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dilluns, 18 de març del 2013

pares i fills

[...] en el libro hay un par de momentos en los que se dan tal vez demasiadas explicaciones: cuando el hijo de Emilio dice de buenas a primeras que no va a visitar mucho a su padre o cuando el doctor explica a Emilio su enfermedad.
En el primer caso, tal vez debía haber sido algo más sutil. Se trataba de dejar claro que iba a engañar a su padre, pero quizá no tenía  por qué haber sido tan brusco. En el segundo, en cambio, me preocupé de saber si un doctor daría tantas explicaciones y los hay que creen que hay que explicar al paciente todo, sin secretos.

Volviendo al tema de los hijos, intenté no cuestionar si éstos hacían bien o no dejando a su padre en una residencia. No quería que la historia fuese un panfleto, sino reflejar la realidad de las residencias. El modelo de residencia actual no es el más apropiado para la sociedad en la que vivimos, y menos aún para la venidera. Son más adecuados los centros de día, integrados en la ciudad. No se les desarraiga de su casa ni de su entorno y tienen un cuidado adecuado. Evidentemente eso no sirve para los ancianos más deteriorados. No cuestiono la necesidad de las residencias, sino su adecuación a cada tipo de anciano. Por ejemplo, una residencia en las afueras de la ciudad, con piscina y unos jardines preciosos puede resultar bonito para los familiares, pero dificulta que los ancianos reciban visitas y no siempre son infraestructuras que responden a sus necesidades reales.
Koldo Azpitarte. Senderos. Una retrospectiva de la obra de Paco Roca. Laukatu, 2009. P. 162-163.


dimarts, 12 de març del 2013

al detall



A partir d'uns fragments tallats d'una escena de la pel·li que passa a la biblioteca de l'asil, i després d'exhaurir-me movent el feixuc armari (ni que sigui virtual ja us dic sembla un immoble), he acabat amb una imatge més que apropiada pel De casa al clú...Només calia un toc de diversió i fantasia tot repartint autors pels lloms; quelcom inspirat en les moltes biblioteques del Miquel Barceló.
Ara dubto si passar-lo a l'oli. Aquesta seria l'ocasió de fer una excepció.


dilluns, 11 de març del 2013

factura


¿Cómo afrontaste la realización del álbum?
Soy muy metódico en el trabajo. Primero escribo un guión muy detallado, como si fuera para otra persona. En este caso, una vez el guión de Arrugas estuvo acabado, se lo pasé a varios amigos para que lo leyesen y opinasen. Después, me hago un borrador de toda la historia a un tamaño pequeño. En esta parte, con el guión escrito perfectamente estructurado, sólo me preocupo de contar la historia con imágenes.
Luego llega el turno del dibujo definitivo, centrándome en realizarlo lo mejor que puedo o como la historia requiere. Cuando empecé a hacer este álbum dudé mucho del tipo de dibujo a usar y de cómo narrar la historia. Elegí un camino que a mí me pareció el más acertado, pero siempre dudas sobre si esa era la mejor posibilidad. A veces pienso que quizá habría funcionado mejor en blanco y negro y con un dibujo menos «amable». Estoy seguro de que habría tenido más dramatismo, pero quizá lo hubiese alejado de un público más general. Toda creación artística está repleta de decisiones que la convierten en un trabajo doloroso para el autor.
Una vez lo tuve dibujado y entintado, lo pasé al ordenador y lo coloreé buscando que cada escena transmitiera unas determinadas sensaciones. Cuando trabajaba en el estudio repartía el tiempo: en casa dibujaba y en mi estudio coloreaba.
En Arrugas, lo difícil era hacer una historia sobre el aburrimiento. Con el color intenté imprimirle un poco de dinamismo a la narración El escenario siempre era el mismo y únicamente podía jugar con los cambios horarios; el color me sirvió para crear sensaciones de día, noche, frío o calor.
[...]
La estructura del guía que muestra al personaje el lugar en el que se adentra está sacada de la Divina Comedia, ¿no es así?
Sí. Es un tipo de personaje que se da en ese libro y en muchos otros. Es un recurso clásico para aportar las explicaciones necesarias al lector sin que sea necesario recurrir al narrador. Yo creo que lo curioso es que ese personaje, destinado a ser secundario, acabó creciendo y convirtiéndose en el protagonista real de la obra. La historia, por encima de tratar de la vejez o el Alzheimer, trata sobre la soledad.
Eludes la narración con textos de apoyo para dar un aire más realista.
Intento evitar los textos de apoyo siempre que sea posible y, de hecho, casi no los hay en mis obras. El texto de apoyo te vuelve perezoso, ya que te simplifica mucho las cosas y te ahorra espacio, pero te evita buscar soluciones que amplíen la potencialidad narrativa del medio. Si hubiera creado una voz narradora en Arrugas, habría corrido el peligro de volverse excesivamente sensiblera. Tuve que quitar aun así textos de los bocadillos, para evitar que los personajes hablasen de sus sentimientos. Quería que se comprendiese a los personajes por sus gestos, para que el lector se implicase más en la historia. Esto te hace ser más exigente con la narración y con el tipo de dibujo.
En la página en la que Emilio trata de abrocharse la camisa sin conseguirlo y Miguel le está mirando, inicialmente había un diálogo que finalmente quité porque con las miradas ya se decía todo. No lo necesitaba.
Koldo Azpitarte. Senderos. Una retrospectiva de la obra de Paco Roca. Laukatu, 2009. P. 160-161.

divendres, 8 de març del 2013

el perquè de tot plegat



¿Por qué una historia sobre la vejez?
Quería hacer una historia sobre la vejez, porque llegado a una edad te planteas qué será de ti cuando seas viejo. Siempre he tenido claro que las personas mayores somos nosotros mismos. Cuando ves que una persona mayor se enfada en la cola de la panadería o trata de colarse, intento comprender por qué actúa así. Pienso en cómo me sentiría yo en esa misma situación.
Una vez leí que, cuando llegas a la edad de unos setenta años ya no te meten en la cárcel. Te pueden internar en algún tipo de institución, pero no vas a la cárcel. Eres mayor incluso para eso. Creí que podría haber una buena historia en todo aquello y se me ocurrió una idea sobre una pandilla de ancianos -uno con Parkinson, otro con Alzheimer, otro con un andador...- que, aburridos de la vida en la residencia, planean el asalto a un casino en una visita organizada por la residencia. Era algo así como Ocean's Eleven, pero con ancianos. Una idea algo disparatada, pero que me parecía que podría funcionar.
Un día, a través de un amigo conocí a un chico que trabajaba en una residencia de ancianos y le pregunté si podría pasarme por allí para documentarme. Desde el primer día que llegué allí, me di cuenta de lo absurda que era esa idea que tenía. La verdadera historia que quería contar estaba allí mismo y no hacía falta inventar nada: la soledad, las limitaciones físicas y mentales...Esa era la historia. Y así nació el proyecto de Arrugas tal y como lo conocemos.
¿De dónde surge la idea de centrarse en el Alzheimer?
La historia del personaje central de Arrugas está basada en el padre de mi amigo MacDiego, al que conocía desde hace muchos años, y me parecía una persona muy culta e inteligente. Siempre lo veía leyendo junto a su enorme biblioteca abarrotada de libros, escuchando música. Él era un ejemplo de lo que me gustaría ser a su edad, llegada la jubilación. Por eso fue un duro golpe ver la degeneración que fue sufriendo debido al Alzheimer. Su decadencia fue muy rápida, muy fuerte. Un día me contó mi amigo una anécdota que me pareció terrible. Resulta que una noche escuchó el ruido de la máquina de afeitar, así que fue al baño y se encontró a su padre, totalmente vestido, afeitándose delante del espejo. Cuando le preguntó qué estaba haciendo, su padre le dijo: Pues qué voy a hacer, me afeito para irme a trabajar. Mi amigo le respondió: Pero papá, son las tres de la mañana y tú hace diez años que estás jubilado. Dice mi amigo que su padre tuvo un momento de lucidez y que se miró en el espejo. Imagino el miedo que debe sentir una persona al mirarse en el espejo y no reconocerse, al darse cuenta de que se le está yendo irremediablemente la cabeza para siempre. Somos todo lo que hemos vivido a lo largo de nuestras vidas, todos esos sentimientos acumulados, las conversaciones con nuestros amigos, todo lo que hemos aprendido y el Alzheimer es una enfermedad que es capaz de borrar todas esas cosas de la cabeza. Es capaz de borrar el yo.
También me dí cuenta de que la vejez es un tema que apenas ha sido tratado de una forma directa, no sólo en los cómics, sino tampoco en la literatura o en el cine. Leí una entrevista a Michael Caine en la que decía que, llegado a cierta edad, sólo podías aspirar a actor secundario, que no había papeles para personas mayores en el cine. Creo que incluso en la vida real tampoco hay papeles principales para personas mayores.
Empecé haciendo una pequeña estructura de por dónde quería que fuese la historia. No quería caer en tópicos, quería contar cómo era la vida en una residencia de ancianos y cómo se sentía una persona mayor allí. Estuve hablando con los médicos, con los enfermeros, con los ancianos mismos y con sus familiares. Todos ellos me contaron historias que perfilaban muy bien esa vida. También recopilé historias de padres de amigos con Alzheimer o que vivían en residencias. Sí, por ejemplo, alguien me contaba algo de la fase terminal del Alzheimer, como que de repente se cagaba en un cajón, pensaba: eso lo voy a usar para el final de Emilio. Son todas historias reales, pero sacadas de contexto y aplicadas a los personajes. En una de las residencias que visité, me presentaron a una mujer mayor, pequeñita y encantadora, que iba en silla de ruedas. No hacía ningún caso al mundo exterior, tan sólo miraba sonriendo por la ventana donde todos los días la colocaban los enfermeros. La señora pensaba que viajaba en un tren infinito. Los enfermeros le seguían el juego a la hora de comer, diciéndole que se la llevaban al vagón comedor. Ver estas cosas te hace pensar si la fantasía no es una vía de escape ante una realidad que ya no nos gusta y de la que no hay escaparoria posible. De hecho, en Arrugas la fantasía está muy presente.
A la hora de hilar busqué una estructura muy clásica, casi de aventuras. Tenía dudas de si funcionaria, de si habría un público para un álbum sobre ancianos y Alzheimer. A fin de cuentas, iba a contar una historia sobre la monotonía y el aburrimiento. Dicho de este modo no parece el álbum más interesante del mundo, por eso busqué una estructura de género, para hacer interesante lo aburrido. Además, quería darle un punto optimista al cómic, no quería que fuese algo demasiado triste. Cuando estuve viendo enfermos con Alzheimer me di cuenta de que podían haber perdido toda la personalidad y no reconocer a su familia, pero cuando la mujer, el hijo o una persona conocida los trataba con cariño o los acariciaba, parecía que en cierta forma eso les hacía reaccionar positivamente.
Arrugas finalmente trata sobre la soledad. Ves cómo la sociedad aparta a las personas mayores en una especie de guettos, las desarraiga de su entorno y las relega a un lugar en donde sólo están con otros ancianos. Me encontré con una gran falta de sueños y de esperanza. Hay personas que pasan en la residencia hasta quince o veinte años, casi esperando la muerte. Es como una especie de pausa en la que ya no hay ilusión prácticamente por nada.
La doble página del reloj sería el resumen de la vida en una residencia. Un día allí se hace duro, de una monotonía increíble. Estuve como espectador y pude analizar las cosas desde fuera y pienso que todos deberíamos pasar un tiempo en una de ellas, como una especie de trabajo social o algo así, porque esa experiencia te permite valorar y comprender una serie de situaciones que antes ni te planteabas.


Encontrar el tono adecuado para contar la historia fue uno de los puntos complicados en Arrugas. Tenía que ser real y duro, pero optimista y con el humor justo para hacer digerible la historia, siendo siempre respetuoso con todas esas personas que había conocido. De hecho, encontré historias muy duras, de suicidios, de ancianos que se aprovechaban sexualmente de mujeres con demencia, de personas con escaras por no ser movidas lo suficiente. Hay una enorme cantidad de aspectos sórdidos en las residencias, pero me parecía que eso era ya salirse de tono. No eran necesarios para lo que quería contar. También intenté evitar que fuese una historia excesivamente sensiblera y, ante el miedo a poder pasarme, preferí que pudiese quedar algo frío.
Koldo Azpitarte. Senderos. Una retrospectiva de la obra de Paco Roca. Laukatu, 2009. P.157- 160.