junt a Brendan Hugues —un dels dirigents de l’IRA més compromès i intransigent— representen el nucli des d’on s’estenen tots els afluents del relat de No diguis res.
En un clima irrespirable a Belfast, amb explosions indiscriminades, delacions, desconfiança generalitzada, tortures, pràctiques mafioses i grups armats que cometen atemptats sense treva, la narració de Patrick Radden amplia l’objectiu. Per un costat, la determinació de les forces de seguretat britàniques per a la creació d’una xarxa de contraespionatge que havia de reclutar agents dins del bàndol dels insurgents republicans: els traïdors —molts d’ells inesperats— són elements imprescindibles per desfer molts nucs d’aquesta intricada història. Per altra banda, l’escletxa progressiva entre la facció més dura de l’IRA i aquells que pretenen explorar vies polítiques per a intentar aturar el conflicte. És en aquest moment que en No diguis res conflueixen totes les línies, l’evolució de les negociacions i la forma en què cadascun dels protagonistes del llibre reflexiona sobre el sentit que ha tingut la seua implicació en la lluita, amb una barreja d’incomprensió, ràbia i desengany. Alguns dels millors capítols repassen el sentiment de derrota i la incapacitat d’adaptar-se als nous temps d’antics militants, compromesos des de l’adolescència en la revolta i ara refugiats en la solitud i l’alcohol. Fins que tots els punts dispersos es reordenen al tauler i se situen sobre la figura de Gerry Adams, nom emblemàtic del Sinn Féin i del procés de pau, però també amb un passat fosc i inquietant. L’autor tracta d’aclarir tot un cúmul d’interrogants sobre la seua implicació en els anys de plom després d’una recerca extenuant en arxius, hemeroteques i d’entrevistes amb alguns dels activistes que estigueren —incondicionals i, ara, contrariats i decebuts— al seu costat.
Ara bé, Patrick Radden no intenta arribar a conclusions que escapen al propòsit periodístic i a la reconstrucció d’uns fets que tenen el seu origen en l’assassinat tenebrós de Jean McConville. Com en els reportatges de Timothy Garston Ash de l’època de la guerra freda i la posterior caiguda del mur de Berlín, existeix la convicció en l’autor de No diguis res que no pot aconseguir una narració neutral, i que sempre trobarà reticències a les seues interpretacions en un país com Irlanda del Nord que ha patit un grau de violència extrema. Una població que davant de qualsevol denúncia o difusió d’un episodi condemnable, de seguida trobarà la rèplica amb un greuge major, ja que tots se senten —en una mesura o una altra— perjudicats en l’intent d’aproximar-se a la veritat. Per això aquest llibre comença amb l’experiència que nasqué en el Boston College d’enregistrar els testimonis orals d’alguns dels protagonistes dels Troubles, unes confessions que tan sols es farien públiques després de la mort dels entrevistats per tal d’aportar alguna llum a una època fatídica en què la celebració més comuna i compartida era la dels funerals. Encara que fins i tot aquest projecte acadèmic no escapà a les suspicàcies i al pes del passat i es convertí, malgrat les garanties inicials, en matèria d’enfrontament entre les parts implicades. No diguis res és un retrat sotragant de ferides impossibles de tancar, d’un període de fanatisme i d’abdicacions morals, de presoners de les idees.
dimarts, 27 de desembre del 2022
violència, secrets, traïció
ANTONIO LOZANO SAGRERA
Violència, secrets, traïció
El País | Quadern
17|9|2020
Obrim amb una cambra blindada amb càmeres de seguretat, control climatològic i sistema antiincendis a la biblioteca Burns del Boston College, anomenada la Sala del Tresor, a la qual arriben, el juliol de 2013, dos inspectors de policia per prendre uns documents secrets. Saltem enrere, al vespre de 1972 en què Jean McConville, una vídua de 38 anys i mare de deu fills, va ser segrestada al seu domicili de Belfast per no tornar mai més... Podríem ser davant d’un thriller, una novel·la negra o una novel·la d’espies, però la cosa és molt més trista i cruenta: és el pòrtic a una feina de quatre anys dedicada a l’estudi del conflicte que va sacsejar Irlanda del Nord durant tres dècades, conegut popularment com The Troubles.
Patrick Radden Keefe (Dorchester, Massachusetts, 1976) —redactor de The New Yorker i col·laborador de mitjans com The New York Times Magazine, Slate i The New York Review of Books— ha trobat la fórmula perfecta per acostar-se a la tragèdia: claredat, pols narratiu, emoció, profunditat, imparcialitat. Capaç d’encaixar uns fets terribles i complexos, a la vegada amb un arc temporal i una varietat de personatges amplíssima, en una narrativa fluïda i apassionant, o d’agermanar la investigació periodística més rigorosa i completa amb els mecanismes addictius de la novel·la de suspens de qualitat; en altres paraules, una comprensió exemplar de les possibilitats de la non fiction-novel (no és agosarat pensar que Truman Capote s’hauria acostat als fets des d’una òptica semblant). Els reconeixements parlen per si mateixos: premis Orwell d’Escriptura Política 2019 i National Book Critics Circle de No-Ficció 2019; finalista del National Book Award; a les llistes de millors llibres de l’any del The New York Times, The Washington Post, Time i Time Magazine.
En un marc de fanatisme, violència, ideologia i bogeria en què la línia divisòria entre víctimes i botxins queda dissolta, No diguis res va relatant els moments àlgids de la lluita armada i el pols polític (atemptats, vagues de fam, negociacions obertes o en secret, judicis), a la vegada que il·lustra sobre interioritats (tàctiques d’insurgència i de contraterrorisme, infiltració d’espies, mètodes d’interrogatori i tortura, tensions internes als dos bàndols…) i convida a reflexionar sobre si els fins justifiquen els mitjans, els límits de l’amistat, la mercantilització del màrtir, el grau de sacrifici que implica la pau…
Són nombrosos els encerts i els recursos de l’autor perquè informació i entreteniment siguin un i el mateix: pausar l’acció en moments angoixants com el més astut guionista de cliffhangers; humanitzar tothom sense caure en hagiografies ni demonitzacions; mantenir una visió objectiva sense descafeïnar la gravetat i els excessos de totes les parts; no caure en la temptació d’introduir referències personals en la història (un mal molt freqüent en col·legues americans) ni incórrer en sentimentalismes, i anar condimentant el relat amb episodis inversemblants, a vegades dignes d’un thrillerhiperbòlic de Hollywood o d’una de gàngsters de Guy Ritchie, d’altres del teatre de l’absurd o d’una comèdia negra. Una mostra: un carregament d’armes que l’IRA passa de contraban en el transatlàntic de luxe amb el nom de la reina, Queen Elizabeth II; vendre cosmètics i joguines i oferir serveis de bugaderia com a tapadora; fugides de presons en helicòpter, o per mar empastifant-se el cos amb mantega i betum a partir de l’exemple d’una foca, disfressats de bisbes, dins de matalassos rovellats en camions de la neteja…; capellans cridats de matinada per donar l’extremunció abans d’una execució; membres d’un comando fent turisme al Palau de Buckingham o emborratxant-se en pubs la vetlla de col·locar diversos cotxes bomba; robatoris d’obres d’art (Vermeer, Velázquez, Rubens, Goya…) per exigir el trasllat a una presó d’Irlanda del Nord d’unes recluses en vaga de fam; un atac amb granades durant un enterrament que fa que l’endemà alguns dels assistents acabin sota terra al mateix punt…
Potser el millor elogi que es pot fer a No diguis res (publicat en castellà a Reservoir Books) és que és el llibre que tot conflicte polifacètic i dolorós demana, un llibre que obre portes a poder contextualitzar, entendre, pensar, perdonar, debatre, parlar… i que, presidit per la necessitat de recordar, està escrit tant per al present com per al futur.
dimecres, 21 de desembre del 2022
divis flats, belfast
Gentilesa de la Isàvena Opisso
«Divis Flats havia de ser una meravella futurista. L'edifici es va construir entre el 1966 i el 1972 com a part del programa de «neteja de barris pobres», en virtut del qual un antic barri superpoblat d'habitatges del segle XIX, conegut com a Pound Loney, havia quedat arrasat, i consistia en una sèrie de dotze blocs d'habitatges interconnectats, amb vuit-centes cinquanta unitats. Inspirats en Le Corbusier, els pisos s'havien concebut com una «ciutat al cel» que alleujaria la manca d'habitatge de Belfast i al mateix temps proporcionaria a famílies normals i corrents com els McConville unes comoditats que els devien semblar molt luxoses. Els residents de Divis Flats disposarien de dutxa i lavabo dins de casa, a més d'una pica amb aigua calenta. Cada planta del bloc tenia una àmplia terrassa de ciment que anava d'un extrem a l'altre, i a la qual donaven els apartaments. S'havia dissenyat així per evocar els carrerons de les fileres de cases de Pound Loney, i per proporcionar una àrea recreativa on els nens podrien jugar. Les portes estaven pintades amb tons pastels, i els vermells, blaus i grocs oferien un esclat vibrant de colors optimistes que contrastaven amb la grisor habitual de la resta de la ciutat.
Els McConville es van instal·lar en un dúplex de quatre habitacions en una zona del complex anomenada Farset Walk. Però la probable emoció que devien sentir amb la nova llar es va dissipar ràpidament en comprovar que els habitatges s'havien edificat sense tenir en compte les persones que hi havien de viure. A Divis Flats no hi havia serveis, ni zones verdes, ni jardins. A part de dos camps de futbol inhòspits i un recinte asfaltat amb un parell de gronxadors, no hi havia cap parc infantil, en un complex on vivien més de mil nens.
Quan Michael McConville va entrar-hi a viure, Divis li va semblar un laberint per a les rates, ple de passadissos, escales i rampes. Les parets interiors eren de guix barat, de manera que podies sentir cada paraula de les converses dels veïns del costat a l'hora de sopar. I com que els murs exteriors estaven construïts amb formigó impermeable, la condensació era inevitable, i una floridura negra maligna va començar a enfilar-se per les parets i els sostres dels apartaments.Tot i ser un projecte arquitectònic teòricament utòpic, Divis Flats estava produint resultats més aviat distòpics, fins al punt d'esdevenir el que un autor va descriure posteriorment com a «raval del cel».
Patrick Radden Keefe. No diguis res: una història real de violència i memòria a Irlanda del Nord. Traducció de Ricard Gil. Periscopi, 2020. P. 50-51.
dilluns, 19 de desembre del 2022
vides trencades
JORDI AMAT
Vides trencades
Cultura|s
La Vanguardia
26|9|2020
“Treure (les coses) del lloc on estan per posar-les en un altre”. Així es defineix trasbalsar al diccionari de l’Institut. Tal com està redactada, la definició sembla circumscriure’s bàsicament al moviment de coses que podem agafar. Però quan parlem d’un trasbals imaginem una experiència de moviment subjectiu: un impacte emocional que ens remou. A vegades hi ha llibres que trasbalsen. Ens sacsegen amb tanta força, pel que expliquen i com ho expliquen, que tenen la capacitat de regirar-nos per dins i col·locar-nos en un lloc diferent d’on érem abans de començar a llegir-los. No diguis res és una d’aquestes obres catàrtiques. És un relat magistral de no ficció que descriu la violència a Irlanda del Nord. És un llibre sobre política i terrorisme. Però allò que commou del llarg reportatge escrit pel nord-americà Patrick Radden (Dorchester, Massachusetts, 1976) és de quina manera el terrorisme, la política i la violència es van apoderar de tantes vides concretes provocant una espiral de destrucció individual i col·lectiva.
Aquí, més que bons i dolents, hi ha terror i dolor.
Si l’hemeroteca no m’enganya, Radden va començar a escriure a The New Yorker el 2006. Fa anys que és un dels seus reporters fixos d’aquesta catedral del periodisme. Alguns dels seus reportatges, bastants sobre el món de les drogues, són clàssics contemporanis; el que el 2017 va dedicar a la dinastia dels Sackler –els farmacèutics que van posar en circulació el medicament que està en l’origen de la devastadora crisi dels opioides– és d’aquelles peces tan inquietants que no deixen dormir. Segueix el llibre d’estil del setmanari: explicar els grans temes no des de la ideologia sinó a partir dels fets protagonitzats per individus de qui s’obté el testimoni.
No diguis res funciona de la mateixa manera.
Al relat s’hi van cosint centenars i centenars de testimonis sobre fets tràgics que van passar bàsicament entre finals de la dècada dels seixanta i la del setanta. És el temps del tumult, quan una nova esquerra radical va legitimar la violència política, però en el cas d’Irlanda se solapava a un vell conflicte latent i que es va desbordar talment com una guerra civil que va fer de Belfast un front de batalla enquistat.
El gener del 2013, Radden va llegir a The New York Times l’obituari de Dolours Rice. Ella, com la seva germana, havia estat una militant destacada de l’IRA i, com d’altres, a mesura que passava el temps, sentia una recança angoixant tant pel que havia fet com per un procés de pau que entenia com una traïció claudicant liderada per Gerry Adams –un dels protagonistes del llibre–.
Una desaparició no resolta
A partir de Dolours Rice –una figura mítica pels catòlics republicans, que va estar a punt de morir arran de fer una vaga de fam– el periodista va començar una recerca sobre què havia passat i com vivien aquell passat les víctimes i els victimaris i va acabar orientant la investigació cap a un episodi concret: la desaparició no resolta l’any 1972 d’una veïna de Belfast –Jean McConville– a qui l’IRA va segrestar i assassinar, deixant deu fills a la intempèrie.
Allò que trasbalsa del llibre és la seva capacitat per instal·lar-te, sense filtres ni distorsions, dins d’una societat que es va autodestruint. No ho entens. Ho vius perquè ho veus encarnat. Aquesta és la potència del testimoni, la que donava sentit a una de les fonts i dels problemes morals que el llibre planteja: el contingut de les entrevistes del Projecte Belfast, conservades al Boston College i que van ser motiu de litigi durant anys. Allà els protagonistes de l’horror s’explicaven amb la confiança radical que ningú ho escoltaria fins que ells haguessin mort. La seva veritat descobreix un territori de desolació. L’espai que crea la fractura convivencial no el poden ocupar les paraules i la violència el va infectant.
La humanitat que crea l’empatia desapareix, l’altre és només un enemic i aquesta lògica sembla condicionar-ho tot. I justificar-ho tot. |
divendres, 16 de desembre del 2022
història viva i perillosa
DAVID CASTILLO
Història viva i perillosa
El PuntAvui
16|9|2020
El desembre del 1972, a Belfast, uns homes amb passamuntanyes es van emportar Jean McConville de casa seva. No la van tornar a veure. Tenia 38 anys i era mare de deu fills. Aquest és només un dels molts episodis ocorreguts durant el conflicte que es coneix com els Troubles. Aquest llibre sobre el conflicte nord-irlandès i les seves repercussions utilitza el cas McConville com a punt de partida per mostrar una societat devastada. La violència brutal no només va deixar marca en persones com els fills de McConville, sinó també en membres de l’IRA ressentits per una pau que estava lluny d’aconseguir una Irlanda unida, i els va obligar a plantejar-se si les morts que havien provocat no eren sinó mers assassinats. Des de la impactant portada amb text amb què presenta Periscopi els seus llibres, No diguis res de Patrick Radden Keefe, és una immersió novel·lada en la violència a Irlanda, que va marcar tantes vides i que ha deixat un rastre inequívoc de rancúnia tot i la pau assolida després de dècades de negociacions i assassinats, i que pot estar amenaçada per les trapelleries europees dels anglesos.
Parlem amb Patrick Radden Keefe en una roda de premsa telemàtica, en què el periodista nord-americà ens introdueix en l’entrellat d’una història sense final, que va tenir nombroses dificultats, entre altres el silenci d’alguns responsables d’aquell desgavell, com l’ara polític i exdirigent del Sinn Féin Gerry Adams –del qual ignora si ha llegit el llibre–. L’escriptor considera que la temptació de ficar el passat “sota l’estora” és una cosa ingènua i que no farà que desaparegui: “Hi va haver pau però no reconciliació.” Finalista del National Magazine Award de reportatge i amb diverses beques, entre altres de la New America Foundation i de la fundació Guggenheim, amb No diguis res Keefe va ser guardonat amb el premi Orwell de no ficció política 2019 i és considerat un dels millors llibres de l’any i, entre els de no ficció, un dels millors de la dècada. T’interessi o no la història d’Irlanda i la seva violència, el reportatge novel·lat no té res a envejar als que van publicar celebrades figures com Norman Mailer i Tom Wolfe. L’encerta plenament Colum McCann quan afirma que Patrick Radden Keefe utilitza la vella expressió irlandesa “Diguis el que diguis, no diguis res” per suggerir i dir-ho absolutament tot: “El gran encert de Keefe és haver sabut capturar la tragèdia dels Troubles a escala humana. Resseguint les vides creuades d’un grapat de personatges inoblidables ha creat un retrat profundament honest i íntim d’una societat encara obsessionada pel seu passat violent. No diguis res és una narració estimulant, empàtica i punyent.” També és encertat el punt de vista perquè l’escriptor busca les persones per sobre de la ideologia o la política. Ens adverteix, però, que “la història està viva i és perillosa”. No resulta sobrer el resum que fa sobre el llibre el mestre John Banville: “No diguis res és el millor llibre sobre Irlanda del Nord que he llegit mai.” No se’l perdin.
dilluns, 12 de desembre del 2022
viatge al fons d'un conflicte
CARLES RIBERA
Viatge al fons d'un conflicte
La República
20|11|2022
Dues aproximacions al conflicte nord-irlandès per mitjà, respectivament, de la ficció i del reportatge real, que comparteixen tots els ingredients de la bona literatura
Llegir una novel·la no deu ser pas la manera més ortodoxa d’adquirir coneixements sobre el món real, tot i que la ficció pot compensar la falta de realitat gràcies a la capacitat de construir la veritat amb unes dosis de versemblança, realisme i evocació que retraten amb precisió i eloqüència els fets que volen recrear. És el que passa amb Retorn a Killybegs, de Sorj Chalandon, una obra publicada fa uns quants per anys per Edicions de 1984, amb traducció de Josep Alemany. L’autor, periodista expert en el procés nord-irlandès, hi narra una història, centrada en un militant de l’IRA confident dels anglesos, que permet acostar el lector a una situació impactant, turbulenta i dramàtica explicant com un conflicte polític pot aconseguir difuminar la frontera entre bondat i maldat, entre raó i culpa, i submergir tota una societat en un marasme de degradació moral, de violència delirant, de terror i desesperació en què tothom és víctima i botxí.
Llegir Retorn a Killybegs ajuda a entendre per mitjà d’una ficció basada en fets reals la complexitat recargolada d’una disputa entre dues nacions de forces desiguals, a valorar la capacitat homèrica que han tingut els nord-irlandesos per pacificar el seu relat i a constatar com els estats no només tenen el monopoli de la violència, sinó que l’exerceixen de manera descarnada i implacable contra qui consideren enemic. Un enemic que, acorralat, respon fatalment a aquella màxima que estableix el filòsof André Comte-Sponville referint-se al coratge suïcida: “Quan no es pot esperar res, tampoc no hi ha res a témer.”
Tot i que en el llibre no es diu, la novel·la de Sorj Chalandon està basada en el cas real d’una de les fonts del periodista quan seguia de prop el conflicte irlandès. És el dirigent del Sinn Féin Dennis Donaldson, un dels principals homes de confiança de Gerry Adams. El 2005 es va saber que Donaldson havia estat confident dels britànics durant dues dècades. En saber-se aquest fet, per boca del mateix Adams, Donaldson es va amagar en una masia aïllada de Donegal, on finalment va ser descobert i mort suposadament per alguna facció de l’IRA, organització especialment implacable amb els confidents i col·laboracionistes diversos.
NO DIR RES, DIR-HO TOT
El cas de Dennis Donaldson ocupa una pàgina de les 573 que té No diguis res (Edicions del Periscopi). El signa el prestigiós redactor de The New Yorker Patrick Radden Keefe, i la traducció a la nostra llengua, que acaba de sortir al mercat aquesta tardor, correspon a Ricard Gil. És un aclaparador treball periodístic que s’endinsa en la història del conflicte nord-irlandès estirant el fil d’un tout, que és com s’anomena per aquells verals els traïdors, per descabdellar amb tota la profunditat i cruesa la complexitat humana i política de la guerra entre l’IRA i l’Estat britànic en l’últim terç del segle XX.
El motor argumental de la trama és la desaparició de Jean McConville, una aparentment inofensiva vídua jove, mare de deu fills, segrestada en un dels barris més conflictius de Belfast el desembre del 1972. Un escamot d’homes entra a casa seva i se l’endú davant la sorpresa de la mainada. No se’n torna a saber res més fins tres dècades més tard, quan apareix el seu cadàver enterrat amb un tret al clatell. Segons la recerca exposada en el llibre, no s’acaba d’aclarir mai si la dona havia estat confident dels britànics. Hi ha, en canvi, pocs dubtes sobre qui l’ordena matar. I les certeses sobre els autors materials de la seva mort són poc discutibles. Tot i la tragèdia familiar tremenda, el cas de la dissortada senyora McConville és només el sender que tria Radden Keeffe per endinsar-se en el laberint de la lluita armada irlandesa, per on desfilen personatges mítics de l’època de plom anomenada The Troubles (1968-1997), com ara les germanes Dolours i Marian Price, Brendan Hughes, Bobby Sands i el més conegut de tots, Gerry Adams.
A No diguis res no hi ha ni un gram de ficció, llevat de la recreació versemblant d’algunes escenes, i la mestria narrativa de Patrick Radden Keefe allunya el llibre del simple relat notarial, de la relació de fets crua i desapassionada; ho fa amb una història ben travada per mitjà d’escenes intercalades dels diversos personatges, escurats psicològicament fins al moll de l’os, de fets radiografiats i examinats fins al mínim detall, que van entrant i sortint de la història per acabar confluint en un final que deixa enrere més de cinc-centes planes de devastació personal, social i institucional sòlidament fonamentades per una redacció brillant i una feina homèrica de documentació i accés a les fonts directes que l’autor posa en solfa gràcies a la tasca ingent d’un nombrós equip de col·laboradors. Un resultat brillant que resulta més fàcil d’assaborir si es prescindeix de les més de 150 pàgines de notes que se situen com a apèndix al final només per a delit i fatiga dels lectors més escrupolosos.
En aquest monumental exercici de periodisme literari, o de literatura periodística –o simplement de periodisme o, definitivament, de literatura–, No diguis res posa davant dels ulls del lector el conflicte entre la brutalitat del poder i l’obstinació de la voluntat, entre la força dels ideals i la fredor de la política, entre els límits de la capacitat de sacrifici i la frontera de la insensibilitat. Evidencia com tots aquests conceptes es desfiguren i es corrompen amb l’ús, l’abús i el desgast del pas dels anys i la cronificació del conflicte.
És un llibre que verifica fets i planteja certeses, però que no pretén establir cap veritat total ni dictaminar qui té la raó de manera absoluta. Hi ha, tanmateix, un moment en què l’autor, en el marc del procés de pau que ha aconseguit si més no congelar el conflicte fins ara, situa cara a cara els dos pols oposats del republicanisme irlandès, en un dels pocs passatges en què hi ha opinió política de fons per part del narrador. L’irreductible, encarnat per Brendan Hughes, i el combatent reconvertit en pactista, el camaleó Gerry Adams. En primer lloc, posa en boca del combatent Hughes una inspirada metàfora nàutica sobre dècades de lluita armada que cessen amb un pacte amb l’enemic lluny de l’objectiu de la unificació irlandesa: “Cent persones empenyen el vaixell. El vaixell està encallat a la sorra i tots empenyen i el fiquen a l’aigua i llavors el vaixell s’allunya i deixa les cent persones enrere. Així és com em sento.” A continuació, és el mateix autor qui fa una reflexió que condensa bona part del que és No diguis res: “És difícil no simpatitzar emocionalment amb Hughes. Políticament, en canvi, seria un disbarat no simpatitzar amb Adams. És cert que posseeix un instint antisocial de supervivència i esgarrifa veure’l acomodat dins del vaixell, sense dignar-se a girar la mirada cap als camarades que, com Hughes, s’han quedat enrere. Però, en realitat, va ser la història la que va deixar Hughes enrere. Irlanda del Nord ja havia patit prou. Per molt insensibles que fossin les motivacions d’Adams, per molt enganyoses que fossin les seves maquinacions, va ser ell qui va desviar l’IRA d’un conflicte sanguinari i irresoluble i el va dur fins a una pau fràgil però perdurable.” Una absolució final de l’home que durant tot el llibre està perseguit documentalment per l’ombra d’un dubte que no és pas més de més gravetat que el que aboquen les certeses sobre Margaret Thatcher a l’hora de competir en criminalitat.
Hi ha molts altres títols per acostar-se al conflicte nord-irlandès, però els dos llibres proposats són dues maneres de compatibilitzar reflexió de fons, veracitat i bona literatura.


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