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divendres, 31 d’octubre del 2025

una prosa lànguida


Juan José Millás
Una prosa lànguida
el Periódico
9|10|2025


Al taller d'escriptura algú va preguntar com seria una sintaxi musculada. Havíem estudiat, més o menys, les sintaxis soltes, les restretes, les febrils, les miops, les tísiques, les asmàtiques, etc., però a ningú se li havia acudit incloure les musculades en el programa. De seguida vaig comprovar que es confonia la força física amb la potència mental. Es va dir d'entrada, per exemple, que una sintaxi musculada havia de denotar potència, vigor i densitat expressiva. Per tant, i segons la majoria de l'alumnat, hauria de ser composta de frases compactes i potents: tenses, sense redundàncies fluixes. Els seus verbs haurien de ser actius, amb predomini d'accions davant construccions passives o nominalitzacions. Vaig observar que la nominalització, recurs que consisteix a substituir un verb per un substantiu, estava molt mal vista. 

—¿Què més? —vaig insistir.

—Ritme enèrgic —va dir una alumna—, cadència marcada, capaç de sostenir l'atenció i estructures gramaticals fermes.

Vaig inquirir què entenia ella per «estructures gramaticals fermes» i vam arribar a la conclusió, després d'haver-hi donat unes quantes voltes, que una estructura gramatical ferma era, simplement i planerament, una oració ben escrita.

Quant al lèxic, algú va esmentar que convenia utilitzar paraules amb càrrega semàntica precisa (¿prohibida l'ambigüitat?, em vaig preguntar).
I allà ens vam aturar.
Vaig aventurar llavors la possibilitat que haguéssim sigut víctimes d'un biaix cultural que només podia concebre la claredat i la fermesa d'un discurs en termes de força física. Hi va haver un silenci que va trencar un noi jove que, en general, intervé molt poc:
—Jo tinc un cosí —va dir— que es passa el dia al gimàs, però que és tonto del cul.
Amb això, em va semblar, estava tot dit. Per rematar la classe, vam llegir unes pàgines de Proust, la sintaxi, potent com la de pocs autors, del qual podria haver sigut qualificada, segons els esquemes anteriors, de lànguida o fluixa.


diumenge, 19 de novembre del 2023

llegir millor

 

Luis Alemany entrevista Vivian Gornick.
El Mundo
10|11|2023

La escritora de Apegos feroces sintetiza su experiencia como profesora de literatura creativa en La situación y la historia, un ensayo que anima a ir a lo esencialmente humano de los textos por encima de lo anecdótico.

 

P.: Sé que este libro es la síntesis de su carrea como profesora de literatura. ¿Se anima a resumir lo que ha enseñado?

La idea más importante es que no se puede enseñar a nadie a escribir bien. Hay un don innato para el uso del lenguaje expresivo, y nadie puede enseñar a tenerlo. Pero sí que es posible enseñar a los estudiantes a desarrollar su juicio. Puedo enseñarles a leer y también puedo enseñarles a juzgar con complejidad sus propios textos. Básicamente, de eso se trata este libro: intenta enseñar a la gente cómo pensar mejor sobre lo que leen y sobre lo que significa escribir.


dijous, 9 de novembre del 2023

l'escriptura perillosa


RODRIGO FRESÁN
Tartas perfectas y escritura peligrosa
Babelia | El Pais
6|5|2023


Como Paul Bowles, Richard Brautigan, William Burroughs, Donald Barthelme, James Purdy (al que tan sólo en pocas ocasiones recuerda un poco) o Kurt Vonnegut, Tom Spanbauer es una de esas contadas, felices e inspiradas anomalías dentro del paisaje de las letras norteamericanas. No puede decirse que Spanbauer encaje dentro de los parámetros de la literatura gay contemporánea más lírica o costumbrista o de aquella que se dedica a repasar con frialdad de documental caliente los estragos causados por la plaga del sida. Spanbauer (Pocatello, Idaho, 1946) es uno de esos escritores que parecen empezar y terminar en sí mismos y que no dejarán escuela no porque no se los admire sino porque se les sabe únicos y, por lo tanto, toda intención de emularlo degradaría en involuntaria parodia.

Esto no le ha impedido a Spanbauer comandar desde hace años, en Oregón, uno de los talleres literarios más prestigiosos del que han salido firmas como Chuck Palahniuk. Es allí donde Spanbauer predica —a partir de lo que aprendió de ese otro raro llamado Gordon Lish, descubridor y formador de Raymond Carver— el evangelio de lo que ha definido como dangerous writing (escritura peligrosa). El revelar, más o menos minimalísticamente, con la más confesional de las primeras personas, aquello que más te asuste o te avergüence o te arrepientas de haber hecho o pensado hacer o, simplemente, haber pensado. Hallar así lo que él ha bautizado como "el sitio que duele". Esto que para muchos sonará a maniobra ingenua o truco inofensivo consigue -según Spanbauer, sólo cuando se llega al fondo de todas las cosas-"verdaderos desprendimientos del yo". Y el ejemplo perfecto de ellos es, para Spanbauer, el relato The Harvest de Amy Hempel, también discípula de Lish, desgraciadamente muy poco conocida para el lector en castellano (Tusquets publicó tan sólo uno de sus libros, Razones para vivir, en 1989).

Es Palahniuk —en un ensayo sobre Hempel que escribió para The L. A. Weekly— quien enumera y recorre los diferentes stages del Método Spanbauer. El primero se llama Caballos y tiene que ver con la utilización de motivos recurrentes a lo largo de un viaje narrado. No renunciar a los caballos que se cabalgan, pero sí transformarlos en otra cosa sin perder el aria del galope original. Algo así. El segundo paso es Quemarte la lengua y consiste en decir algo de manera incorrecta, retorcerlo, despreciando los clichés para que el lector avance más lento y se vea obligado a leer cuidadosamente. Lo siguiente es ser consciente del Ángel que registra: escribir sin emitir juicios y dejar que sea el lector quien saque sus propias conclusiones a partir de los elementos dispares y distorsionados que le entrega el autor. El último mandamiento tiene que ver con Escribir sobre el cuerpo y que el blah-blah-blah de lo que puede llegar a decir un personaje sea reemplazado por sensaciones físicas: olores, sabores, roces y dolores. ¿Se encuentra todo esto -se hace práctica la teoría- en Lugares remotos (1988), El hombre que se enamoró de la luna, La ciudad de los cazadores tímidos y en Ahora es el momento. Seguramente sí. Pero también es cierto que obedecer al detalle las instrucciones de un escritor impar no tiene por qué producir resultados asombrosos. Lo de antes: no hay receta que garantice la maestría de Spanbauer en otros. Porque Spanbauer es, también y sobre todo, la experiencia vivida y aprendida.

"La ficción es aquella mentira que suena más verdadera que la realidad", concluye Spanbauer. Y —en su propio site—lo explica así: "Cuando alguien le preguntaba a mi madre cómo conseguía esa corteza tan dorada y perfecta a la hora de hornear sus tartas, ella, como toda respuesta y sin decir ni una palabra, se limitaba a frotar sus dedos contra el pulgar. Así enseño yo. Todo pasa por cierta sensación indescriptible. No es que yo sepa algo que el estudiante ignora. Cada estudiante de literatura es, también, un estudiante de la vida. Yo también soy un estudiante. Los buenos escritores son los que saben reconocer esto último. Mi tarea es generar un ambiente seguro. Es terrorífico sacar algo afuera y leerlo en público. Y tengo que saber oír al corazón roto, la rabia, lo bochornoso y saber actuar acorde, respetando el modo en que cada uno de los estudiantes se relacionan con ello. Y permitirles que se equivoquen. En el error hay un tesoro. Y si se toca la nota incorrecta las suficientes veces, esa disonancia puede convertirse en la voz de los ángeles. Y una vez que ese estudiante está curtido y listo, recién entonces saco mis uñas y juego a ser el abogado del diablo, el policía malo, el tonto irrelevante... Yo aspiro a la excelencia. Y sólo se accede a ella una vez que has perdido el miedo a ser quien eres".

Así —de eso tratan todos sus libros— para Spanbauer la ficción es transformarse primero para después, desde el centro del sitio que duele, asumir como propia, junto al lector, la verdad de aquel dicho: lo que no te mata te fortalece. Y además —seguro, porque entonces es el momento— te hace escribir mejor.


dimecres, 2 de desembre del 2020

la utopia de la lectura

 

Sí, la literatura es una construcción frágil, un desglose subjetivo. Escuelas, corrientes, autores. Attrezzo barato que esconde una única verdad: que el olvido acaba cubriendo finalmente todos los libros. Cada época consagra a tres o cuatro autores: poquísimos serán leídos también en la época siguiente, mal leídos además, mal comprendidos, reducidos a unos clichés que ellos no compartirían. Así como «the only emperor is the emperor of ice-cream», la única teoría que prevalece es la del caos, la del amor y la del azar. Los seres humanos no saben, literalmente, leer y en poco tiempo tampoco sabrán, literalmente, escribir. Vivimos la melancolía del ocaso de la antigüedad, la ruina de una civilización, quizá la propia ruina del hombre. Tal vez nos definan como «los últimos autores» porque hemos sido los últimos lectores verdaderos. Y a pesar de todo ello, la literatura debe seguir adelante.

El edificio de la literatura hacia el que nosotros, las gentes del libro, nos dirigimos desde todas partes, desde todas las épocas, desde todos los pliegues de la historia, se alza sobre un gigantesco amasijo de escombros. Es la montaña de los libros mediocres, perdidos en la anomia y, sin embargo, importantes, porque son ellos los que elevan y hacen visible el santuario. Son libros escritos por dinero, leídos por voyeurismo y arrojados luego a un túmulo tan alto como el Gólgota. Constituyen el noventa y nueve por ciento de los libros del mundo.

El primer piso de ese enorme edificio fue construido por profesionales para los que la escritura es un oficio. Por hábiles cerrajeros, herreros carpinteros, hojalateros y torneros de la escritura. Por albañiles, ingenieros y mecánicos, por aquellos que cuentan con estudios de trigonometría y de resistencia de los materiales. Ellos levantaron edificios sólidos, coherentes, indestructibles, con paredes ajustadas con el nivel y la pesa. Es la dimensión de la escritura que se puede aprender, la que justifica la existencia de los cursos de escritura creativa. A ningún autor le viene mal conocer su oficio. Libros construidos, libros exhaustivos más vastos que la vida, como edificios de cientos de estancias, unos textos asombrosos como Ilusiones perdidas, Guerra y paz, Los Buddenbrook o La guerra del fin del mundo destacan en este primer nivel de la literatura.

Hay sin embargo cosas que no se pueden aprender en un curso de escritura creativa. Que superan el oficio y se dirigen hacia la fragilidad y lo inexplicable del arte. Una vez que los artesanos han construido los volúmenes, las bóvedas y los arquitrabes, hay que decorar la catedral de la literatura. Las paredes desnudas deben cobrar vida, hacen falta frescos y estatuas que den esplendor al edificio. No puedes aprender el estilo, la química de las combinaciones de palabras, la sutileza del encaje de los tonos. Con esa gracia naces o no naces. La llevas en la sangre y no sabes de dónde procede. Aunque infinitamente más frágiles, los escritores-artistas son infinitamente superiores a los escritores-artesanos. «La poesía no se siente con el cerebro ni con el corazón –decía Nabokov-, sino con la médula espinal». Ningún autor que no sea un artista puede provocarte ese estremecimiento, ese orgasmo final que es el objetivo de los catadores refinados. En este nivel del enorme edificio te encuentras a los creadores de formas y de milagros estéticos, encuentras las Soledades de Góngora y Salambó y En busca del tiempo perdido y Finnegan’s Wake y Lolita y El arco iris de gravedad. Si la literatura se hiciera con palabras, según dijo Mallarmé, Nabokov sería el más grande escritor de todos los tiempos. Pero la literatura no se hace con palabras.

En esta palabra, religión, radica todo el secreto de la literatura, que es mucho más que un oficio y mucho más que un arte.

Los dos primeros pisos de la literatura, la parte del oficio y la del arte, se entrelazan en diferentes proporciones en la mayoría de los escritores verdaderos, los que honran su vocación. Pero hay un piso más por encima de ellos, un escalón de una altura abrumadora, insalvable para la mayoría. Para llegar a la cumbre de la catedral de la literatura, hasta el campanario más alto, no hay vía de acceso. Tienes que haber nacido allí...

 

 Mircea Cărtărescu. La utopía de la lectura. WMagazín.


dissabte, 8 de juny del 2019

a clase d'escriptura creativa


«Tengo un amigo profesor en una universidad importante del Este, cerca de Boston. Es escritor como yo y enseña escritura creativa. El otoño pasado, un joven estudiante llevó a clase un relato particularmente gráfico con abundante descripción de fornicación heterosexual y vívidos detalles documentales que culminaban en un coito anal. El relato fue leído y la clase le brindó una acogida, si bien no entusiasta, al menos respetuosa, con excepción de una joven que dijo que ese tipo de escritura no era literatura y que no debía concedérsele el honor de ser discutido en clase. A ella le parecía que en ese relato se degradaba a las mujeres. Después se fue a su casa, escribió y llevó a clase un relato mucho más vívido y detallado aún de lascivia heterosexual, que también culminaba en un coito anal —que supongo que es ahora el non plus ultra en heterosexualidad— y que tanto a la clase como a mi amigo novelista les pareció mejor que el anterior.
Pero la joven se sorprendió. Ella había escrito su relato como protesta, para humillar y airar a sus colegas y para ilustrar para ellos sus errores poniéndolos en el triste lugar que ella había ocupado antes: sin duda un modo de emplear la literatura que el tiempo ha consagrado. Ella creía haber calculado cuidadosamente la respuesta de su público, pero por desgracia se había equivocado, lo que es, por supuesto, una medida del éxito o la excelencia de la escritura, pero sólo una.»

Richard Ford. Flores en las grietas. Autobiografia y literatura. Traducció de Marco Aurelio Galmarini. Anagrama, 2012. P.12.

dissabte, 21 de juliol del 2018

un cap de setmana amb el vostre escriptor favorit


LAURA FERNÁNDEZ
Pase un fin de semana con su escritor favorito
El País
19|7|2018
Lo último en talleres literarios consiste en unas minivacaciones con conocidos autores en lugares aislados
El anuncio podría rezar así: “Pase un fin de semana con su escritor favorito. Desayune, coma y cene con él. Dé paseos junto al mar, disfrute de su compañía en la piscina. Dele a leer lo que ha escrito, escúchele comentarlo con el grupo reducido de lectores aspirantes a escritor que, como usted, admiran su trabajo”. Y podría ser, quién sabe, el inicio de una novela de misterio. O de terror. Después de todo, el clásico de Stephen King Misery tiene como protagonistas a un escritor y a su fan número uno en un lugar aislado en el que lectora y autor pueden hablar de lo único que les interesa: el futuro de su personaje estrella, Misery. Quizá por eso, para romper el hielo, con lo primero que se bromea en la mesa es con la posibilidad de que haya un muerto. “¿Quién de nosotros no estará esta noche?”, dice uno de los participantes. Es poeta. Ha publicado libros, pero nadie lo sabe aún, porque el resto de participantes (13: autor incluido) no son una familia, que es más o menos lo que serán después de que pase lo que al día siguiente, compartido ya el primer baño, la primera cena y el primer desayuno, alguien llamará Gran Hermano literario.
Porque eso es lo que parece este retiro, un Gran Hermano Literario. Los participantes están solos en una casona del siglo XVII, el agradabilísimo Hotel Mas 1670, en Calonge (Girona). Algunos hasta comparten habitación (hay una pareja de hermanas, y una de aspirantes a escritores; ella, poeta y actriz de doblaje, él, escritor que trabajó duro en otro sector hasta los cincuenta y luego se retiró para disfrutar de la vida), y todo lo que se hace, se hace en grupo. Luce el sol, cantan los pájaros. El escritor imparte una clase. Pero no es una clase cerrada. Se conversa todo el rato.
“¿Quiénes son vuestros santos?”, pregunta el escritor, y los aspirantes responden, uno a uno. Hay quien dice Herman Hesse y quien dice Galdós, hay quien dice Fernández Mallo, y quien dice Verlaine, Rubén Darío, Julio Cortázar... La literatura a tratar es literatura confesionalista, porque el escritor invitado, el escritor que luce un bañador verde fluorescente, es Manuel Vilas. ¿No le daba miedo encerrarse con tantos lectores? "No", dice. “En general, a los autores les entusiasma la idea”, contesta alguien a su lado. Es Rita Rodríguez, la mujer responsable de Entelequia Cultura, la pequeña pero ambiciosa empresa que organiza estos retiros. El de Vilas no es el primero. El primero lo protagonizó Chantal Maillard, en otra casona coquetamente singular. Y habrá más. Rodríguez afirma que uno al mes, en distintos puntos de España, e incluso en el extranjero.
La intención es, dice Rodríguez, que trabajó para la editorial Océano durante 20 años organizando encuentros entre los peces gordos de las distintas divisiones de la misma –“en todas partes, hasta en el Caribe”– y descubrió que el intercambio de ideas es clave en cualquier sector, "potenciar la creatividad" de los asistentes. Y a la vez, cómo no, ofrecer un producto atractivo, un taller que no tenga aspecto de taller, sino de minivacaciones, de retiro, como reza su eslogan, solo apto para aquellos que lleven tiempo intentando descubrir cómo contar algo, o contándolo, y quieran compartirlo con su escritor favorito.
Uno de los próximos invitados será Alejandro Palomas. ¿Que cómo se promociona? “Casi siempre es el autor, que lo anuncia a través de sus redes sociales. El proyecto aún no es lo suficientemente conocido”, añade. ¿El precio? Ronda los 500 euros, pero está todo incluido. Los opíparos desayunos, comidas y cenas en lugares emblemáticos de la ciudad o el pueblo que se visite (por ejemplo, el Can Muni de Calonge), más las dos noches de hotel. Y, por supuesto, el curso, que es un curso con su programa y sus 12 horas lectivas, y un título. “La idea es que cree una especie de magia. Sacar el taller literario de la fría aula de estudio para convivir con el autor y con personas que tienen tus mismos intereses”, según Rodríguez.
Y aprender, claro. Que es lo que todos dicen haber hecho al final. “Hemos aprendido muchísimo”, aseguran. Y también se han hecho amigos. Al final, se comparten teléfonos, se crean grupos de Whatsapp, se prometen visitarse unos a otros y enviarse libros. Entre los participantes, algún ilustre, como el poeta Ben Clark, distinguido este año con el prestigioso premio Loewe, admirador de Vilas y ahora aspirante a escritor de narrativa. La también poeta Ale Oseguera, cuyo primer poemario, Tormenta de tierra, ha prologado Carlos Zanón, y que repite, porque ya participó en el retiro con Maillard. Una agente literaria valenciana. Dos profesoras de Lengua de un instituto. Un gestor cultural y poeta, Óscar Santos, hermano de la inolvidable editora de El Gaviero, y tío de la también poeta Luna Miguel.
Juntos formaron, durante tres días, una pequeña e improvisada familia. Vinieron, decían, a darse “un regalo”, y se fueron con ese regalo, convinieron más tarde, ya casi el motor en marcha, cientos, y en algunos casos miles de kilómetros por delante –todos venían de alguna parte: Madrid, Málaga, Badajoz, Barcelona–, y la imagen de su escritor favorito, “el Gran Gatsby de Barbastro”, hablando del “auxilio de la palabra ante el paso del tiempo”, en un restaurante a pie de playa del paseo marítimo de Sant Antoni de Calonge, fresca aún en la memoria.

divendres, 26 d’abril del 2013

gotham writers' workshop


El Gotham Writers' Workshop empezó siendo una única clase que se impartía en un cuarto de estar del Upper West Side de Nueva York. La clase era gratuita. Después de tres horas, los asistentes debían elegir. Podían marcharse o, si sentían que habían aprendido algo que mereciese la pena, quedarse y pagar el resto del curso. Todos decidieron seguir y así comenzó el primer semestre del Gotham Writers' Workshop.

Aquellos primeros alumnos hicieron correr la voz. Así que tuvimos que ampliar las clases. El boca a boca viajó lejos. Contratamos profesores y alquilamos una oficina. Pronto estábamos ofreciendo cursos en distintos sitios de la ciudad de Nueva York. Con el tiempo empezamos a impartir clases online y atrajimos alumnos de todo el mundo. Hoy damos empleo a más de cien formadores y enseñamos a más de seis mil alumnos al año.

A pesar de lo que hemos crecido, todavía nos consideramos una organización de base. El tamaño de nuestros grupos sigue siendo lo suficientemente pequeño como para caber en un cuarto de estar de Nueva York. Nuestros profesores siguen poniendo en cada clase la misma pasión por la escritura. Los principios fundadores de aquel primer seminario permanecen inalterables.

En definitiva, lo que pensamos es que cualquiera puede escribir. Creemos que la escritura es un oficio que se puede enseñar. Es cierto que el talento solo puede alimentarse, no enseñarse, pero el oficio de escribir sí que se puede enseñar. Nos dedicamos a enseñar el oficio de una manera que resulta tan clara, directa y útil que nuestros alumnos, desde la primera clase, ya empiezan a crecer como escritores.

No existe una fórmula sencilla para llegar a crear una gran obra de ficción, pero disponer de un conocimiento básico del oficio de escritor es, más que cualquier cosa, lo que permitirá que que tu talento florezca sobre el papel. Ese tipo de conocimiento es lo que ofrecimos en aquella primera lección y es lo que nuestros profesores -todos ellos profesionales de la escritura además de profesionales de la enseñanza- siguen ofreciendo a cada uno de nuestros alumnos.

Ahora hemos plasmado en un libro el estilo de enseñar del Gotham. La habilidad para escribir -y hacerlo con excelencia- está en tus manos.

Jeff Fligelman i David Grae. Fundadors del Gotham Writers' Workshop.


[Escribir ficción: guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York. Alba, 2012.]

*  *  *

A la contracoberta: El Gotham Writers' Workshop es en la actualidad la escuela de escritura creativa más prestigiosa de Estados Unidos. Escribir ficción recoge de un modo práctico y accesible las técnicas que han hecho famosa a esta escuela en todo el mundo. En este libro encontrarás:
· Los elementos fundamentales del oficio de escribir: personaje, argumento, punto de vista, etcétera, explicados de una manera exhaustiva y a la vez muy amena.
· Conceptos claves del arte de escribir ilustrados con ejemplos tomados de grandes obras de la literatura de ficción.
· El texto completo de «Catedral» de Raymond Carver, una de las obras maestras del cuento contemporáneo, que se va analizando a lo largo de todo el libro.
· Ejercicios prácticos para aplicar a tu propia escritura todo lo que vas aprendiendo.
Al terminar de leerlo serás capaz de transformar tus ideas en cuentos y en novelas. Eso es ser escritor.