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dijous, 11 de desembre del 2025

el desordre dels llibres (II i final)


Dividid vuestras librerías por áreas culturales. Divididlas por nacionalidades: literatura italiana, francesa, alemana, hispano-americana. Separad los clásicos griegos y latinos de la poesía, la gráfica de la crítica, organizad el saber por materia escolástica (historia, filosofía, ciencia, arte, teatro, cine...¡qué aburrimiento!). Podéis quedaros con el orden alfabético, por autor, cronológico, cromático (qué horribles los anaqueles de Adelphi en tonos pastel, colocados los libros en degradado desde el verde inglés hasta el marfil...¡Y esas filas de azul Sellerio! O las cadavéricas de los Supercoralli de Einaudi...). Reagrupad vuestros libros según el formato o la editorial, que queda tan de revista de decoración, o por áreas semánticas, que queda muy de profesora democrática. O por altura (!), lo que os convertirá en enanos del sagrado arte del desorden libresco.

Pero a mí dejadme el perfecto desorden. Dejadme alternar cuidadosamente libros altos con otros más bajos, filas de libros en vertical con otras en horizontal; dejadme acumular mis libros sobre libros, junto a libros, bajo libros, nietzscheanamente, Más allá de los libros del bien y del mal, Barion Editor, 1924, ejemplar amarillento, un poco manchado...Dejadme mi único método que es no tener método, procediendo absolutamente al azar, apilando los libros unos sobre otros, según se adquieren (o se roban, cosa que ocurre a menudo), amontonándolos por estratos bibliogeológicos, rellenando huecos, nichos, intersticios y dobles fondos...(el verdadero bibliómano sufre, por naturaleza, de horror vacui) y entregándose, cuando se tiene que buscar un título, únicamente a la memoria, dote de la que andamos sobrados, a diferencia de la cultura. Sí, creemos en el desorden como la forma más alta de conocimiento alternativo.

El vacío, en la naturaleza, siempre acaba rellenándose. De volúmenes. Y las bibliotecas no se hacen: se aumentan. Los libros son plantas trepadoras de papel, que crecen a toda velocidad, agreden los muros, los tabiques, las columnas, las escaleras, los pasillos...Llenan todas las habitaciones y rincones disponibles, infestan todos los ambientes y germinan por desorden espontáneo, infringiendo toda frontera geopolítica, todo sentido cromático, toda exigencia de formato; mezclándose, confundiéndose y —sobre todo— perdiéndose. Al ser la biblioteca doméstica un sistema de entropía máxima, lo mínimo es no conseguir nunca encontrar un libro. Para eso están las librerías, donde va uno a comprarlos, y las bibliotecas públicas, donde va a sacarlo en préstamo. Pero para nosotros no sirve.

Nosotros, si acaso, tenemos tres reglas de oro: una, no prestar nunca un libro; dos, no leerlo, porque se destroza el canto y se estropean las páginas; y tres, no ordenar los libros jamás.

Por lo demás, las mentes más creativas tienen las bibliotecas más desordenadas. Que es otra manera de decir que tener una biblioteca en desorden también es un arte para el que se requiere mucho sentido estético, pocos principios éticos y —ça va sans dire— bastante espacio. Que es lo único que importa cuando se habla de libros.


Luigi Mascheroni. Pròleg a: Massimo Gatta. El desorden de los libros. Traducció d'Amelia Pérez de Villar. Fórcola, 2021.


dimecres, 10 de desembre del 2025

el desordre dels llibres (I)


Tratar de ordenar la propia biblioteca cuando el número de volúmenes supera una cifra que pueda considerarse significativa —digamos 10.000 libros, porque por debajo de ese número no tiene sentido hablar de ello: es mejor dedicarse a la filatelia, que ocupa menos espacio— es como proponerse domesticar la vida: regular la alimentación, reducir los vicios, reajustar los gastos, seleccionar las amistades, jerarquizar los compromisos, emplear mejor el tiempo libre, organizar el garaje y el sótano...cosas así. Se puede intentar con una o dos estanterías durante un mes; durante un año como máximo una pared. Después, inevitablemente, todo vuelve a sumirse en el caos. Y está bien así. 

Si existe un Dios de los libros (yo me lo inagino como el Bibliotecario que pintó Arcimboldo: un volumen enorme en folio en lugar de espalda y brazos, marcapáginas que hacen las veces de dedos, el rostro formado por libros pequeños, un lomo de libro por nariz y dos opúsculos en lugar de labios...y un abanico de páginas blancas, las páginas de un libro abierto, formando una tupida cabellera) pretenderá  de sus adeptos furor, pasión y Babilonia, que rara vez coinciden con orden, disciplina y compostura. Poseer millares de libros no es una virtud, sino un pecado irresistible que supera incluso a la destrucción de un patrimonio y, a veces, a la de un matrimonio. No es casualidad que la parte más bella del Paraíso de los bibliófilos sea El infierno.

Cuando se vive  con y para los libros el desorden es perfección. El orden absoluto siempre es casualidad. La sobrecarga, ligereza. Y el mejor criterio para poner en orden los libros es no tener ningún criterio. Es más: lo mejor de todo, desde determinado punto de vista, sería no tener ni siquiera un libro, porque así se elimina el problema antes de vernos obligados a afrontarlo. Sería muy bello únicamente soñarlos...

[...] Por lo demás, eso que llamamos desorden no es más que una forma compleja de orden, que está clarísimo en la mente del sujeto desordenante y se manifiesta según esquemas que no son previsibles desde el punto de vista matemático ni programables desde el lógico. A su manera, es algo perfecto. La vida misma, con sus tortuosas estratificaciones, es la más potente de las confusiones. Si nosotros nos permitimos el desorden, ¿por qué no lo aceptamos en nuestros libros?...

 

Luigi Mascheroni. Pròleg a: Massimo Gatta. El desorden de los libros. Traducció d'Amelia Pérez de Villar. Fórcola, 2021.


dimarts, 13 de maig del 2025

el caos és vida, representa


ALEJANDRO GAMERO
Una biblioteca ordenada está muerta: el caos significa vida
Al blog: La piedra de Sísifo
23|4|2025

 

 Actualmente tengo la biblioteca organizada por colores. Bueno, en realidad, como no me llegaban los colores para llenar todas las baldas, las partes de abajo de las estanterías están ocupadas por un batiburrillo de libros con cubiertas multicolores. A muchas personas les horroriza está forma de colocar los libros, probablemente porque la lógica de esta organización hace concebir los libros más como elementos decorativos que como recipientes de la sabiduría inmortal de los siglos o porque ordenar por colores en realidad no es ningún tipo de orden. Sí, si te acuerdas de cómo era la cubierta de un libro es posible que lo encuentres rápidamente, pero incluso aún así, los libros tienden a saltar de un sitio a otro, recordándote que mantener el orden a rajatabla exige una disciplina férrea.

Georges Perec también comprendió la ansiedad del orden en las librerías y sobre ello reflexionó en un ensayo de 1978 titulado «Notas breves sobre el arte y modo de ordenar los libros». Perec hace un repaso por los muchos esquemas que hay para ordenar una biblioteca y cómo todos y cada uno de ellos están condenados al fracaso. Si uno decide, por ejemplo, mantener una biblioteca de solo 261 libros, y ni uno más, estará obligado a deshacerse de un volumen cada vez que se haga con un nuevo ejemplar. Sin embargo, en ese caso aparece el problema de decidir qué es un libro, algo que parece sencillo pero que tiene su miga. ¿Cuántos libros son En busca del tiempo perdido? ¿Un título que se divide en varios ejemplares es un mismo libro? Algo parecido pasa si decidimos quedarnos con 361 autores. ¿Qué hacemos entonces con los libros anónimos?

Perec murió en 1982 y la biblioteca de su casa contenía más de 1800 libros. Como buen miembro de Oulipo, está claro que su ensayo es irónico, pero más allá de la broma, el autor era consciente de que la inquietud sobre este tema era legítima y que tras ella subyacía menos un problema de estanterías que de identidad personal. ¿Cuánto desorden estamos dispuestos a aceptar en nuestras vidas? La estanterías, señala Perec, dejan entrever «dos tensiones, una que prima el dejar que las cosas sean, en una anarquía bondadosa, la otra que exalta las virtudes de la tabula rasa, la fría eficiencia del gran orden».

Perec analiza varias formas de abordar esa anarquía bondadosa. Se pueden ordenar los libros alfabéticamente, por colores, por fechas de publicación, por géneros, por tamaños, por continentes y así por un sinfín de métodos distintos. Pero lo que tienen todos en común es que, en el fondo, están todos destinados al fracaso. Son los propios libros los que se empeñan en arruinar cualquier sistema, como pasa, por ejemplo, con la clasificación por géneros. ¿Qué hacer con esos libros que difuminan por completo las fronteras entre géneros? Afirma Perec sobre cualquier intento de orden: «Mi problema con las clasificaciones es que no duran. Apenas he terminado de poner las cosas en un orden y se ha quedado obsoleto. Cualquier orden es temporal y vago, apenas más efectivo que la anarquía original»

Además, los libros vivos están en constante movimiento, a medida que los vamos usando, pasando del salón, a la oficina, de la mesita de noche a la mesa del comedor, de la pila de libros pendientes al suelo. La única biblioteca que respeta fielmente el orden con que fue organizada es aquella que no se toca nunca. Como dijo el novelista inglés Anthony Powell, los libros amueblan una habitación, pero una biblioteca viva se parece más al sofá que araña el gato.

Por no decir que uno de los placeres de los que te priva el orden es el de la búsqueda. Aunque supuestamente conocida, bucear por nuestra propia biblioteca, en busca de algún ejemplar, puede deparar inesperadas sorpresas, como libros que recordamos con cariño o libros que nos hacen preguntarnos cómo es que todavía los tenemos. Perec lo intuyó y lo expuso como nadie: una biblioteca completamente ordenada está muerta. Abracemos, pues, la pizca de caos que nos brindan los libros como prueba de que estamos vivos.


dimarts, 3 de desembre del 2024

l'ordre propi


CARLOS MARZAL
L'ordre propi
elPeriódico
30|11|2024


L'ordre —com tantes altres coses que creiem conèixer— no existeix, tret de com a extravagància pròpia. És una paraula necessària que utilitzem amb desimboltura, a condició que no pensem gaire què volem dir quan ens en servim. L'artefacte funciona, i amb això n'hi ha prou; però, si mirem de descobrir com és l'artefacte per dins, no veiem més que engranatges incomprensibles. Si pensem què és l'ordre, en qualsevol dels seus sentits, la cosa es desgavella i se'ns escorre entre els dits.

Anomenem ordre, més o menys, a la disposició satisfactòria de les coses i els afers, des del nostre punt de vista, que és com no dir res en absolut. Per això el que per a alguns representa el caos, per a altres significa l'èxtasi geomètric, i que l'èxtasi geomètric suposi per a alguns un infern de vacuïtat.

Amb totes aquestes cavil·lacions el que vull afirmar amb fermesa és que em considero un home d'ordre: el meu propi. Pertanyo, diguem-ne, a l'Ordre de l'Ordre Meu, del qual soc fundador, president i membre únic. I em molesta que els desordenats —que són, en realitat, tots els que no pertanyen al meu Ordre— mirin d'imposar-me el seu concepte del que l'ordre ha de ser, i en especial que intentin intervenir en el desenvolupament de les meves pràctiques ordenatistes, sobretot en alguns subapartats de l'àmbit domèstic, que és l'únic àmbit en què he mirat de portar a efecte —sense cap èxit— la meva filosofia de la proporció i l'equilibri universals.

Per exemple, tinc un sistema infal·lible per ordenar el rentaplats, però a casa meva ningú el respecta, així que he de passar més temps de l'aconsellable a rectificar errors aliens. Jo col·loco els ganivets amb els ganivets, les forquilles amb les forquilles, les culleres amb les culleres, els plats fondos amb els plats fondos, perquè a les coses els agrada estar amb els seus semblants, en comptes de transitar perdudes entre coses estranyes. Soc el promotor de l'harmonia secreta dels objectes afins, però la meva família està plena d'incrèduls sobre la meva doctrina.

La lliçó més amarga sobre el canviant concepte de l'ordre la vaig rebre també entre les parets de casa meva. A la meva dona se li va acudir requerir, en certa ocasió, els serveis d'una empresa per netejar a fons les lleixes del meu estudi. Prometien treure de les lleixes cada llibre, desempolsegar-lo i tornar-lo al seu lloc. El cert és que van complir el que havien promès, però amb una excepció curiosa. Van col·locar els 7.000 volums al revés, amb el llom mirant cap endins. Semblava un conte de terror. Una macabra broma de l'univers món: 7.000 llibres al revés, observant-me impassibles. Però en veritat només es tractava de les terribles conseqüències que es deriven de no acatar els meus preceptes sobre l'ordre.


dijous, 14 de novembre del 2024

ha d'estar perquí


Tengo un cúmulo de libros tan variados, tan recalcitrantes a cualquier intento de orden, que cuando quiero consultar uno que sé que tengo no consigo encontrarlo, y me veo obligado a tomárlo en préstamo en la London Library...

 

T.S. Eliot citat a: Massimo Gatta. El desorden de los libros. Traducció de Amelia Pérez de Villar. Fórcola, 2021.

 

dimarts, 9 de juliol del 2024

hi ha dues menes d'autors: els vius i els morts


[...] Y me encantó la manera en que tiene ordenada su biblioteca Marcos Giralt Torrente. La divide en autores vivos y muertos. Los primeros, acogidos en una habitación soleada cubierta de estanterías que apenas salvan el hueco de la puerta, y los segundos, en un salón iba a decir umbrío, en una enorme librería que cubre por completo una de las paredes.
Me contó que, igual que la parte de los escritores muertos suele estar bastante consolidada, los vivos no hacen más que morirse creando todo el tiempo la necesidad de inoportunos traslados. Tantos y tan frecuentes que decidió agrupar a los muertos más recientes, siquiera provisionalmente, en un rincón en la habitación de los vivos. Una suerte de purgatorio o limbo, nunca me enteré mucho de la diferencia, en el que a veces los escritores muertos prolongan su estancia entre los vivos durante años o décadas antes del traslado definitivo al salón, cuyas baldas son incapaces ya, como los cementerios, de acoger más libros y más muertos.
Le propuse que, para aligerarlas, abriera una nueva sección de autores inmortales, donde irían aquellos que, tras la muerte y su paso por el limbo, consiguieran alcanzar la gloria póstuma, pero a ambos nos pareció que añadiría más zozobra a sus estantes y, sobre todo, a él.

Jesús Marchamalo. Tocar los libros. Cátedra, 2020. P. 51-52.

dijous, 16 de març del 2023

(des)ordre


SUSANA SÁNCHEZ
Desordenar bibliotecas
epe
11|2|2023


Ordené hace días mis estanterías de libros con el absurdo criterio de: muertos y vivos. Los muertos en las dos primeras filas y los vivos en las dos últimas. Bien, no se imaginan qué placer morboso he encontrado en pescar a algún muerto en la estantería de los vivos y enviarlo a su sitio. Me preocupa.

Todo lector ordena la librería un par de veces o tres al año. Algunos seguramente más. Los libros aun así insisten en desordenarse. Los libros tienden al desorden por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Yo pensé que con lo de muertos y vivos iba a conseguir algo, un poco de seriedad por lo menos. Pero no, ellos siguen queriendo mezclarse y ordenarse a su antojo para que yo me vuelva loca buscándolos. Todo bien, me gusta estar loca. Y ya mismo me voy a quitar del morbo de enviar a la vida y a la muerte a unos y a otros. Si los muertos quieren estar vivos, que lo estén.

Una amiga lectora me dijo, me encanta ese placer culpable tuyo de perseguir muertos que quieren estar vivos. 

No te creas, le respondí, hago cosas raras, el otro día me encontré cogiendo el libro de cuentos de Truman Capote de la estantería de los vivos y diciendo, en voz alta, tú estás muerto. Con cierta saña. Ni Truman Capote se merece eso. 

Cuando llego a una casa ajena curioseo los libros de las estanterías. En el transporte público trato de ver las portadas de los libros que la gente lee. No es necesario que los libros estén en orden, tampoco en desorden, para revelar algo a su propietario. Pueden incluso estar en cajas apenas abiertas. De todos modos, algo se revelará, dijo Roberto Calasso en Cómo ordenar una biblioteca. ¿Será que simplemente soy una espía de lo ajeno? Busco, persigo, la revelación. 

HABLAR DE LIBROS

He llegado a tirar algo al suelo para conseguir ver la portada del libro que alguien sujeta abierto. ¿Lo visualizan? Me siento entre orgullosa y apesadumbrada. Entre activista cultural y chismosa. Si conozco el libro me dan ganas de montar una tertulia literaria allí mismo, en el vagón del metro, en el andén o en el ascensor. Se lee en soledad, sí, pero qué rico es hablar de libros. De cómo los leímos, de cómo nos cogieron por la pechera y nos arrastraron hasta el final, de dónde casi los perdimos, de dónde los volvimos a recuperar, de por qué casi los perdimos, de cómo los terminamos, de cómo se quedaron días, semanas, revotando en nuestra cabeza, de qué es lo que nos queda de ellos años después.

Y es que la lectura es un enigma tan grande como la escritura. Pero menos investigado. Cuántas revelaciones creemos encontrar al leer tras alguien un libro y registrar sus subrayados, cruces, dobles cruces y notas. No agregar a un libro huellas de la lectura es una prueba de indiferencia, o de mudo estupor, vuelve a apuntar Calasso. Siempre pensé que los libros quieren estar marcados, subrayados, doblados. Eso es estar vivos, significa que alguien pasó por ellos y quiso dejar constancia, eso es para mí respeto. Nada más aburrido que un libro inmaculado. Los libros sucios, por favor.

Mi última idea delirante es que sería chulo montar una oficinita a pie de calle, algo sencillo, una mesa, dos sillas, un termo de café, con un letrero que diga: "Se conversan libros". Lo mismo viene alguien. ¿Ustedes qué dicen?

 

dimecres, 15 de març del 2023

digue'm com endreces la biblioteca, i et diré qui ets


LETICIA ASENJO
Digue'm com endreces la biblioteca, i et diré com ets
Ara llegim
18|2|2023

Tinc la biblioteca endreçada per colors. Això, en el món del llibre, és una heretgia, però dins del meu cap té molt de sentit per dos motius. El primer és estètic: és com queda més maca i, per a mi, que una altra dimensió soc arquitecta i/o interiorista, aquest és un argument de pes.
El segon motiu té a veure amb el meu cervell. Fa temps que m'he fet un autodiagnòstic de TDAH. És sorprenent que, treballant envoltada de psicòlegs i, després de fer teràpia amb dos professionals diferents, a ningú se li hagi acudit mai que la meva incapacitat per ser puntual, la tendència a procrastinar fins que no tinc deadline a sobre, la infinitat d'interessos i la dificultat per finalitzar projectes, les ganes de xerrar i d'interrompre els altres quan parlen, l'ansietat desmesurada i un llarg etcètera; tot això tingui a veure amb un perfil cognitiu neurodivergent. Però quan ets una dona i els estudis de símptomes de la majoria de manuals diagnòstics s'han fet amb homes, estàs venuda. I si ets intel·ligent, has estat una bona estona estudiant i la feina et va bé, encara has de sentir-te una impostora perquè t'has acostumat a amagar les dificultats.
Una de tantes és la meva incapacitat per recordar noms. Una vegada, una coneguda va venir a una presentació i em va demanar que li firmés un llibre. He dinat en més d'una ocasió amb ella i, de fet, em cau molt bé. Però no vaig ser capaç de recordar el seu nom i, com que em sabia greu (i em feia vergonya) preguntar-l'hi, vaig improvisar una dedicatòria on es notava tres pobles que no me'n recordava de com es diu, i vaig quedar pitjor.
En la mateixa línia, mai recordo el nom dels autors o dels títols dels llibres que he llegit. Així que, si tingués la biblioteca endreçada per ordre alfabètic, trigaria una eternitat a trobar els llibres, perquè primer hauria de fer una cerca a internet tipus "escriptor jueu trilogia", si volgués rellegir Philip Roth, per posar un exemple. Però, en canvi, recordo perfectament el color dels llibres que he llegit i sé que El trastorn de Portnoy, seguint amb l'exemple del mestre Roth, és vermell en l'edició que tinc.
Així que, ja ho sabeu, a partir d'ara, si voleu conèixer millor una persona, no només heu de saber què llegeix, si no també com endreça la seva biblioteca. Serà infal·lible.

dijous, 16 de febrer del 2023

càlcul

Gentilesa de Lluís Agustí
MANUEL BAIXAULI
Càlcul
El Temps
24|1|2023

Com que a Nadal he gaudit d'unes petites vacances, he posat ordre a la prestatgeria principal de casa. De les que tenim, aquesta és la que conté, només, llibres que m'han agradat bastant o molt, i llibres que no he llegit i que desitge llegir. He fet lloc als volums adquirits fa poc, que s'havien apilat damunt taules, cadires i a les mateixes lleixes en posició horitzontal, i els he afegit als ordenats, alfabèticament, en posició vertical. No hi cabien, és clar. La prestatgeria ja era plena, he hagut de sacrificar-ne uns quants, que he relegat a prestatgeries secundàries. Ho faig sempre que entren novetats; els que ja hi eren, poden ser deportats a altres llocs, i el mateix pot ocórrer, més endavant, amb els nous. La prestatgeria és un organisme viu, palpitant, en constant metamorfosi. Això fa que cada volta siga més selecta. Creix, només, en qualitat.
Posant ordre, m'he adonat que hi ha un fum de llibres encara mai oberts. Tants que, si faig un càlcul del temps que em queda per viure, i tenint en compte el meu ritme —lent, parsimoniós— de lectura, fins i tot si es tracta d'un càlcul optimista, amb diversos lustres de bona salut física o, si més no, mental, sé que no els podré llegir tots. A més, tinc intenció de rellegir molt, de traure més suc als que m'han impactat, als que són casa i refugi o als que, tot i agradar-me, no he acabat d'entendre.
Fins ara he comprat llibres compulsivament, incitat per recomanacions que he llegit o sentit arreu, per curiositats puntuals, per reptes autoimposats, per intuïcions indefinides, per caprici. M'encanta que me'n recomanen, sempre tem estar perdent-me obres mestres que desconec.
Un dels meus plaers preferits com a lector és el moment de la tria, quan n'has acabat un i n'has d'escollir un altre. Sempre busque el contrast, que siga ben diferent de l'anterior.
Davant les lleixes atapeïdes em qüestione: té sentit comprar més llibres?
I també: què se'n farà, de tanta paperassa, quan jo m'acabe? Els fills, els hereus, no els toquen, no els obrin, no en volen saber res. Quina farsa, aquella teoria que, si els pares lligen a la vista dels fills, els fills llegiran! Romanços! La prestatgeria, que per a mi és un cor polifònic de les veus més interessants del món i de la història, veus ja pròximes, familiars, que m'ofereixen saviesa, secrets i, sobretot, vivències que fan més intensa la vida, la prestatgeria, dic, per a ells és un simple moble. La miren —la miren?— amb la mateixa curiositat que observen les cortines del saló.
On anirà a parar, aquest cor? On aquestes veus il·lustrades i visionàries? On aquesta autobiografia de lector?
On? I quan?

dimarts, 14 de febrer del 2023

mètode acumulatiu

 

«Una foto del 1979 del psicòleg suís Jean Piaget al despatx de casa seva m'ha fet recordar que, fa molts anys, uns amics m'explicaven com un conegut metge i investigador, de tarannà desendreçat, vivia enmig d'un gran desordre de papers. Tota la taula del seu despatx, deien, era un caramull de cartes, expedients, informes, analítiques, articles, revistes, càlculs...No hi havia manera de posar-hi ordre, ni ho pretenia. Però tampoc no ho volia llençar tot a les escombraries, així, de bursada. Per això havia adoptat un mètode acumulatiu molt sui generis. Cada any, en arribar el gener, agafava un rotlle de paper d'embalar i recobria tota la taula, atapeïda amb aquella confusió de papers de tota mena, sense tocar res, i, tal com estava, enganxava amb cinta adhesiva les puntes del paper d'embalar a la fusta dels costats i, damunt la capa de paper que ho recobria tot, escrivia amb un retolador gruixut l'any de la collita. A partir d'aquell moment, una nova acumulació, un nou estrat, començava a acaramullar-se al damunt, fent créixer la pila fins a cotes impensades. Tot el que quedava per sota del paper d'embalar restava datat, i confús, convertit en testimoni cert, talment la lava del Vesuvi que ens ofereix la instantània de la ciutat de Pompeia en el moment de la seva terrible erupció...»


Francesc Parcerisas. La tardor em sobra. Quaderns crema, 2022. P. 183.


Jean Piaget a casa seva, el 1979.
Fundació Jean Piaget.

dimecres, 24 de març del 2021

amb la biblioteca a mig desencapsar


JOAN SAFONT
Ordenar una biblioteca: els consells de Roberto Calasso
El Nacional
20|3|2021

Ara mateix tinc la biblioteca a mig desencapsar. Acabo de canviar de pis i m'he vist obligat a embalar tots els meus llibres. No els he comptat, però han ocupat pel cap baix més de cinquanta capses que ara s'acumulen pel passadís i el meu flamant estudi-biblioteca. Em trobo, doncs, com Walter Benjamin escrivia l'any 1931, Tot desembolicant la meua biblioteca, d'acord amb la traducció de Gustau Muñoz. Un text que l'amic –i ara veí– Antoni Martí Monterde recomana llegir en cada mudança. Benjamin, al text ara esmentat, escrivia sense la biblioteca als prestatges, on "no la cobreix encara el lleuger tedi de l'ordenació". I precisament la pregunta, com ordenar una biblioteca és un clàssic entre aquells que al llarg dels anys hem anat acumulant llibres.

S'hi han donat moltes respostes a la pregunta: hi qui els separa per gèneres, per temàtiques, per ordre alfabètic d'autors, per literatures, per idiomes, per col·leccions, fins i tot per colors... Per fortuna, Anagrama acaba de publicar en català i castellà un clàssic sobre la qüestió, el text de l'editor i escriptor italià Roberto Calasso, que he anat reservant per llegir aquests dies. El president d'Adelphi ja reconeix d'entrada que la qüestió de com ordenar una biblioteca és un tema "altament metafísic" que no pot ser sinó plural,  en el qual la regla d'or és la del bon veí: "a la biblioteca perfecta, quan busques un determinat llibre, acabes agafant el que té al costat, que resultarà més útil encara que el que buscàvem".

He de dir que aquesta regla de l'afinitat i bon veïnatge ja s'ha produït a l'hora d'encapsar els meus llibres, quan d'una de les moltes capses ha sortit el fortuït diàleg entre Jorge Semprún i George Orwell. Però Calasso avisa que a vegades els bons veïns no estan de costat per afinitat, sinó perquè els han fet fora de tot arreu per la seva mida, "com apàtrides en una sala d'espera" que els permeti "accedir al desideràtum de tot llibre: que el facin servir" i recomana no tenir llibres molestos, que una biblioteca no hauria de tenir. Llibres molestos pels seus veïns de prestatge.

Llibres que no llegiràs de seguida

He tingut sort d'haver hagut de respondre poques vegades a l'estúpida pregunta sobre si havia llegit tots els meus llibres –al qual només es pot respondre, sí, senyor, i diverses vegades– però em reconforta el consell imperatiu de Calasso sobre la necessitat de comprar molts llibres que no llegiràs de seguida: "Després, al cap d'un any, de dos, o cinc, deu, vint, trenta, quaranta, potser arribarà el moment que pensis que necessites precisament aquell llibre –i potser el trobis en un prestatge poc freqüentat de la teva biblioteca".

M'aconsola quan penso en tants llibres comprats en llibreries de nou i de vell, en mercats, en pàgines de col·leccionisme, en viatges, a tot arreu, que esperen el seu moment tot conformant la meva biblioteca. Llibres, que com que no han estat llegits encara no tenen el rastre de la lectura que Calasso exigeix davant la desconfiança dels qui volen conservar els llibres intactes –mals lectors, els considera. En tinc molts que ho han estat encara oberts, subratllats, anotats, farcits amb papers, amb punts que sobresurten, com alguns dels més llegits i rellegits dels que conformen els meus llibres. De tots ells, però, em dol una cantonada aixafada, una tapa esquinçada, un llom desenganxat. Ferides que sento en carn pròpia.

"Els llibres no cal que estiguin en ordre –ni tampoc en desordre per revelar alguna cosa del seu propietari. Poden estar en caixes acabades d'obrir que alguna cosa es revelarà" ens diu Calasso. En el meu cas no ho hauria de dir jo què diuen de mi, però sí quin és el meu propòsit a l'hora d'enfilar-los a les estanteries: Sempre que sigui possible agruparé tota l'obra d'un mateix autor, amb material complementari –memòries, biografies, estudis, correspondències, etc.– en diàleg i afinitat amb els seus veïns, amb algun tipus de relació. Per exemple. Joan Sales donarà pas a Rodoreda i aquesta a Obiols i la Colla de Sabadell. Malgrat tots els plans, l'editor italià avisa: "l'ordenació d'una biblioteca mai no tindrà –és més, no hauria de tenir solució. Senzillament perquè una biblioteca és un organisme en constant moviment". 


dissabte, 19 de setembre del 2020

compreu llibres pel color



Sarah Frier, analista de Bloomberg; autora de La historia secreta d'Instagram.
La Vanguardia. La contra. 11|9|2020.

dimecres, 10 de juny del 2020

la mida importa



L'encarregada de la neteja de la Biblioteca Newmarket, a Suffolk, UK, va aprofitar el tancament per la covid per fer-hi un bon dissabte, és a dir, una neteja a fons de l'equipament i, ja que hi era posada, per reordenar els llibres de les prestatgeries segons la seva mida, de més grans a més petits. Un criteri com qualsevol altre.

Coronavirus: Library books rearranged in size order by cleaner. BBC News. 24|4|2020.

dimecres, 6 de novembre del 2019

l'ordenador de biblioteques


ARTURO CHARRIA
Ordenador de biblioteques
El espectador
31|10|2019

Mi primer trabajo fue como ordenador de bibliotecas. Federico, que trabaja como librero algunas tardes y los fines de semana, fue quien me dio la idea. Me dijo que se había dado cuenta de una particularidad de ciertos clientes: “Hay personas que compran libros que creen tener en su biblioteca, pero no los encuentran cuando los buscan. Podemos montar un negocio ordenando sus bibliotecas. Yo consigo los clientes y usted las ordena los fines de semana”.
Pasaron varias semanas hasta que un día, en medio de una clase de Poesía Francesa, me susurró que tenía noticias de “nuestra empresa”. En el pasillo me habló de Jorge: “Es un empresario o algo así. Va mucho a la librería, a veces hasta dos veces por semana. En ocasiones solo camina entre los estantes repasando con curiosidad títulos o portadas que le llaman la atención. De repente toma un libro y nos pregunta si lo hemos leído o conocemos al autor. Cuando se encuentra con uno querido lo saca, se queda un rato mirándolo, comienza a leer las primeras páginas y dice que lo leyó hace muchos años, pero no lo encuentra en su biblioteca”. Me dijo entonces que debía ir el sábado a casa de Jorge y me dio su dirección: un edificio a pocas calles de la librería en donde trabajaba Federico, al norte de la ciudad.
Nos despedimos y, con la excusa de buscar un libro, entré a la Biblioteca Central. Caminé por los pasillos del piso de literatura viendo el orden en que se encontraban. Aunque descifraba cierta ley en la forma en que estaban expuestos, me parecía complejo aprender esa tipología de códigos. Pensé en mi propia clasificación y me di cuenta que no había un orden preciso. Recordé otras formas, como la de Diego, que creaba una paleta de colores con ellos: naranjas, negros, verdes.
Llegué al apartamento de Jorge. Pensé que iba a encontrarme con montones de libros apilados caóticamente uno sobre otro o inestables torres de volúmenes que se vendrían al piso con una ráfaga de viento. Pero no fue así. Todo estaba limpio, iluminado y ordenado. Olía a café recién hecho y sonaba música a bajo volumen: parecía blues.
“Mucho gusto, me llamo Jorge Aristizábal”. Comenzamos a hablar de literatura. Vi que estaba leyendo un libro de Enrique Vila Matas y eso me dio oportunidad para hablar de otro que había leído del escritor catalán: París no se acaba nunca. Se paró y lo sacó de su biblioteca. “Es una suerte saber dónde está este”, dijo riéndose. Observé que tenía bibliotecas hechas a la medida del apartamento distribuidas por toda la casa. Lo abrí y por la fecha me di cuenta de que lo había comprado hace poco. Me corrigió: “No. Yo no les pongo la fecha en que los compro, sino cuando los termino”.
–Ese es el orden, –dije inconscientemente.
Le expliqué que ordenaríamos su biblioteca según las fechas en que había terminado sus libros, como una pequeña autobiografía lectora. La tarea duró seis tardes de sábado, desmontando estantes enteros para hacer montañas con décadas de lectura.
Hubiera podido terminar el trabajo en dos días, pero siempre había libros en los que Jorge se detenía. Mientras subíamos y bajábamos volúmenes, él recordaba viejos amores, viajes y tristezas que descifraba entre los subrayados. De repente, buscando la fecha de lectura, caían viejos pasajes de avión o fotografías que usaba como separador. En una oportunidad cayó una foto de él junto a una mujer. “Es Diana”, me dijo. Esa tarde no acomodamos más libros; fue a la cocina y regresó con dos vasos y una botella de whisky.
Al terminar de a me dijo que había un montón de libros que no quería, tomé varios y me llevé, sin que se diera cuenta, uno de esos que tenía repetidos. No pensé que fuera un robo, sino una forma de recordarlo. Se trataba de una edición rústica de Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi.
Años después, en mi apartamento, le mostré una pequeña sección de libros que he extraído de bibliotecas de mis amigos y le mostré el de Tabucchi.
– Espero que lo haya leído. –me dijo.
Le mostré la primera página y ahí estaba la evidencia: Bogotá, 26 de septiembre de 2006, pocos días después de haber terminado mi primer trabajo como ordenador de bibliotecas.

diumenge, 13 de gener del 2019

l'ordre de la kondo


XAVI AYÉN | MAGÍ CAMPS
Només 30 llibres?
La Vanguardia
12|1|2019

Els escriptors opinen sobre la proposta reduccionista de Marie Kondo,‘la reina de l’ordre’

L’any 2015, la revista Time va incloure Marie Kondo a la llista de les cent persones més influents del món. L’autora japonesa s’havia donat a conèixer a escala mundial amb La màgia de l’ordre (Ara/Aguilar), un llibre guia amb consells sobre com fer endreça al nostre entorn. Arran de l’èxit, va publicar més títols i ja n’ha venut 30  milions d’exemplars. No contenta amb l’èxit, i després d’omplir les lleixes de mig món amb els seus volums, ara s’ha fet encara més popular amb una sèrie a Netflix,

A ordenar con Marie Kondo, on diu que a cada casa hi hauria d’haver només 30 llibres, una milionèsima part dels que ella ha venut. La polèmica s’ha desfermat i les xarxes en van plenes.

La Vanguardia ha volgut copsar l’opinió d’alguns autors per saber com gestionen la seva biblioteca i com s’ho farien si haguessin de triar només trenta títols. Les opinions són diverses, des de Jordi Carrión, que considera que Kondo “no té formació en biblioteconomia ni és una gran lectora”, fins a Iván Repila, que comparteix la idea “d’evitar acumulacions i tractar de viure en un ambient diàfan”.

BIBLIOTECA PARTICULAR
Quants llibres té a casa?
En contraposició a la xifra de Kondo, la majoria dels escriptors consultats parlen d’uns 2.000 volums. Segons el nostre cànon, doncs, aquesta seria la xifra òptima, que marquen Sergi Pàmies, Víctor del Árbol, Llucia Ramis i Agustín Fernández Mallo. Amb 3.000, Isaac Rosa; amb 4.000, Quim Monzó, “entre els del pis on visc i els del zulo on em tanco per llegir i escriure”; amb 5.000, Jordi Carrión, i amb 7.932 fitxats i un miler més sense fitxar, Màrius Serra. Juan Pablo Villalobos té la seva biblioteca escampada en sis cases de tres països diferents. Núria Cadenes es veu incapaç d’establir una xifra, “potser 5.000?”, i argumenta: “De fet, ens hem canviat de casa per ells, perquè on vivíem fins ara no hi cabíem tots, els llibres i nosaltres”, i apunta la teoria que “de nit organitzen festes i es van reproduint”. I Marta Orriols en té per totes les dependències de casa seva: “Quatre lleixes fins al sostre al menjador, dues sobre el meu escriptori i un moble baix tot ple al meu dormitori, sense comptar els escampats arreu ni tampoc la muntanya sobre la tauleta de nit”.
Per sota del cànon se situa Laura Pinyol amb 1.500, i Dolores Redondo, amb 800-1.000. Iván Repila i Alejandro Palomas en tenen uns centenars a casa i uns altres en caixes. Eva Baltasar és qui més s’acosta a la proposta de Kondo: “Tinc uns 50 llibres, els imprescindibles”. Però aclareix: “Els altres els regalo a qui crec que poden agradar o bé els dono a la biblioteca del meu poble, on els guarden per mi, els treuen la pols de tant en tant i els comparteixen amb els meus veïns i veïnes”.

GESTIÓ D’EXCEDENTS
Què fa amb els que no guarda?
Igual com fa l’autora de Permagel , Redondo els dona a biblioteques de barri o d’hospitals, “gairebé sempre en tenen pocs perquè els pacients, quan els donen l’alta, se’ls enduen a casa per acabar-los de llegir”. Però l’opció de les biblioteques no sempre és viable. Fernández Mallo explica que “el problema és que en molts llocs ja no els volen ni regalats”. I Monzó afegeix: “Fa dècades intentava donar-los a biblioteques públiques. Però a partir del moment que vaig veure que, quan els els
oferia, em feien mala cara i no els volien (“Uf, els hauríem de catalogar...”) els llenço al contenidor”. Llestos.
Regalar-los als amics és una opció majoritària entre els entrevistats, i Carrión especifica que els dona a amics amb llibreries de segona mà, igual que fa Ramis, a un amic del mercat de Sant Antoni, “a condició que vengui a cercar-los (normalment visc en pisos sense ascensor)”. Palomas té una altra opció: “Els deixo als bancs dels parcs o a les estacions de tren. De vegades, intento donar-los a residències de gent gran”. Redondo també els deixa en llocs on algú els pugui agafar, “al tren, a les estacions, als parcs... llocs on sempre troben algú avorrit i li fan companyia”, i Pinyol fa servir un punt d’intercanvi de llibres d’un espai públic (bookcrossing ) del seu poble. També Cadenes, que els que no vol guardar procura que no entrin, però si se n’ha de despendre, diu: “Si és regalable, el regalo; si no, el deixo en algun lloc arrecerat però visible, per si algú, qui sap, el vol recollir”.
Pàmies té estratègia pròpia: “Els deixo entre els dos contenidors que hi ha prop de casa, dins d’unes bosses de nanses, i acostumen a durar poc. Quan són molts (mudances i retallades desesperades d’espai), tenia el telèfon d’un drapaire de furgoneta i matrícula falsa, li enviava un missatge i me’ls recollia. Però he perdut el telèfon, o sigui que ara els vaig deixant a poc a poc”.
Repila els desa al guardamobles, i Orriols ho fa en qualsevol dels racons de casa seva: “Només em desprenc de llibres que m’han regalat persones que em fan esgarrifar. No pel llibre, sinó per la persona. En aquest cas els dono al meu pare. Llençar-los, mai”.

ELS QUE NO FARIEN TRIA
Com escolliria trenta títols?
Hi ha uns quants escriptors que no poden o no s’ho volen plantejar. Rosa diu: “Podria viure sense cap llibre a casa i continuaria llegint, soc sobretot lector de préstec de biblioteca”, però si hagués de triar “amb 30 no en tinc ni per als que jo he escrit, incloent-n’hi de butxaca i traduccions. Em sembla una xifra ridícula, i m’encanta viure envoltat de llibres”. És el mateix desig que expressa Cadenes: “Ho trobo una bajanada. Trenta?! Per quins set sous? I per què no 27? O 35? M’agraden les cases plenes de llibres. M’agrada ma casa plena de llibres. Viscuda de llibres”.
La bajanada és general. Pàmies: “No combrego amb aquestes idees de Marie Kondo i no sabria viure amb només 30 llibres”. Serra: “No escolliria mai 30 llibres. Monterroso té un conte d’un home que vol reduir la seva biblioteca a cent i, al final del dia, només es desprèn d’un, que tenia repetit. No tinc cap llibre de Marie Kondo”. I Monzó rebla: “No escolliria mai trenta llibres i prou. Que Marie Kondo faci el que vulgui a casa seva que jo a la meva faig el que em sembla”.
Carrión afirma que no en podria seleccionar “menys de 500”. Redondo diu: “No triaria trenta llibres, ni dues persones, ni entre el meu gos i el meu gat. Crec que hi ha una cosa psicopàtica quan et desfàs del que no t’és immediatament útil sense atendre a criteris emocionals”. I Del Árbol conclou: “El meu criteri seria impossible. Sí que en tinc unes quantes desenes que rellegeixo cada tants anys i que per raons més aviat emocionals tenen gran importància per a mi. Des de la primera Anàbasi de Xenofont, que em va tocar traduir a tercer de BUP, fins a l’obra completa de Camus, que em continua alimentant”.

ELS QUE SÍ QUE FARIEN TRIA 
Quins serien els 30 escollits?
Tot i així, alguns escriptors sí que es plantegen el repte. Orriols, tot i que “només de pensar-ho” es posa nerviosa, diu: “Guardaria un parell de joies per a nens, possiblement un Sendak i un Jeffers, i per a la resta tindria un criteri absolutament emocional. Em quedaria els que acabo rellegint o consultant sempre, que imagino que fan el mateix paper que la presència d’un paquet de tabac per a algú que està intentant deixar de fumar. Allò de saber que hi són per si de cas, per si el mono es
descontrola”. Palomas ho veu fàcil: “És molt senzill: hi ha llibres –més de trenta– que rellegeixo de tant en tant, com La porta, de Magda Szabó, o Bomarzo, de Mujica Lainez. Aquests van davant de qualsevol altre”. Pinyol confessa que li costaria: “Confio no haver-ho de fer. Triaria els més rellevants i segurament la majoria serien novel·les”. I afegeix: “Aprofito per dir que no em crec la Marie Kondo
i no li faria mai cas!”
Ramis explica: “N’hi ha que pots llegir i rellegir, i sempre hi descobreixes frases o idees noves, o que no es llegeixen igual a una edat o una altra; com per exemple, El llibre del desassossec, de Fernando Pessoa. També seleccionaria els llibres que més m’han agradat dels meus autors preferits”. Repila fa un plantejament doble: “Em quedaria amb els que tenen un determinat valor sentimental i amb els que sabés que no podria trobar, en el futur, de cap manera”.
Fernández Mallo raona: “Els triaria amb el criteri de la seva influència sobre mi com a lector i també com a escriptor, un criteri d’afectació personal en la meva formació com a adult, no en un cànon extern de suposades obres mestres. L’única obra mestra és la que construeixes tu mateix ajuntant totes les teves lectures de vida en un sol i hipotètic llibre, que està en la teva formació intel·lectual i sentimental”.
Villalobos conclou: “És possible que, si hagués d’escollir trenta títols, serien els que estan repetits en totes les cases on en guardo: els de Juan Rulfo, per exemple, i la tradició de literatura llatinoamericana que m’interessa: Felisberto Hernández, Mario Levrero, César Aira, Elena Garro…, així com una tradició humorística irreverent, d’autors americans, anglesos... Val més que Marie Kondo no vingui a casa meva, potser l’assassinaria. Sota el llit matrimonial hi ha un bagul que tenim ple absolutament de llibres, no hi ha res més, dormim sobre un tresor de 500 llibres. Cada vegada que he de buscar un títol, em costa un munt”.
Però Fernández Mallo encara va una mica més enllà: “Per mi, que Marie Kondo faci el que vulgui, només faltaria. La part dolenta són aquests disbarats que en el fons tenen l’única voluntat de prescriure actituds morals i polítiques; és a dir, religioses. La seva proposta del despullament és clarament pròpia de cert puritanisme, bastant clàssic i més antic que la roda. Per començar caldria veure si és una gran o bona lectora, i com llegeix, i què llegeix, i si els seus criteris per a aquesta reducció de biblioteca són intel·lectuals o simplement són incultura. Aquesta és la clau”.